Un viaje de regreso a la canción animal

La Nación
 
 Gustavo Cerati

Adelanto tema por tema de "Ahí vamos", su cuarto álbum solista, que llegará hoy a todas las disquerías

 
 "Ahí vamos", el álbum que aterrizará hoy en todas las disquerías del país, abre con "Al fin sucede", una canción que, extrañamente, parece haber empezado un rato antes, como si los músicos hubieran largado tras un imaginario "un, dos, tres", y alguien se hubiese olvidado de apretar el botoncito de rec a tiempo. Pero, es sabido, nada es casualidad en el universo Cerati y, así las cosas, su esperado nuevo álbum comienza con una especie de corte sucio y desprolijo, con un riff punzante, una batería pesada e incluso un grito primal que antecede a la voz del ex Soda Stereo en esta versión 2006.

Cruzado el umbral del álbum, entonces uno cae en la cuenta de que sí, que es cierto, que "Ahí vamos" empieza antes de su primer tema, más precisamente en la portada del disco: la silueta de Cerati blandiendo su instrumento, en blanco y negro, pero con un haz de luz (¿celestial?) que emana del centro mismo de la guitarra.

En el camino recorrido entre la tapa/tributo a la guitarra y "Jugo de luna", el tema que cierra el disco casi una hora después de su inicio, se encuentra una obra que recupera al Cerati más rockero (ese que los seguidores de Soda Stereo asocian indefectiblemente con "Canción animal" y "Dynamo", quizá los dos mejores trabajos del trío), con cierto instinto conceptual, apoyado en una banda de músicos impecables y en un trabajo obsesivo de producción admirable.

Uno entre mil

"Llevame a un lugar con parlantes que nos vuele la sonoridad por el aire", canta en el segundo tema, "La excepción", y la dupla Cerati-Coleman entrecruza guitarras distorsionadas como si se tratara de un par de adolescentes jugando a ser estrellas de rock. El ex Soda canta, hace los coros y su voz se repite en diferentes planos, de modo que crea su propio reverber. Para disfrutar con auriculares (ideal para los tan de moda reproductores de mp3, aunque también funciona en el viejo walkman, por supuesto).

En "Uno entre 1000", el asunto de la guitarra no se detiene y se suma una batería machacante a cargo del "Bolsa" González, un peso pesado del rock de acá, que trabajó con Pappo, David Lebón, La Renga, Los Piojos y Luis Salinas, entre muchísimos otros.

A esta altura, ¿qué decir de la producción de un disco así? Que sólo se explica a través de la religiosa y enfermiza búsqueda de la perfección infinita e inalcanzable de un sonido compacto, con la que músicos como Cerati o el Indio Solari, por dar otro ejemplo, le dedican al trabajo de producción de un álbum. "Uno entre 1000" dice la canción. Y sí, puede ser. O más, también.

Con "Caravana", parece que el álbum por fin bajara un cambio, pero no: sube dos. La canción se descubre como la mejor manera de justificar por qué Andy Summers y Stewart Copeland le ofrecieron a Cerati reemplazar a Sting y salir de gira como The Police. Fantasmas en la materia, pero ahora. Y ahí va Cerati. Ecos, efectos, muchas resonancias.

En "Adiós", la canción en la que comparte autoría con su hijo Benito, de doce años, una frase queda flotando: "Ponés canciones tristes para sentirte mejor". Una delicia de la lírica de este músico que acaba de editar su cuarto disco solista (para trazar paralelos caprichosos con los solistas del rock de acá, algo así como el Spinetta de "Kamikaze", el Charly García de "Piano Bar", el Páez de "¡Ey!" o el Calamaro de "Nadie sale vivo de aquí"), pero que está a punto de cumplir 25 años de carrera musical.

"Adiós" y "Me quedo aquí" buscan la canción sin distorsión y el cambio de músicos entre un tema y otro se hace una constante. Pasan, tocan, se van y vuelven: cuatro bateristas (González, Fernando Samalea, Pedro Moscuzza y Emmanuel Calvet), la guitarra de Coleman, el bajo de Fernando Nalé (el único que figura en todas las canciones) y los teclados, efectos, sintetizadores y programaciones a cargo de músicos como Tweety González, Capri o Flavio Etcheto, según la ocasión.

Lo sorprendente es que, de todas formas, el disco tiene un sonido de banda, de "grabación en vivo", permitido tanto por la tecnología utilizada como por el talento de los músicos en cuestión: una especie de seleccionado que recuerda a las formaciones que rodeaban a Charly García en los años 80 (GIT, Las Ligas, Los Enfermeros), con niños terribles de oído atento a la electrónica y experimentados con más de veinte años en este asunto llamado rock.

Para los fanáticos seguidores del ex Soda (que los hay, y muchos, casi tanto como los detractores a ultranza) es momento de un dato tonto, pero tan propio de Cerati que vale la pena: él dice que el tema siete, "Lago en el cielo", es su favorito. Algo así como la expresión artística a la que aspira en su forma más completa, o al menos eso es lo que piensa hoy en día.

Lado B

Con "Dios nos libre" vuelve la guitarra sucia, justo en la mitad del álbum, como si Cerati todavía pensara en lado A y lado B en el momento de concebir una obra. Las guitarras se superponen y el tema incluye un solo galáctico de sintetizador (made in Capri), sonido de campanitas y efectos varios que hacen que uno pueda comprender por qué este músico asegura haber vivido encerrado literalmente en su estudio durante los últimos seis meses. "Dios nos libre de rogar por más", canta.

En "Otra piel" vuelve a destacarse el protagonismo de los coros (prejuiciosamente olvidados en el ámbito del rock) y en "Médium" aparecen otra vez dos guitarras épicas, bien británicas, que reafirman el estado de psicodelia melancólica. El que compone y canta esta canción es el mismo aquel de cinco temas atrás, pero que ahora no pone, sino que hace canciones tristes para sentirse mejor: "Por encima del abismo, estoy condenado a errar, de amor en amor".

"Bomba de tiempo" confirma que Cerati sigue atento a lo que sucede musicalmente en su adorada Londres y alrededores. Riff cortantes que desembocan en un hipercandombe al palo (probablemente un punto alto de los futuros conciertos).

Casi en el final, llega "Crimen", la balada Lennon-Gallagher que se lanzó como primer corte del álbum. Cerati se luce apoyado en la soberbia interpretación de estos músicos que ahora tocan exclusivamente para acompañar su voz.

El disco cierra con "Jugo de luna", sosteniendo el protagonismo rítmico de la guitarra. Aparece, entonces, ese pop espacial que ha sido marca indeleble de este artista de 45 años, sometido a una forma de composición e interpretación que ha forjado su propia carrera. Así, confirma aquel pretencioso "Ahí vamos" que se insinúa en el título y cierra el círculo cantando como en un mantra: "Perderme en un zigzag frenético? Voy por más? Voy por más. Ahí vamos". Así es, el tipo siempre parece ir por más.

Sebastián Ramos

El disco

"Ahí vamos"
Gustavo Cerati

"Al fin sucede", "La excepción", "Uno entre 1000", "Caravana", "Adiós", "Me quedo aquí", "Lago en el cielo", "Dios nos libre", "Otra piel", "Médium", "Bomba de tiempo", "Crimen", "Jugo de luna".

Los amigos invisibles

  • Diseño: el arte de tapa del álbum estuvo a cargo de Ezequiel de San Pablo.
  • Músicos: acompañan a Cerati en esta nueva travesía Richard Coleman, Fernando Nalé, Leandro Fresco, Tweety González, Emmanuel Calvet, Fernando Samalea, Pedro Moscuzza, Bolsa González, Flavio Etcheto, Capri, Loló Gasparini y Paula Zotalis.
  • Producción: compartida por Cerati y Tweety González (que también trabajó como ingeniero de sonido a la par de Uriel Dorfman y Héctor Castillo).
  • Letras: todas a cargo de Cerati, excepto "Adiós" (junto a su hijo Benito) y "Uno entre 1000", "Caravana", "Dios nos libre" y "Jugo de luna", junto a Coleman.

La cantata, del salón a la iglesia luterna

La Nación
 
 La palabra "cantata", sin intermediarios, remite a Bach y a la Iglesia luterana. Sin embargo, para un culto que planteó desde sus mismos comienzos la utilización del alemán en la liturgia, llama la atención que un término tan itálico sea el que defina el momento musical más relevante del servicio dominical. La razón para explicar este fenómeno es que hubo una "importación" y adaptación de la cantata secular italiana, un proceso que tuvo lugar a comienzos del siglo XVIII, cuando el género ya tenía una larga vida.

Hacia 1600, se instaló el canto solista con acompañamiento instrumental, en reemplazo del canto coral anterior. A lo largo de varias décadas, tuvieron lugar muchos ensayos prácticos para tratar de elaborar una línea de canto lo más efectiva y artística posible hasta que, en Venecia, después de 1650, se establecieron dos tipos de canto: el recitativo, una especie de "decir" cantado, rápido, silábico, de melodía más chata y que albergaba mucho texto en su seno, y el aria, con sus melodías onduladas, atrayentes, expansivas y que concitaban la mayor atención. Uno antecediendo a la otra, conformaron una unidad simbiótica y absolutamente equilibrada. Sobre esta base, apareció la cantata, una obra articulada como una sucesión de recitativos y arias para voz solista con acompañamiento de bajo continuo. Podía extenderse entre diez y veinte minutos, su hábitat fue el salón aristocrático y se transformó en el género más importante de la música vocal de cámara del barroco italiano. Su ascenso conllevó la desaparición del madrigal. Sus textos eran básicamente narrativos, sin perfiles teatrales, y sus temáticas, entre muchas más, se vinculaban con el amor, la vida pastoral o la mitología. Alessandro Scarlatti, el padre de Domenico, escribió más de seiscientas y contribuyó a llevar al género hasta su gran apogeo.

En el norte alemán, hacia 1700, la cantata italiana, con sus cuadros musicales sucesivos, fue el modelo sobre el cual se desarrolló la cantata luterana. Pero este género sacro, también en números independientes y sucesivos, y sus textos, poéticos o de las Escrituras, estaban de acuerdo con las fechas del calendario eclesiástico. En lo musical, en la cantata sacra, el canto solista alternó con el coral y el acompañamiento instrumental se ensanchó hacia orquestas de distinta envergadura.

Después de 1750, la cantata cayó en desuso, en cualquiera de sus dos variantes, la secular o la sagrada. Eventualmente, el género reapareció vinculado a ocasiones o situaciones especiales y con formas diversas. Por nombrar algunas, se puede recordar la "Cantata masónica", de Mozart, la "Cantata profana", de Bartók, o una olvidada "Cantata para la paz", de Milhaud, compuesta en 1937, que tal vez hoy merecería una segunda oportunidad y una mayor frecuentación.

Pablo Kohan

CELN Música

La Nación

FESTIVAL
Juan Carlos Saravia será homenajeado

El próximo viernes, a las 21, el ex chalchalero Juan Carlos Saravia será homenajeado en el Festival Pampa Nuestra, en el teatro Coliseo (Marcelo T. de Alvear 1125). En el concierto, del que participarán el Dúo Coplanacu y Facundo Saravia, entre otras propuestas musicales, se ofrecerá un tributo a la trayectoria del artista, que lo tendrá como invitado de lujo. Los precios de las localidades son: plateas $ 50, $ 40, $ 35; superpullman $ 30 y pullman, desde $ 20.

DIVA POP
#Madonna anunció su nueva gira mundial

La cantante norteamericana anunció ayer el primer tramo de su nueva gira, «Confessions on a Dance Floor«, y prometió transformar al mundo «en una gran pista de baile». La gira mundial comenzará en Los Angeles, el 21 de mayo próximo, e incluirá dos shows en el estadio de Wembley Arena, en Londres, como también actuaciones en Gales. Madonna, de 47 años, ya comenzó a ensayar en los Estados Unidos con su banda, músicos y bailarines. La gira incluirá conciertos en París, Amsterdam, Roma, #Düsseldorf, Hannover, Horsens, #Osaka y Tokio, pero aún nada se ha confirmado acerca de los rumores que aseguran una nueva visita de la diva pop a América latina. Esta será la primera vez que Madonna sale de gira desde su «Re-Invention Tour», en 2004.

Antiguo estadio de Wembley

Hard Candy|Miles Away|Celebration (2009)

MURIO JACKIE MCLEAN
El jazz está de luto

NUEVA YORK (AFP) – El saxofonista norteamericano de jazz Jackie McLean, autor de discos como «Destination Out!» y colaborador de figuras como #Miles Davis, #Bud Powell o Sonny Rollins, murió el viernes último, a los 74 años, en su casa de Hartford, en #Connecticut. McLean «murió como resultado de una larga enfermedad», señaló ayer David Isgur, vocero de la Universidad de Hartford, en la que el músico dio clases desde 1970. Nacido en Nueva York como John Lewnwood McLean, en el seno de una familia de músicos, aprendió a tocar el saxofón a los 14 años, primero con el soprano y luego con el alto, con el que desarrollaría su carrera profesional.

Música

La Nación
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Sabina causó revuelo en San Telmo

La Nación
 
Ayer visitó la feria

 
 La presencia de Joaquín Sabina ocasionó ayer un singular revuelo en una de las concurridas ferias de antigüedades del barrio porteño de San Telmo. El cantante español, que anoche dio en el Gran Rex su último recital en Buenos Aires, fue reconocido por la gente en el Mercado de San Telmo, que como un laberinto se extiende entre las calles Defensa, Estados Unidos, Bolívar y Humberto I, con salida por las cuatro calles.

Gritos, corridas y empujones se sucedieron en unos segundos, mientras que quienes llevaban máquinas fotográficas pugnaban por acercarse al popular intérprete, que vio así frustrado su deseo de recorrer el lugar. "Pobre… tiene derecho a dar un paseo", dijo a la agencia Télam un puestero, minutos después de que Sabina optara por retirarse del mercado.

Más allá del incidente, el histórico barrio recibió a miles de paseantes y turistas que casi codo a codo recorrían los anticuarios y ferias de la zona y se detenían a observar los espectáculos "a la gorra", que en gran variedad se presentan los fines de semana sobre la calle Defensa.

Los desafíos del tango sinfónico

Clarín

MUSICA: LA FILARMONICA DE BUENOS AIRES EN EL COLISEO, DIRIGIDA POR GERARDO GANDINI. El músico hizo un programa con obras propias, de Astor Piazzolla, de Néstor Marconi y de Gershwin.

Por Federico Monjeau | fmonjeau@clarin.com | Gerardo Gandini dirigió a la Filarmónica en el Teatro Coliseo, en un programa de corte popular que reunió, en este orden, Tangazo de Astor Piazzolla; Tangos concertantes para bandoneón y orquesta de Néstor Marconi; Milonga del Angel (Piazzolla) en arreglo de Gandini; Tristangos para bandoneón, piano y orquesta de cuerdas de Gandini; y Un americano en París de George Gershwin.

El tango sinfónico es, por sí solo, un género complicado. Incluso un músico instrumentalmente tan sutil y arquitectónico como Piazzolla no supo muy bien qué hacer con la orquesta grande; tampoco en el Tangazo, a pesar de su petulante denominación.

El sombrío solo de contrabajo y la fuga de apertura introducen a una música particularmente solemne y llena de clichés, donde los eventuales solos del oboe o el corno no compensarán la pérdida del sentimiento solista, del filo contrapuntístico y del intercambio instrumental. Es una orquesta estática, uniforme, en cierta forma inactiva; es cierto que la orquestación de Piazzolla nos ahorra los empalagosos contracantos con platillos y golpes de timbal de la tradición Canaro-Mores, pero tampoco alcanza a crear algo convincente.

No es el caso de los Tangos concertantes de Marconi. No sólo porque en este caso el bandoneón solista que el autor interpreta magistralmente establece una productiva oposición con el conjunto, sino porque la orquesta está mucho más trabajada desde adentro.

Ya Gandini realiza algo sensiblemente diferente, tanto en sus Tristangos como en el exacto y arreglo de Milonga del Angel de Piazzolla. Los Tristangos son variantes de los Postangos que el autor escribió unos años atrás para la big band de la Radio de Colonia, Alemania.

A los instrumentos solistas piano y bandoneón se suma en esta selección un contrabajo. La suelta improvisación del trío choca expresivamente con una orquesta asordinada y dividida en varias capas. En algunos pasajes sobrevive todavía una atmósfera de big band, como en la encantadora parte B de La desgracia, tango que parece inspirado en una mazurca de Chopin. Son tangos brumosos, a distancia; tangos sin las figuras retóricas del tango, aún cuando se mantengan las cadencias armónicas.

El concierto cerró con una expresiva ejecución de Un americano en París.

Premian a Pimpinela por la trayectoria

Clarín
 

 

El 5 de abril en el teatro Gran Rex se entregarán los Premios Gardel a la Música y en la octava edición de la ceremonia que premia a los artistas de la música nacional, CAPIF otorgará la distinción a la trayectoria al dúo Pimpinela, de los hermanos Lucía y Joaquín Galán, que ya cumplen 25 años de carrera musical, con éxito no sólo en la Argentina sino en toda América latina y España.

GUSTAVO CERATI: «Descreo del artista que utiliza la honestidad»

Clarín

«Ahí vamos», su nuevo álbum, saldrá el martes y «Clarín» lo escuchó con él en Nueva York. Aquí habla de su retorno a la canción, de sus hijos, de por qué no vuelve Soda Stereo y de si es necesario que un artista diga siempre la verdad.

Por Walter Domínguez NUEVA YORK. ENVIADO ESPECIAL|wdominguez@clarin.com

Mediodía de sol en la incipiente primavera neoyorquina. El hotel Hudson —un coqueto edificio de modernísimo diseño, escondido en pleno centro de la ciudad y a pocas cuadras de la zona teatral de Broadway— es la base de operaciones de Gustavo Cerati en la autodenominada, no sin razón, «capital del mundo».

En esta ciudad, el músico que se animó a dejar Soda Stereo en la cima de su popularidad, que cambió el calor de las masas por la no tan masiva experimentación electrónica y cuyo apellido ya es un adjetivo en las discusiones sobre rock nacional (se dice que algo es «muy Cerati» cuando es muy fashion, muy moderno, muy nasal, muy volado, está construído con palabras esdrújulas, o todo eso junto) le está poniendo los toques finales a Ahí vamos, su cuarto álbum como solista, que el martes estará en todas las disquerías de Latinoamérica, y que Clarín pudo escuchar en exclusiva, junto a su autor, en un estudio de grabación del barrio de Chelsea.

Vestido íntegramente de negro, con rulos casi afro y anteojos para el sol, Cerati está sin embargo muy lejos de la oscuridad. A los 45 años, conserva la pasión de un adolescente para hablar de su música y de todo lo que se le pregunte. Extrovertido y enérgico, pero no superficial.

¿Por qué titular a un disco «Ahí vamos»?

Los títulos de los discos tienen que ver con el proceso y el tiempo en que los hago. En este caso, era una frase que estábamos usando ante cualquier situación positiva que ocurría.

¿El plural a quién involucra?

Por más que se trate de un disco solista, involucra a mucha gente, y estoy mirando mucho hacia afuera también. Se trata de una situación realmente hacia adelante.

La primera impresión es que te alejaste un poco de la música electrónica y que te metiste más en las canciones.

Es así. El álbum está muy enfocado hacia la guitarra, la voz y la forma clásica de la canción: estrofa, estribillo, puente. Lo hice porque quería que el disco tuviera más una dirección y no fuera tan heterogéneo como otros. Y eso se conjuga perfecto con el «ahí vamos». A veces, uno da muchas vueltas para llegar a algo más simple.

Delicias del mercado discográfico, Ahí vamos saldrá el martes ya como disco de platino, debido a que las disquerías compraron más de 40.000 copias por anticipado. Por su parte, el tema de difusión —Crimen— suena en todas las FM y ocupa el primer lugar en los charts. La canción, una desgarradora balada de desamor, hace las delicias de cualquiera al que le guste interpretar las letras. Se sabe, Cerati se separó no hace mucho de la modelo y ahora cantante Déborah de Corral. Crimen, inevitablemente, remite a eso.

«Es una canción de ruptura —admite Cerati—, pero la verdad es que la escribí en un momento de mucha felicidad. Siempre sucede que, al ser una persona conocida, están las preguntas ‘¿con quién está?’, ‘¿con quién no está?’, ‘¿con quién va a estar?’ y parece que las relaciones son directas con eso. Y a veces me inspiro en cosas que están fuera del tiempo y del lugar. La canción es un rompecorazones de entrada, una especie de puñalada, pero yo estaba en una situación muy feliz. En un momento habla de «los celos otra vez’. Y remite a Muchacho celoso, el tema de John Lennon, que para mí es la canción de amor por antonomasia. Como artista, puedo recrear o imaginar una situación, aunque no esté pasando por ella en ese momento. Y me hago carne de eso, porque cuando estoy escribiendo, hay momentos en que hasta se me llenan los ojos de lágrimas.»

Mentir es, entonces, parte del arte.

Sí, es absolutamente así. Descreo del artista que utiliza la honestidad. Para ser una buena persona, hay que ser honesto, está claro. Pero para ser artista, no tiene que ser algo significante. Lo que estoy haciendo es crear una canción, una viñeta de sensaciones. Si analizás la letra, es una sensación de esa pérdida, que queda inconclusa en términos de explicaciones. «¿Qué otra cosa puedo hacer?», dice la canción. Lo aclaro porque después empiezan las suspicacias. El disco tiene referencias, uno siempre es algo autobiográfico, pero entro en esos lugares por una necesidad musical y de inspiración.

Aclarado el punto, Cerati dice sentirse aún inocente en algunas cuestiones. A pesar de los años de carrera, de la fama, hay situaciones de las que dice no tener conciencia. «Vivo sorprendiéndome de las cosas que pasan —afirma-. Jamás me imaginé que iba a ir a mi casa en Uruguay e iba a venir una cámara a perseguirme y tomar fotos (N. de R.: se refiere a un episodio del verano, en Punta del Este, cuando lo fotografiaron con Sofía Medrano, su nueva novia, veinte años más joven que él). Si me preguntás qué significa, muy bien no lo sé. He hecho un buen paquete de canciones y estoy orgulloso de la gran mayoría de ellas. Pero el proceso interno generalmente va por un lado que no está conectado con eso. Porque cuando estás demasiado conectado con eso, generalmente estás fuera de la realidad.»

¿Y qué vas a hacer en Punta del Este? ¿Vas a construir paredes para que no te espíen?

No me interesa exponerme. La gente puede pensar que sí, porque aparezco en esas fotos, pero no es así. Es un llamado: déjenme en paz, yo sólo hago canciones.

A Nueva York, Cerati vino por primera vez por motivos no muy alegres. «Cuando recién nos empezaba a ir bien con Soda, entre el primer disco y el segundo, nos robaron todos los equipos. Me acuerdo que los músicos de Virus y de Sumo nos prestaron instrumentos para seguir haciendo shows. Así que en cuanto pudimos, vinimos a comprar equipos. Después sí, volví cada vez que pude.»

Queda claro que es una decisión tuya si Soda se vuelve a juntar o no.

Sí, la decisión termina cayendo sobre mí. Pero no me hago el difícil ni nada por el estilo. Soda se disolvió porque nuestras personalidades empezaron a desencontrarse. La separación venía ocurriendo hace tiempo y también fue por una cuestión artística. La energía tiraba para abajo y no íbamos a llegar a nada bueno de esa forma. Y si alguna vez se da de juntarnos, espero que no sea como me dijo Andy Summers, cuando volvió a tocar con #The Police: que a los cinco minutos empiezan a aparecer todos aquellos problemas por los que te separaste.

Zanjada la cuestión, Cerati —que supo ser factor de división en el #rock argentino, o estabas con él o estabas contra él— admite sentirse más reconocido por sus pares. «Es lógico que los más chicos te cuestionen, era lo que hacíamos con Soda cuando empezábamos, despotricábamos contra los que ya estaban. Pero después, somos todos músicos. Y el público, que puede gritar contra mí en un concierto, después es el mismo que me ve en la calle y me felicita». Ahora llegó el momento de sentirse un referente del rock nacional. «Y sí, sé que soy importante para cierta gente. Lo agradezco.»

De los grupos nacionales, lo último que vio es un trío femenino, las No lo soporto, que le gustan bastante. Y es bastante fan, y amigo, de los Miranda! «Sí, en vez de «la guitarra de Lolo» tendrían que decir «la guitarra de Cerati» —se ríe—, porque Lolo me consulta bastante de guitarras y de las situaciones que están viviendo con la popularidad. Yo, desde Soda, no vi en México ningún grupo que fuera tan furor como ellos. Pero espero más de su próximo disco. Igual, estuve tan metido con mi música en los últimos seis meses, que casi fue lo único que escuché».

 

El disco, tema por tema, letra por letra

Con Ahí vamos grabado en su propio estudio, Unísono, Gustavo Cerati viajó a Nueva York para masterizarlo, un proceso en el que se levantan volúmenes y se cambian de registro algunos planos. El músico dice que necesitaba una «oreja experta», que no fuera la suya ni la de su ingeniero de grabación. Coproducido por Cerati y Tweety González, el álbum tiene 13 canciones y participan Richard Coleman, Fernando Nalé, Leandro Fresco, Tweety González, Emmanuel Cauvet, Fernando Samalea, Pedro Moscuzza, Bolsa González, Flavio Etcheto, Capri, Loló Gasparini y Paula Sotalis. El ingeniero fue Héctor Castillo, quien trabajó con artistas como Pete Townshend, David Bowie, Lou Reed y Suzanne Vega, entre otros. Howie Weinberg es quien estuvo a cargo del mastering.

En los estudios JSM Music Inc, en la 59 West 19th, en el barrio de Chelsea, Cerati le mostró el disco tema por tema a Clarín.

Si algo define al álbum es su perfil «guitarrístico», con una banda sonando fuerte y yendo al punto. Aquí, las canciones.

Al fin sucede. Un tema bien arriba, con guitarras fuertes: «estoy un poco harto de entrar en tus juegos de mente. Tanto le temes, que al fin sucede». Cerati explica que el disco sigue casi un orden cronológico en cuanto a la composición.

La excepción. Sigue arriba, con una letra bien Cerati: «todo acaba estropeado con tanta histeria. Todo el mundo es impostor. Hoy hagamos la excepción de romper las reglas…». Hay en todo el álbum una fuerte ligazón entre dos discos de Soda: Signos y el más beat Canción animal«.

Uno entre mil (lírica compartida con Coleman). Cerati cuenta que este tema es de la época de Locas de amor, que lo barajó para el unitario, pero se decidió finalmente por Tu locura, que salió al aire. la letra sueña con que «por fin seamos uno, mientras tanto yo me encargo de evitarlo».

Caravana (también letra con Coleman). En un registro más The Police, con la batería de Fernando Samalea. Hay una «caravana de miradas. Mañana no me podrás ver».

Adiós (la letra con su hijo Benito, ver El padre). Me quedo aquí. Arranca con guitarras acústicas, pero la banda vuelve a aparecer luego de las primeras estrofas: «el tsunami llegó hasta aquí. Lo vi venir».

Lago en el cielo. Para Cerati, la mejor canción del disco: «el tiempo es arena en mis manos, vamos despacio para encontrarnos».

Dios nos libre. Suerte de gospel a la argentina, letra compartida con Coleman, y aparece el Cerati más nasal, el que dice en la entrevista «canté como una mina en muchos aspectos». La letra: «tal vez seamos la revelación. Dios nos libre de rogar por más».

Otra piel. «El más »García de todos», dice Cerati y apunta que la batería es de Samalea, que tanto tocó con Charly. «Recordarte es un hermoso lugar. Amo tu lucidez, veo tu desnudez».

Medium. «Una extraña sensación, no pertenecer a este mundo». Cerati y el más allá.

Bomba de tiempo. Con la banda a mil, Cerati confiesa: «lo mismo que nos une es lo que nos desintegra, tragame tierra.»

Crimen. La balada ya explicada. Jugo de luna. El último tema del disco es el último tema compuesto: «jugo de luna me diste de tomar. Voy por más».

 

El padre

Cerati tiene dos hijos: Benito, de 12 años, y Lisa, de 10, ambos con «los canales artísticos abiertos por ósmosis, esa bajada viene de los dos papás», dice el músico y se refiere también a su primera esposa, Cecilia Amenábar, ex modelo y actual dj.

Lisa estudia batería, piano y también está haciendo algo de danza. Benito escribe guiones de cine, cuentos y estudia guitarra con Fabio Rey (guitarrista de Los Brujos, banda de los 90 que apadrinó Cerati en la mentada «movida sónica» de esos años). Grabó algunos cds caseros, que se escuchan en familia y hasta subió con su padre a algún escenario (Belleza y Felicidad, en Palermo). La sorpresa viene ahora en Adiós, tema de Ahí vamos, que Cerati padre e hijo comparten en autoría.

«Benito es un referente continuo en lo que estoy haciendo. Viene al estudio, opina de las canciones. Con Adiós, la letra fue y vino entre él y yo varias veces», asegura.

Un párrafo: «Suspiraban lo mismo los dos, y hoy son parte de una lluvia lejos. No te confundas, no sirve el rencor, son espasmos después del amor. Ponés canciones tristes para sentirte mejor… Separarse de la especie por algo superior no es soberbia, es amor».

Cerati —que no falta en las reuniones de padres del colegio de sus chicos, en Florida— no sabe si sus chicos serán músicos. El tiempo dirá.

 
 

El cantante

Hace apenas diez días, en los Rock & Pop Awards, premios dados por la radio y sus oyentes, Soda Stereo ganó en los rubros «mejor show» (por el de despedida en River, en el 96) y «mejor disco», por Canción animal. Gustavo Cerati fue elegido como mejor cantante del rock nacional. Vaya título.

«Uno se propone ser lo mejor posible —dice Cerati—. Yo me propuse ser un buen cantante y un buen guitarrista. Soy muy competitivo, aunque no me gustan mucho los premios. Cuando escuchaba rock de más chico, en los 70, me parecía que había cierta desidia a la hora de cantar, salvo honrosas excepciones, como podía ser Spinetta. Como que lo importante era tocar y la voz, bueno… A diferencia de lo que sucedía con la música inglesa o americana que yo escuchaba. Así que me esforcé por cantar bien, por usar la voz como un instrumento más, que se entendiera lo que decía y que se escucharan los tonos que yo quería poner. Me preocupé porque mi instrumento, la voz, sonara bien, aunque no la cuidé bastante y fumo muchísimo.»

Cerati dice que «las puertas del rock están abiertas para mí ya desde hace un tiempo, pero no me puedo dormir ni pensar mucho en eso. Los premios los recibo, es un reconocimiento, pero no me saco las uñas por eso, ni ahí».

PINK: «Pensar no es sexy»

Clarín
 
La ex skater-girl vuelve con un disco ("I´m not dead") donde se hace la viva y combate el consumismo y el escapismo.


Txt. Nicolás Artusi.
Enviado especial a Los Angeles

El chirrido de gomas es el toque de diana que marca el ingreso de la estrella con botas y pantalones militares: ni autazo polarizado ni "limo". Pink llega manejando un lustroso descapotable Impala modelo ’59, cromado pero no tuneado, con la chapa que admite el doble o hasta el triple sentido: "Mine" (que puede ser el posesivo "mío", el femenino "mina" o el explosivo "mina": ¡boom!). Si es cierto que la vida imita al arte, o a los buenos videoclips, es imposible no imaginarse a la propia Pink enjabonándose sobre un capó en Stupid Girls, el clip donde parodia a Jessica Simpson y sus meneos en un descapotable.

"La ilusión, como los coches usados, es una industria de Los Angeles", escribió el periodista-rockero Robert Greenfield y, aunque el auto de Pink brilla más que la dentadura de un vendedor de segunda mano, el aire es turbio: "Podrías salir de allí riéndote de su estupidez, del vacío desangelado y lleno de niebla contaminada que es la ciudad de Los Angeles". Estamos en la Capital Mundial del Galpón (estudios, estudios, estudios) y en éste, Pink evita la actitud de estrella en busca de un naturalismo que se contradice con el maquillaje símil cemento Portland con que disimula los efectos nocivos de una noche larga. "No me siento famosa", le dice al Sí! la ex skater-girl que vendió 20 millones de discos y en el ’03 declaraba: "Soy una perra". "Mi marido, mis amigos y yo vamos de campamento y a bares de barrio, no a los lugares de moda. No soy una celebridad".

—Pero sos miembro de la industria de celebridades más grande del mundo…

—Algunos famosos la usan con responsabilidad y otros no. Es un escapismo: la gente no quiere pensar en el alquiler todo el día.

Que la palabra "alquiler" se cuele en el discurso promocional de una estrella como ésta sólo puede augurar el nacimiento de un subgénero: pop con conciencia social. No es Britney abrazando a su niñera salvadoreña o Angelina adoptando camboyanitos para la revista People. Pink, devenida artista "comprometida", escupe ideas propias en esa monumental plataforma que pueden ser las radios y los canales de videos. Ahí parodia hasta el bochorno a las princesitas del teen-pop, sufre un ataque de corrección en el tema Dear Mr. President (a favor de los pobres, los gays o los huérfanos desabrigados del Ecuador) y dice "no estoy muerta", como sugerente slogan funebrero después de su salida indecorosa de las listas de los más vendidos y antes del lanzamiento de su nuevo disco, el 4 de abril.

—¿Por qué I’m Not Dead?

—No estoy muerta porque cumplí 26 y me desperté. Pensé que lo sabía todo y ahora me doy cuenta de que tengo mucho que aprender. Hay cosas en el mundo a las que estoy empezando a prestarles atención. Creo que, mientras uno está acá, es importante no ser insensible y no caminar por la vida con los ojos cerrados. De modo que no estoy muerta, estoy aquí. ¡Andá a cagar!

—Todo el mundo relaciona "Stupid Girls" con Lindsay, Paris, Jessica y Mary Kate pero el tema habla de mucho más que eso, ¿no?

—Mi idea básica es atacar una mentalidad general. Uso estos ejemplos pero me refiero a esta epidemia insalubre, esta imagen única de usar talle 0 y tener suficiente tiempo libre para estar de compras el día entero, sin aportar nada al mundo. Son consumidoras sin cabeza. Hay un montón de chicas inteligentes a quienes nadie representa. Y yo quiero ofrecer una alternativa.

—¿Sabés qué dicen ellas del video?

—¡Ja, ja, no, no lo sé!

—¿No te importa?

—Tengo la fantasía de que todos van a ver el humor que hay en el video y a cambiar para hacer del mundo un lugar mejor. Pero es sólo una fantasía mía.

—¿Cómo es esa teoría tuya acerca de ser inteligente y sexy?

—Mi teoría es que no tiene nada de malo ser sexy. El problema es la idea de que tenés que convertirte en una tonta para ser linda. Pensar no es sexy. Y eso es un error. Las mujeres más sexys son las que piensan.

—¿Te considerás una luchadora contra el consumismo o la frivolidad de la cultura pop?

—Sí, soy enemiga de todas esas estupideces. Ojo, soy una chica y me gusta salir de compras, pero lo importante es el equilibrio. Hay que aportar algo.

—¿Por qué ahora?

—Porque el mundo es una ruina y éste es el momento en que, si hubiera más gente que piense, se harían más cambios positivos. Si más gente se preocupara por el medio ambiente, todo el mundo tendría automóviles híbridos. Pero nadie habla de eso, no es cool.

—¿Qué opinás de los realities de cirugías, como "Extreme Makeover"?

—Nunca los miro. Que haya una industria de la cirugía estética que maneje 150.000 millones de dólares es para asustarse. Ese dinero podría aplicarse a cosas mucho más importantes, como la educación. Es triste. No necesitamos más razones para sentirnos mal con nosotros mismos.

—¿Te considerás un modelo para las adolescentes?

—No le sugeriría a nadie que ande por los caminos que tomé yo pero, en lo que hace a ser fiel a mí misma y no ser conformista, por supuesto, ¿por qué no?

—¿Qué te pasó? ¿Creciste? ¿Maduraste de golpe?

—Totalmente. Cuento los años como los perros así que ahora… ¡tengo 182!

 
 
 
 
 
 
Biopic: el mundo según Janis

A la vez que Johnny Cash, Kurt Cobain, Ian Curtis o Brian Jones pudieron resucitar en la pantalla, Janis Joplin se resiste a atender el llamado en el Más Allá: Gospel According to Janis, la biopic sobre otra de las muertas precoces del rock, se vive postergando. Penelope Spheeris (directora de El mundo según Wayne) echará a rodar las cámaras este invierno y lo único confirmado es el protagónico absoluto para Pink.
—¿Vas a hacer de Janis en una biopic?
—Me dieron el papel pero el proyecto todavía no está terminado.
—¿Te gustaría?
—¿A mí? ¡Yo soy la única que puede hacer ese papel!

 
 
En contra de la cultura light

Pink cuestiona la boba escapatoria de las chicas-paparazzi tanto como la adicción al bisturí en su irritante video Stupid Girls (foto). ¿Honestidad brutal? "Pink siempre está enojada. Esa es su forma de arte y su fornida voz, el antídoto contra la edulcorada Britney y la limpita Christina", describió la cronista Chrissie Iley, del diario inglés The Guardian. Está claro que Pink se ubica tan lejos del universo light Laguna Beach como del fenómeno "Generación XL" (o "gordas con onda") que el Sí! registraba hace tres años. Simplemente, a los 26, es la portavoz de la generación que nació en los ’90 y trajo ideales estéticos opuestos a los de sus bulímicas antecesoras. Pink es la hermana mayor de las fans del "emo-punk" a las que no les importa mostrar sus pancitas por abajo de las musculosas y encima de los pantalones de tiro bajo… aunque tengan mucha pancita para mostrar.

 
 
 
 

Un argentino en Armenia: Facundo Agudín, nuevo director de la Opera de ese país

La Nación
 
Estreno: la primera vez de "La flauta mágica"

Largo es el camino que ha llevado al joven director de orquesta desde su Buenos Aires natal a la Opera Nacional de Armenia, en Ereván. Residente en Suiza, Agudín realiza una carrera vertiginosa en el país alpino, donde dirige la Orquesta Sinfónica del Jura, coordina el festival Musiques des Lumières y colabora con diversos teatros y compositores suizos vivos. Tal despliegue de energía creadora ha sido recompensado recientemente con el importante premio cantonal Promotor de la Cultura, y ha llevado al semanario L´Hebdo, el más influyente de la Suiza de habla francesa, a nombrarlo una de las cien personalidades que definen la vida cultural helvética.

Pero Suiza parecía no ser suficiente para el director de 34 años formado en la Universidad Católica Argentina y la prestigiosa Schola Cantorum de Basilea. Gracias al estreno de una obra del compositor suizo de origen armenio David Haladjian, Agudín entró hace dos años en contacto con los responsables de la Opera Nacional de Armenia. De allí surgió una propuesta de colaboración que ha cristalizado en este estreno armenio de "La flauta mágica" el último 18 de marzo, dado que, aunque resulte difícil de creer, una de las obras cumbre de Wolfgang Amadeus Mozart no había subido jamás a escena en el país del Cáucaso. Inmejorable manera, entonces, de celebrar el 250° aniversario del nacimiento del compositor y de foguear a los músicos en un repertorio para ellos inhabitual.

Epocas difíciles

El Teatro Nacional de Opera y Ballet de Armenia, que no detuvo su actividad siquiera en los días trágicos de la Segunda Guerra Mundial, fue durante sesenta años una de las glorias líricas de la extinta URSS, justo por detrás del legendario Teatro Bolshoi de Moscú y el Kirov-Mariinsky, de San Petersburgo. A diferencia de sus ricos primos rusos, el teatro armenio vivió de manera trágica el hundimiento de la URSS y el fin de los infinitos presupuestos estatales. Ese factor político, sumado al pavoroso terremoto de 1988 y la reciente guerra con Azerbaiján han hecho que la Opera de Armenia hubiera pasado de seis o siete producciones anuales a apenas una o dos a partir de 1991.

Con 700 empleados entre músicos de la orquesta sinfónica, solistas, coros y personal técnico y administrativo, los presupuestos anuales y sueldos del equipo dependen directamente del Ministerio de Cultura. Cabe mencionar que las calles de Ereván no tienen alumbrado a partir de medianoche, o que los salarios de los profesores de orquesta o solistas rara vez superan los 70 dólares mensuales y que, a fin de redondear los finales de mes, estos artistas se ven obligados a realizar grabaciones de música ligera o tocar en bodas y bautismos.

Este es el complejo panorama al que Facundo Agudín se enfrenta en Armenia, aunque el director comentó con humor: "Afortunadamente, no vengo de Luxemburgo. Muchos de estos problemas resultan extrañamente familiares a un argentino".

A pesar de las dificultades, el músico ha sellado un compromiso por cuatro años con la Opera Nacional, que permitirá la producción de obras nuevas y la colaboración estrecha con artistas e instituciones de Europa. A estas vías se suman los armenios de la rica e influyente diáspora, diseminada entre Los Angeles, París, Buenos Aires o Nueva York.

"En los últimos años han venido a Armenia a visitar y a invertir en su país de origen más de 400.000 armenios del exterior", comenta entusiasmado Nika Babayan, productor de esta versión de concierto de "La flauta mágica". La idea del infatigable Agudín es presentar entre tres y cuatro nuevas producciones operísticas anuales o el estreno mundial de la opera "El mercader de Venecia", del compositor suizo Christian Favre, previsto para 2008.

Facundo Agudín destaca diversas características del elenco. "Es muy difícil encontrar un grupo de solistas de este nivel en Ginebra o Zurich -comenta-, a pesar de lo infinitamente superiores que son sus medios económicos."

El director porteño alaba el entusiasmo y las infinitas ganas de trabajar y aprender de esta gente. De hecho, durante las sesiones preparatorias del estreno de "La flauta mágica", las jornadas de trabajo de doce horas fueron moneda corriente que los músicos y cantantes asumieron con ánimo inmejorable.

A pesar de lo difícil de su situación, en Armenia en general y en el teatro en particular, se respira cierto optimismo y un aire de renacimiento. "Esperemos que la colaboración que acaba de iniciarse con estos artistas les permita una mayor visibilidad y presencia en el mundo", zanja Facundo Agudín antes de abordar el avión que lo lleva a Londres. La próxima cita del argentino con sus compañeros armenios será en julio para la presentación de "La flauta…" en una novedosa versión escénica, que incluirá medios de vanguardia, realizada en colaboración con diversas universidades, centros de tecnología y creadores de Suiza.

Por Rodrigo Carrizo Couto
Para LA NACION