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SINDROME DE FATIGA CRONICA

Legítima fiaca

Un nuevo estudio suma elementos físicos a las causas de la enfermedad y sugiere que podría ser también una dolencia neurológica . Cuando el cansancio se cura durmiendo en camilla.


Por Mariana Nisebe. De la Redacción de Clarín.com.

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Margarita tiene 32 años y durante casi cinco visitó a más doctores que amigos. El motivo: nadie encontraba realmente el porqué de su extremo cansancio. “A lteración de la memoria o la concentración, dolor de garganta, cefaleas, dolores musculares o articulares y alteraciones de sueño”, describe ella. La respuesta llegó de la mano de un médico clínico que le recomendaron: sufría de E ncefalomielitis Miálgica (ENMI), más conocido como Síndrome de Fatiga Crónica (SFC), un mal que no sólo afecta al sistema nervioso central sino que trastorna la vida social y el entorno de quien la padece. De acuerdo a un nuevo estudio de la Universidad de Georgetown, Estados Unidos, publicado en la última edición de BMC Neurology, el Síndrome de Fatiga Crónica podría ser una dolencia neurológica genuina. La clave es: a partir de ahora se suman nuevos elementos físicos concretos a lo que, se suponía, era una dolencia atribuida a factores psicológicos o virus.

Además de las limitaciones que la enfermedad le impuso, Margarita se enfrentó durante mucho tiempo a la incomprensión de su familia: “No creían en mi enfermedad”, dice. A la incomprensión se le suma el desconocimiento que existe de la enfermedad tanto a nivel social como médico. La búsqueda de sus posibles causas, el parecido que el trastorno tiene con otras patologías y el hecho de que se identificara hace relativamente poco son algunos de los motivos por lo que el diagnóstico es complicado. Según la Asociación Argentina de Síndrome de Fatiga Crónica / Encefalomielitis Miálgica, es una condición clínica muy seria que afecta al sistema nervioso central y su conexión con los sistemas inmune y neuroendocrino . Produce variados niveles de discapacidad, deterioro reversible de las funciones cognitivas, dolores musculares o articulares y limitaciones físicas e intelectuales. Afecta tanto a adultos como a niños y adolescentes, tiene una manifestación clínica heterogénea y a pesar que no se cuenta aun con un marcador biológico especifico, es clínicamente reconocible.

En la investigación de la Universidad de Georgetown participaron 50 personas que sufrían de al menos dos trastornos asociados al SFC, incluyendo la Fibromialgia (dolor en las articulaciones, los músculos, los tendones y otros tejidos blandos) y el curioso Síndrome de la Guerra del Golfo. Mediante el examen del fluido de la médula espinal en pacientes con el síndrome y en individuos sanos, los investigadores descubrieron que los pacientes con SFC tenían 16 proteínas que no poseían los individuos sanos. Esta diferencia química podría servir como una “firma biológica” de la enfermedad y algún día ser utilizada para su diagnóstico.

Las hipótesis lanzadas sobre el origen de la enfermedad han ido variando en los últimos años, según recoge el Journal of the American Medical Association. Están quienes apuntan que se trata de una variante de la infección por el virus de la mononucleosis y los que se la atribuyen a la depresión u otros trastornos psiquiátricos. También están los estudios que hallan a cierta susceptibilidad genética como responsable mientras otros que abren la posibilidad de una somatización. “Dada la controversia sobre si el SFC y sus síndromes aliados son dolencias médicas legítimas, nuestro modelo ofrece evidencia objetiva que la posiciona como una enfermedad neurológica distintiva”, declararon los autores del estudio.

Dado que no se conocen aun tratamientos específicos para el SFC, se ofrecen opciones terapéuticas sintomáticas o de soporte: desde los tratamientos alopáticos tradicionales hasta los alternativos y/o complementarios. Una encuesta nacional reciente de la Asociación Argentina de Síndrome de Fatiga Crónica reveló que más del 70% de los que sufren de este síndrome tardan de 2 a 5 años en ser diagnosticados, justo cuando el tiempo transcurrido es un punto esencialmente importante para la recuperación de esta enfermedad. Las personas con ENMI/SFC, explican desde la Asociación, “deben identificar y aceptar las limitaciones propias de esta enfermedad. Los síntomas tienden a agravarse por estrés físico o emocional y a mejorar con reposo y descanso”.

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