Francia vivió un histórico “martes negro”

La Nación
 
El gobierno de Chirac, en problemas: entre uno y tres millones de personas protestaron en todo el país
Sindicatos y estudiantes encabezaron una movilización sin precedente contra el contrato de trabajo para los jóvenes
 

  • Hubo 387 detenidos por hechos violentos
  • La huelga afectó a buena parte del transporte y, sobre todo, al área de educación, que estuvo prácticamente paralizada
  • Sin diarios ni radios

PARIS.- Entre uno y tres millones de personas colmaron las calles de varias ciudades francesas y paralizaron varios servicios para protestar contra la reforma laboral impulsada por el primer ministro Dominique de Villepin, en una de las más impresionantes muestras de fuerza en la historia del país, convocada por sindicatos y organizaciones estudiantiles.

El "martes negro", que se había anunciado como una jornada de protestas y huelga para repudiar especialmente la sanción del Contrato de Primer Empleo (CPE), se cumplió con pocos incidentes, que dejaron como resultado casi 400 detenidos. Según los organizadores, tres millones de personas se unieron a las marchas; según la policía, un millón.

Las manifestaciones y las huelgas sacudieron al gobierno francés y volvieron a dejar en evidencia sus divergencias internas.

La huelga general tuvo un importante peso en el sector público, que emplea a cinco millones de personas. Y aunque afectó el transporte en 75 ciudades, sólo el 30% de los vuelos y el 60% de los trenes suburbanos se paralizaron.

En París, en donde unas 700.000 personas -según los organizadores- participaron en un impresionante desfile desde la Place d´Italie hasta la Place de la Republique, el subte, por ejemplo, se vio afectado sólo en un 25%.

En cambio, en el área educativa la medida impactó con más fuerza, con 66 universidades tomadas o con su actividad normal perturbada. Tampoco hubo diarios ni transmisiones en las radios estatales y sólo los colegios privados permanecieron abiertos.

La piedra de la discordia es el CPE, una norma considerada por el gobierno la herramienta fundamental para luchar contra la alta tasa de desocupación de Francia -una de las mayores de Europa-, pero que es vista por sindicatos y estudiantes como una forma de debilitar la estabilidad laboral de los jóvenes.

El CPE permite a los empleadores renovar indefinidamente los contratos laborales de sus empleados hasta los 26 años de edad. Y durante los primeros dos años de trabajo los empleados pueden ser despedidos sin justificativo ni indemnización de ningún tipo.

Los 135 actos y manifestaciones que se contabilizaron ayer en todo el país no parecieron conmover al primer ministro, Dominique de Villepin, que reiteró -pese a que todos los canales de diálogo con sindicatos y estudiantes están cortados- que está dispuesto a discutir reformas a la norma, aunque dentro del marco legal; es decir, no considera la eventual derogación del CPE, aprobado por el Parlamento.

Su dureza acentuó la disputa interna que mantiene con el ministro del Interior y titular de la gobernante conservadora Unión para el Movimiento Popular (UMP), Nicolás Sarkozy, que se mostró abiertamente partidario de la "suspensión" del CPE como camino para salir de la crisis.

Lo mismo reclaman los principales sindicatos y las organizaciones estudiantiles, que, como condición para el diálogo, piden la suspensión del CPE y desde esta semana exigen, además, la renuncia de Villepin.

Aunque, según las encuestas, dos de cada tres franceses se oponen al CPE, tres de cada cuatro electores de la UMP esperan que el primer ministro se mantenga firme en su posición y no ceda ante los sindicatos. "Mis electores no me lo perdonarían jamás", dijo Villepin.

La demostración de fuerza de ayer en toda Francia superó y llegó a duplicar, incluso, a la impresionante movilización del 18 del actual, cuando entre 530.000 y 1,5 millones de personas protestaron contra el CPE, sin resultados, en una jornada que desembocó en incidentes violentos.

Esta vez, el Ministerio del Interior dispuso la actuación de 4000 policías móviles para evitar disturbios, en un operativo que, por el bajo nivel de incidentes, parece haber sido exitoso.

El plato fuerte

El plato fuerte de la convocatoria se registró en París, en donde unos 700.000 manifestantes, según los organizadores, aunque algo menos de 100.000, según la policía, repudiaron la nueva ley laboral, que debe entrar en vigor dentro de pocos días.

"Se trata de una cifra histórica", proclamó el jefe del primer sindicato del país, CGT, Bernard Thibault, al anunciar una concurrencia de tres millones de personas a las protestas en todo el país.

Sin embargo, la presencia policial no sirvió para disuadir por completo a grupos de vándalos -la mayoría ajenos a la marcha y a sus consignas- que, enmascarados, se lanzaron contra vidrieras y jóvenes manifestantes, a quienes agredieron y robaron.

Muchos de los violentos procedían de los suburbios parisienses más pobres, escenario de graves disturbios el pasado noviembre y actual motivo de preocupación para las autoridades, que temen que la persistencia del actual estado de convulsión en la ciudad desate nuevos incidentes en la zona.

Sin embargo, ayer París no fue el único foco de violencia: los vándalos provocaron problemas en manifestaciones en todo el país, que se terminaron con 387 detenidos, aunque la policía informó de que la cifra podía aumentar en las próximas horas.

Los descontrolados, de todas formas, no lograron eclipsar la movilización pacífica de estudiantes y sindicatos.

"Es una marea humana", afirmó el líder estudiantil Bruno Julliard.

"Es impensable que el primer ministro se mantenga firme en su posición", estimó el líder de la CGT.

Durante una alborotada sesión en la Asamblea Nacional, Villepin declaró que en Francia "no cabe el ultimátum" y volvió a ofrecer ciertos cambios en la ley, rechazados de antemano por los interlocutores sociales.

"Olvide su orgullo, deje en paz a los franceses", espetó el dirigente socialista Jean-Marc Ayrault al primer ministro. Como sea, los analistas advierten que Villepin, que se juega su futuro político y su posible candidatura a las elecciones presidenciales de 2007, empieza a quedarse aislado dentro de su propio sector político.

Agencias AFP, DPA y EFE

Las ultimas grandes movilizaciones

  • 18 de marzo de 2006: entre 530.000 y 1,5 millones de personas marchan contra el Contrato de Primer Empleo.
  • 13 de mayo de 2003: entre 1 y 2 millones desfilan en rechazo a la reforma del sistema jubilatorio.
  • 1° de mayo de 2002: 1,3 millones de personas se movilizan contra la extrema derecha, en contra de la candidatura presidencial de Jean Marie Le Pen en la segunda vuelta electoral.
  • 12 de diciembre de 1995: entre un millón y 2,2 millones de personas se manifiestan en contra de la reforma del sistema de seguridad social propuesta por el primer ministro de derecha Alain Juppé.
  • 4 de diciembre de 1986: entre 200.000 y un millón de estudiantes se movilizan en toda Francia contra un proyecto de reforma universitaria.

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