Cosquín

Clarín

MUSICA: LA CUARTA NOCHE DEL COSQUIN ROCK

Pop, glamour y rock and roll

Babasónicos, Arbol, Miranda! y Catupecu Machu fueron los números centrales. Y hubo homenajes a Pappo.

Silvina Marino. CORDOBA. ENVIADA ESPECIAL

smarino@clarin.com

El escenario se enciende y se deja invadir: todo es rojo cuando Babasónicos larga con Carismático. Es la cuarta fecha del Cosquín Rock, la que promete un derroche de pop y glamour. Y la que cumple. Porque todos este sábado (o casi) se despacharon con shows correctos y, a veces, de calidad. Aunque, es cierto, ninguno tan arrasador como los cierres de Skay en la primera fecha o de Las Pelotas en la tercera jornada. Estos últimos, los prestidigitadores del espíritu, siempre en lo más alto del mix de calidad y potencia.

“Siento el impulso de alzar mi voz al infinito”, Adrián Dárgelos se proyecta en Capricho y la banda lo acompaña. Como no pasaba en las últimas presentaciones festivaleras de Babasónicos (exceptuando la del Gesell Rock), dieron un espectáculo poderoso con mayoría de temas de su último disco Anoche y los infaltables hits (Los calientes, Sin mi diablo, Putita). En el medio, ¿dialogará? con su público “buenas noches, muchas gracias”. Y esas palabras alcanzarán para el delirio femenino, mayoría preponderante de la noche.

Antes de los Baba, fue el turno de dos grupos con altas presentaciones como preludio: Catupecu Machu y Arbol. Y, antes, habían tocado Miranda y Pier.

La mira también mereció estar en otros escenarios, sobre todo, en el indie: mientras Miranda, la banda de Ale Sergi, tocaba con trajes de guerreros galácticos, en el escenario Top Line cerraba Estelares en uno de los mejores shows (sino, el mejor) de la noche, que merecía estar incluido en el principal, como el año pasado. Los platenses hicieron una presentación movilizante, con mayoría de temas de su último disco Ardimos y algunos nuevos.

En tanto, el escenario alternativo, al fondo del predio, mostraba el costado más rocker de la noche, con Lovorne —liderado por Luciano Napolitano—, El Bordo, Motor Loco y, nuevamente La 25 (había cerrado el principal dos noches atrás). El grupo de Luciano fue el primero en hacer el homenaje a su padre, con los temas de Pappo Fiesta cervezal y El hombre suburbano.

En la noche, abundaron más covers: Lovorne se despachó con Paranoid (Black Sabbath); Catupecu hizo Cowboy (de los Ratones Paranoicos) con Juanse y el zorrito Von Quintiero como invitados; Arbol tocó su versión funky de I Shot the Sheriff (Bob Marley) y ejecutó una hermosa intro de la beatle Eleanor Rigby. Curiosamente (como en el Gesell Rock), los Arbol no hicieron su clásico ricotero: Ji Ji Ji. Pero, no importó: Eduardo Schmidt y Pablo Romero coreografiaron los pogos desde arriba del escenario y las cerca de 18 mil personas que estaban en el predio, respondieron, tanto en los temas de Arbol como en los de la presentación power de los Catupecu.

“Miren lo que han hecho con el duende del rock. Ustedes lo querían, ahí lo tienen”, dirá Dárgelos, de Babasónicos, en mitad del espectáculo, cuando canta Pobre duende. Aunque, esta vez, el duende del rock saldría airoso.

MUSICA: MERCEDES SOSA, EN EL FESTIVAL FOLCLORICO DE COSQUIN

La noche más esperada

Después de siete años, La Negra volvió a la Próspero Molina y fue una fiesta. También tocaron César Isella y Raly Barrionuevo.

Gustavo Molina. CORDOBA. ESPECIAL
La aparición de Mercedes Sosa —al grito de “Aquí Cosquín”— en la penúltima luna del Festival Nacional de Folclore, tras siete largos años de ausencia hizo vibrar a las más de 10 mil almas que el sábado a la noche colmaron la tradicional plaza Próspero Molina. Cinco minutos de aplausos, todo el mundo de pie y más de uno llorando de la emoción, fue la forma en que la gente recibió a “la más grande de América”, como la calificaron sus colegas y amigos.

Mercedes abrió este reencuentro con Zamba del regreso. Sentada en un sillón rojo, la Negra deleitó a su público con su voz inconfundible. Zamba para olvidarte, de Daniel Toro, fue otra de las perlas del show. “Invito a Rafael Amor, de quién tomé su Corazón libre para mi último disco”, dijo Mercedes y el público se emocionó nuevamente. El músico le devolvió la gentileza con un cálido “gracias madre nuestra”.

Alberto Rojo, otro invitado, se lució con su guitarra en Chacarera del Fuego y con su voz en Zamba de Argamonte, en un homenaje al Dúo Salteño.

Había pasado media hora desde su regreso al escenario Atahualpa Yupanqui, cuando Alfonsina y el mar hizo poner de pie a la multitud.

Franco Luciani con su armóni ca fue otro de los amigos que se lució en esta noche de reencuentros con El otro país, una canción de Teresa Parodi. La chacarera El olvidau, de Miguel de Guernica, hizo que el público estallara nuevamente en gritos de algarabía.

“Pocho Sosa, que no es familiar mío —bromeó Mercedes—, viene a acompañarnos con esta Tonada de otoño“. “Ahora estoy sana, no muy sana, pero estoy sana”, dijo emocionada la Negra, tras ante los obsequios de la Comisión del Festival y el intendente de Cosquín. Entre ellos se destacaba un poncho blanco: “abrilo —pidió la Negra—, porque me hace un poquito de frío”.

Cuando sus músicos Popy Spatocco (piano y dirección musical), Carlos Gianoni (bajo), Rubén Lobo (percusión) y Jorge Giuliano (guitarra), comenzaron con sus acordes, Mercedes, en un guiño pidió a la Comisión: “¿Puedo seguir cantando?”, y la plaza estalló nuevamente.

A esta altura, el público ya había decidido no sentarse y cantaba los versos de Volver a los 17, de Violeta Parra; Déjame que me vaya, de Cuti Carabajal, y La luna llena, donde Mercedes Sosa demostró con su bailecito final que volvió para no irse nunca más del corazón de los argentinos.

La noche más esperada de todas las lunas coscoínas siguió con otros platos fuertes, como César Isella que cantó sólo dos canciones: Soy de Anymaná y Canción con todos. Luego recibió un reconocimiento por los 50 años dedicado a la música al ex integrante de Los Fronterizos y éste aprovechó para cuestionar a “esos que lloran y dicen ‘llevame a Cosquín’ y después cuando se consagran, cobran fortunas”, dijo y aseguró cantar gratis.

El broche final de esta verdadera fiesta estuvo a cargo de Raly Barrionuevo, quién se subió al escenario a las tres de la mañana. Una mujer fue el inicio de una hora de música que pasó de la intimidad con Baguala del desengaño, hasta la efusividad de Sólo tus ojos, donde las mujeres fueron las más expresivas.

Una versión rocanrolera de la canción de Carlos Puebla, Hasta siempre Comandante, hizo que la plaza recobrara el calor en la fresca madrugada, y hasta un policía cordobés se animó a tararear el pegadizo “de tu querida presencia, comandante Che Guevara”.

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