Un argentino en Armenia: Facundo Agudín, nuevo director de la Opera de ese país

La Nación
 
Estreno: la primera vez de "La flauta mágica"

Largo es el camino que ha llevado al joven director de orquesta desde su Buenos Aires natal a la Opera Nacional de Armenia, en Ereván. Residente en Suiza, Agudín realiza una carrera vertiginosa en el país alpino, donde dirige la Orquesta Sinfónica del Jura, coordina el festival Musiques des Lumières y colabora con diversos teatros y compositores suizos vivos. Tal despliegue de energía creadora ha sido recompensado recientemente con el importante premio cantonal Promotor de la Cultura, y ha llevado al semanario L´Hebdo, el más influyente de la Suiza de habla francesa, a nombrarlo una de las cien personalidades que definen la vida cultural helvética.

Pero Suiza parecía no ser suficiente para el director de 34 años formado en la Universidad Católica Argentina y la prestigiosa Schola Cantorum de Basilea. Gracias al estreno de una obra del compositor suizo de origen armenio David Haladjian, Agudín entró hace dos años en contacto con los responsables de la Opera Nacional de Armenia. De allí surgió una propuesta de colaboración que ha cristalizado en este estreno armenio de "La flauta mágica" el último 18 de marzo, dado que, aunque resulte difícil de creer, una de las obras cumbre de Wolfgang Amadeus Mozart no había subido jamás a escena en el país del Cáucaso. Inmejorable manera, entonces, de celebrar el 250° aniversario del nacimiento del compositor y de foguear a los músicos en un repertorio para ellos inhabitual.

Epocas difíciles

El Teatro Nacional de Opera y Ballet de Armenia, que no detuvo su actividad siquiera en los días trágicos de la Segunda Guerra Mundial, fue durante sesenta años una de las glorias líricas de la extinta URSS, justo por detrás del legendario Teatro Bolshoi de Moscú y el Kirov-Mariinsky, de San Petersburgo. A diferencia de sus ricos primos rusos, el teatro armenio vivió de manera trágica el hundimiento de la URSS y el fin de los infinitos presupuestos estatales. Ese factor político, sumado al pavoroso terremoto de 1988 y la reciente guerra con Azerbaiján han hecho que la Opera de Armenia hubiera pasado de seis o siete producciones anuales a apenas una o dos a partir de 1991.

Con 700 empleados entre músicos de la orquesta sinfónica, solistas, coros y personal técnico y administrativo, los presupuestos anuales y sueldos del equipo dependen directamente del Ministerio de Cultura. Cabe mencionar que las calles de Ereván no tienen alumbrado a partir de medianoche, o que los salarios de los profesores de orquesta o solistas rara vez superan los 70 dólares mensuales y que, a fin de redondear los finales de mes, estos artistas se ven obligados a realizar grabaciones de música ligera o tocar en bodas y bautismos.

Este es el complejo panorama al que Facundo Agudín se enfrenta en Armenia, aunque el director comentó con humor: "Afortunadamente, no vengo de Luxemburgo. Muchos de estos problemas resultan extrañamente familiares a un argentino".

A pesar de las dificultades, el músico ha sellado un compromiso por cuatro años con la Opera Nacional, que permitirá la producción de obras nuevas y la colaboración estrecha con artistas e instituciones de Europa. A estas vías se suman los armenios de la rica e influyente diáspora, diseminada entre Los Angeles, París, Buenos Aires o Nueva York.

"En los últimos años han venido a Armenia a visitar y a invertir en su país de origen más de 400.000 armenios del exterior", comenta entusiasmado Nika Babayan, productor de esta versión de concierto de "La flauta mágica". La idea del infatigable Agudín es presentar entre tres y cuatro nuevas producciones operísticas anuales o el estreno mundial de la opera "El mercader de Venecia", del compositor suizo Christian Favre, previsto para 2008.

Facundo Agudín destaca diversas características del elenco. "Es muy difícil encontrar un grupo de solistas de este nivel en Ginebra o Zurich -comenta-, a pesar de lo infinitamente superiores que son sus medios económicos."

El director porteño alaba el entusiasmo y las infinitas ganas de trabajar y aprender de esta gente. De hecho, durante las sesiones preparatorias del estreno de "La flauta mágica", las jornadas de trabajo de doce horas fueron moneda corriente que los músicos y cantantes asumieron con ánimo inmejorable.

A pesar de lo difícil de su situación, en Armenia en general y en el teatro en particular, se respira cierto optimismo y un aire de renacimiento. "Esperemos que la colaboración que acaba de iniciarse con estos artistas les permita una mayor visibilidad y presencia en el mundo", zanja Facundo Agudín antes de abordar el avión que lo lleva a Londres. La próxima cita del argentino con sus compañeros armenios será en julio para la presentación de "La flauta…" en una novedosa versión escénica, que incluirá medios de vanguardia, realizada en colaboración con diversas universidades, centros de tecnología y creadores de Suiza.

Por Rodrigo Carrizo Couto
Para LA NACION

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