Festival de Cannes

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  •  ‘El viento que agita la grama’, de Ken Loach,  ganó la Palma de Oro

El público consagró a lo peor de la TV argentina de 2005

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¡GANADORES!
 
Desde el 1 de abril hasta el 25 de mayo de 2006, 14.932 personas votaron a través de este espacio el premio "Don Segundo Sombra", que rescata lo menos rescatable de la televisión vernácula del año que pasó.  
Los televidentes ingresaron a esta página y eligieron,
para cada rubro, al que consideraban el peor. El voto era automáticamente computado. 
Estos fueron los ganadores de la versión 9.0 del premio.

Haga click aquí para ver los comentarios de los votantes

    Los triunfadores rubro por rubro:
Peor conductora 
  NS/NC
    4330 (29%)
Maria Laura – Estamos como queremos (Canal 13)     4217 (28%)
Maria Eugenia – Estamos como queremos (Canal 13)     3230 (22%)
María Emilia – Estamos como queremos (Canal 13)     3155 (21%)
   
Peor conductor 
  Diego Maradona – La Noche del 10 (Canal 13)
    8308 (56%)
Roberto Giordano – Desfiles de Giordano 2005 (Telefé)
    5189 (35%)
Comisario Sebastián Seggio – Prevenir (Canal 9)     1197 ( 8%)
NS/NC       238 ( 2%)
   
Peor actriz protagónica
  Juanita Viale – Mujeres asesinas (Canal 13)
    5913 (40%)
Moria Casán – Doble vida (América)     5369 (36%)
Pamela David – Doble vida (América)     3165 (21%)
NS/NC       485 ( 3%)
   
Peor actor protagónico
  Carlos Bilardo – Lo de Bilardo (América)     8462 (57%)
Felipe Colombo – Doble vida (América)     4288 (29%)
Rodolfo Ranni – Lo de Bilardo (América)     1401 ( 9%)
NS/NC
      781 ( 5%)
   
Bochorno del año
  El escupitajo de Tinelli a Larry de Clay     4675 (31%)
El despido de Stella Maris Lanzani en Intrusos     3480 (23%)
Los cambios de días y horarios de los programas      3440 (23%)
Cóppola contando cómo lo violaron en la cárcel     2230 (15%)
Roviralta en el programa de Susana Giménez       861 ( 6%)
NS/NC       246 ( 2%)
   
Peor programa
  Circo Criollo – Canal 9     6180 (41%)
Lo de Bilardo – América
    3684 (25%)
Doble vida – América
    2442 (16%)
La Vendetta – América     1845 (12%)
NS/NC       781 ( 5%)

El Papa pidió perdón por los crímenes nazis

La Nación

Conmovedora visita de Benedicto XVI a Polonia

 
Lo hizo como alemán, en Auschwitz; llamó a cerrar heridas
 

 
AUSCHWITZ-BIRKENAU, Polonia.– Reina el silencio y sopla un viento frío entre los álamos que se alzan cerca de las prolijas construcciones de ladrillo rojo que fueron testigos, entre 1939 y 1944, de un genocidio. Es media tarde y un cielo plomizo anuncia lluvia. Debajo de la gran puerta de hierro adornada con la sarcástica frase Arbeit macht frei (el trabajo libera), que da acceso al campo de concentración más espantoso de la historia, donde el nazismo eliminó a 1,5 millones de personas –en su mayoría, judíos–, un hombre vestido de blanco avanza decidido. Su paso es rápido y el rostro, adusto. Las manos están juntas, recogidas, como pidiendo disculpas.

Así comenzó ayer la histórica visita de Benedicto XVI a los campos de concentración de Auschwitz-Birkenau, donde pidió “perdón y reconciliación”, condenó el nazismo e imploró a Dios que “no permita nunca más una cosa semejante”.

“En este lugar de horror, de crímenes masivos contra Dios y contra el hombre que no tiene comparación en la historia, hablar es casi imposible. Y es especialmente difícil y oprimente para un papa que viene de Alemania», dijo el Pontífice, al comienzo de su esperado discurso en este lugar escalofriante, que fue la última etapa de su viaje a Polonia.

«En un lugar como éste, uno se queda sin palabras, y en el fondo puede haber sólo un silencio aterrador, un silencio que es un grito interior hacia Dios: ¿por qué, Señor, has callado? ¿Por qué has podido tolerar todo esto?», se preguntó Joseph Ratzinger, el primer papa alemán que visita el sitio donde el régimen nazi creó una verdadera fábrica de la muerte.

«Es a esta actitud de silencio a la que nos inclinamos profundamente en nuestro fuero íntimo, frente a la innumerable hilera de los que aquí sufrieron y fueron ejecutados. Este silencio, sin embargo, se convierte luego en una pregunta en voz alta de perdón y de reconciliación; un grito al Dios viviente para que no permita nunca más una cosa semejante», agregó el Papa, en un discurso denso de significados teológicos, evidentemente escrito de su puño y letra, que pronunció en italiano frente al monumento internacional a las víctimas del Holocausto de Birkenau.

En una señal que pareció venir desde el cielo, cuando Benedicto XVI, de 79 años, llegó hasta este lugar ubicado en medio de las ruinas de dos hornos crematorios y la vieja vía de ferrocarril por la que llegaban los deportados, el cielo se puso negro y comenzó a llover. El agua no detuvo la ceremonia. Mientras un ayudante sostenía un paraguas blanco, con rostro sombrío el papa alemán rindió homenaje a cada una de las 22 lápidas que recuerdan al millón y medio de víctimas del exterminio. Poco después, lo que pareció otro mensaje del más allá, un arco iris espectacular se dibujó en el cielo.

Antes, en Auschwitz, el Santo Padre había orado en silencio ante el Muro de la Muerte, el paredón donde fusilaban a los prisioneros; allí dejó un cirio. Como había hecho Juan Pablo II en su visita de 1979, también rezó en la celda donde murió San Maximiliano Kolbe, el sacerdote polaco que le salvó la vida a un padre de familia, en el subsuelo del bloque 11.

Oración en alemán

Ya en Birkenau, el Papa, que en su juventud se vio forzado a enrolarse en la Juventud Hitleriana y que en esta visita jamás había hablado en su idioma para no herir susceptibilidades, pronunció una oración por la paz en alemán. Esta fue precedida por rezos en rom, ruso, polaco, judío e inglés, los idiomas de las víctimas.

Acto seguido, en su largo y cargado discurso destacó que se encontraba aquí «como hijo del pueblo alemán», que «los judíos fueron enviados a morir como corderos de matadero», y que el régimen de Adolf Hitler, «al destruir a los judíos, quería matar a Dios». «El lugar en el cual nos encontramos es un lugar de memoria, que al mismo tiempo es lugar de la Shoah», afirmó también el Pontífice, usando el término judío del Holocausto. Entonces, muchos vaticanistas recordaron que cuando Juan Pablo II vino aquí en 1979 no pronunció la palabra «shoah», algo que generó gran controversia.

«La violencia no crea la paz, sino que sólo provoca más violencia», afirmó también el Santo Padre, que más temprano había celebrado una misa ante más de un millón de personas en el parque de Blonie, en Cracovia.

No hubo aplausos cuando el Papa concluyó su discurso en Auschwitz, sino un silencio impactante, como se merece este lugar. De inmediato, miembros de la comunidad judía con kipá con los colores vaticanos -amarillo y blanco-, y decenas de sobrevivientes saludaron a Benedicto XVI.

«Fue muy valiente lo que hizo este papa alemán», dijo a LA NACION María Kosk, una sobreviviente polaca que, como la mayoría, llevaba un pañuelo a rayas con un dibujo de alambre de púas estampado. «Por entonces tenía 14 años, pero me acuerdo perfectamente del infierno que viví aquí», contó María.

Por Elisabetta Piqué
Enviada especial
 
 
 
 
 
 
 

Un recorrido que revive el horror del Holocausto

El campo de concentración es hoy un museo
 

AUSCHWITZ – BIRKENAU (De una enviada especial).- En cámaras de gas, fusilados, envenenados, agotados por esfuerzo físico, masacrados por hambre, frío y condiciones de vida infrahumanas, aquí fueron asesinados un millón y medio de seres humanos, la mayoría judíos.

Desde 1947, este lugar, símbolo del colapso de la civilización, se ha convertido en uno de los museos más visitados del mundo, donde puede revivirse la historia de uno de los capítulos más negros de la humanidad. Fue en 1939 cuando la ciudad de Oswiecim y sus pueblos cercanos fueron incorporados al III Reich. Entonces, los nazis cambiaron el nombre de Oswiecim por el de Auschwitz. Un cuartel abandonado del ejército polaco pareció el lugar perfecto para el campo de concentración.

Con el crecimiento del número de presos y la decisión de Hitler de eliminar a los judíos de Europa (la «solución final«), en 1941 empezó la construcción de un segundo campo a tres kilómetros de distancia, denominado Auschwitz II, o Birkenau, que hoy también es parte del museo.

Recorrer estos dos sitios, marcados por alambrados de púas y torretas de vigilancia, es una puñalada. Pueden verse las ruinas de cuatro hornos crematorios, de cámaras de gas y de piras; la lúgubre plataforma ferroviaria donde se realizaba la selección de los deportados; un estanque con cenizas humanas; barracas de madera donde vivían amontonados en camastros de tres pisos cientos de prisioneros; las letrinas; los lavabos.

Como cuenta la guía, según la declaración de Rudolf Hoss, el comandante del campo, entre el 70 y el 75% de los deportados pasaba directamente a la cámara de gas. A las víctimas se les hacía creer de que iban a bañarse y se les ordenaba quitarse la ropa en un vestuario subterráneo. Acto seguido, pasaban a otra sala que imitaba un cuarto de baño. Debajo del techo colgaban unas duchas por las cuales nunca fluía el agua.

En esta cámara de gas -de 210 metros cuadrados de superficie- entraban alrededor de 2000 víctimas. Después de cerrar herméticamente las puertas, los SS echaban, por unos agujeros especiales en el techo, el gas ciclón B. La gente encerrada moría en 15 o 20 minutos. Luego, los cadáveres eran despojados de dientes de oro, anillos y aros; se les cortaba el pelo, para llevarlo luego a los hornos crematorios o, cuando estos no daban abasto, a los fosos de incineración.

En Auschwitz, liberado por las tropas soviéticas en enero de 1945, la suerte de los niños no era diferente de la de los adultos. La mayoría moría en las cámaras de gas después de su llegada. Otros, por ejemplo, los mellizos, servían para experimentos médicos criminales. Fotos de niños demacrados, desnudos, antes de entrar a la ducha de la muerte, o con sus trajes de presos a rayas, pueden verse colgadas en una de las salas del museo.

 
 
 
 
 
 

Excavan la primera ciudad española en Perú

La Nación
 
 

HISTORIA

  • MADRID (EFE).- Investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid están excavando la primera ciudad española fundada en Perú por Francisco Pizarro, en 1532. Las ruinas se asientan en el límite de las estribaciones de los Andes. Los trabajos preliminares han corroborado la riqueza arqueológica del lugar, donde se destaca la existencia de importantes edificios, entre ellos una plaza de armas, una iglesia y un convento.

Será restaurada una réplica del Santo Sudario

La Nación
 
Valor histórico y religioso

 
La pieza se encuentra en una iglesia de Santiago del Estero
 

 
SANTIAGO DEL ESTERO.- La réplica del Santo Sudario que se encuentra en la Iglesia de Santo Domingo, cuyo original se venera en Turín, Italia, será sometida a un trabajo de conservación por parte de expertos de arte religioso. El equipo forma parte del Estudio Integral de Arte y Arquitectura Religiosa, dirigido por el arquitecto Julio Infante e integrado por Eduardo Haedo, a cargo de Relaciones Públicas e Institucionales, y las restauradoras Patricia Lissa y María Pía Tamborín.

La semana última estos especialistas se acercaron hasta la celda en donde se resguarda la copia del Santo Sudario y, luego del primer contacto con la imagen, se dedicaron a las tareas de evaluación de la tela.

Los expertos trabajarán durante tres días evaluando la vejez, el estado en que se encuentra la sábana, el lugar en donde es exhibida y la forma de conservación de la réplica. Una vez concluida la evaluación harán un informe que será elevado a la Subsecretaría de Turismo de la provincia -repartición que fue elevada a ese rango al comienzo de la gestión de Gerardo Zamora, ya que antes era una subdirección-, y si allí se aprueba el diagnóstico corresponderá entonces que los expertos informen cómo se deberá restaurar la pieza.

Gran valor histórico

En diálogo con LA NACION, Infante se refirió a cómo se encararía una posible restauración de la réplica del Santo Sudario: "Hay distintas maneras de abordar la restauración; quizá no haya que tocar nada porque puede ser que el lienzo se deshaga, se rompa o se pierda, o a lo mejor aguanta un retoque, estirar la tela, ponerle algún producto para que no se apolille más, o quizá modificar el sistema de exhibición. Hay que tratar de respetarla como está. La intervención tiene que ser minúscula, pero efectiva".

Infante agregó que en este caso más que hablar de restauración habría que hablar de conservación: "La restauración se da cuando algo está roto o para evitar que se siga rompiendo; en este caso hay que hablar de conservación, ya que este lienzo ha sido maltratado, pinchado con chinches, pegado con cintas y zurcido".

Consultado sobre el origen de la copia, Infante afirmó: "Se trata de dos lienzos que cubrían el original de Turín y al retirar esos lienzos quedaron copiados del original. Es una copia que tiene gran similitud con el original, es casi igual. Tiene un valor histórico impresionante, más allá del valor religioso, de devoción. Es muy importante promoverlo".

Esta réplica del Santo Sudario de Turín se encuentra en la Iglesia de Santo Domingo, a cuadras de la plaza principal del centro santiagueño, que junto a la Iglesia de la Merced, la Catedral Basílica, la Iglesia de San Francisco con su Museo de Arte Sacro y la Capilla de la Montonera forman el denominado Circuito Religioso Turístico, que tan visitado es por los turistas de todo el país.

Leonel Rodríguez

Estudian recuperar la casa que habitó Arlt

La Nación
 
En el barrio de Flores

 
Para que sea sitio de interés histórico
 
La Legislatura porteña estudia un proyecto de ley para declarar sitio de interés histórico e integrante del patrimonio cultural la casa donde pasó su infancia y adolescencia el reconocido escritor Roberto Arlt, situada en el barrio de Flores.

El proyecto fue presentado por el diputado Daniel Amoroso, del partido Juntos por Buenos Aires. La iniciativa establece que, una vez aprobada la ley, el Poder Ejecutivo porteño, por intermedio de la Secretaría de Cultura, disponga la realización de trabajos dirigidos a la conservación de la finca donde vivió el escritor, en la calle Méndez de Andes 2138.

El texto del proyecto plantea que se desarrollen acciones específicas dirigidas al mantenimiento y a la reparación de la vivienda y que se evite que una venta descuidada termine con la demolición del caserón. Y agrega: "Por intermedio de la Secretaría de Cultura, se dispondrá la colocación de una placa recordatoria y señalización adecuada en el frente de la casa a fin de permitir su identificación".

En los fundamentos del proyecto, Amoroso subrayó que varias de las obras de Arlt, como "Juguete rabioso", "Aguafuertes porteñas", "Los siete locos" y "Los lanzallamas", entre otras, "constituyen vivo y fiel retrato de la vida en los arrabales de la urbe porteña a principios del siglo XX, babélica ciudad de inmigrantes, moradores de inquilinatos y conventillos".

"Visitando hoy en día la casa que fuera de Roberto Arlt se puede conocer el lugar donde se gestó no sólo la personalidad del novelista sino también la identidad de sus obras. La casa se mantiene en gran medida como era hace más de un siglo, pero el paso de tiempo ha dejado su inevitable huella en su construcción y estructura", indicó el legislador.

"El techo y las columnas de la amplia galería del caserón parecen venirse abajo con sólo mirarlas, y su entrada se reconoce actualmente por las inscripciones y graffiti que la han ido ensuciando", lamentó Amoroso.

Agenda

  •  

    Lanzan las subastas de vinos finos   

    MENDOZA.- Un novedoso canal de comercialización del vino pueden resultar las subastas de ese producto, que comenzarán a realizarse a partir de julio. Los remates están organizados de forma tal que se realizarán en los lugares en que las bodegas puedan tomar contacto directo con compradores de vino y que estos, a su vez, puedan negociar sin intermediarios.

  • Experiencias exitosas

    • Emprendedores exitosos contarán sus secretos durante la presentación del primer libro de la Asociación Civil Paraguas Club, "Cien maneras de fracasar en un emprendimiento y cómo evitar que vuelva a ocurrir". Será mañana, a las 19.30, en el tercer piso del shopping Alto Palermo, en Santa Fe y Coronel Díaz. Informes en el teléfono (011) 4786-1975.

    Sistema financiero

    • La Asociación de Bancos de la Argentina (ABA) y la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) organizan el foro de especialización que abordará el tema: "El sistema financiero, hoy". El encuentro será hoy, de 9.30 a 16 en el salón auditorio del diario La Voz del Interior, en Córdoba.

    Inversión inmobiliaria

    • El Club Europeo realizará una conferencia sobre las oportunidades de inversión en el mercado de bienes raíces en la Argentina, centrada en las inversiones extranjeras. La cita es en Corrientes 327, piso 21°, Capital Federal. 

     

    Síndrome de Tourette

    • El viernes 2 de junio se realizarán las Primeras Jornadas de Síndrome de Tourette del Hospital Francés en el Círculo de Suboficiales de Mar, Sarmiento 1876. Informes: Fundación Alfredo Thompson, La Rioja 951, tel.: 4957-0444 o 4956-0120 .

    Reunión científica

    • La Tercera Reunión Científica de la Sociedad Argentina de Gerontología y Geriatría estará dedicada al tema "PAMI: pasado, presente y futuro". Será el 7 de junio a las 21, en Santa Fe 1171, Capital Federal. Informes: 4961-0070.

     

  • Ferromodelismo en la UCA

    • Deportes UCA organizó una exposición de Ferromodelismo que se inaugurará a las 19, en Av. Alicia Moreau de Justo 1400. Habrá una maqueta del Club Ferromodelismo de Belgrano, locomotoras, vagones, accesorios en diferentes escalas, colección de boletos de épocas y atracciones particulares. Se podrá visitar en forma gratuita, de 9 a 20, hasta el 2 de junio. Informes: 4338-0676; 15-5036-7857.

    MUSICA
    Clásica

    • Cuarteto Beet Roma, a las 20.30, en Libertad 621. Informes: 4378-7344.
    • Nuevo Trío Argentino, a las 19, en Av. Santa Fe 1452. Entrada libre y gratuita. Inf.: 4373-2892. (Las localidades se pueden retirar desde las 14, hasta agotar la capacidad de la sala.)

    Popular

    • La bomba del tiempo, tambores, a las 20, en Sarmiento 3131. Informes: 4864-3200.
    • La Cornetita, jazz, a las 21, en Callao 966. Informes: 4813-6888.
    • Tangorama, a las 21.30, en Av. Alicia M. de Justo y Brasil. Informes: 5239-3009.
    • Silvia Nieves, a las 22.30, en Avda. de Mayo 829. Informes: 4342-4328.
    • Jacques Haurogne, en Av. Callao 892, a las 21.30. Informes: 4811-3670.

    Presentaciones de libros

    • "Bioética personalista. Visión orgánica del padre José Kentenich", de Elena Lugo, a las 19, en Av. Alicia Moreau de Justo 1400. Entrada libre. Inf.: 4338-0845.

    CINE-ARTE

    • "Bastardos luchadores", de Seijun Suzuki, a las 14.30, 17 y a las 19.30, en Corrientes 1530. Informes: 4374-1385.
    • "Todo modo", de Lilian Morello y César Repetto, a las 19, en Tucumán 1646. Entrada libre. Informes: 4371-2480.

    CONFERENCIAS
    Entrada libre

    • "Cómo analizar la ciencia ficción desde la filosofía", por Pablo Capanna, a las 19, en Av. Santa Fe 1145. Informes: 4951-6743.
    • "Sobre la depresión", por Adriana Rivetti, a las 19, en Roosevelt 2157. Informes: 4783-8782.
    • "El dominio de la mente", por Eduardo Guirotane, a las 19, en Charcas 2837. Informes: 4824-4039.
    • "La incorporación de Flores a la ciudad de Buenos Aires", por Carlos Frontera, a las 19.30, en Artigas 202. Informes: 4953-0086.
    • "Cómo estudiaremos la España romana", por Iván Kresteff, a las 18.30, en Avda. de Mayo 822, 1º. Informes: 4962-9634.
    • "¿Qué es el bridge y cómo se juega?", por Ricardo Cardoni, a las 11, 17 y a 20. Informes: 4806-9730.
    • "El absurdo arte de compartir", por Mariano Pensotti, Guillermo Caacace, Elvira Onetto, a las 21.30, en Ravignani 1557. Informes: 15-5062-1635.
    • "La fuerza de la recuperación", por Tomás Mackey, a las 20, en Av. del Libertador 1140. Informes: 4806-7699.

    BELLAS ARTES
    Inauguraciones

    • Yuri Mira, dibujos, y Eduardo Molinari, pinturas, en Reconquista 761, a las 19. Informes: 4311-3373.
    • Hugo Irureta, simbología andina, en Belgrano 174, Rafaela, Prov. de Santa Fe. Cierra el 20 de junio. Informes: 4816-1864
    • Sonia Etchart y Liliana Golubinsky, "La naturaleza humana", pinturas, en Av. Alvear 1595, a las 19. Cierrra el 20 de junio. Informes: 4311-3373.
    • Santiago Spinosa , pinturas, en San Martín 522, a las 19. Informes: 4328-1535.

    En exposición

    • José Luis Anzízar, "Embarque inmediato", dibujos, en Arévalo 1748. Cierra el 10 de junio. Informes: 4899-0171.
    • Angélica Basavilbaso, Matilde Landen, Ariana Elmo, Adriana Gaspar, pinturas, en Thames 1620. Entrada libre. Informes: 4831-7041.
    • Marcela Cabutti, "Jardines y jardines. Mañana, tarde y noche", en Defensa 713. Cierra el 3 de junio. Entrada libre. Informes: 4362-7331; 15-5036-7857.
    • Luis Fernández Arroyo y Gerardo Salonia, pinturas y fotografías, en Corrientes 381. Cierra el 31. Entrada libre. Informes: 4317-2700, internos 3017 y 3027.
    • Jorge Alberto Gayoso, "Homenaje", fotografías, en San José 181. De lunes a viernes, de 14 a 20. Cierra el 8/6.
    • Hugo Hojman, "Venus porteñas", en pinturas y esculturas, en Av. Corrientes 1543. Cierra el 30 de junio. Informes: 5077-8000, interno 8316.
    • Peri Labeyrie, "Cartografía del mal", fotografías, en Av. Corrientes 1743. Cierra el 18 de junio. Entrada libre.
    • Gustavo Lozano, "Campo", en Av. Corrientes 1530. Cierra el 4 de junio. Informes: 4374-1385.
    • Rosa Eugenia Vera, pintura oriental, en Pichincha 69. Cierra el 5 de junio. Informes: 15-4028-8118.

    Para la comunidad

    • La oficina de prensa del Banco de la Provincia de Buenos Aires informó que la entidad tiene en vigencia el programa "Banco y niñez". Está destinado a alumnos del tercer ciclo de EGB y se concreta con visitas guiadas al Archivo y Museo Históricos del Banco y a la zona bancaria. Gratis y con refrigerio incluido. Informes: para solicitar turnos: 4331-1775; 7943 y
      bpmuseo@bpba.com.ar.
    • La Fundación Telesalud, que dirige al Dra. Graciela Peyrú, brinda atención telefónica gratuita a los que llaman por problemas de orientación psicológica. Informes: 4831-2121, de 8 a 20.
    • La Editorial Topía informó que convocó al concurso de un libro de ensayo con tema libre, enmarcado dentro del área del psicoanálisis, sociedad y cultura. Informes: 4802-5434; 4326-4611, www.topia.com.ar/concurso .
    • En virtud de la problemática de "Conflictos familiares: ¿cuándo y cómo actuar?", que se multiplican en la sociedad argentina, la institución Psicólogos y Psiquiatras de Buenos Aires implementó un sistema de consultas e informes al público en una primera entrevista, sin costo. Informes: 4826-9614; www.ppba.org.ar ;
      info@ppba.org.ar.

  • EN ZURBARAN
    Muestra de homenaje a Rembrandt
    • Hoy a las 19, en la galería Zurbarán (Cerrito 1522) se inaugurará una muestra en homenaje a Rembrandt que incluye obras de Carlos Alonso, Leopoldo Presas, Pérez Celis y Juan Lascano. A la exhibición se sumarán conferencias dictadas por algunos de los artistas expositores. Informes: 4815-1556.

     

  • En la Rural
     

    Expo Nieve, a pleno: ya hubo 15.000 visitantes

    Auguran una muy buena temporada
     
    Fue un fin de semana a pleno para quienes ya palpitan unas vacaciones bien cerca de la nieve. En dos días, los amantes del esquí colmaron la Rural, donde se desarrolla Expo Nieve 2006, el encuentro que reúne a los principales actores del mercado, con el fin de informarse y conocer las mejores alternativas de una temporada de invierno que reunirá a más de 170.000 esquiadores, según estima la cámara del sector.
  •  Reuniones

    Con motivo del décimo aniversario del fallecimiento de la poeta Delfina Tiscornia Gálvez se realizará un homenaje evocativo y la presentación de su libro de poemas "Ella camina sola", el jueves próximo, a las 20, en el Club del Progreso, Sarmiento 1334. Informes por el 4371-5053/7944.

    Beneficios

    En la sede de la residencia de la embajada del Uruguay, en beneficio de la acción que desarrolla Lekotek con niñas y niños con necesidades especiales y en riesgo social, el 21 del mes próximo, a las 20.30, se realizará una comida. Reservas: 4018-2323/2329/2145.

  • Con el fin de reunir fondos que serán destinados a la finalización de la obra del Centro Educativo San Ignacio y la iniciación de la obra de la Casa de la Bondad Buenos Aires, la Fundación Manos Abiertas realizará su comida anual el jueves próximo, a las 21, en el Centro de Ingenieros, Cerrito 1250. Reservas: 4371-5869 y 4372-9038.

  • El diseñador Eduardo V. Ferahian presentará su colección otoño-invierno pasado mañana, a las 18.30, en el Alvear Palace Hotel, en beneficio de las obras que sostienen las Damas de Caridad de San Vicente de Paul, DAC; la Asociación El Centavo; Fe y Esperanza, y la Fundación Agrupar. Reservas en Paraguay 1242 o por los teléfonos 4815-4119, 4816-1748 y 4804-7011/7013.

  • Organizado por la Comunidad Religiosa del Pequeño Cottolengo Don Orione, en beneficio de sus obras, el viernes próximo, a las 19.30, el licenciado Jorge Rodríguez proyectará la ópera "La flauta mágica", de Mozart, en el Auditorio, de Carlos Pellegrini 1441. Se sorteará una donación de La Orquídea de Cecilia Camuyrano. Las entradas numeradas ya están en venta en la dirección antes mencionada.

  • Mañana, a las 15, en el Club de Bridge Recoleta, Pacheco de Melo 1994, se realizará el torneo de bridge organizado por la Asociación de Lucha contra las Enfermedades Sanguíneas Infantiles, Alcesi, en beneficio de la Unidad de Hematología del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez. Informes: 4806-9730/9739 y 4813-3741.

  • Para recaudar fondos que serán destinados a las obras del Círculo de Damas Santafesinas, pasado mañana, a las 15, se realizará un té-bingo en el Café Victoria, Robero M. Ortiz 1865. Reservas: 4812-7586, 4811-4240 y 4771-4919.

Historiar las letras argentinas | #Literatura Argentina

Por María Rosa Lojo para LA NACION – Castelar – 2006

La aparición de Breve historia de la literatura argentina, de Martín Prieto, trabajo orientado a la construcción de un canon nacional, reactualiza el debate sobre cómo escribir el pasado y presente de nuestras letras|#Literatura Argentina

Leer la reciente Breve historia de la literatura argentina (Taurus) de Martín Prieto lleva, inevitablemente, a plantearse preguntas como éstas: ¿qué función deben cumplir las historias y los diccionarios de literatura nacional, libros de consulta que se suponen destinados a mantenerse como tales por muchos años? ¿Es útil (para la vasta comunidad potencial de lectores) que representen sólo la tendencia crítica de una escuela o grupo, o deberían, mejor, preocuparse por ofrecer un panorama lo más amplio y objetivo posible de los movimientos y #autores argentinos, tanto en la crítica como en la invención, aun en el caso de los que no reflejen sus preferencias estéticas o su plataforma intelectual?

El unipersonal trabajo de Prieto supone en algunos aspectos una exasperación individualista de la primera orientación, que afronta incluso el riesgo de caer fuera del ámbito académico. No por una incompatibilidad de lenguaje (la academia puede utilizar también un estilo claro, ameno e incluso por momentos humorístico, como el de este libro), sino por razones de método. Mientras que la metodología académica supone la descripción rigurosa de un objeto, la prueba de hipótesis y la matizada cautela en los juicios de valor, la Breve historia… resulta en exceso proclive a las sentencias sin apelación o a las apologías taxativas (del tipo «Eduardo Mallea es hoy más un fenómeno que un escritor» o «Roberto Arlt escribió la máxima novela argentina del siglo XX»). Se acerca así peligrosamente al Diccionario de autores latinoamericanos (2001) de César Aira, a quien admira y cita con asiduidad como referencia crítica. Claro que el Diccionario… de Aira puede leerse desde un lugar individual y aporta para construir su «personaje» de escritor provocativo; en cambio, la solapa de la edición nos informa que Martín Prieto (además de poeta y autor de una novela) es profesor de Literatura Argentina en la Universidad Nacional de Rosario.

No existe un solo concepto de lo que es hacer historia literaria. El que elige Prieto propende a la reformulación de un canon. En tal sentido selecciona y recorta, alaba y condena, destaca a unos autores y unos textos por sobre otros de acuerdo con su «novedad» y «productividad», en lo cual es tributario de Harold Bloom, así como también en su concepción de la historia de la literatura como un espacio agonístico, una competencia de talentos. Pero aunque parece sensato conceder que dentro de una época y un marco estético, habrá siempre obras más logradas que otras, no es tan razonable creer que la emergencia de nuevas obras obture necesariamente la valoración histórica y estética de las anteriores. El hecho de que Arlt, a juicio de Prieto, «supera toda la tradición romántico-realista de la novela argentina, desde José Mármol a los boedistas» no tendría por qué negar la posibilidad de leer y apreciar Amalia o El médico de San Luis , pertenecientes a un contexto en que la obra de Arlt no era objetivamente posible. La idea misma de «progreso» cronológico en materia artística es, por otro lado, un ítem discutible. Aunque la hayan convertido en un cliché industrial de yeso, la Venus de Milo es aún admirable, sin duda más interesante que un enano de jardín y no menos que la cabra de Picasso en el #MoMa de New York. También es discutible afirmar, en el caso de obras contemporáneas entre sí, que textos antirrealistas, en pugna filosófica con la representación, como los de Saer, «adelgazan la oportuna potencia del realismo crítico y político de los años sesenta -ejemplarmente representado en el volumen de cuentos Cabecita negra de Germán Rozenmacher». El libro de Rozenmacher, escrito desde otra postura literaria para la que también hay lugar en el mundo de los lectores y sus preferencias, seguirá siendo memorable sin que ello niegue los méritos de Saer.

Como señaló el mismo Bloom, la idea de canon existe ante todo porque somos mortales y nuestro tiempo es limitado. Esa limitación nos obliga a seleccionar, de acuerdo con los gustos de nuestra época y sus propios valores estéticos (históricos también), que nos permiten aquilatar con mayor o menor complacencia las obras del pasado. El culto de la novedad, basado sobre todo en el «procedimiento novedoso», tiene sus acotaciones, porque no es garantía de eficacia constructiva. Idénticos recursos pueden ser evaluados, según las épocas, de manera muy diferente. Prieto apunta que la digresión y el fragmentarismo achacados a Lucio V. Mansilla como defectos de estilo recibieron una valoración crítica inversa en las últimas décadas. Esto le sucede al autor de esta Breve historia… en relación con distintos escritores: el superlativo que le molesta en Sabato es apreciado, por ejemplo, en Juan L. Ortiz. La singularidad de una obra tampoco se explica satisfactoriamente por sus procedimientos. Cuando Prieto advierte que «los ingenuos recursos y procedimientos de Puig, usados por otros, devienen sentimentales», no se trata sólo de que Puig los haya incorporado a la literatura «por primera vez» sino del «cómo» lo hizo, definido por la inimitable marca personal.

Una historiografía responsable debería contemplar tanto las «novedades» como las culminaciones o las (re)elaboraciones creativas de una estética y comprender su corpus en relación primaria con la sensibilidad y la historia de las ideas de una época dada, que no pueden ser medidas sólo con el rasero de la nuestra. Y puesto que de historia se trata, también tendría que ser bienvenido -al menos en el área de la investigación- cuanto signifique enriquecimiento de nuestro saber sobre los textos del pasado. No reducir y podar, sino extender el mapa de la red literaria, para entender mejor, incluso, las obras consideradas «mayores», a partir de las «menores», desdeñadas u olvidadas, que se recolocan en un panorama cada vez más complejo y más completo.

De todos modos, es ésta una meta inaccesible para una historia de un solo volumen y un solo autor, cuyo «contrato de lectura» resulta difícil de precisar. Es probable que la comunidad de especialistas lo halle insatisfactorio por diversas razones. No es la menor la cuestión del método. Si bien condicionado por la relativa brevedad de la Breve historia… , que favorece la elisión de procesos demostrativos, el discurso no deja de complacerse en el tono apodíctico. En la bibliografía de las notas, se siente la falta de las mejores ediciones críticas de los textos citados (sobre todo los de la Colonia y primeros tiempos de la Independencia) así como de muchos aportes de la investigación más reciente. La bibliografía general de autores incluye sólo a los que fueron mencionados en el libro y mezcla creadores y críticos, registros que sería importante diferenciar. En cuanto a los textos considerados canónicos del siglo XIX, así como la revisión del siglo XX, la mayor parte de las lecturas de Prieto no aportan una mirada original: derivan de Aira o bien de la crítica que desde hace más de veinte años ocupa una posición central en las Universidades nacionales de Buenos Aires y Rosario (#Beatriz Sarlo, Nicolás Rosa, Noé Jitrik, David Viñas, María Teresa Gramuglio, Adolfo Prieto, entre otros; parte de los cuales ya reconsideraron temas antes conflictivos que Prieto aborda, por ejemplo, la revaloración de Sur o la de la obra de Borges). Sólo en algunas ocasiones Prieto introduce (con razón o no) algún enfoque disidente o correctivo: como cuando declara su aprecio por la «enorme fuerza expresiva» de Castelnuovo, apunta la debilidad de lo narrativo (comparado con lo ensayístico) en la ficción de Piglia o revaloriza la Historia… de Ricardo Rojas.

En otros momentos, el trabajo importa un retroceso con respecto a sus maestros. Mientras que en la Historia crítica de la literatura argentina , de Jitrik, escritores como Mujica Láinez, Mallea o Sabato -aunque distan de ser axiales o preferidos- han sido objeto de estudios serios, escritos con amplitud de miras y prescindiendo de ataques ad hominem , en esta Breve historia… no alcanzan mucho más que el brulote profusamente adjetivado y el retorno, incluso, a perimidos argumentos (como el de la descalificación por razones de clase). Pero «los muertos que vos matáis gozan de buena salud «. La Historia de una pasión argentina de Mallea sigue siendo un libro clave para cualquier estudio de la sensibilidad y las ideas en la Argentina y, mal que le pese a Prieto, se reedita. Mujica Láinez (en opinión del autor, representante de la oligarquía, anacrónico y manierista que ha licuado todos los riesgos artísticos del modernismo en una prosa de supuesta «calidad») o Sabato (según Prieto, alegórico, pomposo y grandilocuente) son objeto de interés no sólo para muchos lectores, sino para la comunidad académica internacional. Sus obras pronto se incorporarán a la exigente colección Archivos de la Unesco.

El retroceso es visible también con respecto a otros avances de la investigación. Sin realizar ningún sondeo de ellas, Prieto descarta estéticamente las obras de las escritoras pioneras del XIX (Gorriti, Mansilla, Manso), que considera, a lo sumo, con piedad, como «documentos culturales» y atribuye a las estudiosas que se han dedicado a ellas la misma evaluación que él hace. Pero si algo han permitido esos últimos abordajes es ver hasta qué punto las escritoras introducen (ya que de «novedad» se habla) un cambio de perspectiva. El lenguaje coloquial en la narrativa, el motivo del gaucho perseguido y la humanización de la imagen de las culturas aborígenes aparecen en la obra de Eduarda Mansilla antes que en la de su más famoso hermano Lucio. A ella y a Juana Manuela Gorriti se deben relatos fantásticos liminares en la literatura argentina. También es inédita la construcción de la experiencia femenina desde una mirada interior lograda por Eduarda Mansilla, con personajes de alta densidad psicológica (como Dolores o Micaela, en Pablo o la vida en las pampas ). La poca atención a la narrativa de escritoras es característica de todo el volumen, que sólo dedica un apartado a la obra de Silvina Ocampo, parte de otro a Sylvia Molloy y Tununa Mercado, una mención al paso a otras importantes narradoras (Gorodischer, Heker, Uhart, Ulla) e ignora por completo a la mayoría (de Jorgelina Loubet a Luisa Valenzuela, de Sara Gallardo a Alicia Steimberg). Victoria Ocampo, María Rosa Oliver, Estela Canto no son evaluadas como creadoras sino como mecenas, traductoras o críticas relacionadas con escritores prestigiosos.

En cuanto a otros géneros (literarios), el teatro (fuera de sus inicios y antecedentes) lleva las de perder. El autor ni siquiera se detiene en la obra de Griselda Gambaro, a quien al menos consagra un apresurado elogio. La poesía, en cambio (ámbito en que se mueve con mayor precisión y refinamiento crítico), ocupa considerable espacio (sobre todo alguna de las últimas corrientes) en un texto que aspira a dar un panorama global de la literatura argentina.

Así como su faz académica resulta discutible, tampoco podría decirse que estamos frente a una obra de divulgación o un recomendable manual introductorio a la literatura argentina. Es probable que los estudiantes aprendan más de buenas ediciones anotadas y prologadas, con la guía de profesores que los estimulen a comprender la literatura nacional antes como legado y memoria imaginativa que se actualiza, que como un ring donde unos autores derriban a los otros, según criterios que están lejos de ser universales, atemporales y unánimes.

Quizá el público ideal de esta Breve historia… se halle en la franja de escritores y críticos interesados por establecer en el presente sus propias reputaciones, y a quienes la postura iconoclasta del libro de Prieto puede darles una ilusión de una filiación que valide sus obras. En especial, algunos poetas de las tendencias actuales a las que se dedica mayor atención, o los que se consideran herederos de Aira, colocado aquí en el nuevo centro canónico de la escena contemporánea.

Literatura LGBT de Argentina – #Movimiento a favor de los derechos LGBTDiversidad sexual

#Esteban Echeverría

#literatura infantil

Historiar las letras argentinas

La Nación

La aparición de Breve historia de la literatura argentina, de Martín Prieto, trabajo orientado a la construcción de un canon nacional, reactualiza el debate sobre cómo escribir el pasado y presente de nuestras letras

Leer la reciente Breve historia de la literatura argentina (Taurus)de Martín Prieto lleva, inevitablemente, a plantearse preguntas como éstas: ¿qué función deben cumplir las historias y los diccionarios de literatura nacional, libros de consulta que se suponen destinados a mantenerse como tales por muchos años? ¿Es útil (para la vasta comunidad potencial de lectores) que representen sólo la tendencia crítica de una escuela o grupo, o deberían, mejor, preocuparse por ofrecer un panorama lo más amplio y objetivo posible de los movimientos y autores argentinos, tanto en la crítica como en la invención, aun en el caso de los que no reflejen sus preferencias estéticas o su plataforma intelectual?

El unipersonal trabajo de Prieto supone en algunos aspectos una exasperación individualista de la primera orientación, que afronta incluso el riesgo de caer fuera del ámbito académico. No por una incompatibilidad de lenguaje (la academia puede utilizar también un estilo claro, ameno e incluso por momentos humorístico, como el de este libro), sino por razones de método. Mientras que la metodología académica supone la descripción rigurosa de un objeto, la prueba de hipótesis y la matizada cautela en los juicios de valor, la Breve historia… resulta en exceso proclive a las sentencias sin apelación o a las apologías taxativas (del tipo «Eduardo Mallea es hoy más un fenómeno que un escritor» o «Roberto Arlt escribió la máxima novela argentina del siglo XX»). Se acerca así peligrosamente al Diccionario de autores latinoamericanos (2001) de César Aira, a quien admira y cita con asiduidad como referencia crítica. Claro que el Diccionario… de Aira puede leerse desde un lugar individual y aporta para construir su «personaje» de escritor provocativo; en cambio, la solapa de la edición nos informa que Martín Prieto (además de poeta y autor de una novela) es profesor de Literatura Argentina en la Universidad Nacional de Rosario.

No existe un solo concepto de lo que es hacer historia literaria. El que elige Prieto propende a la reformulación de un canon. En tal sentido selecciona y recorta, alaba y condena, destaca a unos autores y unos textos por sobre otros de acuerdo con su «novedad» y «productividad», en lo cual es tributario de Harold Bloom, así como también en su concepción de la historia de la literatura como un espacio agonístico, una competencia de talentos. Pero aunque parece sensato conceder que dentro de una época y un marco estético, habrá siempre obras más logradas que otras, no es tan razonable creer que la emergencia de nuevas obras obture necesariamente la valoración histórica y estética de las anteriores. El hecho de que Arlt, a juicio de Prieto, «supera toda la tradición romántico-realista de la novela argentina, desde José Mármol a los boedistas» no tendría por qué negar la posibilidad de leer y apreciar Amalia o El médico de San Luis , pertenecientes a un contexto en que la obra de Arlt no era objetivamente posible. La idea misma de «progreso» cronológico en materia artística es, por otro lado, un ítem discutible. Aunque la hayan convertido en un cliché industrial de yeso, la Venus de Milo es aún admirable, sin duda más interesante que un enano de jardín y no menos que la cabra de Picasso en el MoMa de New York. También es discutible afirmar, en el caso de obras contemporáneas entre sí, que textos antirrealistas, en pugna filosófica con la representación, como los de Saer, «adelgazan la oportuna potencia del realismo crítico y político de los años sesenta -ejemplarmente representado en el volumen de cuentos Cabecita negra de Germán Rozenmacher». El libro de Rozenmacher, escrito desde otra postura literaria para la que también hay lugar en el mundo de los lectores y sus preferencias, seguirá siendo memorable sin que ello niegue los méritos de Saer.

Como señaló el mismo Bloom, la idea de canon existe ante todo porque somos mortales y nuestro tiempo es limitado. Esa limitación nos obliga a seleccionar, de acuerdo con los gustos de nuestra época y sus propios valores estéticos (históricos también), que nos permiten aquilatar con mayor o menor complacencia las obras del pasado. El culto de la novedad, basado sobre todo en el «procedimiento novedoso», tiene sus acotaciones, porque no es garantía de eficacia constructiva. Idénticos recursos pueden ser evaluados, según las épocas, de manera muy diferente. Prieto apunta que la digresión y el fragmentarismo achacados a Lucio V. Mansilla como defectos de estilo recibieron una valoración crítica inversa en las últimas décadas. Esto le sucede al autor de esta Breve historia… en relación con distintos escritores: el superlativo que le molesta en Sabato es apreciado, por ejemplo, en Juan L. Ortiz. La singularidad de una obra tampoco se explica satisfactoriamente por sus procedimientos. Cuando Prieto advierte que «los ingenuos recursos y procedimientos de Puig, usados por otros, devienen sentimentales», no se trata sólo de que Puig los haya incorporado a la literatura «por primera vez» sino del «cómo» lo hizo, definido por la inimitable marca personal.

Una historiografía responsable debería contemplar tanto las «novedades» como las culminaciones o las (re)elaboraciones creativas de una estética y comprender su corpus en relación primaria con la sensibilidad y la historia de las ideas de una época dada, que no pueden ser medidas sólo con el rasero de la nuestra. Y puesto que de historia se trata, también tendría que ser bienvenido -al menos en el área de la investigación- cuanto signifique enriquecimiento de nuestro saber sobre los textos del pasado. No reducir y podar, sino extender el mapa de la red literaria, para entender mejor, incluso, las obras consideradas «mayores», a partir de las «menores», desdeñadas u olvidadas, que se recolocan en un panorama cada vez más complejo y más completo.

De todos modos, es ésta una meta inaccesible para una historia de un solo volumen y un solo autor, cuyo «contrato de lectura» resulta difícil de precisar. Es probable que la comunidad de especialistas lo halle insatisfactorio por diversas razones. No es la menor la cuestión del método. Si bien condicionado por la relativa brevedad de la Breve historia… , que favorece la elisión de procesos demostrativos, el discurso no deja de complacerse en el tono apodíctico. En la bibliografía de las notas, se siente la falta de las mejores ediciones críticas de los textos citados (sobre todo los de la Colonia y primeros tiempos de la Independencia) así como de muchos aportes de la investigación más reciente. La bibliografía general de autores incluye sólo a los que fueron mencionados en el libro y mezcla creadores y críticos, registros que sería importante diferenciar. En cuanto a los textos considerados canónicos del siglo XIX, así como la revisión del siglo XX, la mayor parte de las lecturas de Prieto no aportan una mirada original: derivan de Aira o bien de la crítica que desde hace más de veinte años ocupa una posición central en las Universidades nacionales de Buenos Aires y Rosario (Beatriz Sarlo, Nicolás Rosa, Noé Jitrik, David Viñas, María Teresa Gramuglio, Adolfo Prieto, entre otros; parte de los cuales ya reconsideraron temas antes conflictivos que Prieto aborda, por ejemplo, la revaloración de Sur o la de la obra de Borges). Sólo en algunas ocasiones Prieto introduce (con razón o no) algún enfoque disidente o correctivo: como cuando declara su aprecio por la «enorme fuerza expresiva» de Castelnuovo, apunta la debilidad de lo narrativo (comparado con lo ensayístico) en la ficción de Piglia o revaloriza la Historia… de Ricardo Rojas.

En otros momentos, el trabajo importa un retroceso con respecto a sus maestros. Mientras que en la Historia crítica de la literatura argentina , de Jitrik, escritores como Mujica Láinez, Mallea o Sabato -aunque distan de ser axiales o preferidos- han sido objeto de estudios serios, escritos con amplitud de miras y prescindiendo de ataques ad hominem , en esta Breve historia… no alcanzan mucho más que el brulote profusamente adjetivado y el retorno, incluso, a perimidos argumentos (como el de la descalificación por razones de clase). Pero «los muertos que vos matáis gozan de buena salud «. La Historia de una pasión argentina de Mallea sigue siendo un libro clave para cualquier estudio de la sensibilidad y las ideas en la Argentina y, mal que le pese a Prieto, se reedita. Mujica Láinez (en opinión del autor, representante de la oligarquía, anacrónico y manierista que ha licuado todos los riesgos artísticos del modernismo en una prosa de supuesta «calidad») o Sabato (según Prieto, alegórico, pomposo y grandilocuente) son objeto de interés no sólo para muchos lectores, sino para la comunidad académica internacional. Sus obras pronto se incorporarán a la exigente colección Archivos de la Unesco.

El retroceso es visible también con respecto a otros avances de la investigación. Sin realizar ningún sondeo de ellas, Prieto descarta estéticamente las obras de las escritoras pioneras del XIX (Gorriti, Mansilla, Manso), que considera, a lo sumo, con piedad, como «documentos culturales» y atribuye a las estudiosas que se han dedicado a ellas la misma evaluación que él hace. Pero si algo han permitido esos últimos abordajes es ver hasta qué punto las escritoras introducen (ya que de «novedad» se habla) un cambio de perspectiva. El lenguaje coloquial en la narrativa, el motivo del gaucho perseguido y la humanización de la imagen de las culturas aborígenes aparecen en la obra de Eduarda Mansilla antes que en la de su más famoso hermano Lucio. A ella y a Juana Manuela Gorriti se deben relatos fantásticos liminares en la literatura argentina. También es inédita la construcción de la experiencia femenina desde una mirada interior lograda por Eduarda Mansilla, con personajes de alta densidad psicológica (como Dolores o Micaela, en Pablo o la vida en las pampas ). La poca atención a la narrativa de escritoras es característica de todo el volumen, que sólo dedica un apartado a la obra de Silvina Ocampo, parte de otro a Sylvia Molloy y Tununa Mercado, una mención al paso a otras importantes narradoras (Gorodischer, Heker, Uhart, Ulla) e ignora por completo a la mayoría (de Jorgelina Loubet a Luisa Valenzuela, de Sara Gallardo a Alicia Steimberg). Victoria Ocampo, María Rosa Oliver, Estela Canto no son evaluadas como creadoras sino como mecenas, traductoras o críticas relacionadas con escritores prestigiosos.

En cuanto a otros géneros (literarios), el teatro (fuera de sus inicios y antecedentes) lleva las de perder. El autor ni siquiera se detiene en la obra de Griselda Gambaro, a quien al menos consagra un apresurado elogio. La poesía, en cambio (ámbito en que se mueve con mayor precisión y refinamiento crítico), ocupa considerable espacio (sobre todo alguna de las últimas corrientes) en un texto que aspira a dar un panorama global de la literatura argentina.

Así como su faz académica resulta discutible, tampoco podría decirse que estamos frente a una obra de divulgación o un recomendable manual introductorio a la literatura argentina. Es probable que los estudiantes aprendan más de buenas ediciones anotadas y prologadas, con la guía de profesores que los estimulen a comprender la literatura nacional antes como legado y memoria imaginativa que se actualiza, que como un ring donde unos autores derriban a los otros, según criterios que están lejos de ser universales, atemporales y unánimes.

Quizá el público ideal de esta Breve historia… se halle en la franja de escritores y críticos interesados por establecer en el presente sus propias reputaciones, y a quienes la postura iconoclasta del libro de Prieto puede darles una ilusión de una filiación que valide sus obras. En especial, algunos poetas de las tendencias actuales a las que se dedica mayor atención, o los que se consideran herederos de Aira, colocado aquí en el nuevo centro canónico de la escena contemporánea.

Por María Rosa Lojo
Para LA NACION – Castelar – 2006

Suite francesa, obra póstuma de Irène Némirovsky

La Nación
 
Anticipo

 

La música del adiós

Suite francesa, obra póstuma de Irène Némirovsky, escritora ruso-francesa asesinada en Auschwitz, conmocionó hace dos años la Feria del Libro de Francfort. Adelantamos aquí fragmentos del prólogo

 
En 1929, Bernard Grasset recibió por correo un manuscrito titulado David Golder . Entusiasmado tras su lectura, de inmediato decidió publicarlo, pero el autor, tal vez temiendo un fracaso, no había incluido ni su nombre ni su dirección, tan sólo un apartado de correos. Así, pues, Grasset publicó un breve anuncio en los periódicos invitando al misterioso escritor a que se diera a conocer.

Cuando pocos días después Irène Némirovsky se presentó ante él, al editor le costó creer que aquella joven de aspecto alegre y llano que residía en Francia desde hacía sólo diez años fuese la autora de aquel libro brillante, cruel, audaz y que, sobre todo, traslucía un perfecto dominio narrativo. Era la clase de obra que un escritor logra en su madurez. Admirándola ya, pero aún dudoso, la interrogó largo rato para asegurarse de que no se trataba del testaferro de un escritor que deseaba permanecer en la sombra.

Cuando se publicó, la novela David Golder fue unánimemente aplaudida por la crítica, hasta el punto de que Irène Némirovsky se convirtió en una celebridad, adulada por escritores tan dispares como Joseph Kessel, que era judío, y Robert Brasillach, monárquico de extrema derecha antisemita. Este último alabó la pureza de la prosa de aquella recién llegada a las letras francesas. Aunque nacida en Kiev, Irène Némirovsky había aprendido francés con su aya desde la más tierna infancia. Hablaba asimismo con fluidez ruso, polaco, inglés, vasco y finlandés, y entendía el yiddish, cuyas huellas es posible rastrear en Los perros y los lobos , escrita en 1940. No obstante, no permitió que su triunfal debut literario se le subiera a la cabeza. Incluso le sorprendió que se dispensara tanta atención a David Golder , que calificaba sin falsa modestia de "novelita". El 22 de enero de 1930 escribió a una amiga: "¿Cómo se le ocurre suponer que pueda olvidarme de mis viejas amigas a causa de un libro del que se hablará durante quince días y que será olvidado con la misma rapidez, como se olvida todo en París?"

Irène Némirovsky nació el 11 de febrero de 1903 en Kiev, en lo que en la actualidad se conoce como yiddishland . Su padre, Léon Némirovsky, originario de una familia procedente de la ciudad ucraniana de Nemirov, uno de los centros del movimiento hasídico en el siglo XVIII, había tenido el infortunio de nacer en 1868 en Elisabethgrado, donde en 1881 iba a desencadenarse la gran oleada de pogroms contra los judíos de Rusia, que se prolongó varios años. Léon Némirovsky, cuya familia había prosperado en el comercio de granos, viajó mucho antes de hacer fortuna en las finanzas y convertirse en uno de los banqueros más ricos de Rusia. Había adquirido una vasta mansión en la parte alta de la ciudad, en una apacible calle bordeada de jardines y tilos.

Irène, confiada a los buenos cuidados de su aya, recibió las enseñanzas de excelentes preceptores. Como sus padres sentían escaso interés por su hogar, fue una niña extremadamente desdichada y solitaria. Su padre, a quien adoraba y admiraba, pasaba la mayor parte del tiempo ocupado en sus negocios, de viaje o jugándose fortunas en el casino. Su madre, que se hacía llamar Fanny (de nombre hebreo Faïga), la había traído al mundo con el mero propósito de complacer a su acaudalado esposo. Sin embargo, vivió el nacimiento de su hija como una primera señal del declive de su feminidad, y la abandonó a los cuidados de su nodriza. Fanny Némirovsky experimentaba una especie de aversión hacia su hija, que jamás recibió de ella el menor gesto de amor. Se pasaba las horas frente al espejo acechando la aparición de arrugas, maquillándose, recibiendo masajes, y el resto del tiempo fuera de casa, en busca de aventuras extraconyugales. […] Irène, abandonada a su suerte durante las vacaciones de su aya, se refugió en la lectura, empezó a escribir y resistió la desesperación desarrollando a su vez un odio feroz contra su madre. Esta violencia, las relaciones contra natura entre madre e hija, ocupa un lugar capital en su obra. Así, en Le vin de solitude se lee: "En su corazón alimentaba un extraño odio hacia su madre que parecía crecer con ella…" […]

Sus obras más fuertes se ambientan en el mundo judío y ruso. En Los perros y los lobos retrata a los burgueses del primer gremio de los mercaderes, que tenían derecho a residir en Kiev, ciudad en principio prohibida a los judíos por orden de Nicolás I.

Irène no renegaba de la cultura judía de Europa Oriental, en cuyo seno habían vivido sus abuelos y sus padres, aun cuando se hubieran apartado de ella una vez labrada su fortuna. No obstante, a sus ojos, el manejo del dinero y la acumulación de bienes que éste conlleva estaban mancillados de oprobio, aunque su vida de soltera y de adulta fue la de una gran burguesa. […]

Por otra parte, Némirovsky lo ignoraba todo sobre la espiritualidad judía, la riqueza, la diversidad de la cultura judía de Europa Oriental. En una entrevista concedida a L Univers israélite el 5 de junio de 1935, se proclama orgullosa de ser judía, y a aquellos que veían en ella a una enemiga de su pueblo les respondía que en David Golder había descrito no "a los israelitas franceses establecidos en su país desde hace generaciones y en quienes, en efecto, la cuestión de la raza no interviene, sino a muchos judíos cosmopolitas para quienes el amor al dinero ha pasado a ocupar el lugar de cualquier otro sentimiento".

* * *

Tras la muerte de su institutriz francesa, Irène Némirovsky, a la sazón de catorce años de edad, empezó a escribir. Se acomodaba en un sofá con un cuaderno apoyado en las rodillas. Había elaborado una técnica novelesca inspirada en el estilo de Iván Turgeniev. Al comenzar una novela escribía no sólo el relato en sí, sino también las reflexiones que éste le inspiraba, sin supresión ni tachadura algunas. Por añadidura, conocía de forma precisa a todos sus personajes, incluso a los más secundarios. Emborronaba cuadernos enteros para describir su fisonomía, su carácter, su educación, su infancia y las etapas cronológicas de su vida. Cuando todos los personajes habían alcanzado semejante grado de precisión, subrayaba con ayuda de dos lápices, uno rojo y otro azul, los rasgos esenciales que debía conservar; a veces bastaban unas líneas. Pasaba rápidamente a la composición de la novela, la mejoraba, y acto seguido redactaba la versión definitiva.

En el momento en que estalló la Revolución de Octubre (1917), los Némirovsky residían en San Petersburgo desde hacía tres años, en una casa grande y hermosa. Léon Némirovsky, a quien sus asuntos llamaban con frecuencia a Moscú, subarrendaba en dicha ciudad un piso amueblado a un oficial de la guardia imperial, por entonces destinado en la embajada rusa en Londres. Creyendo poner a su familia a salvo, Némirovsky instaló a los suyos en Moscú, pero fue precisamente allí donde la revolución alcanzó su apogeo de violencia en octubre de 1918. Mientras el fuego de fusilería causaba estragos, Irène exploraba la biblioteca de aquel cultivado oficial. Descubrió a Huysmans, Maupassant, Platón y Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray era su libro preferido. […]

Aprovechando un período de calma, los Némirovsky regresaron a San Petersburgo, y cuando los bolcheviques pusieron precio a la cabeza del padre de Irène, éste se vio obligado a pasar a la clandestinidad. En diciembre de 1918, aprovechando el hecho de que la frontera aún no estaba cerrada, organizó la huida a Finlandia de los suyos, disfrazados de campesinos. Irène pasó un año en un caserío compuesto de tres casas de madera rodeadas de campos nevados. Confiaba en poder volver a Rusia. Durante esa larga espera, su padre regresaba con frecuencia de incógnito a su país para tratar de salvar sus bienes.

Por primera vez, Irène conoció un momento de serenidad y paz. Se convirtió en una mujer y empezó a escribir poemas en prosa, inspirados en Oscar Wilde. Como la situación en Rusia no hacía más que empeorar y los bolcheviques se les acercaban peligrosamente, los Némirovsky alcanzaron Suecia al término de un largo viaje. Pasaron tres meses en Estocolmo. Irène conservó el recuerdo de las lilas malva que crecían en los patios y jardines en primavera.

En julio de 1919, la familia embarcó en un pequeño carguero que los llevaría a Ruán. Navegaron durante diez días, sin escalas, en medio de una espantosa tempestad que habría de inspirar la dramática escena final de David Golder . En París, Léon Némirovsky asumió la dirección de una sucursal de su banco, y de ese modo pudo reconstituir su fortuna. […]

* * *

En Francia, […] los Némirovsky se adaptan y llevan en París la vida rutilante de los grandes burgueses acaudalados. Veladas mundanas, cenas con champán, bailes, veranos lujosos. Irène adora el movimiento, la danza. Va de fiesta en recepción. Según su propia confesión, se va de juerga. En ocasiones juega en el casino. El 2 de enero de 1924 escribe a una amiga: "He pasado una semana completamente loca: baile tras baile; todavía estoy un poco embriagada y me cuesta regresar a la senda del deber".

En el torbellino de una de esas veladas conoce a Mijaíl, llamado Michel Epstein, "un morenito de tez muy oscura" que no tarda en hacerle la corte. Ingeniero en física y electricidad por la Universidad de San Petersburgo, trabaja como apoderado en la Banque des Pays du Nord, en la rue Gaillon. Lo encuentra de su agrado, flirtea y en 1926 se casa con él.

La pareja se instala en el número 10 de la avenida Constant-Coquelin, en un hermoso piso cuyas ventanas dan al gran jardín de un convento de la orilla izquierda. Su hija Denise nace en 1929. Una segunda niña, Elizabeth, vendrá al mundo el 20 de marzo de 1937.

* * *

Pese a su notoriedad, Irène Némirovsky, que se ha enamorado de Francia y de su buena sociedad, no conseguirá la nacionalidad francesa. En el contexto de la psicosis de guerra de 1939, y tras una década marcada por un antisemitismo violento que presenta a los judíos como invasores dañinos, mercachifles, belicosos, sedientos de poder, promotores de guerras, aun en tiempos burgueses y revolucionarios, toma la decisión de convertirse al cristianismo junto con sus hijas. La madrugada del 2 de febrero de 1939, en la capilla de Santa María de París, la bautiza un amigo de la familia, monseñor Ghika, príncipe-obispo rumano.

La víspera del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el 1° de septiembre de 1939, Irène y Michel Epstein conducen a Denise y Elisabeth, sus dos hijas, a Issy-l Evêque, en Saône-el-Loire, con su niñera Cécile Michaud, natural de ese pueblo. Esta confía las niñas a los buenos cuidados de su madre, la señora Mitaine. Irène y Michel Epstein regresan a París, desde donde harán frecuentes visitas a sus hijas, hasta que se establece la línea de demarcación en junio de 1940.

El primer estatuto de los judíos, del 3 de octubre de 1940, les asigna una condición social y jurídica inferior que los convierte en parias. Ante todo define, basándose en criterios raciales, quién es judío a los ojos del Estado francés. Los Némirovsky, que entran en el censo en junio de 1941, son a un tiempo judíos y extranjeros. Michel ya no tiene derecho a trabajar en el Banque des Pays du Nord; las editoriales "arianizan" a su personal y a sus autores. Irène ya no puede publicar. Ambos abandonan París y se reúnen con sus hijas en el Hôtel des Voyageurs, en Issy-l Evêque, donde residen asimismo soldados y oficiales del Wehrmacht.

En octubre de 1940 se promulga una ley sobre "los ciudadanos extranjeros de raza judía". Estipula que pueden ser internados en campos de concentración o estar bajo arresto domiciliario. La ley del 2 de junio de 1941, que sustituye al primer estatuto de los judíos de octubre de 1940, vuelve su situación aún más precaria. Supone el preludio de su arresto, internamiento y deportación a los campos de exterminio nazi. La partida de bautismo de los Némirovsky no les resulta de ninguna utilidad. No obstante, la pequeña Denise hace la primera comunión. Cuando llevar la estrella judía se vuelve obligatorio, asiste a la escuela municipal con la estrella amarilla y negra, bien visible, cosida sobre el abrigo. Tras haber residido un año en el hotel, los Némirovsky por fin encuentran una amplia casa burguesa para alquilar en el pueblo.

* * *

Durante 1941 y 1942, en Issy-l Evêque, Irène Némirovsky, que al igual que su marido lleva la estrella amarilla, escribe La vida de Chejov y Las moscas del otoño , que no se publicará hasta la primavera de 1957, y emprende un trabajo ambicioso, Suite francesa , al que no tendrá tiempo de poner la palabra "fin". La obra comprende dos libros. El primero, Tempestad en junio , se compone de una serie de cuadros sobre la debacle. El segundo, Dolce , fue escrito en forma de novela.

Como de costumbre, empieza por redactar notas sobre el trabajo en curso y las reflexiones que le inspira la situación en Francia. Elabora la lista de sus personajes, los principales y los secundarios, comprueba que los haya utilizado a todos correctamente. Sueña con un libro de mil páginas compuesto como una sinfonía, pero en cinco partes, en función de los ritmos y las tonalidades. Toma como modelo la Quinta Sinfonía de Beethoven.

El 12 de junio de 1942, pocos días antes de su arresto, duda que logre acabar la gran obra emprendida. Ha tenido el presentimiento de que le queda poco tiempo de vida. No obstante, continúa redactando sus notas, paralelamente a la escritura del libro. Titula esas observaciones lúcidas y cínicas Notas sobre la situación de Francia . Demuestran que Irène no se hace ninguna ilusión sobre la actitud de la masa inerte, "aborrecible", de los franceses con respecto a la derrota y el colaboracionismo, no sobre su propio destino. ¿Acaso no escribe, encabezando la primera página?:

Para levantar un peso tan enorme,
Sísifo, se necesitaría tu coraje.
No me faltan ánimos para la tarea,
Mas el objetivo es largo y el tiempo, corto.

Estigmatiza el miedo, la cobardía, la aceptación de la humillación, de la persecución y las masacres. Está sola. En los medios literarios y editoriales, raros son los que no han optado por el colaboracionismo. Todos los días acude al encuentro del cartero, pero no hay correo para ella. No trata de escapar de su destino huyendo, por ejemplo, a Suiza, que acoge con parsimonia a judíos procedentes de Francia, sobre todo a mujeres y niños. Se siente tan abandonada que el 3 de junio redacta un testamento a favor de la tutora de sus hijas, a fin de que ésta pueda cuidar de ellas cuando su madre y su padre hayan desaparecido. Da indicaciones precisas, enumera todos los bienes que ha logrado salvar y que podrán aportar dinero para pagar el alquiler, calentar la casa, comprar un horno, contratar a un jardinero que se ocupe del huerto, que proporcionará verduras en aquel período de racionamiento; da la dirección de los médicos que atienden a las niñas, fija su régimen alimentario. Ni una palabra de rebeldía. La simple constatación de la situación como se presenta. Es decir, desesperada.

El 3 de julio de 1942 escribe: "Desde luego, y a menos que las cosas duren y se compliquen aún más, ¡que todo acabe, bien o mal!" Ve la situación como una serie de violentas sacudidas que podrían acabar con su vida.

El 11 de julio trabaja en el pinar, sentada sobre su jersey de lana azul, "en medio de un océano de hojas podridas y empapadas por la tormenta de la pasada noche como sobre una balsa, con las piernas dobladas bajo el cuerpo". Ese mismo día escribe a su director literario en Albin Michel una carta que no deja ninguna duda sobre su certeza de que no sobreviviría a la guerra que los nazis habían declarado a los judíos: "Querido amigo… piense en mí. He escrito mucho. Supongo que serán obras póstumas, pero ayuda a pasar el tiempo".

El 13 de julio, los gendarmes franceses llaman a la puerta de los Némirovsky. Van a detener a Irène. Es internada el 16 de julio en el campo de concentración de Pithiviers, en el Loiret. Al día siguiente la deportan a Auschwitz en el convoy número 6. Tras ser recluida en el campo de exterminio de Birkenau, debilitada, pasa por el Revier (la enfermería de Auschwitz) y es asesinada el 17 de agosto de 1942.

Tras la marcha de Irène, Michel Epstein no ha comprendido que el arresto y la deportación significan la muerte. Todos los días aguarda su regreso, y exige que pongan su cubierto en la mesa de cada comida. Desesperado se queda con sus hijas en Issy-l Evêque. Escribe al mariscal Pétain para explicar que su mujer tiene una salud delicada, y solicita permiso para ocupar su lugar en un campo de trabajo.

La respuesta del gobierno de Vichy será el arresto de Michel en octubre de 1942. Lo internarán en el Creusot y luego en Dracy, donde su anotación de registro indica que le confiscaron 8500 francos. Será a su vez deportado a Auschwitz el 6 de noviembre de 1942, y ejecutado al llegar.

Apenas hubieron arrestado a Michel Epstein, los gendarmes se presentaron en la escuela municipal para apoderarse de la pequeña Denise, a la que su maestra logró esconder en el reducido espacio que quedaba entre su cama y la pared.

Lejos de desanimarse, los gendarmes franceses perseguirán obstinadamente a las dos niñas, buscándolas por todas partes para hacerles correr la misma suerte que a sus padres. Su tutora tendrá la presencia de ánimo de descoser la estrella judía de las ropas de Denise y ayudar a las dos chiquillas a cruzar Francia clandestinamente. Pasarán varios meses ocultas primero en un convento y luego en sótanos en la región de Burdeos.

Tras haber perdido la esperanza de ver regresar a sus padres después de la guerra, buscaron la ayuda de su abuela, que había pasado aquellos años en Niza rodeada de las mayores comodidades. Pero ésta se negó a abrirles la puerta y desde el otro lado les gritó que si sus padres habían muerto debían dirigirse a un orfanato. Murió a la edad de 102 años en su gran piso de la avenida Président-Wilson. En su caja fuerte no encontraron otra cosa que dos libros de Irène Némirovsky: Jézabel y David Golder .

La historia de la publicación de Suite francesa en muchos aspectos recuerda un milagro; merece ser contada.

En su huida, la tutora y las dos niñas se llevaron consigo una maleta que contenía fotos, documentos de la familia y este último manuscrito de la escritora, redactado con letra minúscula para economizar la tinta y el pésimo papel de guerra. Irène Némirovsky había trazado en aquella postrera obra un retrato implacable de la Francia abúlica, vencida y ocupada.

La maleta acompañó a Elisabeth y Denise Epstein de un refugio precario y fugaz a otro. El primero fue un internado católico. Sólo dos religiosas sabían que las niñas eran judías. Habían puesto un nombre falso a Denise, pero no conseguía acostumbrarse, y en clase la llamaban al orden porque no respondía cuando la nombraban. Entonces, lo s gendarmes, que seguían ensañándose y no encontraban nada más importante que hacer que entregar a dos niñas judías a los nazis, recuperaron su pista. Tuvieron que abandonar el internado. En los sótanos donde pasó varias semanas, Denise contrajo una pleuritis; los que la ocultaban, al no atreverse a llevarla a un médico, le administraron por todo tratamiento resina de pino. A punto de ser descubiertas, tuvieron que huir de nuevo, con la preciosa maleta siempre preparada para una emergencia. La tutora ordenaba a Denise antes de subir al tren: "¡Esconde la nariz!"

Cuando los supervivientes de los campos nazis empezaron a llegar a la Gare de l Est, Denise y Elisabeth acudían allí todos los días. También iban, con una pancarta en la que se leía su nombre, al hotel Lutétia, habilitado como centro de acogida para los repatriados. En cierta ocasión, Denise echó a correr porque creyó reconocer la silueta de su madre en la calle.

Denise había salvado el precioso cuaderno. No se atrevía a abrirlo, le bastaba con verlo. No obstante, una vez trató de conocer su contenido, pero le resultó demasiado doloroso. Pasaron los años. Junto con su hermana Elisabeth, convertida en directora literaria con el nombre de Elisabeth Gille, tomó la decisión de confiar la última obra de su madre al Institut Mémoire de l …dition Contemporaine, con el fin de salvarla.

Sin embargo, antes de separarse de ella decidió mecanografiar. Con la ayuda de una gruesa lupa emprendió entonces una larga y difícil labor de descifrado. Finalmente, Suite francesa fue introducida en la memoria de un ordenador, y retranscrita una tercera vez en su estado definitivo. No se trataba, como ella había pensado, de simples notas, de un diario íntimo, sino de una obra violenta, un fresco extraordinariamente lúcido, un sobrecogedor retrato de Francia y los franceses en aquella encrucijada: rutas del éxodo; pueblos invadidos por mujeres y niños agotados, hambrientos, luchando por la posibilidad de dormir en una simple silla en el pasillo de una posada rural; coches cargados de muebles y enseres, atascados sin gasolina en medio del camino; grandes burgueses asqueados por el populacho y tratando de salvar sus chucherías; prostitutas de lujo despachadas por sus amantes, que tenían prisa por abandonar París con su familia; un cura conduciendo hacia un refugio a unos huérfanos que, liberados de inhibiciones, acabarán por asesinarlo; un soldado alemán alojado en una casa burguesa y seduciendo a una mujer joven ante la mirada de su suegra. En este cuadro desconsolador, sólo una pareja modesta, cuyo hijo ha resultado herido en los primeros combates, conserva su dignidad. Entre los soldados vencidos que se arrastran por las carreteras, en el caos de los convoyes militares que llevan a los heridos a los hospitales, intentarán en vano encontrar su pista.

Cuando Denise Epstein confió el manuscrito de Suite francesa al conservador IMEC, experimentó un gran dolor. No dudaba del valor de la última obra de su madre, pero no se la dio a leer a un editor, pues Elisabeth Gille, su hermana, ya gravemente enferma, estaba escribiendo El mirador , una magnífica biografía imaginaria de aquella a quien no habían tenido tiempo de conocer, pues sólo tenía cinco años cuando los nazis la asesinaron.

Por Myriam Anissimov