El sondeo de opinión fue realizado en la ciudad de Buenos Aires. El tema era "los argentinos y el trabajo". Lo contestaron 7.400 personas. Más de la mitad, el 51,4%, declaró que continuaría trabajando aunque ganara la lotería. El 46,7% dijo que no, y el 1,7% no contestó o no supo qué responder. ¿Perdón?
El estudio conducido por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano aclara algo: "Los participantes señalaron que reducirían la cantidad de horas diarias que dedican al trabajo, o que solo se centrarían en la realización de las tareas que más les gustan, pero aseguraron que mantendrían la actividad laboral como forma de autorrealización", se lee en las reflexiones finales.
El cuestionario con preguntas cerradas fue realizado entre el 14 de febrero y el 2 de marzo en ciudadanos mayores de 18 años, residentes en la Ciudad de Buenos Aires. El 52,2% mujeres; el 47,7%, hombres.
En el trabajo aparece como dominante la preferencia por trabajar en blanco y ganar menos (59,7% de respuestas) a trabajar en negro y ganar más (31,2%). Los encuestadores hablan de "una actitud madura frente al trabajo y una valoración positiva de la seguridad social, la jubilación y beneficios tales como licencias por maternidad o por enfermedad".
Pero hay una evaluación crítica del trabajo y de las condiciones en las que se trabaja. Por un lado, el 49,5% dijo que su trabajo no le gusta; la otra casi mitad (48,2%) dijo que sí. El 74,3% dijo que trabaja más horas de las que desearía trabajar (aunque el 17,5% declaró querer trabajar más horas), y el 70,8% cree que debería ganar más dinero por su trabajo. Apenas, un 21,4% se siente bien remunerado.
Sin embargo, en lo que parece contradictorio con esa valoración positiva de la seguridad, de aquellos que trabajan en relación de dependencia, el 52% dijo aspirar a volverse cuentapropista, contra un 36,8% que prefirió pensar en la seguridad de un empleo estable. "Lógicamente coincide con quienes manifestaron encontrarse insatisfechos con sus trabajos actuales".
Ahora bien, con una mano en el corazón, ¿es creíble esa actitud laboriosa cuando uno imagina su cuenta bancaria llena con un número de siete cifras?
"No sabemos si eso sucedería con alguien que efectivamente gane la lotería, no podemos saberlo", contesta Orlando D’Adamo, director del centro de opinión que hizo el estudio. "Pero aunque es difícil saber lo que objetivamente haría la gente, lo valioso es que se valora positivamente la dignidad de trabajar, aunque en una relación laboral diferente. Esta idea de no dejar de trabajar en absoluto va en contra de la creencia popular".
Cultura popular rock. Los Auténticos Decadentes cantando "Yo no quería una vida normal / no me gustaban los horarios de oficina (…) / Porque yo no quiero trabajar / no quiero ir a estudiar / no me quiero casar".
Cultura popular tango. Eladia Blázquez y su mirada del domingo, día de descanso, como el paraíso: "Hoy es domingo, por lo tanto no trabajo/ no habrá corridas para arriba, para abajo/ no voy a entrar en la vorágine maldita / de sentirme una hormiguita pisoteada con desdén (…) la semana es un infierno, el domingo es un edén".
La doctora en Administración Martha Alles, presidenta de la consultora que lleva su nombre, es de las que duda, no de las encuesta, sino de la genuina sinceridad de los que respondieron que seguirían trabajando aunque un golpe de suerte los haya convertidos en millonarios.
"Esto me hace pensar en aquel famoso jugador que dejó hasta a su pareja cuando ganó —dice—. Y creo que esas respuestas forman parte de nuestro eterno doble dis curso, lo que hay que decir. Como cuando nosotros le preguntamos a un aspirante a un puesto si le gusta trabajar en equipo. Dice que sí, qué va a decir, y después es incapaz de prestar un lápiz. Creo que es muy fuerte esa cosa popular que, de tanto repetirse, va quedando en el subconsciente, esa creencia de que todo empleador se aprovecha y que entonces es mejor no trabajar".
Alles lee de la misma manera a esa declarada intención de volverse entrepeneur. "El trabajo es como el matrimonio: el que está adentro, quiere salir; el que está afuera, quiere entrar. Y eso de tener una empresa propia es otra fantasía, basada en que se piensa que se va a trabajar menos y ganar más. Ganar, quizás más. Trabajar, seguro que vas a trabajar más". Ella misma tiene su empresa, entonces ¿dejaría de trabajar si ganara una suma gorda de dinero? "No, no la dejaría. Pero me daría gustos, que sé yo, como viajar en primera".
Es curioso escuchar a otro consultor, ahora Jorge Hambra, llegar a conclusiones distintas. Hambra, psicólogo, es director de Joh Psicotecnica, consultora en recursos humanos.
"He recorrido la Argentina, el interior de provincias como Neuquén, Santa Cruz, La Rioja —dice—. Mi idea es que el argentino quiere trabajar no sólo para tener plata en el bolsillo, sino para sentirse alguien. La mayoría tiene ligada su definición de quién es a lo que hace. Las personas necesitamos que nuestras vidas tengan un propósito y en una cultura como la nuestra, gran parte de ese propósito se gestiona a través del trabajo".
De su experiencia, Hambra saca una anécdota. Pozo petrolero en la Patagonia, al costado del Río Negro. Terminado el trabajo para los maquinistas, la empresa proponía reconvertir a esos trabajadores como peones en la boca de pozo, o despedirlos. "Uno de ellos me decía —recuerda el consultor—: ‘prefiero que me despidan como maquinista, como lo que soy’".
Desde esta mirada podría entenderse esa respuesta que puede asombrar al principio de la nota. Soy lo que hago, no lo que tengo. Al fin de cuentas, los millonarios algo hacen también, ¿no?. Habría que ver qué responde Bill Gates.
