Por Internet y teléfonos móviles, miles de jóvenes fueron convocados para ayer en veinte ciudades españolas a un gigantesco "botellón", un rito que se ha ido extendiendo estos últimos años para juntarse a beber barato en la calle. En Madrid, la lluvia y la policía impidieron la concentración, pero en Barcelona, Salamanca y otras ciudades hubo en total 70 detenidos y unos 80 heridos.
Muchos jóvenes fueron trasladados por los servicios sanitarios, afectados por intoxicación alcohólica. Los policías también arrestaron a quienes se enzarzaban en peleas a botellazos con alguna que otra puñalada.
La práctica del botellón se ha desarrollado especialmente en torno a las universidades aunque tiene manifestaciones más aisladas en zonas de las ciudades españolas. Los jóvenes se quejan de que los precios de las bebidas son muy altos y que quieren divertirse juntos. Hace unos tres años que las reuniones han ido creciendo y las concentraciones se convirtieron en borracheras colectivas que atormentan a los vecinos.
En Madrid, los participantes se encontraban en algunas zonas del campus de la Universidad y también en plazas del Madrid viejo. El resultado, igual que en el resto de España, era de vecinos que no podían dormir y que llamaban inútilmente a las policías municipales. Estas asambleas etílicas concluyen dejando una montaña de basura que aumentan el fastidio del vecindario y los reclamos para prohibirlas.
Los universitarios siguieron a la vanguardia de estas borracheras colectivas especialmente para festejar al santo patrón de las carreras técnicas "Don Pepe", cuyo nombre también sirve para reemplazar otra palabra gruesa con que los españoles (y argentinos) designan a la borrachera.
Al final, se tomaron medidas en muchas ciudades como Madrid y Barcelona, prohibiendo beber en la calle y castigando los "botellones" con fuertes multas.
Estas prohibiciones sólo alentaron a la competencia de los jóvenes para comprobar quién juntaba más participantes. Mediante e-mails y mensajes de texto con el imperativo "¡Pásalo!", al que se agregaban una serie de maldiciones para quienes no lo hicieran, en Sevilla lograron juntar seis mil muchachos y chicas pertrechados con bolsas donde acarreaban toda clase de bebidas.
Los sevillanos cantaron victoria y el desafío fue contestado por su tradicional ciudad andaluza rival, Granada. Los e-mails y mensajes funcionaron otra vez: "¿Van a salir los sevillanos en la tele y nosotros no?". "¡No vamos a dejar que los sevillanos nos ganen!". Y así comenzó una vasta convocatoria para un "botellón gigantesco" en Granada, que después se fue extendiendo a otras 19 ciudades, Sevilla incluida.
La fecha fijada fue el viernes de 17 de marzo a distintas horas. La prensa se lanzó con todos sus medios a cubrir el fenómeno del "macrobotellón" y las autoridades de las ciudades donde están prohibidas se apresuraron a preparar la represión policial y lanzaron toda clase de amenazas.
En Granada los jóvenes lograron batir a los sevillanos juntando unos veinte mil amigos del "botellón". Los sevillanos se quedaron en seis mil bebedores corridos por la policía y la lluvia. Además de los intoxicados que fueron retirados en camillas, un joven recibió una puñalada y otro un botellazo en la cabeza.
Los peores incidentes se produjeron en Barcelona y Salamanca. En la capital catalana, la policía autonómica desplegó un eficiente operativo en las ramblas del barrio del Raval para impedir la concentración. Las discusiones entre jóvenes y guardias terminaron en choques violentos y la quema de contenedores de basura y otros elementos del mobiliario urbano. Lo mismo sucedió en Salamanca, donde hubo 16 jóvenes detenidos.
