EL CORAN, MATE Y EMPANADAS

Clarín

Argentinos que estudian para ayatollahs

Gustavo Sierra. QOM. IRAN. ENVIADO ESPECIAL

gsierra@clarin.com

Frente al portal de los espejos de la mezquita principal de Qom, mientras pasan cientos de mujeres tapadas con sus hijab (mantos) hasta los pies y seyyed con sus turbantes negros, que sólo pueden usar los descendientes del profeta Mahoma, y los guardias vigilan atentamente que las niñas no vayan a dejar ni un solo pelo fuera de sus chadores (mantos), aparece un tipo alto, corpulento, de larga barba renegrida, envuelto en una capa marrón y con un turbante blanco en la cabeza, que me dice en un inconfundible acento tucumano: "¡Hola, che! ¿Cómo estás? ¿Cuándo llegaste de Buenos Aires?".

Es Feisal Morhell, que nació hace 37 años en Tucumán como César Alberto Morhell, y que desde 1991 estudia aquí en uno de los seminarios más importantes de los musulmanes shiítas del mundo, el lugar donde enseñaba el ayatollah Khomeini, y donde se levanta desde hace 1.200 años la tumba de Fátima Masuma, la hija del séptimo imán y hermana del octavo, y una de las santas más veneradas por el shiísmo.

Feisal acaba de dar los exámenes del Magister y ahora cursa el Doctorado como un alumno destacado por sus convicciones y conocimientos. Si sigue así, en pocos años más puede alcanzar el título de ayatollah, reservado sólo para los que son muy respetados como maestros del shiísmo.

"Soy nieto de sirios y de chiquito mis abuelos y mis padres me transmitieron la fe, después busqué una beca para venir a estudiar acá y me la dieron. Desde entonces volví tres veces a la Argentina y me siento muy argentino, y también ya soy de Qom, pero por sobre todo soy musulmán", me cuenta Feisal en un costado del patio, mientras pasan peregrinos de todo el mundo.

Feisal está casado con otra argentina y tucumana, Sumeya Younes, nacida como Miriam Younes, que está terminando de escribir en español una monumental biografía de Alí, uno de los descendientes del profeta y muy venerado por los shiítas. "Nosotros trabajamos mucho editando y traduciendo textos islámicos en español porque casi no hay bibliografía en nuestro idioma. Yo mismo edito una revista que se distribuye en toda América latina", explica Faisal y me cuenta que Sumeya es la más argentina de los dos. "Hace unas empanadas buenísimas y se vuelve loca por el mate. Se hace traer yerba mate de Siria", dice.

A nuestro lado ya está otro argentino que estudia en Qom. Es Abdul Karim Paz, hijo de una de las familias patricias argentinas nacido con el nombre de Santiago Paz Bullrich, director de la mezquita At Tahauid de Flores y por exponer posiciones proiraníes en el caso del atentado contra la AMIA. Abdul está acá desde hace un año haciendo el doctorado en Jurisprudencia y Ciencias Islámicas. "Vine con toda la familia y todo va a depender de cómo vaya adelantando en los estudios. Es probable que esté al menos otros cuatro años", dice Abdul, que está junto a su mujer y sus tres hijas, todas argentinas.

Abdul Karim encontró la fe musulmana cuando tenía 18 años. Mientras otros jóvenes de su edad participaban activamente en política y hasta tomaban las armas, él decidió explorar el mundo islámico. "Mis primeros conocimientos me los dio el profesor Machado Mouret que dictaba Pensamiento y Literatura Arabe en la Facultad de Filosofía de la UBA. Después vine aquí a Qom y estuve 6 años. Regresé como hojatol-islam, que es un cargo religioso, a trabajar en la mezquita de Flores", recuerda.

Allí, en Flores conoció a Roxana Assad, hija de libaneses, que enseguida se convirtió en Masuma Assad, y con quien tuvo tres hijas, Fátima de 14, Miriam de 12 y Nur de 3 y medio. Masuma es una socióloga recibida en la UBA que ahora estudia teología en la universidad de las mujeres de Qom, Jami’at Al-Zahra. Se une a nosotros en un modesto restaurante cerca del seminario mientras comemos unos kebabs de cordero con tomates asados y arroz a la persa. "No te voy a decir que fue fácil adaptarnos, pero ya estamos en buen pie. Las chicas estudian y se defienden bien con el farsi (la lengua iraní). La más grande toma clases conmigo en el seminario para mujeres, la siguiente estudia en una escuela árabe y la más chiquita se queda en la guardería de la universidad y ya habla más farsi que español", me dice Masuma, mientras se acomoda el chador y cuida que no se le vea ni siquiera un pelo.

"No me siento discriminada", continúa la socióloga argentina, "al contrario, acá la mujer puede vivir una vida más plena. Y las chicas tienen menos restricciones. Allá no podían ir a cualquier lugar porque no había comida que guardara los ritos de nuestra religión, o las invitaban a actividades reñidas con nuestras creencias. Acá están más enfocadas. No tienen distracciones tontas".

Abdul Karim y Faisal prefieren hablar de problemas más terrenales. Coinciden en que Irán tiene derecho de mantener su programa nuclear porque en poco tiempo se quedará sin petróleo. "Hablan de intransigencia, pero la mayor viene de Estados Unidos", dice Abdul Karim. "Nuestro líder lanzó una fatwa prohibiendo el uso de la energía nuclear para hacer bombas, lo que quiere Irán es contar con esa energía para mover la economía", agrega Feisal.

La conversación viaja a Buenos Aires. Pese a estar encerrados en esta burbuja de la vida religiosa de Qom, ellos siguen latiendo como argentinos.

 
 

 

 

HISTORIA SECRETA DE LOS CONTRATOS NUCLEARES QUE CANCELO MENEM

La ayuda desde Buenos Aires al plan atómico iraní en los 80

Daniel Santoro.

dasantoro@clarin.com
La Argentina nunca participó del plan que tendría Irán de construir una bomba atómica pero sí contribuyó en los años 80 al desarrollo nuclear iraní con fines pacíficos.

En 1988, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, se firmaron tres contratos. En esa época Irán compraba a la Argentina cereales y carnes por casi US$ 600 millones y Fabricaciones Militares había vendido más de diez toneladas de armas a Teherán durante la guerra con Irak.

El primer contrato fue auspiciado por la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) y consistió en modificar el núcleo del reactor de investigación de Teherán para que pasara de trabajar con elementos combustibles del 90% al 20% de uranio enriquecido. Fue en el marco de una política de James Carter destinada a cambiar reactores con ese nivel de enriquecimiento de uranio que podría ser utilizado para construir una bomba.

Los dos contratos siguientes, firmados con la empresa estatal INVAP eran para la construcción de una planta piloto de purificación de uranio natural y otra de fabricación de elementos combustibles. Se trataba de un negocio de casi 30 millones de dólares en total. Se llegó a intercambiar científicos y a enviar los planos de ingeniería.

Entusiasmada, la Comisión de Energía Atómica de Irán quiso "profundizar" los acuerdos. Pero el 12 de noviembre de 1991 en una nota secreta —a la que Clarín accedió en exclusiva, a través de fuentes oficiales—, el entonces canciller Guido Di Tella pidió al titular de la CNEA, Manuel Mondino, que "reduzca los contactos en el área nuclear con Irán al mínimo indispensable, para cumplir con los contratos ya pactados" (ver facsímil).

Sin embargo, un mes después el entonces segundo de la Embajada de EE.UU., James Walsh, llamó por teléfono al vicecanciller Juan Carlos Olima para pedir la detención del primer embarque de materiales para Irán, que se estaba cargando en el puerto de Campana. Olima pidió a INVAP la suspensión momentánea.

Pero al día siguiente una llamada del entonces presidente George Bush (padre) a Carlos Menem llevó a la cancelación de los contratos. Eran tiempos de la primera guerra del Golfo Pérsico, a la que Menem había enviado dos buques de guerra para integrar la fuerza liderada por EE.UU. que echó a Irak de Kuwait.

¿Contribuyó la Argentina al actual plan nuclear iraní? Una fuente oficial aclaró a Clarín que los planos de aquella sencilla planta de purificación de uranio —que INVAP no llegó a construir— "no es una compleja planta de enriquecimiento de uranio como la que tiene la Argentina en Pilcaniyeu, Bariloche, o la que EE.UU. dice que tiene Irán para construir una bomba". Además, la tecnología argentina para enriquecer uranio se basa en el método químico de difusión gaseosa e Irán estaría buscando ese objetivo a través del "método de centrífugas" con máquinas que le habría entregado Pakistán.

De todos modos, la tecnología nuclear es dual, es decir se puede usar para fines pacíficos o militares con algunas reconfiguraciones y la única garantía es someter todo el uranio producido a los controles de la OIEA.

Cuando Menem canceló el contrato, Irán pidió una indemnización de 100 millones de dólares. Luego de largas negociaciones, INVAP le terminó pagando 5,5 millones de dólares y todavía hoy espera una promesa de EE.UU. de conseguir contratos para suplir la pérdida de ese negocio.

 

 

 

 

Un comentario en “EL CORAN, MATE Y EMPANADAS

  1. Pingback: #dios #equilibrio | CELN - ¿Cuál es la noticia...?

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