Historiar las letras argentinas

La Nación
 
La aparición de Breve historia de la literatura argentina, de Martín Prieto, trabajo orientado a la construcción de un canon nacional, reactualiza el debate sobre cómo escribir el pasado y presente de nuestras letras
 
 
 Leer la reciente Breve historia de la literatura argentina (Taurus)de Martín Prieto lleva, inevitablemente, a plantearse preguntas como éstas: ¿qué función deben cumplir las historias y los diccionarios de literatura nacional, libros de consulta que se suponen destinados a mantenerse como tales por muchos años? ¿Es útil (para la vasta comunidad potencial de lectores) que representen sólo la tendencia crítica de una escuela o grupo, o deberían, mejor, preocuparse por ofrecer un panorama lo más amplio y objetivo posible de los movimientos y autores argentinos, tanto en la crítica como en la invención, aun en el caso de los que no reflejen sus preferencias estéticas o su plataforma intelectual?

El unipersonal trabajo de Prieto supone en algunos aspectos una exasperación individualista de la primera orientación, que afronta incluso el riesgo de caer fuera del ámbito académico. No por una incompatibilidad de lenguaje (la academia puede utilizar también un estilo claro, ameno e incluso por momentos humorístico, como el de este libro), sino por razones de método. Mientras que la metodología académica supone la descripción rigurosa de un objeto, la prueba de hipótesis y la matizada cautela en los juicios de valor, la Breve historia… resulta en exceso proclive a las sentencias sin apelación o a las apologías taxativas (del tipo "Eduardo Mallea es hoy más un fenómeno que un escritor" o "Roberto Arlt escribió la máxima novela argentina del siglo XX"). Se acerca así peligrosamente al Diccionario de autores latinoamericanos (2001) de César Aira, a quien admira y cita con asiduidad como referencia crítica. Claro que el Diccionario… de Aira puede leerse desde un lugar individual y aporta para construir su "personaje" de escritor provocativo; en cambio, la solapa de la edición nos informa que Martín Prieto (además de poeta y autor de una novela) es profesor de Literatura Argentina en la Universidad Nacional de Rosario.

No existe un solo concepto de lo que es hacer historia literaria. El que elige Prieto propende a la reformulación de un canon. En tal sentido selecciona y recorta, alaba y condena, destaca a unos autores y unos textos por sobre otros de acuerdo con su "novedad" y "productividad", en lo cual es tributario de Harold Bloom, así como también en su concepción de la historia de la literatura como un espacio agonístico, una competencia de talentos. Pero aunque parece sensato conceder que dentro de una época y un marco estético, habrá siempre obras más logradas que otras, no es tan razonable creer que la emergencia de nuevas obras obture necesariamente la valoración histórica y estética de las anteriores. El hecho de que Arlt, a juicio de Prieto, "supera toda la tradición romántico-realista de la novela argentina, desde José Mármol a los boedistas" no tendría por qué negar la posibilidad de leer y apreciar Amalia o El médico de San Luis , pertenecientes a un contexto en que la obra de Arlt no era objetivamente posible. La idea misma de "progreso" cronológico en materia artística es, por otro lado, un ítem discutible. Aunque la hayan convertido en un cliché industrial de yeso, la Venus de Milo es aún admirable, sin duda más interesante que un enano de jardín y no menos que la cabra de Picasso en el MoMa de New York. También es discutible afirmar, en el caso de obras contemporáneas entre sí, que textos antirrealistas, en pugna filosófica con la representación, como los de Saer, "adelgazan la oportuna potencia del realismo crítico y político de los años sesenta -ejemplarmente representado en el volumen de cuentos Cabecita negra de Germán Rozenmacher". El libro de Rozenmacher, escrito desde otra postura literaria para la que también hay lugar en el mundo de los lectores y sus preferencias, seguirá siendo memorable sin que ello niegue los méritos de Saer.

Como señaló el mismo Bloom, la idea de canon existe ante todo porque somos mortales y nuestro tiempo es limitado. Esa limitación nos obliga a seleccionar, de acuerdo con los gustos de nuestra época y sus propios valores estéticos (históricos también), que nos permiten aquilatar con mayor o menor complacencia las obras del pasado. El culto de la novedad, basado sobre todo en el "procedimiento novedoso", tiene sus acotaciones, porque no es garantía de eficacia constructiva. Idénticos recursos pueden ser evaluados, según las épocas, de manera muy diferente. Prieto apunta que la digresión y el fragmentarismo achacados a Lucio V. Mansilla como defectos de estilo recibieron una valoración crítica inversa en las últimas décadas. Esto le sucede al autor de esta Breve historia… en relación con distintos escritores: el superlativo que le molesta en Sabato es apreciado, por ejemplo, en Juan L. Ortiz. La singularidad de una obra tampoco se explica satisfactoriamente por sus procedimientos. Cuando Prieto advierte que "los ingenuos recursos y procedimientos de Puig, usados por otros, devienen sentimentales", no se trata sólo de que Puig los haya incorporado a la literatura "por primera vez" sino del "cómo" lo hizo, definido por la inimitable marca personal.

Una historiografía responsable debería contemplar tanto las "novedades" como las culminaciones o las (re)elaboraciones creativas de una estética y comprender su corpus en relación primaria con la sensibilidad y la historia de las ideas de una época dada, que no pueden ser medidas sólo con el rasero de la nuestra. Y puesto que de historia se trata, también tendría que ser bienvenido -al menos en el área de la investigación- cuanto signifique enriquecimiento de nuestro saber sobre los textos del pasado. No reducir y podar, sino extender el mapa de la red literaria, para entender mejor, incluso, las obras consideradas "mayores", a partir de las "menores", desdeñadas u olvidadas, que se recolocan en un panorama cada vez más complejo y más completo.

De todos modos, es ésta una meta inaccesible para una historia de un solo volumen y un solo autor, cuyo "contrato de lectura" resulta difícil de precisar. Es probable que la comunidad de especialistas lo halle insatisfactorio por diversas razones. No es la menor la cuestión del método. Si bien condicionado por la relativa brevedad de la Breve historia… , que favorece la elisión de procesos demostrativos, el discurso no deja de complacerse en el tono apodíctico. En la bibliografía de las notas, se siente la falta de las mejores ediciones críticas de los textos citados (sobre todo los de la Colonia y primeros tiempos de la Independencia) así como de muchos aportes de la investigación más reciente. La bibliografía general de autores incluye sólo a los que fueron mencionados en el libro y mezcla creadores y críticos, registros que sería importante diferenciar. En cuanto a los textos considerados canónicos del siglo XIX, así como la revisión del siglo XX, la mayor parte de las lecturas de Prieto no aportan una mirada original: derivan de Aira o bien de la crítica que desde hace más de veinte años ocupa una posición central en las Universidades nacionales de Buenos Aires y Rosario (Beatriz Sarlo, Nicolás Rosa, Noé Jitrik, David Viñas, María Teresa Gramuglio, Adolfo Prieto, entre otros; parte de los cuales ya reconsideraron temas antes conflictivos que Prieto aborda, por ejemplo, la revaloración de Sur o la de la obra de Borges). Sólo en algunas ocasiones Prieto introduce (con razón o no) algún enfoque disidente o correctivo: como cuando declara su aprecio por la "enorme fuerza expresiva" de Castelnuovo, apunta la debilidad de lo narrativo (comparado con lo ensayístico) en la ficción de Piglia o revaloriza la Historia… de Ricardo Rojas.

En otros momentos, el trabajo importa un retroceso con respecto a sus maestros. Mientras que en la Historia crítica de la literatura argentina , de Jitrik, escritores como Mujica Láinez, Mallea o Sabato -aunque distan de ser axiales o preferidos- han sido objeto de estudios serios, escritos con amplitud de miras y prescindiendo de ataques ad hominem , en esta Breve historia… no alcanzan mucho más que el brulote profusamente adjetivado y el retorno, incluso, a perimidos argumentos (como el de la descalificación por razones de clase). Pero "los muertos que vos matáis gozan de buena salud ". La Historia de una pasión argentina de Mallea sigue siendo un libro clave para cualquier estudio de la sensibilidad y las ideas en la Argentina y, mal que le pese a Prieto, se reedita. Mujica Láinez (en opinión del autor, representante de la oligarquía, anacrónico y manierista que ha licuado todos los riesgos artísticos del modernismo en una prosa de supuesta "calidad") o Sabato (según Prieto, alegórico, pomposo y grandilocuente) son objeto de interés no sólo para muchos lectores, sino para la comunidad académica internacional. Sus obras pronto se incorporarán a la exigente colección Archivos de la Unesco.

El retroceso es visible también con respecto a otros avances de la investigación. Sin realizar ningún sondeo de ellas, Prieto descarta estéticamente las obras de las escritoras pioneras del XIX (Gorriti, Mansilla, Manso), que considera, a lo sumo, con piedad, como "documentos culturales" y atribuye a las estudiosas que se han dedicado a ellas la misma evaluación que él hace. Pero si algo han permitido esos últimos abordajes es ver hasta qué punto las escritoras introducen (ya que de "novedad" se habla) un cambio de perspectiva. El lenguaje coloquial en la narrativa, el motivo del gaucho perseguido y la humanización de la imagen de las culturas aborígenes aparecen en la obra de Eduarda Mansilla antes que en la de su más famoso hermano Lucio. A ella y a Juana Manuela Gorriti se deben relatos fantásticos liminares en la literatura argentina. También es inédita la construcción de la experiencia femenina desde una mirada interior lograda por Eduarda Mansilla, con personajes de alta densidad psicológica (como Dolores o Micaela, en Pablo o la vida en las pampas ). La poca atención a la narrativa de escritoras es característica de todo el volumen, que sólo dedica un apartado a la obra de Silvina Ocampo, parte de otro a Sylvia Molloy y Tununa Mercado, una mención al paso a otras importantes narradoras (Gorodischer, Heker, Uhart, Ulla) e ignora por completo a la mayoría (de Jorgelina Loubet a Luisa Valenzuela, de Sara Gallardo a Alicia Steimberg). Victoria Ocampo, María Rosa Oliver, Estela Canto no son evaluadas como creadoras sino como mecenas, traductoras o críticas relacionadas con escritores prestigiosos.

En cuanto a otros géneros (literarios), el teatro (fuera de sus inicios y antecedentes) lleva las de perder. El autor ni siquiera se detiene en la obra de Griselda Gambaro, a quien al menos consagra un apresurado elogio. La poesía, en cambio (ámbito en que se mueve con mayor precisión y refinamiento crítico), ocupa considerable espacio (sobre todo alguna de las últimas corrientes) en un texto que aspira a dar un panorama global de la literatura argentina.

Así como su faz académica resulta discutible, tampoco podría decirse que estamos frente a una obra de divulgación o un recomendable manual introductorio a la literatura argentina. Es probable que los estudiantes aprendan más de buenas ediciones anotadas y prologadas, con la guía de profesores que los estimulen a comprender la literatura nacional antes como legado y memoria imaginativa que se actualiza, que como un ring donde unos autores derriban a los otros, según criterios que están lejos de ser universales, atemporales y unánimes.

Quizá el público ideal de esta Breve historia… se halle en la franja de escritores y críticos interesados por establecer en el presente sus propias reputaciones, y a quienes la postura iconoclasta del libro de Prieto puede darles una ilusión de una filiación que valide sus obras. En especial, algunos poetas de las tendencias actuales a las que se dedica mayor atención, o los que se consideran herederos de Aira, colocado aquí en el nuevo centro canónico de la escena contemporánea.

Por María Rosa Lojo
Para LA NACION – Castelar, 2006

 
 
 

Un comentario en “Historiar las letras argentinas

  1. Pingback: Historia de la Cultura y la Civilización | CELN – ¿Cuál es la noticia…?

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