Corrientes, mi provincia natal

Clarín

ESTEROS DEL IBERA

Las islas, el agua, el cielo

Una travesía por los bañados y las lagunas. La sorprendente diversidad de especies y los ecos de la cultura indígena.

Diana Pazos. ESPECIAL PARA CLARIN.

Pareciera que se las trae, con esa traza que le permite camuflarse entre el follaje y esa sonrisa de dientes desparejos. Primero con suspicacia, pero después con osadía, lo miro a los ojos y espero que muestre sus armas. Me defrauda su reacción: no sólo aparenta no inquietarse ante mi presencia, sino que se mantiene inmóvil hasta la exasperación. Sin embargo, no me quita los ojos verdes de encima porque él también está pendiente de mis movimientos. En el momento menos pensado, da un coletazo y se sumerge en la laguna Iberá.

El yacaré ha desertado, entonces el guía enciende el motor de la lancha. Nos ponemos en marcha hacia el arroyo Miriñay, un recorrido imprescindible para conocer los Esteros del Iberá en el noreste de Corrientes y la variada flora y fauna que aquí se alberga.

Una estridente familia de chajás interrumpe la canción que espontáneamente tarareaban cuatro franceses que participan de la excursión. Ellos se hospedan en la Posada Aguapé, a orillas de la laguna Iberá, en la Colonia Carlos Pellegrini. Le sacan fotos a un biguá, a una garza mora y a una cigüeña, llevándose un modesto registro de algunas de las 350 especies de aves protegidas en el lugar.

La Reserva Natural del Iberá ocupa 13 mil kilómetros cuadrados, es decir, el 14 por ciento del territorio correntino. Antiguos cauces o lechos abandonados del río Paraná conforman la base de esta compleja red de humedales, que se encuentra compuesta por bañados, esteros, lagunas, embalsados y cursos de origen pluvial.

El río Corrientes es el único desagüe natural y vuelca su caudal en el Paraná. En tanto, de la evaporación y la transpiración se encarga el entramado vegetal, favorecido por la relación que existe entre su gran extensión y la escasa profundidad del agua. De esta forma, Iberá ("aguas brillantes" en guaraní) funciona como una eficiente represa reguladora.

Los esteros son el depósito de agua estancada con una profundidad que no supera los tres metros, y se encuentran cubiertos por plantas acuáticas. Otros de los ambientes propios de la región son los bañados, formados por la acumulación temporaria de agua.

El excedente sólo queda en las lagunas permanentes, como Iberá, Fernández, Luna y Galarza. Este sistema tiene más de 60 lagunas, que constituyen entre el 20 y el 30 por ciento de la superficie total. Con 2 ó 3 metros de profundidad, tienen sus costas formadas por embalsados.

Hacia las islas flotantes

A 815 km de Buenos Aires, este ecosistema fue declarado Reserva Natural en 1983 y Humedal de Importancia Internacional en 2002. Es el segundo humedal más grande de Sudamérica, después del Pantanal brasileño, y uno de los más importantes del mundo.

En uno de los canales, más angosto que la propia lancha, la vegetación esconde a una familia de carpinchos. "O capybara, in English", aclara Naldo, el guía. Señala entonces a una pareja de estos macizos roedores y sus cuatro crías, que ostentan la calma de quien sabe que nunca le faltará la comida en su vida y que se encuentra fuera de peligro. Los carpinchos viven 20 años y llegan a pesar 60 kilos. Tienen los ojos, el hocico y las orejas en la misma línea, así pueden nadar con casi todo el cuerpo sumergido.

Fuertes como tanzas, los hilos de las telarañas cruzan de junco a junco hasta formar temerarias redes donde se agrupan las colonias de arañas.

Al día siguiente, el programa consiste en recorrer la zona del río Corrientes. Cuando esperábamos el arribo a los embalsados prometidos, nos informan que fuimos en otra dirección para saludar al guardaparques, requisito que debe cumplir cada embarcación al navegar por la laguna.

Los aguapés de flores amarillas, las amapolas y las lentejas de agua son algunas de las especies flotantes que cubren la superficie de la laguna y forman camalotales. Precisamente, éstos dan origen a los embalsados. Y sobre su entretejido vegetal se deposita la tierra que permite el arraigo de las plantas.

A merced de los vientos y de las corrientes, algunas de estas islas flotantes llegan a los dos metros de espesor y se puede caminar sobre ellas. En los puntos indicados por el guía, algunos nos animamos a saltar y comprobamos la resistencia de los camalotes.

Monumentos naturales

Al cruzarme con el vigésimo yacaré, este ser ajeno a mi cotidianidad, deja de ser una sorpresa. Pero en esta instancia, ya comienzo a distinguir al yacaré negro del ñato u overo (las dos especies de caimán de la Argentina), observo cómo avanza por las aguas impulsado por su cola, y no necesito que nadie me explique que llega a medir dos metros y a pesar 55 kilos.

Con menos frecuencia aparecen los ciervos de los pantanos, con su gran porte de color canela. Con el lobito de río, el aguará guazú —significa "zorro grande" en guaraní— y el venado de las pampas, completa las cuatro especies declaradas "monumentos naturales" de Corrientes que protege la reserva.

No lamento, en cambio, la falta de señales por parte de las palometas o pirañas que abundan en estas aguas. Como tampoco, la ausencia de las constrictoras boas curiyú, las muy veloces ñacaninás, las culebras verdes o las yararás que suelen verse en la ruta hacia Misiones.

En la zona del paraje Cambá Trapo, a 20 km de la localidad Carlos Pellegrini, sorprende la cantidad de tacurú, unos hormigueros de más de un metro de altura. Este lugar es uno de los preferidos por ornitólogos de todo el mundo, que viajan para estudiar aves exóticas.

Al llegar al Centro de Interpretación, los guardafaunas proponen un par de caminatas. Fiel a su nombre, el Sendero de los Monos atraviesa una selva en galería donde habita una decena de monos carayá o aulladores, que juegan en los árboles. Hay una palmera pindó con un curioso hueco en el tronco: fue elegido por un pájaro carpintero para tallarlo a su antojo.

Por contraste, recuerdo otros viajes del pasado que prometían avistaje de flora y fauna, y para divisar un simple flamenco eran precisos unos poderosos prismáticos, una interminable travesía en 4×4 y una caminata de dos horas, luego de rogar que las condiciones climáticas fueran las adecuadas para tal empresa. En los Esteros, no se trata de promesas: en todas las direcciones en las que mire, encuentro cientos de ejemplares.

El ocaso en el puente

Se accede a Colonia Carlos Pellegrini a través de un puente provisorio construido sobre la laguna en la década del ’70. Al cruzarlo en bicicleta, las maderas suenan como teclas de un piano desafinado. Vamos rumbo al "ocaso en el puente", recomendado por los lugareños como si fuera una excursión más. Una inusitada cantidad de mosquitos son pescados al vuelo por cientos de aves. Entonces, el cielo se destiñe sobre el horizonte y la laguna se vuelve rosada.

En la orilla del camping municipal, la antigua balsa del pueblo exhibe un presente enmohecido con sus diez metros de chapa sumergidos. Hasta el momento en que se construyó el puente de acceso, era el único medio para ingresar a Colonia Pellegrini. El viaje era gratis, duraba 45 minutos —según el oleaje de la laguna, claro— y, además de pasajeros, trasladaba autos y camiones.

Por calles de tierra con nombres en guaraní, recorremos la plaza central —cubierta de pasto y sin veredas—, la iglesia, un modesto bar con artesanías y el cementerio. Aquí, los colores de las tumbas intentan demostrar que las convicciones no siempre mueren: las pintadas de colorado pertenecen a antiguos federales y las de celeste a los unitarios. No hay contradicción si los colores de las cintas colgadas de la cruz no coinciden con los de las tumbas: las rojas indican devoción por el Gauchito Gil y las celestes por la Virgen de Itatí.

Es hora de volver a la Posada Aguapé. Con el confort y los servicios necesarios para una estadía placentera, las habitaciones se encuentran alineadas al reparo de una galería. Con reposeras y hamacas paraguayas, tienen vista a la piscina y a la laguna Iberá.

A las 21, el mozo anuncia que la cena está preparada. En el silencio de una noche excesivamente estrellada, suenan intensos los grillos y las ranas. En la oscuridad, percibo la presencia de la cuantiosa fauna dormida.

En los Esteros, se ha cumplido una antigua creencia indígena: "Primero viaja el cuerpo; después el alma". Por fin ha arribado mi alma a las "aguas brillantes".

 

 

EL MIRADOR

Una cuestión de actitud

Omar Giménez. Periodista y músico.

La fauna manda en los Esteros del Iberá. Al cruzar el puente que nos lleva a Colonia Pellegrini, sobrevolado por una multitud de tijeretas, pienso: "¡Uy! ¿Había una convención de pájaros y no nos avisaron? ¡Y yo que dejé las alas en casa!". Enseguida nos tranquilizan: no se está filmando una remake de Hitchcock. Esto pasa siempre porque se concentran centenares de aves para capturar insectos. "¡Ah!", suspiro aliviado y disfruto del espectáculo. Ya en el pueblo, insisto al guía: "Y dígame: ¿También es normal que ese diminuto cardenal se pasee entre la gente a lo guapo, como Clint Eastwood?". Dice que sí y señala a un ipacá que con igual desparpajo deambula entre los turistas. Ahora sé que el protagonismo de las aves no se de be sólo al colorido de su plumaje o a lo vistoso de sus formas. Deriva de su actitud, que los hace moverse como dueños y señores del paisaje.

IMPERDIBLE

Los pueblos originarios

"Mi padre dibujaba ese mapa todas las noches… Dicen que en base a ese mapa hicieron la maqueta de los Esteros del Iberá en el Centro de Interpretación." El relato es de Mingo Cabrera, hijo de un "mariscador" o cazador del Iberá, que recuerda los días que vivía internado en los embalsados con su padre para traer en la canoa carpinchos, yacarés, ciervos y lobitos de río. Como ellos, el lugar estaba poblado por isleños que cazaban como medio de subsistencia. Cuando se creó la Reserva, algunos mariscadores se volvieron guardafaunas.

Pero los primeros habitantes del Iberá fueron los "caracarás", "mepenes" y "capesales", de la tribu "caingang". Ellos vivían de la caza y de la pesca y tuvieron influencia guaraní. Según la leyenda, la Conquista no pudo alcanzarlos y aún habitan en el corazón de los Esteros. Ante la riqueza histórica y arqueológica del lugar, abrirá en abril el Museo Regional Y- Yará, con salas del ecosistema, indígenas, mariscadores, historia de Colonia Pellegrini y mitos del Iberá.

 

 

Miniguía

* COMO LLEGAR.
El pasaje (ida y vuelta) a Posadas por Aerolíneas Argentinas (1 h 30′), $ 516 con impuestos incluidos. De ahí hasta Aguapé son 210 km, en 4×4 para 4 personas, $ 400. Desde Retiro, el servicio semicama de Flechabus a Mercedes (12 hs), $ 64; cama, $ 80. De ahí hasta Aguapé son 115 km en camioneta, $ 170. Desde Bs. As., 815 km por ruta 9 (Panamericana ramal Escobar), Zárate-Brazo Largo, ruta 12 hasta Ceibas, ruta 14 a Cuatro Bocas, ruta 119 hasta Mercedes y ruta 40 (115 km de ripio).

* PRECIOS.
Habitación doble con pensión completa por persona en la Posada Aguapé, $ 276. Programa 4 días/ 3 noches, con pensión completa y excursiones en lancha por la laguna Iberá, caminatas y canotaje, en base doble por persona, $ 828. Las tarifas no incluyen las bebidas ni los transfers.

* ATENCION.
No hay nafta super en Colonia Carlos Pellegrini; conviene llenar el tanque en Mercedes. En invierno, llevar zapatos impermeables, buzos polard y mucho abrigo. El resto del año, pantalón liviano, repelente para mosquitos, protector solar, sombrero, traje de baño y camperas rompe-viento y de abrigo.

Información

*Posada Aguapé, en Colonia C. Pellegrini. Tel. 4742-3015
*aguape@fibertel.com.ar
*www.iberaesteros.com.ar

 

 

Un comentario en “Corrientes, mi provincia natal

  1. Pingback: #AntonioGil / #GauchitoGil / #GauchoGil / #GraciasGauchito | CELN - ¿Cuál es la noticia...?

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