La UBA elige rector y define su rumbo

La Nación
La principal universidad del país: pasado mañana será la asamblea

Tras una campaña con poca discusión de ideas, cuatro candidatos aspiran a conducir la sede donde estudian 300.000 alumnos
 
 
 
 

El rumbo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la casa de estudios superiores más poblada e importante del país, durante los próximos cuatro años, estará pasado mañana en manos de 236 profesores, graduados y alumnos.

Quien resulte elegido como rector, y la gestión que encabece, serán responsables del futuro de más de 300.000 estudiantes, casi 29.000 docentes y 10.000 no docentes, 40 institutos de investigación y un presupuesto de algo más de $ 470 millones.

La asamblea universitaria, que se reunirá pasado mañana, desde las 9, en el Colegio Nacional de Buenos Aires, elegirá al nuevo rector en un escenario dividido entre un candidato que hasta ahora concentraría las voluntades mayoritarias -Atilio Alterini- y otros que se le oponen -Guillermo Jaim Etcheverry, Fernando Vilella y Pablo Jacovkis-, pero con apoyos inciertos.

Lejos del debate sobre proyectos académicos o científicos para la universidad -prácticamente ausentes-, las alineaciones políticas no son la marca reconocible de casi ningún grupo y, por eso, las lealtades se vuelven más volátiles.

Los aspirantes

El candidato con mayores posibilidades es Alterini, decano de la Facultad de Derecho, al frente de un grupo heterogéneo, conformado por radicales -varios ex Franja Morada, hoy casi en extinción con ese nombre-, peronistas e independientes, con el apoyo de ocho facultades y la minoría de dos más. Sus partidarios hacen cuentas y aseguran que tienen los 119 votos suficientes para ganar en primera vuelta.

Del otro lado se presentará nuevamente el rector Jaim Etcheverry, que prefiere no buscar apoyos "en campaña", sino "esperar a que hable la asamblea".

La izquierda, en tanto, aglutina a las facultades de Ciencias Sociales y a las mayorías de Filosofía, Ciencias Exactas, Arquitectura y, aunque algunos lo ponen en duda, Agronomía.

Se disputan sus votos Vilella y Jacovkis, ex decanos de Agronomía y de Ciencias Exactas, respectivamente. No se descarta, sin embargo, que en estos días surja otro candidato. Se menciona al decano de Ciencias Sociales, Federico Schuster, y hasta alguna figura externa a la UBA.

Las candidaturas de última hora, testimoniales o con posibilidades, no son extrañas en la lógica electoral de la UBA. En la última elección, en 2002, el radicalismo propuso al economista Aldo Ferrer a días de la asamblea que eligió a Jaim Etcheverry.

Escenarios

Quienes se oponen a Alterini afirman que representa el regreso al poder del estilo de gestión "shuberoffista", emparentado con las prebendas y el reparto de cargos. Desde la izquierda se le objetó públicamente en los últimos días el haber sido juez y funcionario de la municipalidad porteña durante la última dictadura militar. Alterini rechazó las acusaciones por "inexactas y maliciosas", destinadas, según dijo, a "eludir la discusión de proyectos".

Los partidarios de Alterini saben que sus posibilidades de imponerse aumentan en una primera vuelta. Si no alcanzara la mitad más uno de los votos y debiera convocarse a una segunda asamblea, el escenario podría favorecer a otro candidato, que podría ganar con la mitad más uno de los presentes. A toda costa, la lista de Alterini quiere evitar ese escenario de negociaciones, que podrían conducir al triunfo del menos pensado.

Por eso, en estos días se preocuparon por pedir al rectorado que asegure "condiciones normales" para el desarrollo de la asamblea, ante el temor de que agrupaciones estudiantiles de izquierda organicen manifestaciones que puedan impedir su realización. Por ahora, los estudiantes ya anunciaron su voluntad de movilizarse "para repudiar la candidatura de Alterini por colaboracionista de la dictadura".

La asamblea, que sesionará en el salón de actos del colegio -donde no habrá clase- está formada por los 15 miembros del Consejo Superior -cinco por cada claustro-, los decanos y consejeros directivos de las trece facultades.

Antes de elegir al nuevo rector, la asamblea deberá decidir si modifica la forma de votación para que no sea a viva voz, sino que cada asambleísta deposite su voto en un sobre con su nombre, que luego se abra y se lea públicamente.

Cada candidato tendrá media hora para exponer su plataforma. Será, en rigor, la primera vez que se podrán escuchar propuestas, tras una campaña electoral que careció prácticamente de presentación de proyectos y en la que las plataformas que se conocen resultan, además, muy similares.

La cultura y el mar, en Puerto Madryn

La Nación
 
 

Un lugar para aprender a contemplar

Con la presencia de intelectuales, el Ecocentro amplía sus programas de divulgación y reflexión
 
 
 

 

PUERTO MADRYN.- Entre la estepa y el mar y sobre un acantilado. Podría ser la descripción literaria de algún lugar de ensueño. Pero no. Es la descripción geográfica del sitio donde se levanta el Ecocentro, un espacio cultural tan poético como su entorno natural, que no cesa de crecer y multiplicar sus actividades de reflexión sobre la importancia del mar a través de la educación, la ciencia y el arte.

Allí, en el golfo Nuevo, al sur de Puerto Madryn, el Ecocentro, que recibe al visitante con un esqueleto de ballena franca austral y un poema de Jorge Luis Borges que se pregunta "¿Quién es el mar?", festejó sus seis años de vida, período en el cual se transformó en un referente cultural de la Patagonia. El año último recibió 60.000 visitantes, en una ciudad de 70.000 pobladores.

"El Ecocentro estuvo en plena actividad estos seis años, pero ahora cambió por primera vez la muestra central. Ampliamos la mirada sobre el mar, avanzamos hacia una visión más ecosistémica, de entender el ambiente en su totalidad, a través de una mirada cultural también amplia", explicó a LA NACION Alfredo Lichter, presidente e impulsor de la institución, que se define como poeta y naturalista.

Esta mirada está acompañada de nuevos emprendimientos que consolidan su proyección como centro cultural. La ética y la estética confluyen en las diferentes propuestas del Ecocentro, en su edificio de 2000 metros cuadrados, cuya arquitectura tiene en cuenta el entorno natural en sus materiales, luminosidad y grandes vistas.

Llamado de atención

En uno de los paneles de la muestra, que domina el salón principal y se refiere a múltiples aspectos del ecosistema marino, se lee: "La destrucción del mar no debe convertirse en su destino". El enunciado produce el efecto de un contundente llamado de atención sobre las consecuencias de la acción del hombre sobre el entorno natural. Y enfrente de dicha frase, sobre una pared, se reproduce el poema "Oda a un albatros viajero", de Pablo Neruda, que se refiere a la muerte de un ejemplar de esta ave marina.

También se exhiben muestras de los artistas plásticos Sergio Boccaccio, María Laura Bratoz y del fotógrafo Mario Mantel. Y la exposición fotográfica documental "25 años contando elefantes marinos en la Península de Valdés".

El aniversario del Ecocentro tuvo como invitado al escritor y ensayista Santiago Kovadloff, quien se refirió a este espacio cultural como "un lugar que enseña a contemplar" y a "celebrar el valor de la presencia de la vida". Anteayer, Kovadloff brindó una conferencia, con la consigna "Vivir poéticamente", que convocó a más de 140 personas. Próximamente disertará la lingüista Ivonne Bordelois.

Otra de las novedades es la alianza sellada entre el Ecocentro y la editorial El Ateneo para realizar un programa editorial que aborde distintas temáticas vinculadas con la naturaleza. En la próxima Feria del Libro se presentará "Guía de aves y mamíferos de la costa patagónica", de Guillermo Harris. La directora general de El Ateneo, Luz Henríquez, presente en el festejo del Ecocentro, dijo a LA NACION que "el proyecto es editar entre cuatro y seis libros por año" sobre estas temáticas. El segundo libro será "Patagonia, su fauna y su gente", de William Conway.

También el Ecocentro está presente desde el año pasado en el tercer piso de El Ateneo Grand Splendid, en Buenos Aires, con muestras de video y fotografías sobre el mar y la naturaleza. "Queremos que este espacio se constituya en un lugar independiente, con su propia personalidad", explicó Lichter, al adelantar que el 24 de este mes se inaugurará en la sede porteña el ciclo de charlas "El mar necesita que lo miren", como parte de un convenio con el Conicet, entre otras actividades de divulgación científica.

El emprendimiento privado del Ecocentro fue posible por una donación filantrópica de 3 millones de dólares de los ex dueños de la empresa petrolera Isaura, mientras que el terreno lo cedió por 30 años la municipalidad. Hoy el proyecto sigue adelante por el apoyo de empresas e instituciones como Aluar Aluminio Argentino, Repsol YPF, Isaura S.A., Fundación Antorchas, Lighthouse Foundation, Fundación Avina y la Secretaría de Turismo de la Nación, que se sumó recientemente.

El Ecocentro también desarrolla una intensa actividad educativa. En cinco años pasaron 20.000 alumnos de escuelas de la provincia y 37.500 de otras jurisdicciones.

Por Laura Casanovas
Enviada especial

Los desafíos del tango sinfónico

Clarín

MUSICA: LA FILARMONICA DE BUENOS AIRES EN EL COLISEO, DIRIGIDA POR GERARDO GANDINI. El músico hizo un programa con obras propias, de Astor Piazzolla, de Néstor Marconi y de Gershwin.

Por Federico Monjeau | fmonjeau@clarin.com | Gerardo Gandini dirigió a la Filarmónica en el Teatro Coliseo, en un programa de corte popular que reunió, en este orden, Tangazo de Astor Piazzolla; Tangos concertantes para bandoneón y orquesta de Néstor Marconi; Milonga del Angel (Piazzolla) en arreglo de Gandini; Tristangos para bandoneón, piano y orquesta de cuerdas de Gandini; y Un americano en París de George Gershwin.

El tango sinfónico es, por sí solo, un género complicado. Incluso un músico instrumentalmente tan sutil y arquitectónico como Piazzolla no supo muy bien qué hacer con la orquesta grande; tampoco en el Tangazo, a pesar de su petulante denominación.

El sombrío solo de contrabajo y la fuga de apertura introducen a una música particularmente solemne y llena de clichés, donde los eventuales solos del oboe o el corno no compensarán la pérdida del sentimiento solista, del filo contrapuntístico y del intercambio instrumental. Es una orquesta estática, uniforme, en cierta forma inactiva; es cierto que la orquestación de Piazzolla nos ahorra los empalagosos contracantos con platillos y golpes de timbal de la tradición Canaro-Mores, pero tampoco alcanza a crear algo convincente.

No es el caso de los Tangos concertantes de Marconi. No sólo porque en este caso el bandoneón solista que el autor interpreta magistralmente establece una productiva oposición con el conjunto, sino porque la orquesta está mucho más trabajada desde adentro.

Ya Gandini realiza algo sensiblemente diferente, tanto en sus Tristangos como en el exacto y arreglo de Milonga del Angel de Piazzolla. Los Tristangos son variantes de los Postangos que el autor escribió unos años atrás para la big band de la Radio de Colonia, Alemania.

A los instrumentos solistas piano y bandoneón se suma en esta selección un contrabajo. La suelta improvisación del trío choca expresivamente con una orquesta asordinada y dividida en varias capas. En algunos pasajes sobrevive todavía una atmósfera de big band, como en la encantadora parte B de La desgracia, tango que parece inspirado en una mazurca de Chopin. Son tangos brumosos, a distancia; tangos sin las figuras retóricas del tango, aún cuando se mantengan las cadencias armónicas.

El concierto cerró con una expresiva ejecución de Un americano en París.

Premian a Pimpinela por la trayectoria

Clarín
 

 

El 5 de abril en el teatro Gran Rex se entregarán los Premios Gardel a la Música y en la octava edición de la ceremonia que premia a los artistas de la música nacional, CAPIF otorgará la distinción a la trayectoria al dúo Pimpinela, de los hermanos Lucía y Joaquín Galán, que ya cumplen 25 años de carrera musical, con éxito no sólo en la Argentina sino en toda América latina y España.

Cine

Clarín
 
Bauer, en la Sorbona

Desde el jueves y hasta ayer, Tristán Bauer participó como invitado y expositor en las jornadas organizadas por la Université de la Sorbonne Paris IV sobre Cine y Nación. Bauer expuso el viernes y ese mismo día por la noche se proyectó en la Sorbona, en una función especial, su película sobre la guerra de Malvinas, Iluminados por el fuego.

Cine nacional en el Cervantes

Con la proyección de Cama adentro, de Jorge Gaggero, se inicia este miércoles, a las 18, el Ciclo 2006 de Cine Argentino en el Teatro Cervantes, con entrada libre. El jueves a la misma hora se verá la coproducción con Uruguay, Whisky. El ciclo seguirá los miércoles y jueves, hasta noviembre.

 
 
 

Juliette Binoche, jurado de Telefé Cortos

Claudio Villarruel, director artístico de Telefé, aprovechó el Festival de Cine de Mar del Plata para invitar a la actriz francesa Juliette Binoche a formar parte del jurado de la tercera edición del concurso Telefé Cortos, que se hará este año. Ella no lo pensó mucho: parece que está tan entusiasmada con el género —protagonizará un corto japonés— que hace unos días le envió por fax una carta a Villarruel, de su puño y letra, aceptando la invitación. Binoche ocupará el lugar que el año pasado tuvo el brasileño Walter Salles.

La increíble historia de los 60 mil libros rescatados de la AMIA

Clarín
CULTURA : UN TESORO CULTURAL SALVADO DE LOS ESCOMBROS DEL ATENTADO

El trabajo lo hicieron 800 voluntarios. Recuperaron libros y documentos antiguos. Una historia casi secreta que sale a la luz en un libro de próxima publicación.
 
 
 
Rodolfo Compte ESPECIAL PARA CLARIN

Había que rescatar los libros. Había que rescatar a uno de los pocos testigos que iban a quedar en la historia. Son testigos vivientes, mucho más de lo que nosotros vimos y vamos a poder ver a lo largo de nuestras vidas", dice Martín, que tenía 21 años en 1994 y que fue uno de los 800 jóvenes que, a pulso, rescataron el patrimonio cultural que guardaba la biblioteca del Instituto Judío de Investigaciones (IWO), que funcionaba en el edificio de la AMIA.

Rescatar los libros, rescatar cultura, rescatar la historia… ésa fue la idea que movilizó a los voluntario judíos y no judíos, argentinos y extranjeros, para recuperar el patrimonio cultural de la Fundación IWO de entre los escombros, luego del atentado del 18 de julio de 1994.

"Cuando vi por televisión que una parte del edificio había quedado en pie y se veían libros, pinturas y otros objetos del IWO desde la calle, me propuse rescatar todo lo que se pudiera, aunque fuera disperso, dañado o roto", dice la profesora Ester Szwarc, coordinadora del IWO.

El IWO funcionaba en el tercer y cuarto pisos del edificio de la calle Pasteur 633 atesorando ochenta mil libros, colecciones de arte, discos, pinturas, piezas únicas en Judaica y testimonios de lo acaecido durante el Holocausto y la Resistencia Judía en la Segunda Guerra Mundial.

A pocos días del atentado, Szwarc convocó a jóvenes que conocía, como a Nicolás Máslo, que tenía 18 años y estudiaba idish en esa misma biblioteca. Los jóvenes —ellos y otros que se sumaron— empezaron el rescate. Los voluntarios trabajaron formando cadenas de cientos de metros de largo por donde bajaban cultura, historia y memoria en las peores condiciones imaginables.

"La mitad de la biblioteca se había caído y la otra estaba en pie pero muy endeble", cuenta Máslo ahora. "En la mitad que estaba en pie había cuadros, archivos de diario, esculturas y parte de los libros. Muchos estaban quemados o pegados a otros por la ola de calor de la explosión. Otros estaban llenos de escombros, muchos incluso tenían restos humanos", recuerda Máslo. La cadena de jóvenes trabajó unos meses en el edificio de la calle Pasteur.

"Paralelamente —cuenta Szwarc— se empezó a hacer la restauración. Levantamos mesas con caballetes, con liencillos y empezó la tarea, primero de todo, de secado y limpieza". Se trabajó con secadores de pelo, con pinceles. Ayudaron expertos de la Biblioteca Nacional —como Maite Zunino— y restauradores como Silvio Goren. "Pero en el tema de cuadros hay mucho todavía por hacer porque no se le puede pedir a una persona que trabaje meses ad honórem y nosotros no tenemos fondos".

En la parte que había caído estaban los libros de uso cotidiano, los incunables y todos los objetos de museo. Mientras los jóvenes recuperaban lo que podían de la parte del edificio que todavía se sostenía, los escombros de la parte caída habían sido trasladados a Ciudad Universitaria. Tardaron cuatro meses en conseguir un permiso para entrar a ese predio. "En ese lapso —dice Máslo— los libros estuvieron entre los escombros, a la intemperie. A todo lo que tenían los otros se sumaron hongos y humedad."

En Ciudad Universitaria los chicos se enfrentaron a "quinientas montañas de escombros". De ahí, piedra por piedra, sacaron el patrimonio cultural destrozado. "Encontramos libros muy antiguos", cuenta Máslo.

En total, rescataron 32.000 periódicos y revistas de todo el mundo; 9.000 fotografías; 2.100 discos de vinilo —entre los que estaban los primeros tangos en idish—; 700 afiches de cine y teatro, algunos de cien años de antigüedad. Rescataron 120 pinturas (parte de la colección del pintor polaco Maurice Minkowski); 38 estatuas y 17 instrumentos musicales de valor histórico.

"Convocamos simplemente a que nos dieran una mano y fue una avalancha de gente haciendo cadena para rescatar las cosas. Y después para limpiar y clasificar", dice Saúl Drajer, presidente del IWO.

Sin embargo, pasaron doce años del atentado y el IWO no ha podido volver a funcionar a pleno. De los 60.000 libros rescatadas, sólo 20.000 pueden ser consultados hoy en Ayacucho 483. Y eso gracias a que las bibliotecarias conocen el material palmo a palmo: apenas 5.000 libros están clasificados, a los otros 15.000 se llega porque las bibliotecarias los ubican. El resto —40.000 títulos, además de documentos y archivos— están almacenados en varios depósitos en la Ciudad.

Recientemente se conformó la comisión Alberto Gerchunoff con el objetivo de encontrar el lugar y los fondos necesarios para la creación de una "Casa de la Cultura Judeo-Argentina", que sea un centro donde se pueda poner a disposición de los investigadores y del público en general todo el patrimonio de la biblioteca, hemeroteca, pinacoteca, archivo y museo del IWO. Porque la biblioteca del IWO, reinaugurada en el subsuelo del nuevo edificio de Pasteur, no fue habilitada ya que no cumple con las exigencias de Bomberos.

El trabajo sigue, despacio, al ritmo de los voluntarios. Los jóvenes ya cumplieron su parte.

GUSTAVO CERATI: «Descreo del artista que utiliza la honestidad»

Clarín

«Ahí vamos», su nuevo álbum, saldrá el martes y «Clarín» lo escuchó con él en Nueva York. Aquí habla de su retorno a la canción, de sus hijos, de por qué no vuelve Soda Stereo y de si es necesario que un artista diga siempre la verdad.

Por Walter Domínguez NUEVA YORK. ENVIADO ESPECIAL|wdominguez@clarin.com

Mediodía de sol en la incipiente primavera neoyorquina. El hotel Hudson —un coqueto edificio de modernísimo diseño, escondido en pleno centro de la ciudad y a pocas cuadras de la zona teatral de Broadway— es la base de operaciones de Gustavo Cerati en la autodenominada, no sin razón, «capital del mundo».

En esta ciudad, el músico que se animó a dejar Soda Stereo en la cima de su popularidad, que cambió el calor de las masas por la no tan masiva experimentación electrónica y cuyo apellido ya es un adjetivo en las discusiones sobre rock nacional (se dice que algo es «muy Cerati» cuando es muy fashion, muy moderno, muy nasal, muy volado, está construído con palabras esdrújulas, o todo eso junto) le está poniendo los toques finales a Ahí vamos, su cuarto álbum como solista, que el martes estará en todas las disquerías de Latinoamérica, y que Clarín pudo escuchar en exclusiva, junto a su autor, en un estudio de grabación del barrio de Chelsea.

Vestido íntegramente de negro, con rulos casi afro y anteojos para el sol, Cerati está sin embargo muy lejos de la oscuridad. A los 45 años, conserva la pasión de un adolescente para hablar de su música y de todo lo que se le pregunte. Extrovertido y enérgico, pero no superficial.

¿Por qué titular a un disco «Ahí vamos»?

Los títulos de los discos tienen que ver con el proceso y el tiempo en que los hago. En este caso, era una frase que estábamos usando ante cualquier situación positiva que ocurría.

¿El plural a quién involucra?

Por más que se trate de un disco solista, involucra a mucha gente, y estoy mirando mucho hacia afuera también. Se trata de una situación realmente hacia adelante.

La primera impresión es que te alejaste un poco de la música electrónica y que te metiste más en las canciones.

Es así. El álbum está muy enfocado hacia la guitarra, la voz y la forma clásica de la canción: estrofa, estribillo, puente. Lo hice porque quería que el disco tuviera más una dirección y no fuera tan heterogéneo como otros. Y eso se conjuga perfecto con el «ahí vamos». A veces, uno da muchas vueltas para llegar a algo más simple.

Delicias del mercado discográfico, Ahí vamos saldrá el martes ya como disco de platino, debido a que las disquerías compraron más de 40.000 copias por anticipado. Por su parte, el tema de difusión —Crimen— suena en todas las FM y ocupa el primer lugar en los charts. La canción, una desgarradora balada de desamor, hace las delicias de cualquiera al que le guste interpretar las letras. Se sabe, Cerati se separó no hace mucho de la modelo y ahora cantante Déborah de Corral. Crimen, inevitablemente, remite a eso.

«Es una canción de ruptura —admite Cerati—, pero la verdad es que la escribí en un momento de mucha felicidad. Siempre sucede que, al ser una persona conocida, están las preguntas ‘¿con quién está?’, ‘¿con quién no está?’, ‘¿con quién va a estar?’ y parece que las relaciones son directas con eso. Y a veces me inspiro en cosas que están fuera del tiempo y del lugar. La canción es un rompecorazones de entrada, una especie de puñalada, pero yo estaba en una situación muy feliz. En un momento habla de «los celos otra vez’. Y remite a Muchacho celoso, el tema de John Lennon, que para mí es la canción de amor por antonomasia. Como artista, puedo recrear o imaginar una situación, aunque no esté pasando por ella en ese momento. Y me hago carne de eso, porque cuando estoy escribiendo, hay momentos en que hasta se me llenan los ojos de lágrimas.»

Mentir es, entonces, parte del arte.

Sí, es absolutamente así. Descreo del artista que utiliza la honestidad. Para ser una buena persona, hay que ser honesto, está claro. Pero para ser artista, no tiene que ser algo significante. Lo que estoy haciendo es crear una canción, una viñeta de sensaciones. Si analizás la letra, es una sensación de esa pérdida, que queda inconclusa en términos de explicaciones. «¿Qué otra cosa puedo hacer?», dice la canción. Lo aclaro porque después empiezan las suspicacias. El disco tiene referencias, uno siempre es algo autobiográfico, pero entro en esos lugares por una necesidad musical y de inspiración.

Aclarado el punto, Cerati dice sentirse aún inocente en algunas cuestiones. A pesar de los años de carrera, de la fama, hay situaciones de las que dice no tener conciencia. «Vivo sorprendiéndome de las cosas que pasan —afirma-. Jamás me imaginé que iba a ir a mi casa en Uruguay e iba a venir una cámara a perseguirme y tomar fotos (N. de R.: se refiere a un episodio del verano, en Punta del Este, cuando lo fotografiaron con Sofía Medrano, su nueva novia, veinte años más joven que él). Si me preguntás qué significa, muy bien no lo sé. He hecho un buen paquete de canciones y estoy orgulloso de la gran mayoría de ellas. Pero el proceso interno generalmente va por un lado que no está conectado con eso. Porque cuando estás demasiado conectado con eso, generalmente estás fuera de la realidad.»

¿Y qué vas a hacer en Punta del Este? ¿Vas a construir paredes para que no te espíen?

No me interesa exponerme. La gente puede pensar que sí, porque aparezco en esas fotos, pero no es así. Es un llamado: déjenme en paz, yo sólo hago canciones.

A Nueva York, Cerati vino por primera vez por motivos no muy alegres. «Cuando recién nos empezaba a ir bien con Soda, entre el primer disco y el segundo, nos robaron todos los equipos. Me acuerdo que los músicos de Virus y de Sumo nos prestaron instrumentos para seguir haciendo shows. Así que en cuanto pudimos, vinimos a comprar equipos. Después sí, volví cada vez que pude.»

Queda claro que es una decisión tuya si Soda se vuelve a juntar o no.

Sí, la decisión termina cayendo sobre mí. Pero no me hago el difícil ni nada por el estilo. Soda se disolvió porque nuestras personalidades empezaron a desencontrarse. La separación venía ocurriendo hace tiempo y también fue por una cuestión artística. La energía tiraba para abajo y no íbamos a llegar a nada bueno de esa forma. Y si alguna vez se da de juntarnos, espero que no sea como me dijo Andy Summers, cuando volvió a tocar con #The Police: que a los cinco minutos empiezan a aparecer todos aquellos problemas por los que te separaste.

Zanjada la cuestión, Cerati —que supo ser factor de división en el #rock argentino, o estabas con él o estabas contra él— admite sentirse más reconocido por sus pares. «Es lógico que los más chicos te cuestionen, era lo que hacíamos con Soda cuando empezábamos, despotricábamos contra los que ya estaban. Pero después, somos todos músicos. Y el público, que puede gritar contra mí en un concierto, después es el mismo que me ve en la calle y me felicita». Ahora llegó el momento de sentirse un referente del rock nacional. «Y sí, sé que soy importante para cierta gente. Lo agradezco.»

De los grupos nacionales, lo último que vio es un trío femenino, las No lo soporto, que le gustan bastante. Y es bastante fan, y amigo, de los Miranda! «Sí, en vez de «la guitarra de Lolo» tendrían que decir «la guitarra de Cerati» —se ríe—, porque Lolo me consulta bastante de guitarras y de las situaciones que están viviendo con la popularidad. Yo, desde Soda, no vi en México ningún grupo que fuera tan furor como ellos. Pero espero más de su próximo disco. Igual, estuve tan metido con mi música en los últimos seis meses, que casi fue lo único que escuché».

 

El disco, tema por tema, letra por letra

Con Ahí vamos grabado en su propio estudio, Unísono, Gustavo Cerati viajó a Nueva York para masterizarlo, un proceso en el que se levantan volúmenes y se cambian de registro algunos planos. El músico dice que necesitaba una «oreja experta», que no fuera la suya ni la de su ingeniero de grabación. Coproducido por Cerati y Tweety González, el álbum tiene 13 canciones y participan Richard Coleman, Fernando Nalé, Leandro Fresco, Tweety González, Emmanuel Cauvet, Fernando Samalea, Pedro Moscuzza, Bolsa González, Flavio Etcheto, Capri, Loló Gasparini y Paula Sotalis. El ingeniero fue Héctor Castillo, quien trabajó con artistas como Pete Townshend, David Bowie, Lou Reed y Suzanne Vega, entre otros. Howie Weinberg es quien estuvo a cargo del mastering.

En los estudios JSM Music Inc, en la 59 West 19th, en el barrio de Chelsea, Cerati le mostró el disco tema por tema a Clarín.

Si algo define al álbum es su perfil «guitarrístico», con una banda sonando fuerte y yendo al punto. Aquí, las canciones.

Al fin sucede. Un tema bien arriba, con guitarras fuertes: «estoy un poco harto de entrar en tus juegos de mente. Tanto le temes, que al fin sucede». Cerati explica que el disco sigue casi un orden cronológico en cuanto a la composición.

La excepción. Sigue arriba, con una letra bien Cerati: «todo acaba estropeado con tanta histeria. Todo el mundo es impostor. Hoy hagamos la excepción de romper las reglas…». Hay en todo el álbum una fuerte ligazón entre dos discos de Soda: Signos y el más beat Canción animal«.

Uno entre mil (lírica compartida con Coleman). Cerati cuenta que este tema es de la época de Locas de amor, que lo barajó para el unitario, pero se decidió finalmente por Tu locura, que salió al aire. la letra sueña con que «por fin seamos uno, mientras tanto yo me encargo de evitarlo».

Caravana (también letra con Coleman). En un registro más The Police, con la batería de Fernando Samalea. Hay una «caravana de miradas. Mañana no me podrás ver».

Adiós (la letra con su hijo Benito, ver El padre). Me quedo aquí. Arranca con guitarras acústicas, pero la banda vuelve a aparecer luego de las primeras estrofas: «el tsunami llegó hasta aquí. Lo vi venir».

Lago en el cielo. Para Cerati, la mejor canción del disco: «el tiempo es arena en mis manos, vamos despacio para encontrarnos».

Dios nos libre. Suerte de gospel a la argentina, letra compartida con Coleman, y aparece el Cerati más nasal, el que dice en la entrevista «canté como una mina en muchos aspectos». La letra: «tal vez seamos la revelación. Dios nos libre de rogar por más».

Otra piel. «El más »García de todos», dice Cerati y apunta que la batería es de Samalea, que tanto tocó con Charly. «Recordarte es un hermoso lugar. Amo tu lucidez, veo tu desnudez».

Medium. «Una extraña sensación, no pertenecer a este mundo». Cerati y el más allá.

Bomba de tiempo. Con la banda a mil, Cerati confiesa: «lo mismo que nos une es lo que nos desintegra, tragame tierra.»

Crimen. La balada ya explicada. Jugo de luna. El último tema del disco es el último tema compuesto: «jugo de luna me diste de tomar. Voy por más».

 

El padre

Cerati tiene dos hijos: Benito, de 12 años, y Lisa, de 10, ambos con «los canales artísticos abiertos por ósmosis, esa bajada viene de los dos papás», dice el músico y se refiere también a su primera esposa, Cecilia Amenábar, ex modelo y actual dj.

Lisa estudia batería, piano y también está haciendo algo de danza. Benito escribe guiones de cine, cuentos y estudia guitarra con Fabio Rey (guitarrista de Los Brujos, banda de los 90 que apadrinó Cerati en la mentada «movida sónica» de esos años). Grabó algunos cds caseros, que se escuchan en familia y hasta subió con su padre a algún escenario (Belleza y Felicidad, en Palermo). La sorpresa viene ahora en Adiós, tema de Ahí vamos, que Cerati padre e hijo comparten en autoría.

«Benito es un referente continuo en lo que estoy haciendo. Viene al estudio, opina de las canciones. Con Adiós, la letra fue y vino entre él y yo varias veces», asegura.

Un párrafo: «Suspiraban lo mismo los dos, y hoy son parte de una lluvia lejos. No te confundas, no sirve el rencor, son espasmos después del amor. Ponés canciones tristes para sentirte mejor… Separarse de la especie por algo superior no es soberbia, es amor».

Cerati —que no falta en las reuniones de padres del colegio de sus chicos, en Florida— no sabe si sus chicos serán músicos. El tiempo dirá.

 
 

El cantante

Hace apenas diez días, en los Rock & Pop Awards, premios dados por la radio y sus oyentes, Soda Stereo ganó en los rubros «mejor show» (por el de despedida en River, en el 96) y «mejor disco», por Canción animal. Gustavo Cerati fue elegido como mejor cantante del rock nacional. Vaya título.

«Uno se propone ser lo mejor posible —dice Cerati—. Yo me propuse ser un buen cantante y un buen guitarrista. Soy muy competitivo, aunque no me gustan mucho los premios. Cuando escuchaba rock de más chico, en los 70, me parecía que había cierta desidia a la hora de cantar, salvo honrosas excepciones, como podía ser Spinetta. Como que lo importante era tocar y la voz, bueno… A diferencia de lo que sucedía con la música inglesa o americana que yo escuchaba. Así que me esforcé por cantar bien, por usar la voz como un instrumento más, que se entendiera lo que decía y que se escucharan los tonos que yo quería poner. Me preocupé porque mi instrumento, la voz, sonara bien, aunque no la cuidé bastante y fumo muchísimo.»

Cerati dice que «las puertas del rock están abiertas para mí ya desde hace un tiempo, pero no me puedo dormir ni pensar mucho en eso. Los premios los recibo, es un reconocimiento, pero no me saco las uñas por eso, ni ahí».

Sorpresa: la mitad de los argentinos seguiría trabajando si ganara la lotería

SONDEO ENTRE 7.400 PERSONAS

Admitieron, sin embargo, que reducirían el promedio de su horario diario. La gente "se define por lo que hace y no por lo que tiene", interpretó un analista.

Gabriel Giubellino

ggiubellino@clarin.com


El sondeo de opinión fue realizado en la ciudad de Buenos Aires. El tema era "los argentinos y el trabajo". Lo contestaron 7.400 personas. Más de la mitad, el 51,4%, declaró que continuaría trabajando aunque ganara la lotería. El 46,7% dijo que no, y el 1,7% no contestó o no supo qué responder. ¿Perdón?

El estudio conducido por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano aclara algo: "Los participantes señalaron que reducirían la cantidad de horas diarias que dedican al trabajo, o que solo se centrarían en la realización de las tareas que más les gustan, pero aseguraron que mantendrían la actividad laboral como forma de autorrealización", se lee en las reflexiones finales.

El cuestionario con preguntas cerradas fue realizado entre el 14 de febrero y el 2 de marzo en ciudadanos mayores de 18 años, residentes en la Ciudad de Buenos Aires. El 52,2% mujeres; el 47,7%, hombres.

En el trabajo aparece como dominante la preferencia por trabajar en blanco y ganar menos (59,7% de respuestas) a trabajar en negro y ganar más (31,2%). Los encuestadores hablan de "una actitud madura frente al trabajo y una valoración positiva de la seguridad social, la jubilación y beneficios tales como licencias por maternidad o por enfermedad".

Pero hay una evaluación crítica del trabajo y de las condiciones en las que se trabaja. Por un lado, el 49,5% dijo que su trabajo no le gusta; la otra casi mitad (48,2%) dijo que sí. El 74,3% dijo que trabaja más horas de las que desearía trabajar (aunque el 17,5% declaró querer trabajar más horas), y el 70,8% cree que debería ganar más dinero por su trabajo. Apenas, un 21,4% se siente bien remunerado.

Sin embargo, en lo que parece contradictorio con esa valoración positiva de la seguridad, de aquellos que trabajan en relación de dependencia, el 52% dijo aspirar a volverse cuentapropista, contra un 36,8% que prefirió pensar en la seguridad de un empleo estable. "Lógicamente coincide con quienes manifestaron encontrarse insatisfechos con sus trabajos actuales".

Ahora bien, con una mano en el corazón, ¿es creíble esa actitud laboriosa cuando uno imagina su cuenta bancaria llena con un número de siete cifras?

"No sabemos si eso sucedería con alguien que efectivamente gane la lotería, no podemos saberlo", contesta Orlando D’Adamo, director del centro de opinión que hizo el estudio. "Pero aunque es difícil saber lo que objetivamente haría la gente, lo valioso es que se valora positivamente la dignidad de trabajar, aunque en una relación laboral diferente. Esta idea de no dejar de trabajar en absoluto va en contra de la creencia popular".

Cultura popular rock. Los Auténticos Decadentes cantando "Yo no quería una vida normal / no me gustaban los horarios de oficina (…) / Porque yo no quiero trabajar / no quiero ir a estudiar / no me quiero casar".

Cultura popular tango. Eladia Blázquez y su mirada del domingo, día de descanso, como el paraíso: "Hoy es domingo, por lo tanto no trabajo/ no habrá corridas para arriba, para abajo/ no voy a entrar en la vorágine maldita / de sentirme una hormiguita pisoteada con desdén (…) la semana es un infierno, el domingo es un edén".

La doctora en Administración Martha Alles, presidenta de la consultora que lleva su nombre, es de las que duda, no de las encuesta, sino de la genuina sinceridad de los que respondieron que seguirían trabajando aunque un golpe de suerte los haya convertidos en millonarios.

"Esto me hace pensar en aquel famoso jugador que dejó hasta a su pareja cuando ganó —dice—. Y creo que esas respuestas forman parte de nuestro eterno doble dis curso, lo que hay que decir. Como cuando nosotros le preguntamos a un aspirante a un puesto si le gusta trabajar en equipo. Dice que sí, qué va a decir, y después es incapaz de prestar un lápiz. Creo que es muy fuerte esa cosa popular que, de tanto repetirse, va quedando en el subconsciente, esa creencia de que todo empleador se aprovecha y que entonces es mejor no trabajar".

Alles lee de la misma manera a esa declarada intención de volverse entrepeneur. "El trabajo es como el matrimonio: el que está adentro, quiere salir; el que está afuera, quiere entrar. Y eso de tener una empresa propia es otra fantasía, basada en que se piensa que se va a trabajar menos y ganar más. Ganar, quizás más. Trabajar, seguro que vas a trabajar más". Ella misma tiene su empresa, entonces ¿dejaría de trabajar si ganara una suma gorda de dinero? "No, no la dejaría. Pero me daría gustos, que sé yo, como viajar en primera".

Es curioso escuchar a otro consultor, ahora Jorge Hambra, llegar a conclusiones distintas. Hambra, psicólogo, es director de Joh Psicotecnica, consultora en recursos humanos.

"He recorrido la Argentina, el interior de provincias como Neuquén, Santa Cruz, La Rioja —dice—. Mi idea es que el argentino quiere trabajar no sólo para tener plata en el bolsillo, sino para sentirse alguien. La mayoría tiene ligada su definición de quién es a lo que hace. Las personas necesitamos que nuestras vidas tengan un propósito y en una cultura como la nuestra, gran parte de ese propósito se gestiona a través del trabajo".

De su experiencia, Hambra saca una anécdota. Pozo petrolero en la Patagonia, al costado del Río Negro. Terminado el trabajo para los maquinistas, la empresa proponía reconvertir a esos trabajadores como peones en la boca de pozo, o despedirlos. "Uno de ellos me decía —recuerda el consultor—: ‘prefiero que me despidan como maquinista, como lo que soy’".

Desde esta mirada podría entenderse esa respuesta que puede asombrar al principio de la nota. Soy lo que hago, no lo que tengo. Al fin de cuentas, los millonarios algo hacen también, ¿no?. Habría que ver qué responde Bill Gates.

PINK: «Pensar no es sexy»

Clarín

 
La ex skater-girl vuelve con un disco («I´m not dead») donde se hace la viva y combate el consumismo y el escapismo.

Txt. Nicolás Artusi.
Enviado especial a Los Angeles

El chirrido de gomas es el toque de diana que marca el ingreso de la estrella con botas y pantalones militares: ni autazo polarizado ni «limo». Pink llega manejando un lustroso descapotable Impala modelo ’59, cromado pero no tuneado, con la chapa que admite el doble o hasta el triple sentido: «Mine» (que puede ser el posesivo «mío», el femenino «mina» o el explosivo «mina»: ¡boom!). Si es cierto que la vida imita al arte, o a los buenos videoclips, es imposible no imaginarse a la propia Pink enjabonándose sobre un capó en Stupid Girls, el clip donde parodia a Jessica Simpson y sus meneos en un descapotable.

«La ilusión, como los coches usados, es una industria de Los Angeles», escribió el periodista-rockero Robert Greenfield y, aunque el auto de Pink brilla más que la dentadura de un vendedor de segunda mano, el aire es turbio: «Podrías salir de allí riéndote de su estupidez, del vacío desangelado y lleno de niebla contaminada que es la ciudad de Los Angeles». Estamos en la Capital Mundial del Galpón (estudios, estudios, estudios) y en éste, Pink evita la actitud de estrella en busca de un naturalismo que se contradice con el maquillaje símil cemento Portland con que disimula los efectos nocivos de una noche larga. «No me siento famosa», le dice al Sí! la ex skater-girl que vendió 20 millones de discos y en el ’03 declaraba: «Soy una perra». «Mi marido, mis amigos y yo vamos de campamento y a bares de barrio, no a los lugares de moda. No soy una celebridad».

—Pero sos miembro de la industria de celebridades más grande del mundo…

—Algunos famosos la usan con responsabilidad y otros no. Es un escapismo: la gente no quiere pensar en el alquiler todo el día.

Que la palabra «alquiler» se cuele en el discurso promocional de una estrella como ésta sólo puede augurar el nacimiento de un subgénero: pop con conciencia social. No es Britney abrazando a su niñera salvadoreña o Angelina adoptando camboyanitos para la revista People. Pink, devenida artista «comprometida», escupe ideas propias en esa monumental plataforma que pueden ser las radios y los canales de videos. Ahí parodia hasta el bochorno a las princesitas del teen-pop, sufre un ataque de corrección en el tema Dear Mr. President (a favor de los pobres, los gays o los huérfanos desabrigados del Ecuador) y dice «no estoy muerta», como sugerente slogan funebrero después de su salida indecorosa de las listas de los más vendidos y antes del lanzamiento de su nuevo disco, el 4 de abril.

—¿Por qué I’m Not Dead?

—No estoy muerta porque cumplí 26 y me desperté. Pensé que lo sabía todo y ahora me doy cuenta de que tengo mucho que aprender. Hay cosas en el mundo a las que estoy empezando a prestarles atención. Creo que, mientras uno está acá, es importante no ser insensible y no caminar por la vida con los ojos cerrados. De modo que no estoy muerta, estoy aquí. ¡Andá a cagar!

—Todo el mundo relaciona «Stupid Girls» con Lindsay, Paris, Jessica y Mary Kate pero el tema habla de mucho más que eso, ¿no?

—Mi idea básica es atacar una mentalidad general. Uso estos ejemplos pero me refiero a esta epidemia insalubre, esta imagen única de usar talle 0 y tener suficiente tiempo libre para estar de compras el día entero, sin aportar nada al mundo. Son consumidoras sin cabeza. Hay un montón de chicas inteligentes a quienes nadie representa. Y yo quiero ofrecer una alternativa.

—¿Sabés qué dicen ellas del video?

—¡Ja, ja, no, no lo sé!

—¿No te importa?

—Tengo la fantasía de que todos van a ver el humor que hay en el video y a cambiar para hacer del mundo un lugar mejor. Pero es sólo una fantasía mía.

—¿Cómo es esa teoría tuya acerca de ser inteligente y sexy?

—Mi teoría es que no tiene nada de malo ser sexy. El problema es la idea de que tenés que convertirte en una tonta para ser linda. Pensar no es sexy. Y eso es un error. Las mujeres más sexys son las que piensan.

—¿Te considerás una luchadora contra el consumismo o la frivolidad de la cultura pop?

—Sí, soy enemiga de todas esas estupideces. Ojo, soy una chica y me gusta salir de compras, pero lo importante es el equilibrio. Hay que aportar algo.

—¿Por qué ahora?

—Porque el mundo es una ruina y éste es el momento en que, si hubiera más gente que piense, se harían más cambios positivos. Si más gente se preocupara por el medio ambiente, todo el mundo tendría automóviles híbridos. Pero nadie habla de eso, no es cool | híbrido

—¿Qué opinás de los realities de cirugías, como «Extreme Makeover»?

—Nunca los miro. Que haya una industria de la cirugía estética que maneje 150.000 millones de dólares es para asustarse. Ese dinero podría aplicarse a cosas mucho más importantes, como la educación. Es triste. No necesitamos más razones para sentirnos mal con nosotros mismos.

—¿Te considerás un modelo para las adolescentes?

—No le sugeriría a nadie que ande por los caminos que tomé yo pero, en lo que hace a ser fiel a mí misma y no ser conformista, por supuesto, ¿por qué no?

—¿Qué te pasó? ¿Creciste? ¿Maduraste de golpe?

—Totalmente. Cuento los años como los perros así que ahora… ¡tengo 182!

Biopic: el mundo según Janis

A la vez que Johnny Cash, Kurt Cobain, Ian Curtis o Brian Jones pudieron resucitar en la pantalla, #Janis Joplin se resiste a atender el llamado en el Más Allá: Gospel According to Janis, la biopic sobre otra de las muertas precoces del rock, se vive postergando. Penelope Spheeris (directora de El mundo según Wayne) echará a rodar las cámaras este invierno y lo único confirmado es el protagónico absoluto para Pink.
—¿Vas a hacer de Janis en una biopic?
—Me dieron el papel pero el proyecto todavía no está terminado.
—¿Te gustaría?
—¿A mí? ¡Yo soy la única que puede hacer ese papel!

 
 
En contra de la cultura light

Pink cuestiona la boba escapatoria de las chicas-paparazzi tanto como la adicción al bisturí en su irritante video Stupid Girls (foto). ¿Honestidad brutal? «Pink siempre está enojada. Esa es su forma de arte y su fornida voz, el antídoto contra la edulcorada Britney y la limpita Christina», describió la cronista Chrissie Iley, del diario inglés The Guardian. Está claro que Pink se ubica tan lejos del universo light Laguna Beach como del fenómeno «Generación XL» (o «gordas con onda») que el Sí! registraba hace tres años. Simplemente, a los 26, es la portavoz de la generación que nació en los ’90 y trajo ideales estéticos opuestos a los de sus bulímicas antecesoras. Pink es la hermana mayor de las fans del «emo-punk» a las que no les importa mostrar sus pancitas por abajo de las musculosas y encima de los pantalones de tiro bajo… aunque tengan mucha pancita para mostrar.

 
 
 
 

Hay casi un millón de chicos afuera del jardín

Clarín DEUDA CON LA PRIMERA INFANCIA DE TODO EL PAIS Es una instancia clave para el buen comienzo de la vida. Además, evita el fracaso escolar. Pero 64 mil nenes no tienen lugar en la sala de 5 años, que es obligatoria. Y el resto, de 3 y 4 años, está en desventaja para desarrollar el máximo de su potencial creativo, como mandan los derechos del niño. Por Pablo Calvo / pcalvo@clarin.comCuando cae el sol en la plaza Congreso, Martín y Camilo llevan sus mundos sobre ruedas. El de Martín viaja en una mochila veloz, donde tiene un libro de actividades, un cuaderno para que la familia esté al tanto de lo que hace y crayones de colores. El mundo que empuja Camilo es en blanco y negro: un montón de diarios apilados en su carrito de supermercado, para vender a 20 centavos el kilo. Martín acaba de terminar su día en la sala de cinco años del jardín, donde jugó al fútbol, practicó la eme, disfrutó de un cuento, compartió una torta y comió cereales. Camilo también tiene cinco, pero recién arranca su jornada. Juntará materiales reciclables, llegará hasta el McDonald’s de Callao y Bartolomé Mitre para esperar las sobras y dormirá por ahí. Con el alba tendrá que marcharse, como canta Sabina.

Al día siguiente, Martín y Camilo volverán a cruzarse en la plaza, donde el otoño ya comenzó a desplumar a las palomas. Caminarán con la mochila y el carrito, sus autos hacia el futuro. Si la vida fuera una carrera, uno arrancó en desventaja.

En la Argentina hay casi un millón de chicos excluidos del jardín de infantes, según fuentes independientes y oficiales consultadas por Clarín. Son cuatro de cada diez chicos, que forman una multitud, la ronda más gigante que hoy no se puede formar. El norte del país lo sufre más que el centro y el sur. Es una deuda social que le copia los rasgos al mapa de la pobreza.

Los números oscilan según quién los presente, pero ninguno desmiente la realidad: la sala de cinco años, que es la única obligatoria por la Ley Federal de Educación de 1993, deja hoy afuera del nivel inicial a 63.985 chicos. Es ilegal. Y alcanza con imaginar una cancha llena, en un recital de los Rolling Stones, para medir la dimensión de esa cantidad.

Al sumar a los chicos de tres y cuatro años, la cantidad llega, como mínimo, a 853.297 niños, según las estadísticas más actualizadas del Ministerio de Educación. Extraoficialmente, los funcionarios aceptan que la cifra real bordea el millón. Las salas de tres y cuatro años no son obligatorias, pero sí fundamentales para el buen comienzo de la vida de los niños. Otras tres entidades, la Unión Nacional de Asociaciones de Educadores de Nivel Inicial (UNADENI), el Instituto de Investigaciones Pedagógicas Marina Vilte de la CTERA, y la organización no gubernamental Periodismo Social, también estiran el cálculo hasta un millón de chicos sin lugar en este primer trampolín de la educación.

Es serio: es allí donde aprenden valores solidarios y hábitos saludables de higiene y alimentación; comienzan a expresar emociones, sentimientos, ideas y opiniones, y a dialogar, compartir y comprender a los otros.

Según la Convención sobre los Derechos del Niño, que en la Argentina es ley, todos los chicos deben contar con facilidades y oportunidades para que puedan desarrollarse «hasta el máximo de sus potencialidades». Martín, el de la mochila con rueditas, tiene su chance; Camilo, el del changuito cartonero, no.

«El acceso a la educación en esta etapa de la vida de los niños constituye un derecho fundamental y representa una posibilidad irrepetible (es el único nivel educativo que no puede hacerse a cualquier edad) de aprendizajes sociales, culturales, emocionales, intelectuales y físicos», dice una investigación del Capítulo Infancia de Periodismo Social.

Patricia Miranda, coordinadora del equipo de Nivel Inicial del Ministerio de Educación, entiende también que la posibilidad de hacer el jardín «deja una marca en la biografía escolar del niño en función de su éxito en los primeros grados de la primaria y hay investigaciones que dan cuenta de que un chico que no accede, tiene mayor fracaso escolar que un chico que acude».

«Tenemos la meta de universalizar la sala de cinco, pero sabemos que no alcanza y que sería muy importante, para que se cumpla con el derecho a la educación, que estos niños tengan acceso a las salas de tres y cuatro años», explica la especialista. Es una prioridad que confirmó el ministro de Educación, Daniel Filmus, en una columna que escribió para Clarín (ver pág. 38).

En los años 40, el jardín era una institución no muy concurrida. Juan Domingo Perón extendió su alcance entre 1946 y 1955, en la concepción de un Estado benefactor. En la provincia de Buenos Aires, todas las salas del preescolar llegaron a ser obligatorias en 1946, por la Ley 5096, hoy sin vigor. En la década del 90, el jardín recobró impulso, pero la falta de controles sobre la oferta de servicios educativos generó un modelo desigual y fragmentado para la educación inicial, donde hay chicos que vuelan como aviones en las computadoras y el inglés y otros que sólo van para tratar de pescar una copa de leche.

Según UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia), «a la edad de tres años, el 81,7 por ciento de los niños argentinos del estrato más rico accede a jardines de infantes, en tanto que sólo el 17,7 por ciento de los niños más pobres lo hace. Esta tendencia se mantiene a los cuatro años (accede el 93,8 por ciento de los niños de clase media y alta y sólo el 40 por ciento de los chicos pobres), edad en la cual la conveniencia del aprestamiento para el aprendizaje es considerada de enorme valor para la escolarización futura».

Por el alto nivel de alfabetización de la población (97,2%), la amplitud de la educación primaria y la paridad entre los sexos, la Argentina ocupa el puesto 23 de los 127 países que prometieron cumplir los objetivos educativos que la UNESCO fijó en Dakar hace seis años, entre los que figura «extender y mejorar la protección y educación integrales de la primera infancia, especialmente de los niños más vulnerables y desfavorecidos».

El compromiso tiene plazo: 2010, año del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Para esa fecha, todos los niños deberían estar escolarizados, nadie afuera del jardín, la primaria y la secundaria, según anunció el presidente Néstor Kirchner en su discurso ante la Asamblea Legislativa.

La Argentina ha mejorado y está bien ubicada en el ranking latinoamericano de asistencia de chicos de cinco años al jardín, al nivel de México, Chile y Brasil y por encima de Paraguay, Bolivia, Costa Rica y Guatemala. Pero la falta de servicios educativos suficientes que hay aquí se vuelve a notar al comparar los números del país con los de Europa.

Francia y Bélgica, por ejemplo, tienen a todos sus chicos de tres, cuatro y cinco años adentro del jardín. España, Italia, Inglaterra y Holanda, además tienen completas sus salas de cuatro, según un informe del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación-Buenos Aires de la UNESCO. En la Argentina, siete de cada 10 chicos de tres años no va al jardín, cuyas puertas también están cerradas para el 40 por ciento de los chicos de cuatro años. Sólo sorprenden por la baja tasa de escolarización Finlandia (28% para salas de tres y cuatro) y Suecia (54% promedio), pero es porque, en ambos países, la escolaridad obligatoria comienza a los siete años.

Puertas adentro, la geografía también es despareja. San Juan, la tierra del máximo prócer de la educación argentina, Domingo Faustino Sarmiento, cumple con el 100 por ciento de la cobertura del preescolar, al igual que Tierra del Fuego, Santa Cruz, Chubut, Mendoza y La Pampa. También tiene una alta tasa de escolarización la Ciudad y la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, Jujuy, La Rioja, San Luis y Salta, donde nueve de cada diez chicos tienen su sillita. A penitencia van, en cambio, Chaco y Santiago del Estero, donde al nivel obligatorio sólo entran siete de cada diez chicos, o menos.

«Para revertir esta situación, evidenciada en la existencia de un millón de chicos víctimas de lo que podría llamarse injusticia educativa, hace falta una inversión muy grande. En su gran mayoría, son pibes de sectores populares, que tendrán un déficit con respecto a los pibes de clase media y alta de la misma edad. Esto es el dibujo de la desigualdad social, que provocará que estos pibes tengan dificultades de aprendizaje», advierte a Clarín Juan Balduzzi, miembro del Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (SUTEBA).

Mónica Batalla, presidenta de la Asociación de Educadores del Nivel Inicial, señaló además que «muchos de estos nenes están con un currículum oculto, porque tienen una escolaridad que en nuestro país no está blanqueada, pues está dada por ONGs, instituciones intermedias, madres cuidadoras o incluso por los planes asistenciales, como alternativa de escolaridad no formal, que tiene la desventaja de no estar controlada ni monitoreada».

«No tenemos en el país una ley de control de guarderías y jardines de infantes privados sin reconocimiento oficial. Hay una suerte de vacío legal para los espacios educativos no formales, por el cual hay lugares que pagan impuestos y se inscriben como comercios y no cumplen con los requisitos mínimos de educabilidad», agregó Batalla.

Martín, el que va contento al jardín, repasa hoy una lección que lo invita a imaginar historias. Y enseguida se le ocurre una: que va por la plaza Congreso y lo invitan a un partido de fútbol. Le toca de compañero un tal Camilo, con quien tira pases y taquitos como si fueran Ronaldinho y Messi. Arman el arco con una mochila y un changuito.