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Hilary Duff vendrá en mayo
Clásica para el fin del mundo

La segunda edición de este ambicioso proyecto reúne durante dos semanas a destacados grupos y solistas de 18 nacionalidades, entre ellas, suizos, austríacos, búlgaros, lituanos, moldavos y rusos que realizarán una veintena de presentaciones, incluidas cuatro gratuitas y populares en gimnasios municipales de Ushuaia y de Río Grande, dirigidos por el argentino nacionalizado austríaco Jorge Uliarte y el suizo Claude Villaret.
Los organizadores del festival prometen "deslumbrar" a los espectadores locales y a los turistas que decidan viajar por estos días a la capital de Tierra del Fuego, que aspira a convertirse en el referente sudamericano de este género artístico. De hecho, Uliarte afirmó que la de Praga es "una de las mejores orquestas de Europa".
Con esta apuesta, surgida desde el sector privado, pero bien recibida desde el Estado, Ushuaia busca expandir la oferta turística volcándose a la cultura y abrir un mercado hasta ahora reservado a los aventureros, cruceristas antárticos y amantes de los deportes extremos.
Por ello, la estrategia de la Municipalidad de Ushuaia fue publicitar el festival en la zona norte de la ciudad de Buenos Aires con cartelería en la vía pública, shoppings y paseos de compra.
Habrá una noche dedicada a "Las cuatro estaciones", de Antonio Vivaldi y música barroca a cargo de los ocho integrantes del grupo helvético musical Fiorita, dirigido por Daniela Dolci, que interpretará además composiciones del siglo XVII y XVIII.
También Mozart tendrá su jornada homenaje por el 250° aniversario de su natalicio, a cargo del trío vienés conformado por el violinista Dalibor Karvay, el violonchelista Milan Karanovic y el pianista Stefan Stroissnig. El "Réquiem" interpretado por un coro de voces fueguinas, se destaca también en el programa.
"La traviata", de Giusseppe Verdi, marcará, el próximo jueves, un nuevo hito cultural en Ushuaia al convertirse en la primera ópera desarrollada en esta capital, musicalizada por la Orquesta de Praga interpretada por los argentinos María José Dulin (Violeta Valery), Santiago Bürgi (Alfredo Germont) y Fernando Santiago (Giorgio Germont) con la dirección de Villaret.
La Sinfónica de Praga interpretará además "El concierto de Aranjuez", de Joaquín Rodrigo, y un marimbista de 19 años, elegido mejor percusionista de Viena, interpretará el "Concierto para marimba y orquesta", de Ney Rosauro, que dura veinte minutos, y para el que debieron trasladar desde Austria hasta Ushuaia una marimba que pesa más de 150 kilos. "Este esfuerzo revela el entusiasmo que existe entre los músicos por este festival en el fin del mundo", señalan los organizadores.
Además, habrá ocho conciertos sinfónicos, conciertos de cámara sobre la base de composiciones de Chopin, Dvorak, Ravel, Haydn, Beethoven, Schubert, Rachmaninov. También figuran en el repertorio los valses vieneses de Strauss "Rosas del Sur", "Sangre vienesa", y "El Danubio azul".
"Estamos poniendo a prestigiosos solistas de dilatada trayectoria que se juntan a hacer música de Beethoven entre los conciertos sinfónicos", ilustró Uliarte.
Más que buena música
Uliarte, quien además es el director artístico del festival, destacó que un emprendimiento de esta magnitud, auspiciado por firmas comerciales y por los gobiernos de Salzburgo, la embajada de Austria, el Herbert Von Karajan Centrum de Viena y la Universidad de Artes de Graz, "sólo se puede hacer cuando hay gente que le pone el corazón a los sueños".
"Pensamos en un repertorio que le dé algo al corazón de la gente para que se puedan ir a casa felices, contentos, pensando que vieron algo por lo que valió la pena invertir el tiempo", se ilusionó Margareta Uliarte, la representante en Austria del festival.
Pero el festival, declarado de interés por la Presidencia, el Senado, las secretarías de Cultura y de Turismo de la Nación, es algo más que buena música. La artista plástica austríaca Manuela Schwenkreich expondrá en Ushuaia una colección denominada "La música en el inicio del mundo", y los intendentes de Ushuaia, Jorge Garramuño, y el de Salzburgo, dejarán inaugurado la plaza "Mozart", que personal municipal construye en un espacio verde de la ciudad fueguina.
Silvio Bocchicchio
Hoy a la medianoche, se presentan Una Cimarrona y Me darás mil hijos en las Fiestas Bubamara. Baile, desenfreno y buena música.
Surgieron en diciembre de 2002 cuando un grupo de amigos decidió hacer algo para crear una alternativa distinta a los tradicionales boliches con música pop o electrónica. Empezaron como pequeñas reuniones pero hoy son multitudinarias y muy divertidas ya que se crea un clima de baile desenfrenado.
Esta noche, en El Teatro (F. Lacroze y Alvarez Thomas), se realiza una Fiesta Bubamara y antes actuarán Me darás mil hijos y Una Cimarrona. “Nosotros tocamos en las que se hacían en un lugar pequeño, en la ex Nave Jungla, cuando recién empezaban – dice Mariano Fernández, cantante de Me darás mil hijos-. Es un lugar bastante
afín adonde nos sentimos muy cómodos. Son fiestas que salen de lo común del circuito y son como para bailar hasta cansarte”.
Otro grupo que también participa desde los comienzos de estas fiestas son los rosarinos Una Cimarrona. “La gente se engancha con lo que nosotros hacemos porque la música que pasan está muy cerca de nuestros temas”, dice Soledad Casinni (bombardino).
Una Cimarrona entró a grabar su segundo disco en marzo y Me darás mil hijos está preparando su nuevo trabajo. “Ya lo tenemos bastante armadito así que en breve nos sentamos con la compañía para definir fechas de grabación – cuenta Fernández-. La idea es presentarlo en la segunda mitad del año y ahí arrancar a tocar sin parar”.
Aguante, Catupecu
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Gustavo Cerati habló en Chile sobre un posible regreso de Soda Stéreo
El cantante, guitarrista y productor musical Gustavo Cerati aseguró en una entrevista con periodistas del diario El Mercurio de Chile que la posibilidad de que se produzca el regreso de la agrupación Soda Stereo depende exclusivamente de él.
“De mí depende que nos volvamos a reunir, como dependieron de mí muchos aspectos de la composición y todo eso. Pero además tiene que ver con el cosmos. No quiero ser místico, pero tiene que ver cuando las cosas confluyen y no sólo la guita que me ponés arriba de la mesa, porque ya sé que existe”, explicó Cerati.
A su vez, reconoció que recibió millonarias ofertas para que el reencuentro se produzca en los escenarios y que ya mantuvo varias reuniones con los otros dos integrantes de la mítica banda: Charly Alberti y el bajista, Zeta Bosio.
Finalmente, estimó que es muy probable que el reencuentro se produzca, pero confirmó que “no será ahora”, ya que se encuentra presentando su nuevo disco como solista, titulado “Ahí vamos”.
Un misterio llamado Dana
Ahora que todo el mundo se relame hablando del talento de Gustavo Santaolalla, ahora que "tenemos" un Oscar argentino y que las revistas de interés general no dudan en seguir definiendo al músico con palabras como el conquistador o el argentino del año, resulta interesante dejar tanto laurel a un lado y poner en foco la historia de una mujer increíble llamada Danais Winnycka que, hace ya casi cuarenta años, encandiló y modificó radicalmente la cabeza de Gustavo Santaolalla. Una mujer misteriosa nacida en Ucrania el 28 de marzo de 1939 y de quien se acaba de conocer su muerte, ocurrida el 7 de setiembre de 2003. Su marido, el Arco Iris Ara Tokatlián difundió la noticia hace unas semanas en una carta abierta publicada en el sitio www.rock.com.ar
Dana fue una pionera en el uso de técnicas alternativas provenientes de la filosofía oriental. A fines de los ’60 conoció a Gustavo Santaolalla, Ara Toklatián y Guillermo Bordarempé, tres músicos de unos 16, 17 años. Dana tenía 30 años y trabajaba como modelo de alta costura de Jean Cartier. De chica había viajado junto a su padre, diplomático y cantante de ópera aficionado, por la India y el Tibet. En ese viaje adquirió los primeros conocimientos de yoga, vegetarianismo y técnicas curativas. Se radicó con su familia en Villa Ballester y siguió desarrollando una filosofía espiritual que poco tiempo después atraparía a los tres muchachos.
Cuando se formó Arco Iris, Dana era un elemento clave en la dinámica interna del grupo. Vivían todos juntos y provocaban un buen escándalo en la sociedad de entonces. Prácticamente contemporáneos a los entreveros de George Harrison y Los Beatles con gurúes y otras yerbas, se establecieron en una casa en Boulogne donde llevaban a cabo con disciplina férrea una serie de reglas que incluían meditación, lectura, naturismo, cero drogas, yoga y una vida ascética en general.
El ambiente del rock despreciaba a Arco Iris. Eran tiempos de un ghetto con un machismo exasperante, tiempos de exégetas de la tríada sexo, drogas & rock and roll: no podían entender a un grupo sometido a las enseñanzas de una mujer. Los llamaban "las amas de casa del rock". Nadie, sin embargo, podía ignorarlos musicalmente: de la mano de Santaolalla estaban provocando una precoz revolución mezclando rock con folclore, pensamientos místicos con pedestres, miradas urbanas con latinoamericanistas. Podían ir de la canción más sencilla como Mañanas campestres a una psicodélica y barroca, de la zamba al tango a lo Piazzolla, y hasta escribir una ópera rock como Sudamérica o el regreso de la Aurora.
Santaolalla estaba completamente rendido a los pies de Da na. Casi todos los temas que componía hablaban de ella. En 1970 Arco Iris gana el premio mayor del Festival Beat Internacional de Mar del Plata con, justamente, Blues de Dana. La noche cae fría, mojando en mi ciudad, / mi alma busca el día, mis manos buscan paz, / qué larga es la agonía, qué dificil es la salida, / de esta encrucijada de estar y no ser nada. /Y si es que estás ahí, gritame otra vez, /decime adónde voy, contame cómo sos, canta Gustavo, en lo que él define como "el tema más Manal de todo Arco Iris". El lado B del single de Blues de Dana, el hermosísimo ¿Quién es la chica?, también refiere a ella.
Dana y Santaolalla se enamoraron y formaron una pareja bien especial: Dana impuso una —otra— regla: nada de sexo. "Ella —cuenta Ara Toklatian desde California— creía en el amor. El sexo era después de casarse y con el objetivo de tener hijos". La comunidad, aún con la flamante pareja, siguió adelante.
Entre 1969 y 1974 Arco Iris sacó siete discos, muchos de ellos imprescindibles. Después la relación de Santaolalla con Dana —y también con el resto de los integrantes de la grey y con los principios filosóficos que se barajaban en general— comenzó a resquebrajarse. Santaolalla, literalmente, escapó. Eso, sumado al extraño clima político de la Argentina, lo impulsaron al exilio voluntario. Su destino final fue Los Angeles. "Me sentí asfixiado. Agobiado. Llegaron a perseguirme", dijo quien fue bautizado, teniendo en cuenta esta historia, "el gurú del rock latino".
Ara dice ahora que nunca lo persiguieron. "Simplemente lo buscamos. Su partida fue abrupta y había un montón de papeles firmados con Arco Iris." Al poco tiempo se fue del grupo el bajista Guillermo Bordarampé. Ara y Dana, que también se fueron al exterior, decidieron continuar con el nombre de Arco Iris. Primero viajaron a Nueva York y en 1978 se radicaron en una colina de Los Angeles. Se enamoraron. "Ella era mi maestro. Nos casa mos en 1983 por civil."
En estos últimos veinte años, a kilómetros de distancia, Santaolalla se fue convirtiendo en una máquina de producir éxitos y Ara y Dana torcían el camino rock de Arco Iris por una música más cercana al jazz y a la experimentación (Dana hacía percusiones). Las dos partes nunca se hablaron.
Dana comenzó a tener problemas de salud. Practicante y difusora de técnicas alternativas de curación, evitó la medicina tradicional. "Nos fuimos a Tijuana, por que ahí se consiguen muchas sustancias. Ahí encontrás de todo: desde piedras curativas hasta una bomba atómica." Ningún yuyo paró la enfermedad de la veterana Maestro de Gustavo Santaolalla. Dana murió en Tijuana en setiembre de 2003. "Tuvo una entereza enorme —recuerda Ara—. Dos días antes de la muerte, me tomó de la mano y me dijo: Qué lástima que no estén acá Gustavo (Santaolalla) y Guillermo (Bordarampé)". Y sigue: "Para mí su muerte fue algo terrible. No se lo conté a nadie. Me quedé en Tijuana, solo. No quería hablar con nadie, no quería que nadie me preguntara. Intenté volver a nuestra cabaña de Los Angeles, pero los recuerdos me hacían daño. Ahora estoy en la cabaña para recoger todo, pero me vuelvo a Tijuana. Recién hace unos meses decidí escribir una carta abierta para que los fans de Arco Iris se enteraran".
¿Se enteró Gustavo Santaolalla?
Sí. Me llamó por teléfono unos días antes de la ceremonia de los Oscar. Estuvimos hablando una hora. Fue muy grato conversar con Gustavo.
Danais Winnycka, líder espiritual de un grupo de muchachos de El Palomar llamado Arco Iris, murió envuelta en el misterio que acompañó su vida. Tenía 63 años, algunas convicciones y la capacidad de enamorar con su prédica y su rara belleza. Gustavo Santaolalla se nutrió de esa fuente y adquirió enseñanzas que, dijo, le sirvieron "para la vida y para la producción de música".
Las tensiones internas, el nivel de influencia de Dana y el grado de fanatismo de aquellos Arco Iris son, también, parte del misterio. Lo concreto es que Dana murió, lejana y melancólica, como el blues que lleva su nombre
Entra en vigor en la Argentina la ‘Ley del músico’, que obliga a los artistas a matricularse
Este viernes entrará en vigencia la "Ley del Músico" que obliga a todos los artistas que participen lucrativamente de un espectáculo musical, a tener una matrícula expendida por Sociedad Argentina de Músicos (SADEM).
El Movimiento de Músicos Unidos por el Rock protestó contra la medida e hizo incapié en la obligatoriedad a rendir un examen "acreditación de idoneidad", debido a que determinar quién es o no músico responde a criterios subjetivos y temen que sea una herramienta de censura del poder.
Por su parte, la SADEM afirma que la acreditación no se basará en la técnica del músico, sino que busca la profesionalización. Además, indicaron que esta matrícula combatirá el trabajo en negro y la explotación.
La matriculación tendrá un costo de renovación anual de 96 pesos. Esta ley, diseñada en 1958, facultará a la SADEM extender visados que autoricen a los locales a organizar espectáculos musicales y multar los que no cumplan con las exigencias de contratación.
EL BORDO
La esquina y el infinito
La banda que encabeza el recambio rockero post-Cromañon está lista para editar un tercer disco donde aspiran a una "revolución en las mentes".
Txt. José Bellas.
jbellas@clarin.com
Así como en la película Escuela de Rock (Richard Linklater), Jack Black tiene que probar ante una directora desconfiada que esa guitarra escondida sirve para un ejercicio cantado de cálculos matemáticos, a El Bordo un trabajo práctico para Química los puso en carrera. Eso fue a principios de 1998, cuando su núcleo central (Ale Kurz en voz y guitarra, Pablo Spivak en bajo y Miguel Soifer en batería), rondaba los 15 años.
Alumnos regulares del Nacional Carlos Pellegrini (igual que su manager, Mariano Botti), la encrucijada fue "defender una postura sobre las armas químicas con una canción". Aquel tema, compuesto por el alumno Kurz, disparó la necesidad de seguir juntándose. Unos meses después, un amigo los invitó a tocar a su fiesta de cumpleaños y sin querer los bautizó para siempre. "En las entradas puso ‘grupo invitado: La banda del Bordo’. Eso era por un chiste interno, por el vino Bordolino", cuentan hoy. El debut oficial vino a fin de aquel año en La Colorada. En la escena post-Cromañón, sus entonces flamantes 16 años los hubieran dejado afuera como público y espectadores. "Es curioso, pero fue al primer recital que fui… ¡y el que tocaba era yo!", dice Pablo. Ale, en cambio, ya había ido a ver a La Renga en Atlanta.
—¿Y cómo era el tema en sus casas?
—Ensayábamos dos veces por semana y las notas no bajaban. El cambio más grande pintó en el 2001, cuando salimos del colegio y la onda era "¿y ahora qué?". Pero la prioridad siempre fue la banda. Hace unos años estudiaba Comunicación y tocábamos en Hangar como soporte de La Renga y a las 9 de la mañana del otro día tenía examen. Me saqué un 9. (Ale)
Hoy su promedio de edad es 23 años: la edad que tenía Chizzo cuando grabó el primer casete de La Renga (Esquivando charcos) y a la que Andrés Ciro le ponía la voz al primer disco de Los Piojos (Chac tu chac). En cambio, la banda que se nutre de la primera generación de egresados del milenio ya tiene tres discos (Carnaval de las heridas, Un grito en el viento y el inminente En la vereda de enfrente) y llena teatros. "Pero tenemos ocho años de trayectoria: a esta altura ellos eran masivos", relativizan en su sala de ensayo, donde el guitarrista Diego Kurz (hermano del cantante), Leo Kohon (armónica) y Exequiel Puga (percusión), completan el cuadro. No es difícil encontrar a La Renga & Los Piojos entre las influencias de El Bordo. Las letras y la voz de Ale Kurz tienen un punto de contacto con Chizzo ("junto al Indio, mi letrista favorito"), pero hoy dicen estar escuchando básicamente música de afuera: Led Zeppelin, Nirvana, Pink Floyd y The Doors. ¿Bandas contemporáneas? Dicen haberles pegado una escuchada a Green Day y Audioslave, más bien por una cuestión de audio y sonido.
Como muchos, heredaron costumbres de autogestión y tics que hoy ya son cliché: tapas y escenografías diseñadas por clonos de Rocambole, temor a la exposición pública, rodearse de técnicos, sonidistas y plomos que antes que nada sean amigos, bautizo de seguidores (los suyos se llaman Los perdidos) y cierta policromía musical a reglamento. Pero también hay autocrítica. "Empezamos a sentir que hay como una movida impuesta donde parece que todos tenemos que hacer lo mismo. Por eso ahora queremos inaugurar un nuevo lugar, que es la vereda de enfrente, sin irnos de donde estamos". Esa sucursal de ellos mismos que abre su nuevo disco tiene ribetes conceptuales y sin ningún empacho dicen haberse inspirado en Pink Floyd para la segunda mitad de la obra. Y entre una pretensión que merece ser escuchada, una seca e irónica respuesta a los insatisfechos de siempre: "Querés estadios sin la radio/ multitudes sin caretas/ recitales como antes cuando no eramos ni cincuenta". Sería exagerado hablar de obra maestra, pero es válido como documento de su evolución. "Lo estamos charlando, para nosotros no significaría vendernos. Siempre y cuando tengamos autonomía sobre las decisiones". Pese a venir llenando locales dicen no vivir de la música. Sigue Ale: "Es un clic que ya se va a dar. Yo reparto cajas para una empresa y el otro día en un local me tuve que sacar fotos con todas las empleadas. No es lógico que un repartidor siga haciendo eso mucho tiempo, ¿no? Igual, nuestro presente es tan lindo que ya nos podemos morir tranquilos".
De hecho, los dos colegios nacionales de mayor prestigio (el Buenos Aires y el Pellegrini) tienen sus propios festivales anuales: el CENBArock y el Pellerock. Con la premisa de que en cada banda haya al menos dos integrantes que cursen en el colegio, los festivales llegan a presentar hasta 40 bandas anotadas. "En nuestro colegio sorteaban y casi siempre salíamos elegidos. Por eso nos odiaban. Hacíamos Ji Ji Ji y se rompía todo", recuerdan con nostalgia los de El Bordo. Afuera, monstruos como Beatles, Black Sabbath, Genesis, Pink Floyd, The Cure y otros brotaron de la eduación media británica.
El "rock de secundario" local acaso tenga sus dos himnos en canciones como Aprendizaje (Sui Generis) y Hay una bomba en el colegio (Attaque 77), donde expusieron la disciplina rígida de otros tiempos y una travesura extrema para obtener un día libre.
Nuevo mapa ¿hipócritas vs alineados? Sábado a la noche en All Boys. Los Gardelitos confirman convocatoria en su primer show de cancha. Eli Suárez, el cantante, dice que "los pibes de Cromañón se agarrarían la cabeza si vieran lo dividida que está la escena". En la platea, Callejeros (Elio, Maxi y Christian) y El Bordo (teloneros sorpresa), asienten. "Somos cercanos a Callejeros y vivimos lo que pasó con mucho dolor. Con ellos compartimos movida, circuito, sonidista. Como colegas los apoyamos a que vuelvan a tocar. Es muy hipócrita que algunas bandas digan ‘a nosotros no nos podía haber pasado’. Hay muchas bandas que vivieron la onda de las bengalas e hicieron declaraciones que no se condijeron con sus actos". Sin que den nombres, la referencia se podría buscar en Bersuit y Los Piojos, que a diferencia de Gardelitos, Jóvenes Pordioseros, La 25, El Bordo y otros, prefirieron no alinearse en la defensa incondicional de Callejeros. Así las cosas en un nuevo mapa que es síntoma de ruptura generacional y donde La Renga ocuparía un terreno neutral. El distanciamiento existe, aunque las bandas todavía están a tiempo de echar la culpa a "la prensa". Banderas seguras El año pasado, todo a costo de la banda, se realizó una campaña donde se ignifugaron las banderas de sus seguidores. "No es que no se puedan prender, es un retardante".

Documento de identidad
La Nación
Juan Subirá, de la Bersuit
La historia que pone hoy el foco sobre Juan Subirá es definitivamente cinematográfica. De esas con cartelito de “basada en un hecho real”. En los límites del género documental, hasta se podría decir, que ahonda “en lo más siniestro de la última dictadura argentina, la parte más macabra del plan”.
Subirá es “el otro pelado de la Bersuit”. El compositor y tecladista siempre detrás de la voz de Gustavo Cordera arriba del escenario, pero bien al frente a la hora de dirigir la orquesta bersuitera que sigue tocando aunque el Titanic se haya estrellado ya tantas veces como reflotado orgulloso de entre las aguas.
“Robarse la identidad de una persona, es retardar su nacimiento”, dice la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo Estela de Carlotto en la introducción de la nueva canción de la Bersuit, “Victoria Clara”, compuesta por Subirá. Una canción pop, muy curiosa en la discografía de la banda, de sonido agradable, sobre la que Cordera canta cosas terribles como éstas: «Hay tanto chico perdido y tanto asesino suelto… Si todo resulta claro: ha nacido en cautiverio, entre tanto sufrimiento, en aquel pozo siniestro».
La canción se refiere, «sin metáforas», como dice Subirá, a los hijos de desaparecidos y resulta un genuino gesto artístico que homenajea la búsqueda constante de Abuelas de Plaza de Mayo. Pero inspirado también por un amor de primavera y esas casualidades que casi nunca lo son realmente.
«La canción tiene como dos nacimientos, lo cual podría ser algo simbólico, también», dice Subirá y se lanza sobre los hechos: hace más de diez años comenzó a salir con una chica que conoció en esa leyenda porteña que fue el Condon Clú. Se llamaba Valeria y, al poco tiempo, le confesó al músico las dudas que tenía acerca de su verdadera identidad. La historia de amor no prosperó, pero en 2000 Subirá recibió un mail en cadena de Clara Petraco, una hija de desaparecidos que buscaba a su hermana, Victoria. Fotografías mediante, ambos cayeron en la cuenta de que Valeria y Victoria eran la misma persona.
«La letra surgió en esas coordenadas y es muy explícita. Creo que esta historia, que es la que viven cerca de 500 chicos argentinos, fue la parte más macabra del plan de la dictadura», dice.
¿Se fuerza la máquina?
A los 40 años, Subirá hace tres que es padre (su hijo se llama Telmo, por el barrio) y asegura que la experiencia de la paternidad se infiltró por primera vez en la obra de la Bersuit en el último disco, «Testosterona». «Tiene que ver con la edad que tenemos, es algo lógico, porque éste es el lugar desde donde la mayoría ve las cosas hoy», dice este músico fundador de la Bersuit y responsable de canciones como «A los tambores», «Negra murguera», «Toco y me voy» o «La argentinidad al palo».
De aire barrial y andar bohemio, Subirá trabajó este año junto al ex Los Piojos Daniel Buira en la producción de un disco que documentará, por primera vez, el sonido de una decena de murgas porteñas. «Creo que para los músicos de murga va a implicar un crecimiento el hecho de que empiece a haber material grabado, que se pueda escuchar el sonido de las murgas, que es muy diferente en cada caso y muy rico», sentencia acerca del álbum que llegaría a las disquerías a fin de mes con el nombre de «Carnaval porteño 2006».
Por estos días también le cedió una composición a Gustavo Santaolalla, que el reciente ganador del Oscar incluirá en el segundo capítulo discográfico de Bajofondo Tango Club («a Gustavo le gustan mis canciones más tangueras, las más pesaditas»).
El éxito y la masividad que acompañan a la Bersuit desde que a fines de los 90 Santaolalla tomó el mando de la producción del grupo convirtieron a esta banda en una máquina de tocar (giras ininterrumpidas tanto por el interior como por el exterior) y grabar discos (uno doble y otro simple, en apenas dos años). Pero ese ritmo, dice Subirá, está llegando a algún tipo de límite.
«De hecho, puede ser que paremos por un tiempo en algún momento -adelanta-. No sé si por un año o seis meses, pero creo que es algo necesario para todos y que le puede hacer muy bien a la música y las motivaciones del grupo también. Yo les dije esto a los chicos hace ya dos años, pero no me dieron bola. Igual creo que ese descanso va a llegar y, tras la distancia, sobrevendrá el reencuentro, que seguro será aún mejor.»
-¿Cuál es el secreto para que la banda se sostenga?
-En nuestro caso, la amistad, que siempre fue un pilar de la Bersuit, y, por sobre todas las cosas, la tolerancia. Nos costó muchos años armar la química del grupo, pero hoy cada uno puede opinar lo que piensa sin que todo tenga que quebrarse y, al mismo tiempo, encontrar continuamente nuevas motivaciones.
-¿Te ves en la Bersuit para siempre?
-Nunca me planteé las cosas como para que sean eternas. Si la situación da y la banda tiene cosas interesantes para ofrecer y se mantiene motivada, adelante, ¿por qué no? Pero si eso se termina, por alguna u otra razón, no tiene sentido seguir.
En un mes se reeditará el libro que escribió en 1998, «Desconcierto para uno solo», y asegura que quiere terminar otro que tiene casi listo para mandar a imprenta. «El tema también es que, en los últimos años, me incliné muy fuertemente hacia el formato canción. Obviamente que se debe a lo que es la Bersuit: una fábrica de canciones donde todos componemos. En un determinado momento, todos los cuentos y las poesías empezaron a virar hacia la canción.»
Veinte años después de aquel encuentro fortuito que lo cruzó con Gustavo Cordera, en La Casa de las Artes de la Vieja Avellaneda, Subirá mira para atrás sin olvidarse de los tiempos difíciles, pero satisfecho por el camino recorrido.
«Con la Bersuit siempre fuimos intuitivos, nunca tuvimos una búsqueda consciente, sino que abordamos los ritmos como podíamos. Al principio éramos una banda sin estilo y ahora creo que lo nuestro es el estilo Bersuit, algo que se fue armando con los años. Esa mezcla de ritmos, que confunde la cumbia con la murga, el candombe, el tango, el rock o el pop, como en el caso de «Victoria Clara», comenzó a formar parte del patrimonio de la Bersuit. Creo que la gente espera eso de nosotros.»
Por Sebastián Ramos
De la Redacción de LA NACION
