Allanarán todas las oficinas de inteligencia de la Armada

La Nación
 
El juez quiere determinar si la base Almirante Zar pertenecía a una red
 
 
 TRELEW.– El juez federal de Rawson, Jorge Pfleger, libró ayer órdenes de allanamiento a todas las unidades de inteligencia de la Armada, incluido el edificio Libertad.

Además, encontró entre los documentos secuestrados en los allanamientos a la base Almirante Zar, cuya unidad de inteligencia es investigada por supuesto espionaje ilegal; una carpeta con una foto que le resultó más que familiar: su propio rostro y datos sobre su actividad docente en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.

"La denuncia no fue agua, sino barco hundido", graficó una fuente cercana a la causa judicial que sacude a la Armada. Los allanamientos de anteayer en la base militar permitieron incautar las computadoras del sitio conocido como "La casita", en donde funcionaba la unidad de inteligencia que recopilaba de manera ilegal datos de políticos, periodistas e integrantes de agrupaciones de derechos humanos, entre otros.

Según fuentes de la causa, el objetivo de allanar todas las unidades de inteligencia de la Armada apunta a determinar cuál era la red de contactos con la que trabajaba la oficina de inteligencia de la base Almirante Zar. En concreto, el magistrado busca determinar si esa base trabajaba aislada o si pertenecía a una red de varias agencias de la Armada o incluso de otras fuerzas militares.

Relevamiento

Ayer, el juez, sus secretarios y el fiscal Carlos Gelves comenzaron el minucioso relevamiento de los datos incluidos en las máquinas utilizadas por el personal del área de inteligencia. Encontraron un listado completo de la lista de docentes, no docentes y en algunos casos padrones estudiantiles. También se hallaron vínculos que remiten a los antecedentes laborales de los profesores universitarios. Y hasta hay carpetas específicas en las que se detalla el posicionamiento ideológico en clase.

Aquí, quienes llevan adelante la investigación judicial dieron con la sorpresa: una carpeta que hace referencia a la actividad docente del propio Pfleger. Allí se lo tilda de "liberal", de tener una visión social, de ser un "defensor de los derechos humanos", aunque en ocasiones con posturas "ambiguas".

Dentro de la gravedad de la denuncia el grupo esbozó una sonrisa: "Esta foto me favorece poco", le dijo el juez a sus allegados con la fuerte impronta del acento cordobés.

El dato sobre el relevamiento realizado sobre estudiantes y docentes no es menor ya que el propio agente de la Armada "arrepentido" que realizó la denuncia ante el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) era estudiante de la carrera de Derecho. El capitán de navío Horacio Giaquinta, jefe de la base Almirante Zar, se graduó en la sede Trelew de esta universidad de Técnico en Comunicación Social.

Luego de un día de apariciones públicas por parte del juez, ayer hubo hermetismo en el juzgado federal de Rawson. "Es necesario para analizar cada uno de los datos encontrados en la base", explicó una fuente cercana al juez.

Pfleger reúne las pruebas para citar a declarar al testigo, por ahora de identidad reservada, aportado por el CELS y a los dos altos jefes de la Armada separados de sus cargos a raíz del escándalo desatado en Trelew.

No obstante, fuentes cercanas a la causa judicial aseguraron que el juez no se limitará a citar sólo a quienes hasta el momento aparecen directamente vinculados con la causa judicial.

"Ni siquiera se descarta traer hasta aquí a los máximos jefes de la Armada", se aseguró.

Seguimiento a periodistas

Por el momento trabajan en el ordenamiento integral de las pruebas: videos, computadoras y carpetas que incluyen el seguimiento a más de 30 periodistas y referentes de opinión de esta provincia.

La investigación se realiza en paralelo con la que puso en marcha la propia Armada; ayer viajaron a la Capital Federal los máximos jefes de la base Almirante Zar para prestar declaración en una investigación interna encarada por la propia Fuerza, que coordina el contraalmirante Benito Rótolo.

Ayer, las radios de Trelew sumaron voces de repudio a los supuestos trabajos de espionaje realizados desde la oficina de Inteligencia de la Armada, en Trelew. El obispo de la diócesis de Comodoro Rivadavia, monseñor Virginio Bressanelli, dijo que esta situación "que estamos viviendo nos duele y nos preocupa".

También se escuchó la voz de Estela de Carlotto, de Abuelas de Plaza de Mayo, quien calificó los hechos conocidos esta semana como "aberrantes".

"Inexorablemente se hará justicia", dijo la titular de la entidad de derechos humanos.

Por Ana Tronfi
Para LA NACION

 
 
 
 

Cómo funcionó "La casita" de Trelew

TRELEW (De nuestra corresponsal).- Al lugar se lo conocía como "La casita". Aquí, en una oficina ubicada dentro de la estructura de la base Almirante Zar, en donde trabajan hoy alrededor de 500 personas; seis empleados de la Armada Argentina -que ya fueron pasados a disponibilidad- reunían información de políticos, gremialistas, docentes e integrantes de asociaciones civiles de derechos humanos.

Cada miércoles, la información se enviaba al Centro de Operaciones Navales. Buena parte de esa información viajaba en código encriptado.

¿Qué disparó la investigación que obligó al cierre de los servicios de inteligencia de la Armada? Uno de los empleados de la oficina de Inteligencia de Trelew, de 30 años, casado, padre de dos hijos y estudiante de la carrera de derecho, abrió el escándalo cuando aportó pruebas al CELS, primer querellante en la causa.

El testigo clave de identidad reservada y su familia ya están en la Capital Federal. "Lo que lo quebró fue que empezaron a pedirle informes de sus propios compañeros y docentes. Se negó y sufrió las consecuencias dentro de la propia fuerza", comentó una fuente que participó de las charlas con el suboficial poco antes de la presentación de la denuncia.

Al empleado empezaron a perseguirlo: personal de la fuerza visitaba asiduamente su vivienda para "pasar revista". Con frecuencia el suboficial se veía en medio de requisas en su propio domicilio.

"La casita" tenía vida propia dentro de la base Almirante Zar. El lugar estaba a cargo del capitán Gustavo Monzani, un habitante de Trelew desde hace varios años y dueño de una amplia vida social ligada al básquet en la ciudad.

Según el relato del "arrepentido", los integrantes de la oficina de inteligencia no estaban solos: se reunían asiduamente con otros "espías" de la SIDE y "otros servicios" para intercambiar datos.

 
 
 

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