Chicos jefes de familia, una secuela del horror en Ruanda

Clarín
LA MATANZA DONDE MURIERON 800.000 PERSONAS
 
Son 85.000, que cuidan hermanos. Sus padres murieron en el genocidio del 94.

 
Le Monde ESPECIAL PARA CLARIN
Cómo podemos hacernos hombres?" Como todos los meses, la pregunta figura en el orden del día de la reunión de los "huérfanos jefes de familia" que viven en el barrio de Kimironko, en la periferia oeste de Kigali. Esta vez, cada uno trajo su silla para instalarse en el pasto. Alrededor, sendas anchas de ripio delimitan las casitas en ladrillo rodeadas de árboles y césped. Ahí están los 84 "jefes de familia" del barrio, chicos y chicas, y parte de sus hermanos.

Los padres fueron masacrados durante el genocidio —del 6 de abril al 4 de julio de 1994— que dejó más de 800.000 muertos en la minoría tutsi y por lo menos 3 millones de huérfanos. Según cifras oficiales, más de 85.000 niños quedaron como jefes de familia, encargados de hermanos, hermanas y primos. Muchos fueron colocados en familias sustitutas que no encontraron mejor idea que explotarlos como sirvientes. Entonces, la mayoría de ellos huyeron o se agruparon como podían, sobreviviendo gracias a rebusques. Recogidos en casa de amigos o librados a sí mismos en la calle. Hasta que el gobierno les cedió una casa en este "pueblo" creado para ellos.

Se construyeron varios poblados o "imidugudu" (conjuntos urbanos) en todo Ruanda para alojar a los sobrevivientes de las matanzas, sobre todo viudas y huérfanos. La lista de los damnificados sin domicilio, sigue siendo larga: nada más que el 5% de las recaudaciones del Estado se destina a los sobrevivientes.

Eran niños o adolescentes en el momento del genocidio, hoy tienen entre 14 y 30 años. Constituidos en mini-sociedades, sin adultos, reinventan reglas y códigos. Luchan por convivir con sus fantasmas y sobrevivir día a día. En las reuniones mensuales hacen preguntas a las que ningún adulto puede ya responder. "¿Cómo podemos hacernos hombres?"¿Cómo llegar más lejos y "salir de esta vida"? Algunas manos levantadas."Habría que encontrar campos para comprar y cultivarlos de una forma moderna", sugiere uno. "Deberíamos poder iniciarnos en el comercio," arriesga otro.

Théobald levanta el dedo: "Primero, necesitamos todas nuestras fuerzas para mandar a nuestros hermanos y hermanas a la escuela. Nuestro país es pobre, es difícil ganarse la vida, la escuela es el único medio de salvar la vida. Tenemos que educarnos para encontrar trabajo, para crear nuestro negocio, para caminar sobre nuestros dos pies". La reunión termina con esas palabras.

Théobald volvió a su casa, a pocas calles de allí. Es jefe de una familia de seis varones y nos recibe con amabilidad en su living vacío. Como en todas las grandes viviendas del barrio, en las habitaciones no hay nada. Apenas algunas sillas de madera y colchones para dormir. Sus hermanos callan, dejan hablar "al viejo". Este "patriarca" tiene apenas 24 años y la gravedad del sabio.

No hay un solo detalle que Théobald no recuerde del 14 de abril del 94. Ese día, una multitud de hutus armados con machetes y lanzas comenzó a incendiar las casas de su pueblo, Huyé. Los tutsis huyeron hacia la cima de la colina. "Mataron a mi papá a mazazos, a mi mamá y mi hermanita también. Tenía un agujero en la cabeza y los brazos cortados. Papá tenía la cabeza hinchada, enorme. Vi morir a cuatro de mis hermanos, les dispararon cuando trataban de huir. Mis otros cinco hermanos y yo, cada uno por su lado, nos refugiamos en Burundi."

Se perdieron de vista, ubicados en familias sustitutas de las que escaparon debido a los malos tratos. Hasta el día que el gobierno, a través del Fondo de ayuda a los sobrevivientes del genocidio (FASG), llegó para ofrecerles una casa en este barrio de huérfanos. Théobald no pasa un solo día sin que lo acose el fantasma de esos meses de horror.

 
 

En España, el «megabotellón» dejó borrachos, heridos y detenidos

Clarín
ESPAÑA : LOS MAYORES DISTURBIOS FUERON EN BARCELONA Y SALAMANCA
En un polémico rito, los jóvenes bebieron en masa. Fue prohibido en varias ciudades.
 
Juan Carlos Algañaraz MADRID CORRESPONSAL

jcalganaraz@clarin.com


Por Internet y teléfonos móviles, miles de jóvenes fueron convocados para ayer en veinte ciudades españolas a un gigantesco "botellón", un rito que se ha ido extendiendo estos últimos años para juntarse a beber barato en la calle. En Madrid, la lluvia y la policía impidieron la concentración, pero en Barcelona, Salamanca y otras ciudades hubo en total 70 detenidos y unos 80 heridos.

Muchos jóvenes fueron trasladados por los servicios sanitarios, afectados por intoxicación alcohólica. Los policías también arrestaron a quienes se enzarzaban en peleas a botellazos con alguna que otra puñalada.

La práctica del botellón se ha desarrollado especialmente en torno a las universidades aunque tiene manifestaciones más aisladas en zonas de las ciudades españolas. Los jóvenes se quejan de que los precios de las bebidas son muy altos y que quieren divertirse juntos. Hace unos tres años que las reuniones han ido creciendo y las concentraciones se convirtieron en borracheras colectivas que atormentan a los vecinos.

En Madrid, los participantes se encontraban en algunas zonas del campus de la Universidad y también en plazas del Madrid viejo. El resultado, igual que en el resto de España, era de vecinos que no podían dormir y que llamaban inútilmente a las policías municipales. Estas asambleas etílicas concluyen dejando una montaña de basura que aumentan el fastidio del vecindario y los reclamos para prohibirlas.

Los universitarios siguieron a la vanguardia de estas borracheras colectivas especialmente para festejar al santo patrón de las carreras técnicas "Don Pepe", cuyo nombre también sirve para reemplazar otra palabra gruesa con que los españoles (y argentinos) designan a la borrachera.

Al final, se tomaron medidas en muchas ciudades como Madrid y Barcelona, prohibiendo beber en la calle y castigando los "botellones" con fuertes multas.

Estas prohibiciones sólo alentaron a la competencia de los jóvenes para comprobar quién juntaba más participantes. Mediante e-mails y mensajes de texto con el imperativo "¡Pásalo!", al que se agregaban una serie de maldiciones para quienes no lo hicieran, en Sevilla lograron juntar seis mil muchachos y chicas pertrechados con bolsas donde acarreaban toda clase de bebidas.

Los sevillanos cantaron victoria y el desafío fue contestado por su tradicional ciudad andaluza rival, Granada. Los e-mails y mensajes funcionaron otra vez: "¿Van a salir los sevillanos en la tele y nosotros no?". "¡No vamos a dejar que los sevillanos nos ganen!". Y así comenzó una vasta convocatoria para un "botellón gigantesco" en Granada, que después se fue extendiendo a otras 19 ciudades, Sevilla incluida.

La fecha fijada fue el viernes de 17 de marzo a distintas horas. La prensa se lanzó con todos sus medios a cubrir el fenómeno del "macrobotellón" y las autoridades de las ciudades donde están prohibidas se apresuraron a preparar la represión policial y lanzaron toda clase de amenazas.

En Granada los jóvenes lograron batir a los sevillanos juntando unos veinte mil amigos del "botellón". Los sevillanos se quedaron en seis mil bebedores corridos por la policía y la lluvia. Además de los intoxicados que fueron retirados en camillas, un joven recibió una puñalada y otro un botellazo en la cabeza.

Los peores incidentes se produjeron en Barcelona y Salamanca. En la capital catalana, la policía autonómica desplegó un eficiente operativo en las ramblas del barrio del Raval para impedir la concentración. Las discusiones entre jóvenes y guardias terminaron en choques violentos y la quema de contenedores de basura y otros elementos del mobiliario urbano. Lo mismo sucedió en Salamanca, donde hubo 16 jóvenes detenidos.

 

Benedicto XVI dice que el hombre no debe dejarse esclavizar por el trabajo

Clarín

En el día de San José, patrono de los trabajadores, el Papa pidió además que todas las actividades laborales respeten la dignidad humana. Rezó para que los jóvenes tengan menos dificultades para encontrar empleo y por los desocupados.

El Papa Benedicto XVI dijo hoy que el trabajo es importante para el hombre y la sociedad, pero añadió que los fieles no deben dejarse esclavizar por sus actividades laborales.

El Pontífice hizo estas declaraciones en la Basílica de San Pedro donde presidió una misa por los trabajadores con motivo del día de San José, patrono de los empleados, en la que insistió en que el trabajo debe respetar la dignidad humana y servir "al bien común".

Ante cerca de 7.000 trabajadores que llenaron la basílica vaticana, el Papa destacó "la importancia primordial" del trabajo para la realización del hombre y el desarrollo de la sociedad.

Matizó, sin embargo, que es "indispensable" que el hombre "no se deje esclavizar por el trabajo, que no lo idolatre, ni pretenda encontrar en él el sentido último y definitivo de la vida".

Recalcó la gran importancia del descanso, ya que "al hombre, ligado a la necesidad del trabajo, el reposo le abre la perspectiva de una libertad más plena".

El Pontífice pidió por los jóvenes "que con dificultades logran entrar en el mundo laboral", así como por "los desempleados y los que sufren los problemas debidos a la extendida crisis ocupacional".

Subrayó que la realidad del mundo laboral sufre actualmente "cambios rápidos y complejos", al tiempo que insistió en que, en cualquier caso, el trabajo "debe servir al bien de la humanidad, permitiendo al hombre cultivar y realizar su vocación".

"Debe estar siempre organizado y realizarse con respeto a la dignidad humana y servicio al bien común", afirmó Joseph Ratzinger.

"Para ello -continuó- no basta la necesaria calificación técnica o profesional, ni es suficiente la creación de un orden social justo y atento al bien de todos", sino que "hay que vivir una espiritualidad que ayude a los creyentes a santificarse a través de su propio trabajo, imitando a San José", el padre de Jesús.

 

 

 

Entrevista a HAMAS : “No abandonaremos las armas hasta liberar a Palestina”

PALESTINA: ENTREVISTA A Moshir Al-Masri, vocero del Movimiento HAMAS

 

 

http://www.nodo50.org/resumen/

Entrevista a HAMAS: “No abandonaremos las armas hasta liberar a Palestina”

PALESTINA: ENTREVISTA A Moshir Al-Masri, vocero del Movimiento HAMAS

 

 

http://www.nodo50.org/resumen/

Protestas en Europa por la guerra

La Nación
 
A tres años de su inicio
Exigieron el retiro de tropas de Irak
 
 
 

LONDRES (AP).- Aunque en menor cantidad que la esperada por los organizadores, miles de personas marcharon ayer en todo el mundo contra la guerra y para exigir el retiro de tropas de Irak, en el tercer aniversario de la invasión de ese país por parte de Estados Unidos y de Gran Bretaña.

En Londres, la policía dijo que unas 15.000 personas marcharon desde el Parlamento y el reloj Big Ben hasta una manifestación en la plaza Trafalgar, bastante menos que las 100.000 que esperaban los organizadores de las protestas.

En distintas ciudades del mundo, los manifestantes llevaban carteles con imágenes del presidente estadounidense, George W. Bush, calificándolo del "primer terrorista del mundo". En Londres, otros afiches mostraban al primer ministro británico, Tony Blair, con leyendas que decían: "Blair debe irse".

Los oradores pidieron en Londres que las fuerzas extranjeras se retiraran de Irak y advirtieron que los enfrentamientos podrían expandirse al vecino Irán debido a la disputa internacional por el programa nuclear de Teherán.

Gran Bretaña, el mayor aliado de Estados Unidos en la guerra, tiene unos 8000 soldados en Irak, pero planea evacuar a unos 800 de ellos antes de mayo. Según el ejército británico, 103 de soldados han muerto en ese país.

En Estocolmo, unos 1000 manifestantes se reunieron para una manifestación y marcharon hacia la embajada de Estados Unidos. Llevaban carteles que decían "Estados Unidos, fuera de Irak". En Copenhague, más de 2000 personas marcharon desde la embajada norteamericana hasta la británica.

En Italia, el líder de la centroizquierda Romano Prodi, que se enfrentará con el primer ministro conservador Silvio Berlusconi en las elecciones de abril próximo, dijo que sus partidarios no pudieron unirse a la marcha de Roma debido al riesgo de violencia.

En la marcha participaron varios miles de persona.

 

 

Francia: una multitud desafió al gobierno

La Nación
 
La polémica flexibilización laboral: incidentes en París y en otras ciudades
 
Cientos de miles de personas marcharon en todo el país contra la reforma laboral; ultimátum para que se retire la norma
 
 
 

PARIS.- Centenares de miles de estudiantes y trabajadores salieron de nuevo ayer a las calles de París y de varias ciudades francesas, en la mayor protesta hasta ahora contra la reforma laboral, que terminó con enfrentamientos entre los manifestantes y la policía en la capital, Marsella y Lille y un ultimátum de 48 horas a las autoridades para que retiren la polémica legislación.

La de ayer fue la gran tercera jornada de movilización contra el llamado Contrato Primer Empleo (CPE), para menores de 26 años y aprobado el 9 de este mes por el Parlamento. En la movilización participaron estudiantes, partidos de izquierda, sindicatos, rectores y familias enteras. Los manifestantes buscan obligar al gobierno conservador a retirar la medida, que debe entrar en vigor el mes próximo.

Anoche, los sindicatos y líderes estudiantiles emitieron una declaración conjunta en la que le dieron al presidente Jacques Chirac un plazo de 48 horas para que suspenda la polémica ley. Y tras advertir sobre la posiblie realización de una huelga acusaron al mandatario y al gobierno de tener "toda la responsabilidad por las tensiones sociales" que puedan generarse si no cumplen con la fecha límite del lunes.

Según los organizadores, hubo 1,5 millones de personas en unas 150 manifestaciones realizadas ayer en toda Francia. La policía redujo la cifra a medio millón. La protesta en París congregó a 80.000 personas, según el gobierno, y a más de 350.000, según los organizadores. También hubo manifestaciones en Marsella (130.000 personas, según los sindicatos), Nantes, Toulouse (45.000), Burdeos (60.000), Rennes (entre 15.000 y 35.000), Lyon y Lille (entre 10.000 y 25.000).

Animados por el éxito de la convocatoria, los líderes sindicales y estudiantiles se mostraron determinados a continuar con sus protestas hasta que el cada vez más impopular primer ministro Dominique de Villepin, impulsor del CPE, lo retire.

Al término de la marcha en París, grupos de jóvenes se enfrentaron con la policía antidisturbios. Según cifras oficiales, por lo menos siete policías y 12 manifestantes resultaron heridos, y hubo además 103 detenidos. Un automóvil, cestos para papeles y una cabina telefónica fueron incendiados y varios cafés y comercios sufrieron destrozos. Choques similraes se registraron también en otras ciudades.

El jueves último, una manifestación en París terminó en violentos choques entre policías y jóvenes de grupos radicales ajenos al movimiento estudiantil. Para que la situación no se repitiera, la presencia policial en la marcha de ayer se incrementó y los propios sindicatos contaban con dispositivos de seguridad.

Cada vez más fuerte

La manifestación estaba encabezada por una gran pancarta en la que se leía: "Retirada del CPE", sostenida por numerosos líderes sindicales y del movimiento estudiantil, que reclamaban, refiriéndose a Villepin: "Quien siembra miseria, recoge cólera".

"Hoy vemos bien que la movilización sea cada vez más fuerte. O el gobierno entra en razón y retira el CPE ahora o será obligado a hacerlo la próxima semana cuando volvamos a salir a la calle", lanzó en tono de ultimátum Bruno Julliard, presidente de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF). Lo que parece descartado es que acudan a la invitación del gobierno y de Chirac, para negociar reformas en el CPE. "Primero que retiren el CPE y después abrimos las negociaciones", aseguró el secretario general del sindicato CFDT, François Chéréque.

Según el secretario general de la CGT -el mayor sindicato francés-, Bernard Thibault, la movilización de ayer marcará un antes y un después en esta protesta; los organizadores podrían convocar a una huelga general para la próxima semana para hacer ceder al gobierno.

El CPE tiene como propósito, según el gobierno, disminuir el desempleo (del 23%) entre los jóvenes, pero a la vez permite a los patrones el despido sin explicación de un trabajador de menos de 26 años durante sus primeros dos años en el puesto de trabajo.

Pese a la creciente presión en las calles,Villepin, considerado por muchos el sucesor natural de Chirac, no parece dispuesto a dar marcha atrás, mientras su popularidad cae en picada cuando falta poco más de un año para las elecciones presidenciales. Una encuesta muestra que un 61% de los franceses está descontento con la gestión de Villepin, frente al 54% del mes pasado.

La movilización es cada día mayor. En este momento, unos dos tercios de las 84 universidades francesas no funcionan o sufren huelgas parciales. La universidad de la Sorbona cerró sus puertas hasta nueva orden.

Agencias AFP, AP y EFE

 

#Irlanda | San Patricio: alegría, cerveza y control

La Nación

Por Gabriel Di Nicola. En el Bajo Retiro: una enorme cantidad de gente colmaba anoche la zona de pubs y bares. El festejo, importado de Irlanda, reunió a miles de personas en la ciudad de Buenos Aires; gran operativo de seguridad.

De traje y corbata. De elegante sport o simplemente en jeans y remera. Para ellos la ropa era lo de menos. Para ellas, en cambio, hubo un poco más de producción en la vestimenta y en el maquillaje. Cada uno a su manera, jóvenes y no tantos, festejaron ayer San Patricio en la ciudad de Buenos Aires.En medio de un gran operativo de seguridad, los primeros en llegar a los pubs y a los bares de Retiro, sobre todo de la calle Reconquista, fueron los oficinistas que ya tienen como costumbre el after office.

Más de 100 agentes de la Policía Federal, 12 equipos de inspectores dependientes de la Secretaría de Seguridad porteña, integrantes de la Guardia Urbana y fiscales contravencionales se encargaron de la seguridad y control de la zona.

A las 20.30, según fuentes policiales, más de 5000 personas ya habían pasado por Reconquista y Tres Sargentos hacia Reconquista y Córdoba, donde estaba uno de los vallados.

Litros y litros de cerveza eran consumidos mientras pasaban los minutos. Los que tenían más dinero para gastar tomaban la cerveza en los locales. Otros, parados en las calles y algunos sentados en los cordones de las veredas.

Muchos extranjeros. Irlandeses, españoles, norteamericanos y sudamericanos. Como Paula Buritica y Eva Trujillo, dos jóvenes colombianas que estudian, una gastronomía y otra psicología, en Buenos Aires. Estaban acompañadas por otra amiga nacida en Puerto Madryn, Ana Meghini.

«Este año la fiesta está más tranquila. El año pasado llegamos cuando la policía comenzó a arrojar gas lacrimógeno. Eso también estuvo entretenido», contaron las tres jóvenes.

Uno de los lugares más elegidos por el público fue The Kilkenny, un clásico de los bares irlandeses, situado en Reconquista y Marcelo T. de Alvear. A las 20.30 la hilera para ingresar en el pub superaba los 50 metros.

«Este año está todo mejor organizado. Hay mayor cantidad de policías». comentó a LA NACION Lucas Barraza, uno de los encargados de la seguridad de The Kilkenny, donde anoche se cobraba, para los hombres una entrada de 50 pesos con $ 20 de consumición. Las puertas se abrieron a las 17.30.

Barraza sabe de lo que habla. Como empleado de seguridad estuvo en todos los festejos que se hicieron en la ciudad de Buenos Aires desde 2001.

Canilla libre

Otro de las lugares colmados fue John John, en Reconquista al 900. En este lugar el precio para ingresar era de 70 pesos con canilla libre y de $ 40 con dos vasos de cerveza.

El vallado que interrumpía el paso vehicular se armó a las 20, en el cruce de las calles Reconquista y Paraguay; en San Martín y Marcelo T. de Alvear; en Leandro N. Alem y Marcelo T. de Alvear, y en Rojas y Reconquista.

«El vallado se hizo con la intención de que los automovilistas no vendieran alcohol. El año pasado hubo varios casos de gente que aprovechó la ocasión para vender cervezas desde adentro de los vehículos», dijo una fuente del gobierno porteño.

Al cierre de esta edición, autoridades policiales y gubernamentales no habían hecho el cálculo de la cantidad de gente que seguía llegando al lugar.

Gastón, de 30 años, no perdió un minuto. Apenas salió de su trabajo, en una oficina de Plaza de Mayo, se fue derecho para la calle Reconquista al 900. Allí se compró una cerveza en lata de medio litro a cinco pesos y comenzó a festejar San Patricio. «Vine el año pasado y me gustó. Este año hay menos gente. No me olvido más: el año pasado tardé 40 minutos en comprar un cerveza, ahora lo hice en cinco», dijo el joven.

A unos metros, Cony Urueña, una estudiante de periodismo de 25 años, estaba alegre. Ella es una habitué de las fiestas de San Patricio. «Vengo todos los años. Es muy divertido», comentó la joven mientras tomaba una cerveza con su amiga Macarena Fernández.

Desde Temperley Juan Manuel González llegó con seis amigos, con la intención de quedarse hasta que la fiesta terminara, es decir bien entrada la madrugada de hoy.

«La idea es tomar mucha cerveza. Por eso vinimos en colectivo desde el sur del Gran Buenos Aires. Somos jóvenes precavidos», comentó Juan Manuel. Sus amigos, de acuerdo.

Cada grupo se divertía a su manera. Algunos llegaron al lugar con pelucas verdes, el color que predominó en la noche porteña. Todos querían compartir la onda verde.

#Irlanda|Elecciones presidenciales de Irlanda (2025)|Elecciones generales de Irlanda (2024)|#Irlanda | San Patricio: alegría, cerveza y control|17 de marzo

Guerra civil irlandesa|Batalla de Dublín|Dublín

Síntesis Internacional: Nepal | Hungría | #GranBretaña – #ReinoUnido – #Inglaterra

Música folclórica tradicional irlandesa

San Patricio: alegría, cerveza y control

La Nación.
En el Bajo Retiro: una enorme cantidad de gente colmaba anoche la zona de pubs y bares
El festejo, importado de Irlanda, reunió a miles de personas en la ciudad de Buenos Aires; gran operativo de seguridad
De traje y corbata. De elegante sport o simplemente en jeans y remera. Para ellos la ropa era lo de menos. Para ellas, en cambio, hubo un poco más de producción en la vestimenta y en el maquillaje. Cada uno a su manera, jóvenes y no tantos, festejaron ayer San Patricio en la ciudad de Buenos Aires.En medio de un gran operativo de seguridad, los primeros en llegar a los pubs y a los bares de Retiro, sobre todo de la calle Reconquista, fueron los oficinistas que ya tienen como costumbre el after office.

Más de 100 agentes de la Policía Federal, 12 equipos de inspectores dependientes de la Secretaría de Seguridad porteña, integrantes de la Guardia Urbana y fiscales contravencionales se encargaron de la seguridad y control de la zona.

A las 20.30, según fuentes policiales, más de 5000 personas ya habían pasado por Reconquista y Tres Sargentos hacia Reconquista y Córdoba, donde estaba uno de los vallados.

Litros y litros de cerveza eran consumidos mientras pasaban los minutos. Los que tenían más dinero para gastar tomaban la cerveza en los locales. Otros, parados en las calles y algunos sentados en los cordones de las veredas.

Muchos extranjeros. Irlandeses, españoles, norteamericanos y sudamericanos. Como Paula Buritica y Eva Trujillo, dos jóvenes colombianas que estudian, una gastronomía y otra psicología, en Buenos Aires. Estaban acompañadas por otra amiga nacida en Puerto Madryn, Ana Meghini.

«Este año la fiesta está más tranquila. El año pasado llegamos cuando la policía comenzó a arrojar gas lacrimógeno. Eso también estuvo entretenido», contaron las tres jóvenes.

Uno de los lugares más elegidos por el público fue The Kilkenny, un clásico de los bares irlandeses, situado en Reconquista y Marcelo T. de Alvear. A las 20.30 la hilera para ingresar en el pub superaba los 50 metros.

«Este año está todo mejor organizado. Hay mayor cantidad de policías». comentó a LA NACION Lucas Barraza, uno de los encargados de la seguridad de The Kilkenny, donde anoche se cobraba, para los hombres una entrada de 50 pesos con $ 20 de consumición. Las puertas se abrieron a las 17.30.

Barraza sabe de lo que habla. Como empleado de seguridad estuvo en todos los festejos que se hicieron en la ciudad de Buenos Aires desde 2001.

Canilla libre

Otro de las lugares colmados fue John John, en Reconquista al 900. En este lugar el precio para ingresar era de 70 pesos con canilla libre y de $ 40 con dos vasos de cerveza.

El vallado que interrumpía el paso vehicular se armó a las 20, en el cruce de las calles Reconquista y Paraguay; en San Martín y Marcelo T. de Alvear; en Leandro N. Alem y Marcelo T. de Alvear, y en Rojas y Reconquista.

«El vallado se hizo con la intención de que los automovilistas no vendieran alcohol. El año pasado hubo varios casos de gente que aprovechó la ocasión para vender cervezas desde adentro de los vehículos», dijo una fuente del gobierno porteño.

Al cierre de esta edición, autoridades policiales y gubernamentales no habían hecho el cálculo de la cantidad de gente que seguía llegando al lugar.

Gastón, de 30 años, no perdió un minuto. Apenas salió de su trabajo, en una oficina de Plaza de Mayo, se fue derecho para la calle Reconquista al 900. Allí se compró una cerveza en lata de medio litro a cinco pesos y comenzó a festejar San Patricio. «Vine el año pasado y me gustó. Este año hay menos gente. No me olvido más: el año pasado tardé 40 minutos en comprar un cerveza, ahora lo hice en cinco», dijo el joven.

A unos metros, Cony Urueña, una estudiante de periodismo de 25 años, estaba alegre. Ella es una habitué de las fiestas de San Patricio. «Vengo todos los años. Es muy divertido», comentó la joven mientras tomaba una cerveza con su amiga Macarena Fernández.

Desde Temperley Juan Manuel González llegó con seis amigos, con la intención de quedarse hasta que la fiesta terminara, es decir bien entrada la madrugada de hoy.

«La idea es tomar mucha cerveza. Por eso vinimos en colectivo desde el sur del Gran Buenos Aires. Somos jóvenes precavidos», comentó Juan Manuel. Sus amigos, de acuerdo.

Cada grupo se divertía a su manera. Algunos llegaron al lugar con pelucas verdes, el color que predominó en la noche porteña. Todos querían compartir la onda verde.

Por Gabriel Di Nicola
De la Redacción de LA NACION

Marchan en Francia contra la reforma

La Nación
 
La polémica flexibilización laboral: hoy el gobierno enfrenta una prueba crucial
El presidente Chirac lanzó un llamado al diálogo, pero no logró detener las protestas, que se realizarán en 160 ciudades del país
 

  • La medida permite despedir sin aviso previo y sin indemnización a los menores de 26 años
  • La respalda el primer ministro Villepin, potencial candidato en 2007

 
 
 

PARIS.- En un esfuerzo desesperado por evitar su descrédito como presidente y conservar un mínimo de poder, Jacques Chirac lanzó ayer un llamado al diálogo, pero no logró detener las gigantescas manifestaciones de protesta previstas para hoy en Francia.

Apenas 48 horas después de los violentos incidentes que sacudieron el jueves por la noche el corazón del Barrio Latino, los estudiantes desfilarán junto a las organizaciones sindicales desde Denfert-Rochereau hasta la Plaza de la Nación de París y están previstas otras manifestaciones en otras 159 ciudades de Francia. Esa prueba de fuerza pondrá en juego la credibilidad del gobierno y al mismo tiempo definirá el futuro del movimiento juvenil para exigir el retiro del llamado contrato de primer empleo (CPE) promovido por el primer ministro Dominique de Villepin.

En ese contexto crítico, el llamado al diálogo de Chirac constituye también un llamado de atención a Villepin, que lanzó el CPE sin concertación previa y que dice estar dispuesto a ir "hasta el final" para defenderlo.

Los estudiantes exigen el retiro de esa ley que reglamenta el trabajo de los menores de 26 años y es rechazada por un 68% de los franceses, según un sondeo publicado ayer por el diario Le Parisien. El texto, que permite el despido sin aviso previo durante un período de dos años, es considerado un inaceptable paso hacia la precariedad en un país históricamente apegado a la seguridad del empleo.

La iniciativa de Chirac constituye también un último intento por salvar el escaso caudal de confianza que conserva después del fracaso del referéndum europeo del 29 de mayo de 2005. Este callejón sin salida muestra la paradoja que acecha a Chirac desde que Nicolas Sarkozy -actual ministro del Interior- le arrebató el partido UMP (Unión por un Movimiento Popular) y se impuso como candidato casi indiscutido a su sucesión en las elecciones de 2007.

El presidente no quería a Sarkozy para reemplazar a Jean-Pierre Raffarin como primer ministro. La amplitud del no en el referéndum europeo lo decidió a apostar por Villepin y llevar al Hotel Matignon -sede del jefe de gobierno- a su ministro más teatral, más original y más imprevisible. Dominique Marie François René Galouzeau de Villepin no es un hombre mediocre. Tiene energía, elocuencia, entusiasmo y coraje. Pero tantas virtudes vienen acompañadas por los defectos propios de los hombres demasiado seguros.

"Tiene un orgullo barroco que lo vuelve sordo al consejo de los demás y ciego a sus propios errores. Villepin mira a sus rivales como a enanos, a sus adversarios como a impostores y a su único superior -Jacques Chirac- como a un subalterno", escribió el analista político Alain Duhamel.

Mientras en la calle se multiplican las manifestaciones, en la derecha reina la consternación. Sobre todo, nadie está dispuesto a hundirse con él cuando falta apenas un año para las elecciones presidenciales y legislativas de 2007.

Su gran rival, Nicolas Sarkozy, oficialmente apoya al CPE porque no tiene alternativa: le guste o no, está asociado a la acción gubernamental. Pero esa solidaridad es frágil: en el último mes, su popularidad cayó 8 puntos, mientras que Villepin perdió sólo 7 puntos.

A pesar de la presión, Villepin insiste en que no dará marcha atrás. Para él, ceder a la calle sería arruinar sus ilusiones de arrebatarle a Sarkozy la candidatura presidencial en 2007. También sería traicionar a Chirac que lo nombró primer ministro como quien juega su última carta. El mandatario vio en Villepin al único capaz de cerrar su último mandato presidencial con algunas reformas brillantes, que le evitaran caer en el pozo negro del olvido. "Estás muerto", le había escrito uno de sus amigos a Chirac después del referéndum europeo. Cruel, pero real: la consulta había sido "su" decisión.

La clase política, los empresarios, los diputados y hasta sus amigos más cercanos comenzaron a tomar distancias. Muchos evocaron la necesidad de elecciones anticipadas.

"¿Qué dejará Chirac? Nada", opinó el ex ministro oficialista François Fillon. Mientras tanto, la sociedad francesa -rehén de esa pugna de intereses políticos y electoralistas-, sólo atina a manifestar su descontento con estrepitosos noes a cualquier propuesta de cambio, sea ésta de izquierda como de derecha. Chirac parece haber fracasado en todos los objetivos que le propuso al país en 1995, cuando prometió reducir la fractura social.

Saldo negativo

En sus 11 años de gobierno, aumentaron el desempleo, la desigualdad, la marginación, la precariedad y la intolerancia. La sociedad se muestra incapaz de hacer frente a los desafíos de la globalización y la deuda pública del país es la más alta de su historia.

Encerrado en el Palacio del Elíseo, debilitado físicamente tras el accidente cerebral de septiembre, el jefe del Estado dejó de luchar y confió la gestión del país a Villepin. La masiva y violenta reacción estudiantil a los métodos de su primer ministro parecen haberlo obligado a reaccionar.

Jacques Attali, consejero del ex presidente socialista François Mitterrand, expuso claramente la alternativa que enfrenta Chirac: "El presidente tiene dos opciones: se decide a gobernar o bien le rinde un último servicio a su país y renuncia, para que haya elecciones presidenciales anticipadas a mediados de 2006".

Sin embargo, como el resto de los franceses, Attali no se hace demasiadas ilusiones: "Naturalmente -concluyó-, no hará ni una cosa ni la otra. A menos que la historia decida en su lugar".

Por Luisa Corradini
Para LA NACION

A la espera de un gesto

PARIS (EFE).- El primer ministro francés, Dominique de Villepin, se mostró anoche dispuesto, ante una representación de los rectores de las universidades del país, a hacer un gesto significativo para desbloquear la crisis provocada por su nuevo contrato laboral destinado a los jóvenes.

"Le hemos preguntado si estaba dispuesto a hacer un gesto para desbloquear la situación, y no nos ha dicho qué gesto, pero nos ha parecido dispuesto a escuchar, dispuesto a un gesto significativo", dijo el vicepresidente de la Conferencia de Rectores de Universidad, Yannick Vallée, al término del encuentro con Villepin, quien hasta ahora se ha mostrado inflexible en dar marcha atrás en la reforma laboral.

Vallée afirmó que el jefe del Gobierno es consciente de que se está al borde de un choque, y contó que le habían pedido que abriese un período de seis meses de reflexión durante los que se suspendería la entrada en vigor de la polémica reforma.

Los rectores también le transmitieron su inquietud por lo que podría pasar la semana próxima por la creciente crispación estudiantil.