La mano dura no da resultados en Francia

Clarín.com 4/11/05

Los disturbios en los suburbios pobres de París ya llevan más de una semana.

María Laura Avignolo. PARIS. CORRESPONSAL

mlavignolo@clarin.com

  A las empleadas del centro comercial de Bovigny aún les dura la conmoción. Más de 40 jóvenes con sus cabezas encapuchadas asaltaron el "shopping center" del suburbio en el noreste de París, robaron, rompieron las vidrieras y aprovecharon para pegarles con palos, especialmente en la nuca y la cabeza. Apenas había anochecido el miércoles. Ellas se preparaban para regresar a casa, sin imaginarse que podrían correr la misma suerte que otros nueve departamentos de los suburbios de París en rebelión social.

"Fue aterrador y nadie los esperaba. Arrasaron con todo", explicó Edith, una de las responsables de una cadena de ropa. Bobigny queda a un paso de París.

Se sumó del miércoles al jueves un ataque al destacamento policial con la intención de quemarlo. Cuatro policías, dos bomberos y tres civiles heridos y más de 135 personas interpeladas.

Un camión de la TV TF1 fue atacado en el suburbio de Aulnay sous Bois, cuando marchaba detrás de los bomberos. Jóvenes encapuchados advirtieron a los aterrorizados periodistas que no cesarían en su acción "hasta que renuncie Sarkozy" (el ministro del Interior) y que todos los suburbios estaban en "pie de guerra".Una advertencia que hizo el sindicato policial, cuando habló de "guerra civil urbana" y acusó a las autoridades de no escuchar.

La polémica figura del ministro Nicolas Sarkozy y su agresiva política de seguridad está detrás de esta crisis de la "banlieue" parisina. El conflicto se extiende a todo el gobierno que trata de olvidarse de sus peleas internas y las disputas entre el premier Dominique de Villepin y Sarkozy por sus ambiciones presidenciales, para hacer frente al levantamiento de los excluidos franceses.
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La madrugada del miércoles al jueves dejó otra estremecedora cifra de caos y violencia. Más de 270 autos fueron incendiados, se constataron disparos de armas de fuego en cuatro lugares diferentes y otros suburbios se contaminaron con la ola de desobediencia de los excluidos sociales. Fue la séptima noche de violencia y aún el gobierno no encuentra ni un método ni un discurso unificado para poner fin al problema.

De Villepin se reunió con Sarkozy para encontrar una solución a la crisis. La reunión continuó tensa y sin frutos durante el almuerzo. Luego fueron a la Asamblea Legislativa, donde oposición y oficialismo coinciden en las críticas. "¿A dónde quiere llegar el gobierno con este inmovilismo y esta falta de cohesión? Nadie parece darse cuenta del peligro?", se preguntan los legisladores.

Jean Louis Borlo, el ministro de Cohesión Social y el más abierto a encontrar una solución equilibrada a la crisis, dijo que "la firmeza debe continuar con la mano extendida del gobierno para responder a la violencia urbana".

Los mensajes a Sarkozy no le llegan desde el gobierno sino desde la policía. Uno de los sindicatos policiales le exigió que "modere el lenguaje" para no incitar más a la violencia. El ministro amenaza con limpiar industrialmente las villas miserias francesas y terminar con los "rateros", usando un lenguaje violento, vulgar y ofensivo para los inmigrantes. Otro sindicato le exigió "un toque de queda" en las "Cites", como se llama en Francia a las aglomeraciones de inmigrantes en los suburbios.

Sarkozy defiende su política de "mano dura" en esos barrios: "En materia de violencia urbana las cosas son muy claras: la policía y la gendarmería son bienvenidas en los barrios de las Cites".

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