En la provincia de Buenos Aires, a 40 km de Bahía Blanca. Baile de colectividades, carrozas, artistas regionales y artesanos. Cierre con Miguel A. Cherruti y Jairo. Inf. (02927) 432493, www.villarino.gov.ar
PILAR
Aquí nomás, un mundo natural
Una fauna variada convive en la nueva Reserva Urbana de Pilar, conformada por bosques, tres lagunas y arroyos, a orillas del río Luján.
Esta diversidad de ambientes alternados sobre 8 km de costa del río Luján también cautiva a más de cien especies de aves, anfibios, peces, reptiles y mamíferos. Un sólo lagarto overo significa aquí bastante más que una repentina aparición que sorprende a los visitantes: la guía Liliana Silodoro calcula que por cada ejemplar que se digna a mostrarse hay otros ocho refugiados en los nidos detectados bajo el suelo irregular de la reserva. Hasta ahora, se contabilizaron cuatro madrigueras que perforan el pastizal a la manera de pequeños cráteres.
Pese a que apenas un tanque de agua abandonado entre los despojos de la vecina Fábrica Militar se cuela en el uniforme paisaje natural, no todo está en orden en el ecosistema. La mancha discordante es un abigarrado monte de acacios negros, nada menos que la especie que da forma a los ambientes de mayor sombra y aire fresco. Estos ejemplares invasores crecen sin control a la par del cardo, para transformarse en plaga y disputar el espacio con el autóctono tala.
En esa pulseada, también afirman su presencia en las 140 ha de la reserva los cuerpos espigados y verdes de la serrucheta, espinosas cinacinas que sostienen flores con pétalos anaranjados —arrastradas por la correntada desde Entre Ríos—, flores lila de salvia nativa y plantas medicinales, como senecio y paico.
Por un momento, la guía Graciela Capodoglio cree haber alcanzado el éxtasis, al descubrirse rodeada por una multitud de chajaes, espátulas rosadas y cisnes. Le espera otra sorpresa, que le arrancará un desmesurado grito de euforia: primero, un gavilán planeador parece anunciar el acontecimiento; enseguida, veinte cigüeñas vuelan en círculo y se unen a otra bandada, a punto de aterrizar en la orilla y procurar alimento en la laguna.
Hace su aporte un caracolero rezagado y algo perturbado por la presencia intimidante de cinco lechuzas, posadas sobre los postes y cables de luz inclinados del otro lado del acceso. "La gran maravilla de la reserva son los centenarios talas de más de 2 m. Proveen sombra, sirven de barrera contra el viento y tienen propiedades medicinales. Por eso, a los visitantes les damos plantines de ésa y otras especies autóctonas, para que los planten aquí y contribuyan con el cuidado de la reserva", explica el voluntario alemán Sönke Voss Gröne, a cargo del vivero de plantas nativas.
Alrededor, los habitantes naturales de la reserva se turnan para hacerse notar y, de paso, marcar su territorio. Un ipacaá y un chiricote despiden sus sonidos fuertes mientras pasan a las corridas y tres lobitos de río esperan la caída del sol para asomarse desde el agua. Oscurece lentamente y el espectáculo sigue, sin intervalos aunque con otros matices.