Eduardo Kac: “El arte imposible de hoy es la banalidad de mañana”

Clarín
 
CULTURA : EL POLEMICO CREADOR TRABAJA CON ANIMALES, PLANTAS Y BACTERIAS

Se lo conoce por Alba, un conejo transgénico que se vuelve flúo con la luz. Desde mañana, mostrará cuatro obras impactantes en la Fundación Telefónica.

Fernando García

fegarcia@clarin.com


Crees en Dios?"

Le preguntan a Eduardo Kac (Río de Janeiro, 1962) y tras un módico movimiento negador dirá que no, de la misma manera que alguien exhibiría con orgullo, hoy por hoy, sobrevivir la vida moderna sin teléfono celular.

No es una pregunta que se le haga en un almuerzo a cualquier artista, pero con Kac es como inevitable. Mañana, este carioca radicado en Chicago que cambió los medios consagrados del arte por la genética, la etología cognitiva y las computadoras presentará en Buenos Aires una especie de "grandes éxitos" de su obra.

Se verá allí, por ejemplo, una planta mutante que lleva tres meses creciendo en la Facultad de Agronomía y que fue modificada en base a un gen sintético creado a partir de la máxima de Descartes: "Pienso luego existo"; otra de sus instalaciones llamada "Génesis" funciona con bacterias. Y está "Alba", el conejo transgénico que pasa sus días en Avignon, Francia. Aquí Kac mostrará una obra basada en las repercusiones que este animal de diseño tuvo en todo el mundo.

Kac, por lo tanto, que defiende a capa y espada su status de artista (acaba de ganar un nuevo premio en la Feria Arco), busca borrar la frontera entre hombre, máquina y animal. Ahora mismo, en la oscuridad de uno de los gabinetes que los de Telefónica acondicionan (han tenido que instalar un sistema de red muy complejo y al mismo tiempo lidiar con tierra, arena, genes sintéticos) a velocidad crucero, Kac explica el punto de vista de un reptil. Dice que ellos (los reptiles) nos ven como nosotros (los humanos) vemos a Alba (su coneja flúo) y que así trabaja él, explotando la sensibilidad animal. Mientras lo dice, y todas las horas de su vida, lleva un chip en la pantorrilla (citando la grilla del esclavo) que se injertó en público (a través de la TV) en 1999. Tiene un número que sirve para encontrar a un animal perdido. Kac se registró como dueño y animal al mismo tiempo.

—Mi obra intenta ser dialógica, romper con la idea de que el artista genera objetos. Así, la relación entre el artista y la obra puede ser una relación de seres vivos. Por eso mi trabajo incluye animales y plantas. No me importa que muchas veces no se comprenda porque estoy seguro que el arte imposible de hoy es la banalidad de mañana.

—¿Qué relación tiene su trabajo con las vanguardias del siglo XX?

—Ninguna. Lo primero que me impresionó cuando era muy chico fue un teléfono: la sensación de que habría allí dentro algo más. Yo no experimenté el posmodernismo porque para mí no hay agotamiento de nada, todo lo contrario. En los 80, a los 24 años, ya estaba pensando en cómo sería el arte del siglo XXI y aquí estamos. Hemos pasado de la desmaterialización del arte, que viene de los 60, al umbral de la verdadera creación inmaterial.

—¿Por qué no pensar su obra como la de un neocientífico?

—Esa cuestión de la relación arte/ciencia carece de interés para mí. Nan Jum Paik (artista muerto en 2006) transformó el videotape en un medio de creación y ya es arte. Lo mío también.

—Pero mucho de su bio-arte se percibe en el procedimiento.

—El desafío está en encontrar una subjetividad nueva, ¿qué es este tipo de arte? Yo aspiro a que si no ahora, algún día, la obra sea disfrutada de manera sensual.

—Su lugar de trabajo debe parecer un laboratorio de la NASA…

—No. La naturaleza de mi obra no tiene un centro específico. Para "Move 36" (una de las obras que trae a Buenos Aires) mandé de Chicago un e-mail a un laboratorio de Arizona que realizó la síntesis. Por Fed-Ex se mandó el gen sintético a otro laboratorio en North Dakota, aquí también llegó la secuencia que hace el cambio de la planta, este laboratorio integró los genes y se mandó a California. Ellos mandaron la semilla por correo a Chicago y yo la mandé a Buenos Aires. Darwin habló de la mutación y la supervivencia de los más fuertes. Para mí los dos nuevos procesos evolutivos son Fed Ex y Wall Street. Wall Street decide lo que va a vivir y Fed Ex lo comunica.

—Si la obra depende de tantos laboratorios, ¿En qué lugar de la cadena queda el artista?

—No, son escalas de producción. ¿Alguien piensa que es tan artista el pintor como el químico solo porque produce los óleos?

—Al fin, da la sensación de que expresa visiones sobre el futuro de la vida cotidiana…

—Sí, pero no en el sentido de mostrar el auto del 3000 sino filosóficamente. De Aristóteles a Nietzsche, todos manejan la noción de lo animal como algo que carece de lenguaje y poder de abstracción. La etología cognitiva demuestra que no era tan así. O también: ¿qué pasa cuando una sustancia viva trabaja en una máquina? ¿Se seguirá hablando de humanos? La idea de hombre se está redefiniendo…

—Y con ella, la de arte.

—Exacto.

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