Los 90 años de la Torre de los Ingleses, un símbolo porteño

La Nación
 
Patrimonio urbano de la ciudad

La estructura, de estilo renacentista, fue creada por el arquitecto Ambrose Poynter
 

  • La construcción costó, en 1910, unas 90.000 libras
    • Su inauguración estaba programada para 1914, pero se postergó hasta 1916 porque había estallado la Primera Guerra Mundial

 
 
 

Separados por 150 metros y equidistantes de la Avenida del Libertador y su continuación, Alem, el Kavanagh y la Torre de los Ingleses, en Retiro, son dos de los edificios más emblemáticos de la ciudad, hasta el punto de que en algunas fotografías tomadas desde un lugar estratégico figuran ambos, uno tras otro, como en una alineación planetaria.

Parece imposible disputarle "presencia" a la imponente mole de departamentos. Pero la torre tiene lo suyo. Sus características físicas y su nutrida historia, que incluye el efecto sobre ella de la muerte de un rey y de dos contiendas bélicas.

Las exequias de Eduardo VII, muerto el 6 de mayo de 1910, impidieron el viaje de una comitiva del Reino Unido que iba participar en las fiestas del Centenario, por lo que la colocación de la piedra fundamental de la "columna" (así la llamaban los residentes ingleses que la donaron, para ese festejo, en 1908) sólo se pudo concretar seis meses después. Y la inauguración, que iba a tener lugar en 1914, se debió postergar dos años debido al comienzo de la Gran Guerra.

El conflicto por las Malvinas, finalmente, obligó a rebautizarla Torre Monumental. Similar medida se tomó con el tradicional nombre de la plaza Británica que ahora se llama Fuerza Aérea Argentina. Entre 1983 y 1985, la torre fue objeto de varios ataques, incluida la detonación de dos bombas que provocaron recurrentes problemas en el funcionamiento del reloj.

Para llevar a cabo la construcción, tras haber sido aceptada la donación por el Concejo Deliberante, fue necesario demoler la Compañía de Gas, que desde la mitad del siglo XIX proveía de iluminación a la ciudad, por ese fluido. Se preservaron únicamente sus cimientos, aprovechados como basamento de la "columna".

El llamado a concurso para realizarla fue ganado por el arquitecto Ambrose Poynter, que le imprimió un estilo renacentista e hizo traer casi todos los materiales desde Londres. También de la capital británica era la empresa Hopkins & Gardom, que se ocupó de los trabajos, realizados por personal de la firma. El costo total de la obra llegó a las 90.000 libras.

Los seis pisos, que con el mirador -desde el cual se alcanza a divisar el Río de la Plata- se elevan hasta casi 76 metros de alto, exhiben una variada simbología. Sobre este mirador, en un capitel corintio, se halla emplazado el reloj, con esferas de 4,50 metros de diámetro, orientadas hacia los cuatro puntos cardinales. El carillón de bronce, réplica del de la Abadía de Westminster, posee cinco campanas, de las cuales la mayor pesa unos 7000 kilogramos. El remate consiste en una veleta que representa una fragata de tres mástiles de la época isabelina.

El 1° de abril de 1999, la torre fue reabierta al público, tras permanecer cerrada 31 años. En 1998 habían comenzado las tareas de reparación de muros, vitrales y ventanas y se colocó un nuevo ascensor.

El 24 de mayo de 1916, es decir hace 90 años, una multitud calculada en 4000 personas asistió a la ceremonia de inauguración. La encabezaron el presidente Victorino de la Plaza, el intendente Arturo Gramajo y el embajador inglés, sir Reginald Tower.

Ese día cambió la fisonomía de Retiro. Y con el tiempo, la singular estructura, a la que no le falta un toque de misterio muy british que se acentúa en noches neblinosas, se ganó el derecho de constituir un clásico del paisaje urbano.

Por Willy G. Bouillon
De la Redacción de LA NACION

Moconá: los caprichocos saltos del río Uruguay

La Nación
 
Cuento de la selva

 
En el límite entre Brasil y la Argentina, esta hilera de caídas de agua poco conocida, es un paréntesis fresco en la apretada, penumbrosa y verde selva del este misionero

PARAJE LA BONITA, Misiones.- Antes de los Saltos del Moconoá está la selva, que por aquí no es femenina, sino masculina y se llama monte. Para entrar en el monte los locales usan un machete afilado, que cuesta veinte pesos y dura dos o tres años. Al yaguareté le dicen "el tigre del monte" y, aunque él no sea tigre y esto no sea un monte, se le teme mucho. Casi tanto como a las víboras.

Antes de los saltos está la selva. Apretada, penumbrosa, verde de todos los verdes. Húmeda, de suelo colorado, con hambre y arroyos interiores. La selva inquietante. Con presencias que no se ven, pero ahí están. Como las cuatro especies de yarará, además de la coral, única en su especie.

Antes de los saltos está la selva. O bueno, lo que queda de la selva paranaense. Hoy por la tarde hubo una tormenta fuerte que tiró algunos postes de luz y la noche está oscura. Igual se alcanza a ver ese camión medio destartalado y cargado al tope de maderas. Amparado por la oscuridad y el aislamiento de estos caminos vecinales, se lleva guatambú, anchico y también timbó. Con o sin permiso, se lleva maderas de ley, árboles originales de cincuenta o cien años, que después ni siquiera se reemplazan por pino eliotis o paraná , como se ve a lo largo de la ruta nacional 12. Acá se cortan y punto. De a ratos, esta zona del país parece más alejada que la Patagonia. El camión destartalado se va y la selva se sigue achicando.

Desde El Soberbio al paraje La Bonita hay 40 km de ripio picado grueso, con piedras del tamaño de un adoquín. Si no tiene un vehículo doble tracción, mejor contrate el traslado o sufrirá. No tanto por sus riñones, más bien por la suspensión del auto.

Antes de los saltos está la selva argentina, aunque todo esto recuerde demasiado a Brasil. Acá, los colonos apenas hablan español. Son hijos de brasileños de origen alemán, que llegaron después de la Segunda Guerra Mundial. Tienen documento argentino, pero si uno escucha hablar a Waldemar Hirt nunca podría adivinarlo. Al menos, no en tres posibilidades. Acá, los hombres como él saben más del Corinthians que de Boca. Y si uno les pregunta, ahora que viene el Mundial, por quién hinchan, Argentina o Brasil, se ríen y no contestan. Pero al final se sabe: cuando gana Brasil también se tiran cohetes y fuegos artificiales desde acá, que en los mapas está marcado como territorio argentino.

De las ocho estaciones de radio, todas son brasileñas salvo una. Las novelas, de la Globo. La música, samba. Se come feijoada y farofa, y al pájaro carpintero le dicen pica pau .

Antes de los saltos está la selva, donde además de colonos, como se llama a los inmigrantes europeos, viven paisanos. Los paisanos son los guaraníes, que en la zona tienen dos aldeas, Pindó Poty y Její. Ellos también ponen lo suyo para formar esta selva enredada. Por ejemplo, del mono carayá o aullador que se ve en el monte deriva la expresión carayá para las personas solitarias. Ese tipo es un carayá que come abacaxi, un auténtico portuguaraniol, con términos propios como larroble , en referencia a una Land Rover.

Antes de los saltos están, también, los claros. Espacios que alguna vez fueron selva nativa y hoy son plantaciones de tabaco, maíz, mandioca, yerba, esponja y citronela. Esta última planta es originaria de Asia y llegó a El Soberbio con Sergio Fenochio, un pionero, que descubrió que se adaptaba bien al clima de la zona. Su cultivo comenzó en los años 60, y en los 80 se produjeron más de 600.000 kilos, destilados en 1500 alambiques caseros. La citronela se vende como aceite y es un componente básico de la industria del perfume. Se usa para hacer jabones y desodorantes de ambiente. Si bien la producción ya no es la de aquellos años, todavía existe y el olor alimonado de la planta se percibe en el ambiente. Acá se usa para ahuyentar mosquitos y darles brillo a los pisos de madera.

Antes de los saltos está la selva. Calurosa de principio a fin en verano y extrema en invierno, cuando las mañanas y las noches son heladas y los mediodías, para andar en remera.

De repente, el monte llega a un precipicio y aparece la luz y pasa un río, el Uruguay. Ahí están los Saltos del Moconá, después de la selva.

Por Carolina Reymúndez
Enviada especial

La aldea Pindó Poty, presente guaraní

PINDO POTY.- El pobre Julián Acuña tuvo la culpa de la fama momentánea de Pindó Poty. Julián Acuña es el chico de esta comunidad mbya guaraní, cerca de Colonia La Flor, a unos 40 kilómetros de El Soberbio. Después de una larga controversia entre la cultura aborigen y la medicina occidental, Julián Acuña fue operado en el hospital Gutiérrez. En esos días, Pindó Poty tuvo su minuto de fama. Llegó la televisión, lo entrevistaron a Alejandro Benítez, cacique de la aldea, filmaron las casas de adobe y caña. De repente, todos en Buenos Aires sabían la historia de Julián. Después de la operación, no se volvió a hablar del chico, que por cierto no se recuperó y tampoco volvió a la aldea. "Estoy preocupado por Julián. Desde febrero que no sabemos de él. ¿Por qué tarda tanto en volver?", comentó hace unos días el cacique a esta cronista.

La comunidad recibe ayuda de organizaciones no gubernamentales extranjeras. Hace poco se terminó la escuela, donde Juan Jorge Galarza, maestro rural, se las arregla para dar clase. "Es difícil, los chicos no tienen calzado, por eso se enferman y aquí no hay medicamentos básicos. Además, no tenemos un vehículo por si hay alguna urgencia", dice.

En Pindó Poty viven unas 120 personas en 100 hectáreas de bosque. Uno de los pocos ingresos de la comunidad es la venta de artesanías. Son hábiles cesteros y también tallan animales de la selva en maderas blandas. Y reciben visitas de turistas. En una vuelta por el lugar se conocen las trampas de caña que usan para cazar mulitas, aves y chanchos salvajes que comen. También, se conoce al jefe espiritual, que vive alejado. Su única vecina es la mujer más vieja de la aldea, que nadie sabe bien cuántos años tiene.

En lancha, hacia estas mañosas caídas de agua

Antes de los saltos y después de la selva, está el Uruguay, un río de lecho basáltico y agua cristalina que funciona de límite formal con Brasil. Del otro lado, Porto Soberbo es un pueblito donde, según cuentan los misioneros, no se habla una palabra de español.

A la altura de El Soberbio, el río mide unos 300 metros de ancho y siempre hay un caíco -canoa hecha de tronco de timbó, de origen guaraní- cruzándolo, a veces con gente y otras con veinte bolsas de soja. Un pequeño contrabando, a la vista de cualquiera. De los otros, los más grandes, dicen que también hay y se ven, pero se necesita tiempo.

De El Soberbio a los saltos son cerca de dos horas en lancha. Miguel Taszi es el capitán, y cuenta historias sin mirar a los ojos. Los suyo no es mala educación, más bien prudencia. "El río tiene secretos, hay que mantenerse atento", dice sin sacar la vista del infinito. Algunos leen en inglés, él sabe leer el agua. Este río no está balizado, es decir que no tiene boyas guía. Por eso, la licencia de Taszi dice patrón de zonas especiales. "En este río tenés que estar muy seguro o te vas arriba de las piedras", señala Taszi, y Leonor, una pasajera, le pide por favor que no siga contando. Lo cierto es que en varios tramos del recorrido, donde se forman rápidos o correderas, las piedras están a 40 centímetros de la superficie.

Miguel los pasa como avión, pero está pensando en los dorados que podría sacar si se quedara un ratito sobre la corredera, al garete, donde se esconden para pescar su alimento. Si alguno llega a saltar, entenderá que algunos nombres son literales. Después de atravesar la corredera, Taszi no se aguanta más y mira para atrás, como si leyera que abajo del agua los dorados se ríen porque trabaja en lugar de pescar.

Y listo, llegan los saltos, entre los arroyos Yabotí y Pepirí Miní. Si bien no tienen la fama -¡ni los turistas!- de Cataratas, son únicos. Miden tres kilómetros de largo y son mañosos como ninguno. Vamos por partes: son únicos porque el río Uruguay salta de costado, paralelo a sí mismo. Antes de Moconá, el río mide 300 metros.

De repente, por una falla geológica, se angosta hasta los 25 y forma un pliegue sobre sí mismo. Lo de mañosos es así: según el nivel del río, los saltos aparecen y desaparecen. Si llovió mucho es probable que no los vea porque el agua tapa las caídas, como si nunca hubieran existido.

Taszi lleva la lancha ahí nomás de los saltos, y la espuma riega la cara y la ropa. Sólo en la última Semana Santa, el hombre hizo este viaje unas cincuenta veces y, sin embargo, se emociona. El agua revuelta hamaca la lancha. El se siente un capitán en medio de una tormenta, los turistas se concentran en la digital y el agua sigue cayendo.

Datos útiles

Cómo llegar

El vuelo de ida y vuelta de Buenos Aires a Puerto Iguazú cuesta desde 527,26 pesos por LAN, que cuenta con dos frecuencias diarias, y el cada vuelo, el pasajero acumula kilómetros Lanpass. Más información: 0810-999-9Lan (526); www.lan.com

Traslados

Desde Puerto Iguazú son poco más de 300 kilómetros hasta El Soberbio. Calcule que a causa de las serranías no se hacen en tres horas, sino en cinco, disfrutando del paisaje verde, rojo y húmedo.

Los saltos del Moconá están a 75 km de El Soberbio. Hay dos formas de llegar. Por agua son unas dos horas de plácido viaje en lancha. El paseo hasta el Moconá cuesta $ 100 y Miguel Taszi es un buen guía (Yabotí Jungle, Avda. Costanera s/n, El Soberbio; 03755- 495266). Por tierra hay que tomar la RP 2, con 35 km de asfalto y 40 de un ripio que recordará toda su vida.

 

 

 

 

 

 

Los chicos del Olodum le ponen ritmo al Pelourinho

La Nación
Brasil: otra mirada de Bahía

 
Rescatados de la pobreza, forman grupos artísticos y actúan enlas calles

 
SALVADOR.- El Pelourinho, una pincelada vibrante de la mística y el sincretismo de Brasil, es mucho más que el centro histórico de Salvador de Bahía, la ciudad que hechiza al visitante con sus laberintos de creencia, rituales y leyendas de mares, soles, lunas, diosas y sonidos.

Este intrincado barrio bahiano, con sus casas coloridas y noches donde el ritmo y la música embriagan, es el corazón de ese Brasil de contrastes en el que es posible conocer dos de los proyectos latinoamericanos de vanguardia destinados a sacar a los chicos y los jóvenes de la calle, educarlos y darles la oportunidad de mostrar sus habilidades a los turistas.

Declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, en el Pelourinho, entre sus incontables recovecos y lomadas, surge la Escola Creativa Olodum ( www.olodum.com.br ) , un espacio en el que los sonidos de tambores dan existencia a un programa comunitario de fama mundial que nace del proyecto Rufar dos Tambores , desarrollado en 1984 para valorizar la cultura negra.

La finalidad es formar grupos de percusión, teatro y danza integrados por niños y jóvenes del barrio, que viven en plena pobreza. La primera banda musical fue un éxito y la escuela se convirtió en centro de participación cívica y formación que capacita laboralmente a los chicos y adolescentes afrodescendientes.

El arte, en este caso, es el eje de la reconstrucción de la vida de los participantes, dándoles sentido, valorando la identidad y la historia con sus tradiciones. Los estudiantes de Olodum (el nombre viene de Olodumaré, dios de los dioses en lengua yaruba) tocan y bailan con pasión, repitiendo la cadencia de los ritmos de todos los tiempos que llevan en su sangre.

Es un placer oírlos en la calles, donde suelen desplegar su arte, o frente a la sede del establecimiento en la Rua das Laranjeiras, 30.

Desde lo educativo y lo filosófico forma artistas y ciudadanos, realiza seminarios, edita un periódico, tiene un programa de radio y despierta las potencialidades individuales y colectivas de los alumnos. Los estudiantes integran la asociación carnavalesca, Bloco Afro Olodum.

Los conjuntos de Olodum actúan en el Carnaval de Bahía y en el Festival de Música e Artes Olodum Mirim (tiene lugar a fines de enero y van por la edición número 13) donde los integrantes presentan canciones que son seleccionadas para el Carnaval, composiciones libres que tratan aspectos de la cultura afro-brasileña, también en escenarios internacionales.

La experiencia sirvió de estímulo para el surgimiento de iniciativas similares, como el grupo Afro Reggae en Río de Janeiro. Por sus aulas han pasado artistas reconocidos en Brasil, entre ellos, Lazaro Ramos y Macio Brasil, percusionistas de Ivete Sangalo.

Entre tanto, uno camina y se detiene en la Plaza Tereza Batista, en la casona de Jorge Amado, en las viejas barberías o ingresa en posadas que remiten al pasado, se escuchan las batucadas con ritmo africano.

La contagiosa cadencia del samba, o el vibrante ritmo de la capoeira que remeda un antiguo ritual de los esclavos, atrapa la mirada en un ómnibus de colores -el axébuzu-, que ha sido convertido en un aula móvil. Dentro del colectivo hay bibliotecas, videotecas y niños sentados alrededor de una mesa que pintan, dibujan y leen historias.

Este lugar es parte de otro proyecto, el Axe, nombre que viene del candomblé y significa el principio, la fuerza o la energía que permite que todas las cosas del universo lleguen a ser. Axe se expande por el Pelourinho, donde tiene una tienda exclusiva que vende desde remeras estampadas hasta collares diseñados por artistas para recolectar fondos y sostener el proyecto ( www.projectoaxe.org.br ).

Con un estilo barroco, Bahía y su barrio viejo atrapan desde sus diferentes facetas, con sus playas e iglesia, con sus fiestas y desde la tarea enorme que muchos bahianos realizan para mejorar el nivel de vida de los numerosos chicos que viven en la calle. Remite a los tiempos de la Colonia, alegra con la música permanente y la intrincada trama de callejas curvas en las que sorprenden las mulatas con sus trajes blancos y collares multicolores, sabrosas comidas que saben a coco, aceite de dendé, y deliciosos acarajé y muquecas.

María Teresa Morresi

El turismo gay tendrá un nuevo hito en Londres con el megafestival EuroPride. Se espera medio millón de personas

La Nación

Inglaterra|Al final del arco iris, una fiesta con orgullo Brighton, muy friendly

LONDRES – Hay un guía, un grupo de turistas, un itinerario y muchas fotos, como en cualquier otro tour por esta ciudad. La diferencia es que no se visita el Palacio de Buckingham, sino el pub Golden Lion, lugar de encuentro gay en tiempos victorianos; en vez del Big Ben se posa junto al Monumento a Oscar Wilde, en Adelaide Street; y al llegar a Trafalgar Square no se recuerdan batallas, sino los castigos públicos a acusados de sodomía durante el siglo XVII. Todo es historia.

El Tour a Pie del SoHo Gay y Lésbico se hace cada domingo, con lluvia o sol , cuesta cinco libras y es una de las expresiones más curiosas de un fenómeno creciente en Londres y el resto del mundo (está Buenos Aires bien arriba en la lista): el turismo gay.

El negocio abarca agencias de viaje, hoteles, cruceros (que, con bastante repercusión, ya han surcado el Río de la Plata), paquetes y servicios especiales, y muchos de sus prestadores están agrupados en la activa Asociación Internacional de Turismo Gay y Lésbico. Todo para un tipo de cliente que sólo en los últimos tiempos se comenzó a tener en cuenta, no necesariamente por un repentino respeto a su elección sexual, sino por el descubrimiento de su atractivo como gran consumidor. Algo que suele resumirse en unas siglas: las parejas homosexuales, al menos las de cierto poder adquisitivo, son, en términos de marketing, dinks ( double income no kids o doble ingreso, sin chicos). Suman dos sueldos, no tienen hijos.

Entre Oslo y Madrid

Pero si, como bien lo muestra el tour por el SoHo, Londres es un tradicional destino friendly o amigable, este año la ciudad aspira directamente al título de capital del turismo gay. No es para menos: entre el 17 de junio y el 1° de julio será la sede del EuroPride, el festival del orgullo gay que desde 1992 moviliza multitudes a distintas ciudades europeas. ¿Qué tan grande será? Los organizadores esperan… más de medio millón de personas. Muchos de ellos, claro, extranjeros, por lo que el interés del sector turístico es evidente.

Negocio millonario al fin, más allá de su inalterable mensaje contra la discriminación, el EuroPride tiene comité organizador, prensa internacional, auspiciantes fuertes (bancos, aerolíneas, autos; ya mucho más allá del mercado específicamente gay) y una peleada elección de sede, como los mundiales de fútbol y los Juegos Olímpicos, en la que las ciudades candidatas hacen lobby durante años para llevarse la fiesta a casa.

Después de la última edición en Oslo y mientras Madrid se prepara como anfitriona para el año próximo, en Londres tienen un calendario listo desde hace meses. Del 17 al 30 de junio habrá conferencias, muestras de arte, conciertos de todo tipo de música y hasta competencias deportivas, siempre bajo la bandera del arco iris diseñada en 1978 por el artista de San Francisco Gilbert Baker.

El gran final será el 1° de julio: marcha por las calles desde Marble Arch hasta #Westminster para terminar con concentraciones en Trafalgar Square, Leicester y el SoHo.

Palacio de Westminster | Parlamento del Reino Unido (la Cámara de los Lores y la Cámara de los Comunes)| #Río Támesis | Whitehall

El Rosa y el Rojo

Londres es la ciudad de Oscar Wilde y Virginia Woolf, donde reinó Eduardo II. Y más allá del EuroPride, cuenta con más de 400 bares, restaurantes, discotecas y hoteles gay. Muchos de ellos, en el SoHo, barrio que concentra tradicionalmente la movida nocturna alternativa.

Kairos in SoHo es justamente la ONG que organiza desde hace diez años el mencionado tour gay por las calles (y callejones) de la zona. «Somos voluntarios y lo recaudado se usa para otras acciones vinculadas con la información y la salud», aclara el guía Christopher Howell, norteamericano, mago profesional y experto en secretos de alcoba alternativos de la historia británica.

Howell explica que la tradición gay del SoHo se remonta al siglo XVI, por lo que no debe extrañar que la ciudad tenga una actitud tolerante por sobre la media internacional ante la diversidad sexual. Londres tiene, por ejemplo, una Asociación de Policías Gay y entre las celebridades fuera del closet , además de artistas de todo rubro, hasta cuenta con un boxeador, Charles The Pink Pounder Jones, el Golpeador Rosa.

Otra expresión de esta cultura es el mismo alcalde de la ciudad, Ken Livingstone (apodado Red Ken, por sus ideas de izquierda). El laborista es reconocido como el major londinense que más ha escuchado a los homosexuales. «Londres tiene una comunidad gay muy activa -ha declarado Livinstone-. Y creo que su gran aporte a la comunidad debe ser correspondido por las autoridades, por lo que me he propuesto hacerme cargo a conciencia de sus temas.»

Por Daniel Flores / Enviado especial

Brighton, muy friendly

Clásico destino de descanso de la costa británica, estratégicamente cercano a Londres, la ciudad de Brighton es también lugar de residencia de una extensa comunidad gay y lésbica y un lugar de vacaciones muy elegido por viajeros fuera del closet .

Famosa para muchos por su playa de piedras y sus muelles de postal, otros visitantes la eligen más bien por su tradición liberal, sobre todo en el barrio de Kemp Town, donde abundan alojamientos tipo bed & breakfast para público gay.

Datos útiles

EuroPride

El festival, en el que se espera medio millón de personas, se realizará del 17 de junio al 1° de julio en Londres.

www.pridelondon.org

Tours

Tour Histórico a Pie del SoHo Gay y Lésbico: todos los domingos, a las 14, desde el pub Admiral Duncan, en Old Compton Street, SoHo. Cinco libras. No se suspende por lluvia. www.kairosinsoho.org.uk .

Wilde Tours. Paseos temáticos por la capital y alrededores.


clientcare@wildetours.com

Más información

Visit London, la Oficina de Turismo londinense, dedica un gran presupuesto al mercado gay. Publica la Guía Oficial Gay y Lésbica en papel y también difunde toda su información en www.visitlondon.com .

En el nivel nacional, Visit Britain también publica su guía, Inside & Out, en papel y en www.visitbritain.com/gay .

Para la ciudad de Brighton, www.visitbrighton.com

Navigaytor.net es el sitio de una especie de central de reservas para hoteles, cruceros y otros servicios.

La Asociación Internacional de Turismo Gay y Lésbico tiene su sede virtual en www.iglta.com .

 

El fenómeno del turismo gay tendrá un nuevo hito en Londres con el megafestival EuroPride. Se espera medio millón de personas

La Nación

Inglaterra / Al final del arco iris, una fiesta con orgullo Brighton, muy friendly

LONDRES – Hay un guía, un grupo de turistas, un itinerario y muchas fotos, como en cualquier otro tour por esta ciudad. La diferencia es que no se visita el Palacio de Buckingham, sino el pub Golden Lion, lugar de encuentro gay en tiempos victorianos; en vez del Big Ben se posa junto al Monumento a Oscar Wilde, en Adelaide Street; y al llegar a Trafalgar Square no se recuerdan batallas, sino los castigos públicos a acusados de sodomía durante el siglo XVII. Todo es historia.

El Tour a Pie del SoHo Gay y Lésbico se hace cada domingo, con lluvia o sol , cuesta cinco libras y es una de las expresiones más curiosas de un fenómeno creciente en Londres y el resto del mundo (está Buenos Aires bien arriba en la lista): el turismo gay.

El negocio abarca agencias de viaje, hoteles, cruceros (que, con bastante repercusión, ya han surcado el Río de la Plata), paquetes y servicios especiales, y muchos de sus prestadores están agrupados en la activa Asociación Internacional de Turismo Gay y Lésbico. Todo para un tipo de cliente que sólo en los últimos tiempos se comenzó a tener en cuenta, no necesariamente por un repentino respeto a su elección sexual, sino por el descubrimiento de su atractivo como gran consumidor. Algo que suele resumirse en unas siglas: las parejas homosexuales, al menos las de cierto poder adquisitivo, son, en términos de marketing, dinks ( double income no kids o doble ingreso, sin chicos). Suman dos sueldos, no tienen hijos.

Entre Oslo y Madrid

Pero si, como bien lo muestra el tour por el SoHo, Londres es un tradicional destino friendly o amigable, este año la ciudad aspira directamente al título de capital del turismo gay. No es para menos: entre el 17 de junio y el 1° de julio será la sede del EuroPride, el festival del orgullo gay que desde 1992 moviliza multitudes a distintas ciudades europeas. ¿Qué tan grande será? Los organizadores esperan… más de medio millón de personas. Muchos de ellos, claro, extranjeros, por lo que el interés del sector turístico es evidente.

Negocio millonario al fin, más allá de su inalterable mensaje contra la discriminación, el EuroPride tiene comité organizador, prensa internacional, auspiciantes fuertes (bancos, aerolíneas, autos; ya mucho más allá del mercado específicamente gay) y una peleada elección de sede, como los mundiales de fútbol y los Juegos Olímpicos, en la que las ciudades candidatas hacen lobby durante años para llevarse la fiesta a casa.

Después de la última edición en Oslo y mientras Madrid se prepara como anfitriona para el año próximo, en Londres tienen un calendario listo desde hace meses. Del 17 al 30 de junio habrá conferencias, muestras de arte, conciertos de todo tipo de música y hasta competencias deportivas, siempre bajo la bandera del arco iris diseñada en 1978 por el artista de San Francisco Gilbert Baker.

El gran final será el 1° de julio: marcha por las calles desde Marble Arch hasta Westminster para terminar con concentraciones en Trafalgar Square, Leicester y el SoHo.

El Rosa y el Rojo

Londres es la ciudad de Oscar Wilde y Virginia Woolf, donde reinó Eduardo II. Y más allá del EuroPride, cuenta con más de 400 bares, restaurantes, discotecas y hoteles gay. Muchos de ellos, en el SoHo, barrio que concentra tradicionalmente la movida nocturna alternativa.

Kairos in SoHo es justamente la ONG que organiza desde hace diez años el mencionado tour gay por las calles (y callejones) de la zona. «Somos voluntarios y lo recaudado se usa para otras acciones vinculadas con la información y la salud», aclara el guía Christopher Howell, norteamericano, mago profesional y experto en secretos de alcoba alternativos de la historia británica.

Howell explica que la tradición gay del SoHo se remonta al siglo XVI, por lo que no debe extrañar que la ciudad tenga una actitud tolerante por sobre la media internacional ante la diversidad sexual. Londres tiene, por ejemplo, una Asociación de Policías Gay y entre las celebridades fuera del closet , además de artistas de todo rubro, hasta cuenta con un boxeador, Charles The Pink Pounder Jones, el Golpeador Rosa.

Otra expresión de esta cultura es el mismo alcalde de la ciudad, Ken Livingstone (apodado Red Ken, por sus ideas de izquierda). El laborista es reconocido como el major londinense que más ha escuchado a los homosexuales. «Londres tiene una comunidad gay muy activa -ha declarado Livinstone-. Y creo que su gran aporte a la comunidad debe ser correspondido por las autoridades, por lo que me he propuesto hacerme cargo a conciencia de sus temas.»

Por Daniel Flores
Enviado especial

Brighton, muy friendly

Clásico destino de descanso de la costa británica, estratégicamente cercano a Londres, la ciudad de Brighton es también lugar de residencia de una extensa comunidad gay y lésbica y un lugar de vacaciones muy elegido por viajeros fuera del closet .

Famosa para muchos por su playa de piedras y sus muelles de postal, otros visitantes la eligen más bien por su tradición liberal, sobre todo en el barrio de Kemp Town, donde abundan alojamientos tipo bed & breakfast para público gay.

Datos útiles

EuroPride

El festival, en el que se espera medio millón de personas, se realizará del 17 de junio al 1° de julio en Londres.

www.pridelondon.org

Tours

Tour Histórico a Pie del SoHo Gay y Lésbico: todos los domingos, a las 14, desde el pub Admiral Duncan, en Old Compton Street, SoHo. Cinco libras. No se suspende por lluvia. www.kairosinsoho.org.uk .

Wilde Tours. Paseos temáticos por la capital y alrededores.


clientcare@wildetours.com

Más información

Visit London, la Oficina de Turismo londinense, dedica un gran presupuesto al mercado gay. Publica la Guía Oficial Gay y Lésbica en papel y también difunde toda su información en www.visitlondon.com .

En el nivel nacional, Visit Britain también publica su guía, Inside & Out, en papel y en www.visitbritain.com/gay .

Para la ciudad de Brighton, www.visitbrighton.com

Navigaytor.net es el sitio de una especie de central de reservas para hoteles, cruceros y otros servicios.

La Asociación Internacional de Turismo Gay y Lésbico tiene su sede virtual en www.iglta.com .

PATRIMONIO URBANO: ATAQUES A MONUMENTOS, BUSTOS Y ORNAMENTOS EN PLAZAS Y PARQUES

El 50% de las esculturas porteñas están dañadas por el vandalismo

De las 1.969 figuras que hay en la Ciudad, 984 fueron rotas, les robaron partes o les pintaron graffitis. Se trata de piezas de valor cultural, que en algunos casos ya no resisten más restauraciones.

Vivian Urfeig

vurfeig@clarin.com

Representan a figuras de la literatura, la historia y la mitología. Recrean batallas y escenas de la vida política del país y la Ciudad. Reproducen pasajes de sinfonías o leyendas. De los 1.969 monumentos, grupos escultóricos y estatuas que existen en parques y plazas, el 50% está deteriorado. El vandalismo es la causa principal «en el 99% de los casos», afirman en la Dirección de Espacios Verdes del Gobierno porteño. El resto, unos pocos, sólo presenta las cicatrices del sol, el viento y la lluvia.

El ataque que dejó al busto de Coria Peñaloza sin cabeza hace 10 días, en Caminito, puso al descubierto la situación del patrimonio escultórico porteño, que tiene piezas de gran valor cultural.

Las figuras de La Aurora, del Parque Centenario, tienen las manos mutiladas, y es una de las esculturas que más restauraciones resistió (ver Los más…). Diana la Cazadora, que con su arco y su flecha adornaba un sector de Barrancas de Belgrano está en terapia intensiva, en los talleres de la Dirección de Monumentos y Obras de Arte (MOA). «Tenía demasiados graffitis, manchas y partes faltantes. Como es de mármol blanco la limpieza requiere tiempo y productos especiales«, detalla Carlos María Toto, al frente de esta dirección comunal que lleva un minucioso, y triste, registro de la destrucción.

El proceso de deterioro que atraviesa la mitad de los 128 monumentos, 53 grupos escultóricos, 117 estatuas, 171 bustos, 380 equipamientos ornamentales en fuentes y 1.120 mástiles y placas es incesante. «Se puede seguir limpiando y reponiendo piezas en casi todos los casos. Estamos en pleno proceso de recuperación y mitigación de los daños«, precisa Gustavo Roleri, director de Espacios Verdes comunal.

Cada vez que la violencia deja su sello en algún grupo escultórico, repararlo no cuesta sólo dinero. Implica un continuo desgaste del mármol, la piedra o el bronce que, llegado un límite, no resistirá más parches. Como el caso del Monumento a los Dos Congresos que, según los especialistas, no soportará más intervenciones que el actual lifting (ver Los más…). En líneas generales, el presupuesto para borrar graffitis, pintadas y robos ronda entre los $ 1.000 y los $ 3.500 por cada pieza, calculan en la Comuna.

Paciencia, pulso y productos adecuados. Con las tres P, el taller del MOA es un quirófano donde entran estatuas destruidas y salen como nuevas. Se trabaja con fotos, documentos y moldes de las piezas faltantes. «Se hacen limpiezas manuales y mecánicas y se colocan emulsiones de siliconas, que las protege ante futuras agresiones», indica Toto.

El arquitecto Jorge Bozzano, del Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio, advierte que «los materiales pétreos y mármoles no resisten demasiadas restauraciones. El graffiti que penetra en un mármol de Carrara es difícil de sacar, siempre arrastra algo de base».

A fines de los 90 se cercaron 120 espacios públicos después de una ola de robos de piezas escultóricas. Las rejas, termómetro de los ánimos porteños, le cambiaron la estética a la Ciudad y separan a los vecinos del patrimonio de obras de arte donde se destacan originales de Pierre Bourdelle, un gran renovador de la escultura francesa. O de Emile Peynot, autor entre otras, de De Francia a la Argentina, el primer monumento instalado en el país donado por una colectividad extranjera, en 1910, por el Centenario de la Revolución de Mayo.

«¿Terminará sucediendo que algún barrio entero de esta Ciudad —quejándose desde luego del vandalismo, de la inseguridad, de los intrusos, en fin: de los otros— solicite cerramiento y horarios de ingreso y egreso?». Esto se preguntaba el arquitecto especialista en temas urbanos Mario Sabugo, en 1997. Hoy, este profesor de Historia en la Facultad de Arquitectura se cuestiona lo mismo sobre el efecto de candados, cerrojos y rejas perimetrales. «Es preocupante que la solución sea el encierro», le dijo a Clarín.

La falta de sensibilidad y de educación es lo que el arquitecto Bozzano plantea como nudo del problema. «Los corralitos no son lindos —coincide—, pero sí necesarios hasta que la gente aprenda a cuidar lo que le pertenece». Lía María, ministra porteña de Espacio Público, cree que el uso de estos lugares sociales «debe facilitar el estímulo de la identificación simbólica, la expresión y la integración cultural y comunitaria». En estos museos a cielo abierto falta mucho camino por recorrer. Y por valorar.

Las más atacadas

 

Sin castigo


Daniel Fernández Quinti

dquinti@clarin.com

«Un espíritu de destrucción que no respeta cosa alguna, sagrada ni profana». Así define la Real Academia Española al término vandalismo. Y en nuestra ciudad se ve que este fenómeno crece. Porque el espíritu que sobrevuela todo es que se trata de un delito que si bien tiene un castigo, nadie lo aplica. De los que atacaron las esculturas de Caminito nada se sabe y no debe ser tan difícil atraparlos. Con este estado de cosas, de total impunidad, entonces sólo podemos esperar —si no cambiamos— más destrucción y menos respeto.

Graffitis, golpes y robos

De piedra Mar del Plata, El Idilio, de Plaza Irlanda, necesita una lavada de cara para borrar el graffiti «Bicho Capo» (foto superior) que algún fanático de Argentinos Juniors dejó de recuerdo. En los planes del Gobierno porteño también está reconstituir las orejas y el hocico del lobo de Caperucita (abajo), la escultura de Juan Mario Carlus que está en el Parque Tres de Febrero. Y en Parque Centenario, invertirán $ 5.000 para trasladar el monumento del zoólogo alemán Germán Burmeister tras las rejas del nuevo perímetro y devolverle su mano derecha, que alguien se llevó hace 25 años.

Penas de hasta 4 años de prisión

El Código Penal contempla penas de entre tres meses y cuatro años de prisión por daños a estatuas, monumentos, signos conmemorativos y otros objetos de arte colocados en edificios o lugares públicos. Sin embargo, vecinos y funcionarios admiten que esta norma se hace cumplir poco en Buenos Aires. A 10 días de que aparecieran dañadas cinco estatuas de Caminito, todavía no hay ningún detenido. En el barrio, además, denunciaron que apenas bajó la vigilancia policial en el Paseo aparecieron nuevas pintadas.

En cifras

$10.000

Lo que cuesta la actual restauración del Monumento a los Dos Congresos.

27

Las veces que restauraron las figuras de La Aurora, en Parque Centenario.

4.000

Los metros lineales de rejas de protección instalados en parques y plazas.

#SALTA | Cachi

Clarín

Esa joya de los Valles Calchaquíes

Todo el encanto de Cachi, un pueblito de calles de tierra entre cerros de colores. La iglesia, el Mercado Artesanal y el Museo Arqueológico.

Dicen que mientras más difíciles son los caminos más se desea y se disfruta del destino. Esto, cuando se visita Cachi, en los Valles Calchaquíes de Salta, es parcialmente verdadero. A la relativa dificultad del acceso —varios km de tierra polvorienta— a este puñado de casas blancas sembrado en un valle transparente, se suma la variedad de destinos que ofrece. Entonces el viajero se reprocha haber demorado la visita a este micromundo radiante. Situado a 2.200 metros sobre el nivel del mar, Cachi florece como un almácigo fresco en el regazo del colosal Nevado de Cachi, de casi 7 mil metros. Su clima seco y frío conserva con fidelidad las edificaciones de blancura sorprendente: casas de adobe y piedra con techos de caña y barro, calles empedradas, construcciones centenarias, rastros de los pueblos originarios y un paisaje tan variado como asombroso.

Este antiguo asentamiento, anterior a la dominación española, fue habitado por diaguitas que aprovecharon el agua de deshielo y concretaron un ingenioso sistema de riego que transformó esta tierra marrón y quebradiza en un huerto verde y florido.

Enclavado en un punto estratégico de los Valles Calchaquíes, Cachi, cuya existencia «oficial» data de 1673, aún discute el significado de su nombre. Una versión sostiene que los diaguitas unieron los vocablos kak (piedras o peñones) con chi o chin (silencio, soledad). Si no fuera cierto, estas raíces definen gratamente el clima del lugar. Otros afirman que Cachi proviene de un vocablo atacameño que significa, simplemente, «valle hermoso».

La plaza central de Cachi, de jardines serenos, está rodeada de calles adoquinadas y casas con bases de piedras y paredes revestidas de cal y arena. Algunas tienen rejas de hierro forjado. Las veredas de piedra y laja son altas y están acompañadas de acequias o canales de riego. Muy cerca asoma el Mercado Artesanal, donde se destacan los tejidos de buena calidad y los trabajos en cuero, madera, metales, cerámicas y productos regionales.

Los pasos llevan casi involuntariamente a la parroquia, una construcción de 1796 que despliega una noble y austera arquitectura. Son imperdibles su nave de 35 metros y el altar mayor.

Como todo en Cachi está cerca, en un mismo paseo se puede acceder al Museo Arqueológico, que funciona en una casa de 1920 con una galería neogótica. Reúne más de 5 mil piezas extraídas de los Valles Calchaquíes, que reflejan vida y costumbres de los pueblos originarios.

Cuando se pregunta por el Mirador, los vecinos señalan un lugar muy cercano en lo alto de la ciudad. Se trata del cementerio. En su estructura arquitectónica prevalece una recova de arcos que sirve de fachada. Amparado en las sombras de este gigante construido en 1850, se tiene una panorámica del pueblo y su valle.

Alrededor de Cachi, sorprende la variedad y singularidad de sus atractivos. Por la ruta 33, antes de llegar a Piedra del Molino, un desvío se interna por un pequeño valle de laderas suaves y preñado de pastizales bajos que aprovecha el ganado. Cachipama es un refugio de pastores. Más adelante, el panorama se abre y lleva a la laguna El Hervidero, donde suelen abrevar los guanacos.

En un empalme de rutas se accede a la sorprendente recta Tin Tin, una línea sin curvas de 19 km pavimentada a 3 mil metros de altura. A su vera crecen los cardones y en el horizonte pueden verse los cerros Negro y Tin Tin. La ruta bordea Seclantás y acerca al bosque de Churqui Gigante —formación arbórea dominada por el churqui. Entre las matas sobresalen jarillas y arbustos espinosos. Este bosque es una porción del Parque Nacional Los Cardones, un virtual desierto donde sobresale el empecinamiento de esos árboles que beben de la arena seca.

En 70 mil ha conviven, en relativa armonía, #vicuñas, #guanacos, tarucas (especie de venado), pumas, zorros colorados, gatos monteses, comadrejas, quirquinchos, ututos (tipo de lagarto), corales y yararás. Además, hay más de cien especies de aves, como cóndores, carpinteros de los cardones, inambúes serranos, quiulas y aguiluchos puneños|llama|alpaca

El clima del parque es seco y frío; en verano suele llover y en invierno ocasionalmente nieva. Carece de casi todos los servicios; por eso, se recomienda llevar agua potable, protección para el sol y alguna vianda.

Los Antigales completan el circuito, con yacimientos arqueológicos como El Tero, Ruinas Las Pailas y Puerta La Paya.

Un valle en el cielo

Un camino sinuoso y rodeado por vegetación exuberante, bordeado por un río sonoro, conduce hasta la Quebrada de Escoipe. Con tramos muy estrechos, tapizados de verdes o sorteando paredones de piedra, el camino cruza el mismo río hasta llegar a la gran subida de la Cuesta del Obispo. El punto más alto está a 3.300 metros de altura, donde descansa la Piedra del Molino, una inmensa roca tallada sobre granito. A 2 km está la entrada al Parque Nacional Los Cardones y el acceso al Valle Encantado. Postal grandilocuente que hace honor a su nombre, es posible notar la erosión del viento y la lluvia sobre la roca. Estas formas insólitas y de extraña belleza se completan con la gran variedad de pinturas rupestres o petroglifos (en Cachi hay 36 sitios) en cuevas y aleros.

Miniguía

COMO LLEGAR. De Bs. As. a Salta son 1.542 km por ruta 9 (Panamericana ramal Escobar). A Cachi, 158 km (92 km pavimentados) por rutas 68 hasta El Carril, 33 h/ Payogasta y 40. De Cafayate, 165 km por ruta 40. Camino consolidado, intransitable si llueve. Se aconseja viajar a no más de 40 km por hora.

* DONDE ALOJARSE. En hostería del ACA, habitación single con baño privado y cochera, $ 100; hostal Samay Huasi (a 6 km de Cachi), $ 65; hotel Nevado de Cachi, $ 25. Albergue municipal, $ 5; y camping municipal.

* EXCURSIONES. Hay guías de trekking, pesca, mountain bike, cabalgatas, 4×4 y turismo rural. Desde Cafayate, excursión día completo en 4×4, $ 100 (www.turismocordillerano.com.ar).

Información

(03868) 491-052/3.

www.turismosalta.gov.ar

www.salnet.com.ar/cachi

www.rupestre.com.ar/articulos

SALTA

Clarín
 
Esa joya de los Valles Calchaquíes

Todo el encanto de Cachi, un pueblito de calles de tierra entre cerros de colores. La iglesia, el Mercado Artesanal y el Museo Arqueológico.

Dicen que mientras más difíciles son los caminos más se desea y se disfruta del destino. Esto, cuando se visita Cachi, en los Valles Calchaquíes de Salta, es parcialmente verdadero. A la relativa dificultad del acceso —varios km de tierra polvorienta— a este puñado de casas blancas sembrado en un valle transparente, se suma la variedad de destinos que ofrece. Entonces el viajero se reprocha haber demorado la visita a este micromundo radiante.

Situado a 2.200 metros sobre el nivel del mar, Cachi florece como un almácigo fresco en el regazo del colosal Nevado de Cachi, de casi 7 mil metros. Su clima seco y frío conserva con fidelidad las edificaciones de blancura sorprendente: casas de adobe y piedra con techos de caña y barro, calles empedradas, construcciones centenarias, rastros de los pueblos originarios y un paisaje tan variado como asombroso.

Este antiguo asentamiento, anterior a la dominación española, fue habitado por diaguitas que aprovecharon el agua de deshielo y concretaron un ingenioso sistema de riego que transformó esta tierra marrón y quebradiza en un huerto verde y florido.

Enclavado en un punto estratégico de los Valles Calchaquíes, Cachi, cuya existencia "oficial" data de 1673, aún discute el significado de su nombre. Una versión sostiene que los diaguitas unieron los vocablos kak (piedras o peñones) con chi o chin (silencio, soledad). Si no fuera cierto, estas raíces definen gratamente el clima del lugar. Otros afirman que Cachi proviene de un vocablo atacameño que significa, simplemente, "valle hermoso".

La plaza central de Cachi, de jardines serenos, está rodeada de calles adoquinadas y casas con bases de piedras y paredes revestidas de cal y arena. Algunas tienen rejas de hierro forjado. Las veredas de piedra y laja son altas y están acompañadas de acequias o canales de riego. Muy cerca asoma el Mercado Artesanal, donde se destacan los tejidos de buena calidad y los trabajos en cuero, madera, metales, cerámicas y productos regionales.

Los pasos llevan casi involuntariamente a la parroquia, una construcción de 1796 que despliega una noble y austera arquitectura. Son imperdibles su nave de 35 metros y el altar mayor.

Como todo en Cachi está cerca, en un mismo paseo se puede acceder al Museo Arqueológico, que funciona en una casa de 1920 con una galería neogótica. Reúne más de 5 mil piezas extraídas de los Valles Calchaquíes, que reflejan vida y costumbres de los pueblos originarios.

Cuando se pregunta por el Mirador, los vecinos señalan un lugar muy cercano en lo alto de la ciudad. Se trata del cementerio. En su estructura arquitectónica prevalece una recova de arcos que sirve de fachada. Amparado en las sombras de este gigante construido en 1850, se tiene una panorámica del pueblo y su valle.

Alrededor de Cachi, sorprende la variedad y singularidad de sus atractivos. Por la ruta 33, antes de llegar a Piedra del Molino, un desvío se interna por un pequeño valle de laderas suaves y preñado de pastizales bajos que aprovecha el ganado. Cachipama es un refugio de pastores. Más adelante, el panorama se abre y lleva a la laguna El Hervidero, donde suelen abrevar los guanacos.

En un empalme de rutas se accede a la sorprendente recta Tin Tin, una línea sin curvas de 19 km pavimentada a 3 mil metros de altura. A su vera crecen los cardones y en el horizonte pueden verse los cerros Negro y Tin Tin. La ruta bordea Seclantás y acerca al bosque de Churqui Gigante —formación arbórea dominada por el churqui. Entre las matas sobresalen jarillas y arbustos espinosos. Este bosque es una porción del Parque Nacional Los Cardones, un virtual desierto donde sobresale el empecinamiento de esos árboles que beben de la arena seca.

En 70 mil ha conviven, en relativa armonía, vicuñas, guanacos, tarucas (especie de venado), pumas, zorros colorados, gatos monteses, comadrejas, quirquinchos, ututos (tipo de lagarto), corales y yararás. Además, hay más de cien especies de aves, como cóndores, carpinteros de los cardones, inambúes serranos, quiulas y aguiluchos puneños.

El clima del parque es seco y frío; en verano suele llover y en invierno ocasionalmente nieva. Carece de casi todos los servicios; por eso, se recomienda llevar agua potable, protección para el sol y alguna vianda.

Los Antigales completan el circuito, con yacimientos arqueológicos como El Tero, Ruinas Las Pailas y Puerta La Paya.

 

 

 

Un valle en el cielo

Un camino sinuoso y rodeado por vegetación exuberante, bordeado por un río sonoro, conduce hasta la Quebrada de Escoipe. Con tramos muy estrechos, tapizados de verdes o sorteando paredones de piedra, el camino cruza el mismo río hasta llegar a la gran subida de la Cuesta del Obispo. El punto más alto está a 3.300 metros de altura, donde descansa la Piedra del Molino, una inmensa roca tallada sobre granito. A 2 km está la entrada al Parque Nacional Los Cardones y el acceso al Valle Encantado. Postal grandilocuente que hace honor a su nombre, es posible notar la erosión del viento y la lluvia sobre la roca. Estas formas insólitas y de extraña belleza se completan con la gran variedad de pinturas rupestres o petroglifos (en Cachi hay 36 sitios) en cuevas y aleros.

Miniguía

COMO LLEGAR. De Bs. As. a Salta son 1.542 km por ruta 9 (Panamericana ramal Escobar). A Cachi, 158 km (92 km pavimentados) por rutas 68 hasta El Carril, 33 h/ Payogasta y 40. De Cafayate, 165 km por ruta 40. Camino consolidado, intransitable si llueve. Se aconseja viajar a no más de 40 km por hora.

* DONDE ALOJARSE. En hostería del ACA, habitación single con baño privado y cochera, $ 100; hostal Samay Huasi (a 6 km de Cachi), $ 65; hotel Nevado de Cachi, $ 25. Albergue municipal, $ 5; y camping municipal.

* EXCURSIONES. Hay guías de trekking, pesca, mountain bike, cabalgatas, 4×4 y turismo rural. Desde Cafayate, excursión día completo en 4×4, $ 100 (www.turismocordillerano.com.ar).

Información

(03868) 491-052/3.

www.turismosalta.gov.ar

www.salnet.com.ar/cachi

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San Pedro Viejo, un refugio con historia

Clarín

Sabores criollos y ecos del pasado en una posta centenaria, al norte de la capital provincial, cerca de Dean Funes.

María Sol Porta. ESPECIAL PARA CLARIN

Al retirarse, la niebla del amanecer descubre un paisaje de serranías y palmeras. Desde la cocina de la Casa del Roble llega el aroma del pan recién hecho. La antigua Posta y la iglesia de San Pedrito todavía descansan bajo el azul de un cielo ya sin nubes. En medio de este paisaje del norte cordobés, el Hotel de Campo San Pedro Viejo brilla con el encanto de su entorno natural y el hechizo de su historia.

Por estos parajes pasó Jerónimo Luis de Cabrera antes de fundar la capital cordobesa, 170 kilómetros hacia el sur. Aquí su hijo Pedro Luis levantó en el siglo XVII la pequeña capilla —hoy la más antigua de la provincia— y una Posta de Correos y Encomiendas para hospedar a los viajeros que pasaban por el Camino Real desde y hacia el Alto Perú. Casi 350 años después, la familia Ferreyra llegó a este casco y las 5 mil hectáreas que lo rodean para cumplir su proyecto de crear este hotel, en el que hoy los viajeros modernos tienen la oportunidad de dormir albergados por las mismas paredes que una vez resguardaron a Manuel Belgrano y a José de San Martín.

A la Posta de 1654 se suma la centenaria Casa del Roble. Tiene seis habitaciones con muebles de estilo colonial y criollo, impregnadas del espíritu de los tiempos virreinales y las luchas por la Independencia. "Imaginen a Belgrano diseñando la campaña del Norte, o a San Martín descansando en un alto de la campaña del Perú", sugieren los anfitriones. A lo lejos se ven las Piedras de las Niñas donde, según cuenta la leyenda, se ocultaban las doncellas del lugar ante la llegada de las huestes de Facundo Quiroga.

Sabores de estancia

Basta recorrer las salas y habitaciones de la Posta para remontarse a aquellos años en que el territorio era zona de paso para viajeros y caudillos: el antiguo casco se destaca por la calidez que le dan sus paredes de adobe y las maderas de quebracho y algarrobo en suelos, techos y ventanas. La nobleza de los materiales y tres años de prolija restauración dieron como resultado el particular ambiente que se respira a medida que se recorre la habitación, el living y el comedor privados de la Suite Belgrano.

Integrante de la red NA Town & Country Hotels, San Pedro Viejo ofrece una buena oportunidad para dejar atrás el estrés de la ciudad y divertirse con las actividades del campo. En la estancia se crían caballos peruanos y quienes lo deseen pueden tomar lecciones para montar estos magníficos animales, ensillarlos y disfrutar del especial andar de esta raza que, incluso en los trancos más veloces, se destaca por su comodidad para los jinetes. Cada huésped tiene su caballo durante todo el tiempo que dura su estadía y no son pocos los que antes de irse piden: "Cuídenmelo bien, para cuando vuelva".

También hay paseos en carruajes antiguos, pileta y solarium, actividades para los chicos, degustaciones de vinos y una oferta de cursos que incluye lecciones de telar y cestería. Además, están las lecciones de cocina regional a cargo de Doña Cuca, que nació y vivió desde siempre en San Pedro y hoy es toda una institución del lugar. De sus manos salen las delicias de la cocina criolla que, desde el desayuno a la cena, caracterizan a la gastronomía del hotel. Algunas de sus recetas se ponen en práctica en los talleres. La de su famoso dulce de leche, en cambio, es un misterio que Doña Cuca nunca revela, pero que sí puede ser saboreado entre rebanadas de exquisito pan.

De paseo

Vale la pena quedarse lo suficiente como para conocer San Pedro Viejo y sus alrededores. A media hora de viaje en auto se encuentra el pueblo del Cerro Colorado, hogar de Atahualpa Yupanqui y custodio de las pictografías de los indios sanavirones (ver recuadro). Entre los orgullos de la zona también están las Salinas Grandes, una blanca extensión de ocho mil cuatrocientos kilómetros cuadrados que comparten las provincias de Córdoba, Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero. Por las noches, se organizan salidas que incluyen el traslado hasta el lugar para, después de contemplar el atardecer, disfrutar de los sabores regionales bajo la luz de una magnífica luna llena y las velas.

A 12 kilómetros de la Posta y la Casa del Roble está San Carlos, donde un puesto de estancia, una laguna natural y un horizonte de palmas y algarrobos esperan a los viajeros que llegan para disfrutar de un buen asado. El camino puede hacerse en auto, en carruaje o a caballo.

Al atardecer, las galerías de San Pedro Viejo se iluminan con los faroles y en la cocina ya se prepara la cena. Mientras algunos se despiertan de la siesta y dan un paseo, otros prefieren prolongar el descanso en el jacuzzi de su habitación. En las salas de estar se lee y se conversa. Músicos y amantes de la música, los Ferreyra acompañan a todo aquel que tenga ganas de cantar o empuñar una guitarra, e invitan a intérpretes de todos los géneros para la agenda de eventos musicales que tienen lugar en la iglesia.

La noche cae sobre la estancia: a la hora de las estrellas y las lechuzas, los caballos duermen en sus establos. Otro día más termina en aquella Posta que supo albergar a peregrinos, mercaderes y próceres y que hoy, cuatro siglos más tarde, renace para cumplir con el destino de hospitalidad que le dio origen.

FRANCIA: La estación de las más bellas artes

Clarín
 
El Museo d´Orsay, de París, funciona en una antigua terminal ferroviaria. Alberga una valiosa colección de pintura impresionista.

Silvina Quintans.

ESPECIAL PARA CLARIN

Alguna vez el escritor Italo Calvino sostuvo que en París "todo está listo para pasar al museo o que el museo está listo para englobar a la calle". Esa sensación de gran calle convertida en museo es la que uno siente mientras pasea por las espaciosas galerías del Museo d’Orsay de París. Como si se tratara de un sofisticado mercado callejero, uno ingresa al museo por una amplia galería de techos tan altos que parecen inexistentes, en la que conviven toda clase de objetos: muebles, esculturas, fotografías, maquetas, bocetos arquitectónicos, y, por supuesto, la valiosísima colección de pinturas que le ha valido el mote —algo injusto— de "Museo de los Impresionistas".

Van Gogh, Gauguin, Degas, Monet, Seurat, entre muchos otros famosos, habitan bajo el techo de vidrio y hierro del edificio que alguna vez fue estación de trenes. Sesenta años es todo, parecieran gritar las paredes del museo, que exhibe obras producidas entre 1848 y 1914. La inspiración por aquel entonces estaba a la orden del día: clasicismo, realismo, simbolismo, divisionismo y, por supuesto, impresionismo, son algunos de los tantos ismos que proliferaron en aquella época. A veinte años de su inauguración, el Museo d’Orsay es el tercero más visitado de París, después del Louvre y de Versalles. La colección retrata el rico período que va desde la revolución que dio lugar a la Segunda. República hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial.

Del tiempo en los museos

El Louvre y el Orsay se enfrentan a uno y otro lado del Sena. Uno, sobre la ribera derecha, conserva su aspecto aristocrático de antiguo palacio convertido en el museo más grande del mundo. El otro, sobre la ribera izquierda, tiene el porte de las estaciones ferroviarias de principios del siglo XX, por la que alguna vez se desplazaron ruidosos trenes y multitudes.

El visitante decide cruzar el río Sena y llegar hasta la remozada estación de trenes. El edificio es lo primero que apabulla. Aquí no existen los estrechos pasillos atiborrados de cuadros, ni las grandes salas con iluminación focalizada en las glorias del pasado.

La luz del sol, colada por los enormes paneles de vidrio que cubren el techo, inunda todo con un tinte blanquecino. Desde el pasillo central el techo parece inalcanzable, una estructura que envuelve el cielo. Al fondo, el antiguo y gigantesco reloj de la estación anuda el paso del tiempo, que ya no es el de los pasajeros apurados en busca del tren, sino aquel tiempo suspendido que se respira en los museos.

El lugar parece un inmenso loft en el que muebles, esculturas, maquetas, fotografías y pinturas encuentran una ubicación predestinada y perfecta.

La curiosidad comienza, entonces, por conocer la historia de este maravilloso edificio de destino atípico. La antigua Estación d’Orsay fue construida para la Exposición Universal de 1900 y fue un prodigio de la época. Durante casi cuarenta años circularon por aquí los trenes, que con la modernización resultaron demasiado largos para sus andenes.

El destino del edificio fue cambiando: recibió a los prisioneros liberados luego de la Segunda Guerra Mundial, sirvió de sede para una compañía teatral, y hasta fue utilizado como escenografía de la película "El Proceso", dirigida por Orson Welles y basada en el libro de Franz Kafka.

Condenado a la demolición, lo salvó una decisión del gobierno francés de convertirlo en museo, finalmente inaugurado en diciembre de 1986.

Se comprende entonces que el afán clasificatorio de los parisinos ha encontrado el edificio adecuado para cada uno de los períodos del arte. En el antiguo Palacio del Louvre, habitado por varias dinastías de reyes, se refugian las corrientes más clásicas y antiguas, hasta el año 1848. La estación de trenes de principios del siglo XX en la que se encuentra el Museo d’Orsay sugiere la popularización del arte y su llegada a las calles. Las vanguardias encontraron su refugio en el Museo de Arte Moderno que se encuentra en el Centro Pompidou.

Sobre los impresionistas

Apenas se comienza a recorrer el edificio se cae en la cuenta de que el Museo d’Orsay abarca mucho más que la escuela de los impresionistas. Junto con ese estilo, en su momento rechazado por la cultura oficial al punto que para exponer sus obras debieron crear el "Salón de los Rechazados", el Orsay expone cuadros de los "bomberos", denominación despectiva que se daba a aquellos pintores que gozaban de los favores de las autoridades y que eran aceptados por los salones.

Con espíritu conciliador, el museo intenta ser lo más abarcativo posible del período que se propone retratar. Por eso, a las pinceladas lluviosas de los impresionistas, se agregan las líneas clásicas de pintores como Jean-Auguste-Dominique Ingres o Alexandre Cabanel, el escandaloso realismo de Gustave Courbet, el simbolismo de Odilon Redon, o las naturalezas muertas casi cubistas de Paul Cezánne.

El visitante especula: si tuviera cien años más, seguramente se hubiera escandalizado por la obscenidad de las obras expuestas en varias de las salas. Recuerda la historia de "La Olimpia", de Manet, que hoy reposa cómodamente frente a la mirada casi indiferente de los visitantes, mientras en el siglo XIX debió ser expuesta fuera del alcance de los furiosos espectadores que consideraban que una prostituta no merecía ser modelo de una obra de arte.

Mientras se pasa frente a la "Danza", del escultor Jean-Baptiste Carpeaux, que alguna vez adornó el frente de la Opera de París, recuerda que el realismo de los desnudos en su momento provocó un certero ataque a la escultura con un frasco de tinta.

Con el correr de los años, este arte casi parece ingenuo, pero no sucede lo mismo con obras como la del realista Gustave Courbet que lleva el sugestivo nombre de "El Origen del Mundo" y que aún turba con su primerísimo primer plano de los genitales femeninos. "El entierro en Ornans", del mismo pintor, también causó escándalo en su momento: "¿Puede alguien pintar gente tan fea?", se preguntaba un crítico frente a los rostros desencajados de los campesinos que asistían a un entierro popular.

Si tuviera cien años más, seguramente el viajero se habría sonreído frente a los familiares rostros de los parlamentarios caricaturizados en pequeñas esculturas por Honoré Daumier. Las figuras están dispuestas de tal modo, que parecen haber sido sorprendidas en plena sesión de la Cámara. Hay que detenerse frente a las suaves pinceladas de Claude Monet destinadas a captar las sutilezas de la luz frente a la Catedral de Rouen. La imagen parece ajena a todo escándalo y, sin embargo, muestra la revolucionaria búsqueda de los impresionistas de aquello que parecía imposible de retener: la impresión, la fugacidad del momento.

La mirada se fija en la expresividad de Van Gogh que no amaina, ni aun cuando se propone retratar la antigua Iglesia de Auvers, casi cortada a cuchillo y desbordante de colores. Los colores del pintor inundan incluso un tema campestre y apacible como "La Siesta", tomada del dulce y melancólico cuadro de Jean Millet que se exhibe en el piso de abajo.

Las tahitianas de Paul Gauguin se ven desde lejos, con sus sensuales espaldas iluminadas por el sol. "Sed misteriosas" y "Enamoraos y seréis felices", ordenan las puertas de la "Casa del Goce", última morada de Gauguin, que también pueden verse en el museo con sus figuras talladas de animales, vegetales y desnudos femeninos.

El paseo continúa ahora entre esculturas. Cerca del Balzac y del Pensador de Rodin, "La Edad Madura", un grupo esculpido por la desgarrada Camille Claudel, impresiona al viajero. La figura suplicante de la escultora se arrastra frente a Auguste Rodin y su amante, Rose Beuret.

Imposible dejar el museo sin haber visto antes las bailarinas de Degas, los afiches de Toulouse Lautrec, las luminosas escenas de Renoir y la inolvidable colección de Art Nouveau que se exhibe en el nivel medio. Tampoco se perderá la fotografía de Charles Baudelaire tomada por Félix Nadar, o la de Marcel Proust en su lecho de muerte inmortalizada por Man Ray.

Cuando levante nuevamente la vista y se encuentre con el gigantesco reloj, verá que han pasado más de siete horas, pero el tiempo es la cualidad imperceptible de algunos museos.