Cambios culturales

Clarín

CESAR MEREA, PSICOANALISTA

"Estamos yendo hacia formas menos rígidas en la familia"

Las crisis sociales provocaron la caída de una imagen estereotipada de estructura familiar. Ello trae conflictos, pero permite que padres e hijos puedan encarar mejor la vida afectiva y los vínculos sociales.


Fabián Bosoer.

fbosoer@clarin.com

Se suele decir que los argentinos somos muy "familieros". ¿Cuánto ayudaron los lazos familiares a sobrellevar las crisis, trastornos y transformaciones vividas por la sociedad argentina?

—Es cierto que hay un mito y un ideal de la familia argentina, aunque, en realidad, la familia nunca fue un lugar sosegado, siempre contuvo conflictos. Lo que provocó la crisis es que de manera traumática cayeran también esos estereotipos y estructuras rígidas que habían cumplido un papel tan fundamental en el desarrollo inicial y la socialización temprana de los hijos. Por otro lado, el hecho de que la sociedad se presentara como un lugar inhóspito o agresivo motivó en muchos casos que la familia volviera a ser un cobijo, una zona de protección. Aunque en otros casos motivó también que las personas buscaran, a través de los lazos solidarios, producir cambios.

  • ¿Cuánto influyó que los jóvenes se quedaran viviendo más tiempo junto a sus padres, o que las madres salieran a trabajar y que compartieran más con los padres las tareas de la crianza?

    —Bueno, esto no fue sólo debido a la crisis, ya venía ocurriendo por otros motivos. Hay funciones primordiales que toda familia debe cumplir como lugar de organización de aquello que nos determina como seres humanos: la modulación de los instintos, la formación de nuestro psiquismo a través de las identificaciones y el procesamiento de las situaciones traumáticas. Pero mientras esto se cumple en la familia, la vida social puede corroborar o desmentir esa tarea.

  • Familia y sociedad se determinan mutuamente, pero ¿dónde queda situado el individuo?

    —El individuo forma su psiquismo en el plano intersubjetivo; es decir, en su relación con los padres primero y luego con sus semejantes. Si en la sociedad predominan valores y conductas transgresoras, agresivas o anómicas, que favorecen la impunidad, la familia se debilita, se pierden estímulos y todo "da lo mismo", entonces todo se va "melancolizando". De esa falla puede surgir que haya gente que luego le pida a la sociedad, pero ya como una entelequia incumplible, lo que la familia no le pudo proveer. Y se puede llegar a un cierto marasmo donde se pierde la referencia a la sociedad que debería ser continente, y en la familia se concentran los conflictos en forma cerrada, lo que lleva a enfermedades mentales y físicas, que un buen funcionamiento social podría disminuir o prevenir.

  • ¿Por ejemplo?

    —Por ejemplo, entre las funciones imprescindibles de una familia está el modo como los padres conforman el psiquismo de sus hijos, a través de funciones que llamamos maternas y paternas. Es imprescindible que una madre, al criar a su hijo, le dé seguridad y placer, lo cual significa cumplir con la función que podemos calificar como "placenterizante" y "antiparanoica", que brinde seguridad al "ser en el mundo". Y es fundamental que el padre cumpla una función ordenadora del mundo. Pero si el niño queda encerrado en ese ámbito y piensa que la sociedad tiene que ser especial para él, tal como fue su relación en la primera infancia, puede creer que puede transgredir ciertos límites sin ningún tipo de culpa ni de costo. Si esto se proyecta a lo social, podemos caer en que los lazos de familia se confundan con los que ordenan la vida social, la política o los negocios, tal como ocurre en el tipo de relaciones mafiosas. Porque "mafia" es eso: imponer una concepción familiar por sobre la ley general.

  • Otra percepción es que quedaron cuestionadas las formas paternalistas o autoritarias de entender el orden familiar, pero no se logró mientras tanto entender la relación entre respeto y cuestionamiento. ¿Podemos traspolar esto a una sociedad que no logró construir vínculos verdaderamente democráticos de organización social y de autoridad?

    —Creo que sí. En tal sentido hasta se podría decir que la crisis no pudo venir mejor, ya que obligó a la ruptura de esos esquemas de familia autoritaria que dan lugar a una sociedad autoritaria con poco cambio y mucha rigidez. La emergencia y asunción del conflicto es el inicio de la posibilidad de curación y crecimiento y permite pensar que estamos yendo hacia formas menos rígidas de familia. Salud es enfrentar conflictos; y una sociedad sana depende de que haya muchos individuos que puedan afrontar el conflicto. El conflicto no puede ser eliminado, es consustancial a nuestras vidas. Es el no poder enfrentar los conflictos lo que lleva a situaciones traumáticas que terminan en trastornos psíquicos. Por lo tanto, en ese sentido, toda situación, por traumática que sea, que haya llevado a alteraciones tan grandes como las que vivimos en nuestro país, lleva necesariamente a tener el conflicto como una referencia.

  • ¿Cómo se afronta el conflicto en el seno familiar desde las funciones paterna y materna?

    —Mantener las funciones maternas y paternas nunca fue fácil. Se requiere un grado de fuerza y de sostenimiento muy grandes. Pero si desde la sociedad esto también es cuestionado, por la aparición y persistencia de líderes muy cuestionables, o de situaciones de alta corrupción, va a ser más difícil su vigencia en el marco familiar, con lo cual se empieza a recorrer un círculo vicioso en donde efectivamente todas las figuras de autoridad son demolidas, lo cual también lleva a un déficit democrático.

  • ¿Qué ejemplos concretos de este tipo de situaciones traumáticas encontramos en el interior de las familias?

    —El más evidente es el tremendo peso melancólico que tiene la falta de posibilidad de intervenir sobre el mundo cuando falta el trabajo. Toda obstrucción de las posibilidades mínimas de desarrollo personal está proveyendo de las condiciones ideales para la melancolía, las fobias, la depresión y las enfermedades orgánicas, porque el sujeto no puede accionar sobre la realidad de modo transformador. La acción ha sido siempre el remedio de la depresión, mucho más efectivo que las psicodrogas. Una acción específica, se entiende, acorde a deseos y que no dañe a terceros; no cualquier acción. Eso fue impedido —es impedido— por el peso aplastante de las crisis. Los sujetos se ven reducidos a su más mínima expresión, desaparece el psiquismo, en primer lugar, y las funciones familiares básicas se resienten también. Dicho de otro modo, la inequidad social destruye la salud mental de las personas. De todos, tanto de los pobres como de los ricos.

  • ¿Cuál sería el mejor modo de "curarnos" como sociedad que ha sufrido tantos "trastornos" en su personalidad?

    —Primero asumir la realidad, sin autoengaños ni negaciones. Se requiere un abordaje franco y modesto de las situaciones, del conflicto que significa procesar las diferencias con los otros, para enfrentarlas de tal modo que en vez de negárselas, se las utilice para la vida. Se requiere procesamiento de los conflictos e interacción con los demás; lo que es exactamente lo contrario de la sociedad autoritaria o negadora que también hemos sido.

  • ¿Y en la familia?

    —En la familia ocurre lo mismo. Curarse implica, primero, comunicarse con franqueza, y desde allí sostener con afecto las verdades a enfrentar. Se debe estar atento a los sentimientos exclusivistas o de posesividad. Y entender que alguien que no ha sido dominado en su familia difícilmente se preste a ser dominado en la sociedad, y por lo tanto podrá contribuir mejor a ese largo camino hacia una sociedad que a su vez sea un mejor albergue para las familias. Y estará mejor preparado para no quedar sometido al autoritarismo o a los liderazgos no democráticos.

  • ¿Implica esto también cuestionar ciertos mitos arraigados en nuestra sociedad?

    —Así es. Mitos como el de "Argentina, granero del mundo", el del "líder salvador" o el carácter extraordinario de nuestro país pueden haber sido efectivos para construir fuertemente conductas y características de nuestra —yo diría mala— cultura política, o al menos la de nuestras clases dirigentes. Pero en la medida en que se repiten sin un cuestionamiento real, sin una confrontación con nuestras reales posibilidades y con las necesidades e ideales del presente, lo que hacemos es impedir nuestro desarrollo como sociedad, perpetuar así aquello que genera frustraciones y depresión, aunque lo encubramos con conductas maníacas o evasivas.

    Copyright Clarín, 2006.

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    Clarín

    CAMBIOS URBANOS : UN FENOMENO QUE EXPLOTO EN 2002, CUANDO SE APROBO LA LEY DE UNION CIVIL Y LA DEVALUACION ATRAJO MAS TURISTAS

    Crece el circuito gay en Capital, con más negocios y visitantes

    Actualmente, hay más de 200 restoranes, bares y negocios de ropa dirigidos a este público, que ya representa un 20% del turismo local y extranjero. Los barrios preferidos: San Telmo, Palermo y Recoleta.

    Adriana Santagati.

    asantagati@clarin.com

    El quiebre lo marcó 2002. Ese año, la aprobación de la Ley de Unión Civil la posicionó como una ciudad de mentalidad progresista, y la devaluación la volvió accesible para los extranjeros. Desde entonces, Buenos Aires no dejó de crecer como destino turístico gay, y el circuito se sigue expandiendo con más lugares y visitantes que vienen a disfrutar de un mix de trato amable, compras convenientes, actividades culturales y mucha movida.

    Si bien no hay cifras oficiales, se calcula que los turistas gay son alrededor del 20% del total, estimado en 550.000 por mes. "La proyección es muy alentadora. No sólo se ve en el aumento exponencial de visitantes, sino en la cantidad de emprendedores y empresas locales y extranjeras que están invirtiendo, abriendo nuevos espacios y servicios orientados a nuestro público", señala Carlos Meliá, de Pride Travel, una de las primeras agencias de turismo especializadas del sector.

    Lo que dice Meliá puede verificarse en las guías y mapas sobre la movida gay porteña. Morella Pérez empezó a editar en 2001 el Gay Map de Bleu Cards, el primer mapa gay del país. Hoy, los anunciantes crecieron más del 40%. La repercusión del mapa, que tiene cuatro ediciones anuales y se distribuye en hoteles 4 y 5 estrellas, también explotó: "De 10.000 ejemplares pasamos a 30.000 y tenemos una edición especial de San Telmo", cuenta. Este barrio es donde más se amplió la movida (ver Se viene…).

    Cada vez más locales suman la bandera del arco iris, símbolo de los "gay friendly" (con un trato amigable hacia la comunidad). Y es significativa la diversidad de rubros. "Existe una cultura gay que incluye fiestas, bares, restoranes, milongas, negocios de indumentaria y de estética", enumera Leo Toy, un periodista que acaba de editar GayBa, la primera guía gay en formato de libro.

    Toy relevó más de 200 comercios: la mayoría son lugares para comer, tomar algo o ir a bailar. Uno de ellos es el restorán afrodisíaco Te mataré Ramírez. "Los clientes subieron un 10% el último año. La mayor parte son estadounidenses y latinoamericanos", cuenta Carlos Di Cesare. En el CE, un hotel de diseño que recibe a muchos turistas gay, agregan: "Su edad promedio es de 38 y el 40% viene en pareja".

    Según todos los operadores, estos turistas, de buen poder adquisitivo, gastan mucho. La consultora Alfacrux, dirigida por el ex secretario de Turismo Hernán Lombardi, realizó una encuesta entre 400 casos que permite delinear un perfil del visitante gay. "Los barrios preferidos son San Telmo, por su arquitectura; Recoleta, zona de boliches; y Palermo Viejo. La primera motivación de la visita son los bares y la vida nocturna, seguida por los espacios verdes y la arquitectura cosmopolita. Entre los otros destinos que visitan en la Argentina, sorprendentemente el primero es Ushuaia, que tiene una movida de música electrónica que atrae a este público. Le siguen Mar del Plata, la Costa Atlántica y los centros de esquí", detalla Lombardi.

    Luciana Páez, de la agencia Viajeras.net, la única especializada en público lésbico, aporta más claves: "A los hombres les gusta la noche. Van a hoteles caros, les interesan los tours de compras y gastan en indumentaria y diseño. Las mujeres prefieren consumir cultura y comprar artesanías, no les importa tanto la categoría de la hotelería. Y les gusta recorrer el resto del país".

    En lo que hay coincidencia es en que todos estos viajeros buscan sentirse respetados. "Tenemos a nuestro personal entrenado para brindar un trato natural y hospitalario. Estos turistas esperan eso, que es lo mismo que pide cualquier persona de vacaciones. En el turismo, y en especial en este sector, el boca a boca influye muchísimo. Cuando son bien atendidos, estos visitantes vuelven y recomiendan", dice Alberto Albamonte, presidente de Howard Johnson, la primera cadena hotelera reconocida internacionalmente como gay friendly. Hoy, la mayoría de los hoteles porteños de categoría, aunque no se promocionen como gay friendly, lo son de hecho. El ejemplo más concreto es que aceptan naturalmente que dos hombres o dos mujeres pidan una habita ción con cama matrimonial.

    La idea es captar este target, pero también hay una mayor apertura en los porteños. "Lentamente se está dando un cambio de mentalidad", afirma Jorge Bianco, responsable de Bianco Bienes Raíces, una inmobiliaria dirigida a la comunidad gay. Desde el Estado, la idea es alentar este turismo, y el portal oficial www.bue.gov.ar incluyó un link sobre la oferta gay. "Nos interesa pronunciarnos como una ciudad amigable. Es un nicho interesante, pero no buscamos promocionar circuitos especiales sino integrar a dicho segmento en la oferta general y que se sientan cómodos", asegura Marcela Cuesta, subsecretaria de Turismo porteña. Un reciente artículo del portal www.gaychile.com (un país del que vienen muchos turistas de este segmento) sobre Buenos Aires, parece darles la razón: "Cada vez hay más visitantes homosexuales que cruzan el mundo atraídos por el vibrante circuito gay de la ciudad donde, según la publicidad y comentarios, son aceptados como parte de la vida urbana".

     

    2 comentarios en “Cambios culturales

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