- También estuvo en el Congreso y en una muestra en la que había fotografías de la última dictadura militar
- La jornada se cerró con una cena en el Palacio San Martín

El primer día de la visita oficial de la familia real holandesa fue intenso. Empezó a las 11, cuando el presidente Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández, recibieron a la reina y a los príncipes Guillermo y Máxima en el salón Blanco de la Casa Rosada.
Lejos del protocolo, la primera dama argentina se dirigió a la princesa con un informal: "¡Hola!, ¿cómo estás, qué decís?". Pero sólo en ese caso la calidez superó a las formas. La senadora apeló al más formal: "¿Cómo le va?", para saludar al príncipe Guillermo de Orange. Antes, a la reina Beatriz la había saludado con un formal: "Señora".
La comitiva real holandesa fue recibida con una extensa alfombra roja y una dotación de granaderos en la explanada de la Casa Rosada. La reina saludó con un "buenos días" al subsecretario de Ceremonial y al jefe de la Casa Militar, que fueron a recibirla.
Luego de los saludos de rigor en el Salón Blanco, el jefe del Estado invitó a la reina y a los príncipes a pasar a su despacho. De allí fueron a la sala de audiencias anexa a la oficina presidencial, donde mantuvieron una audiencia privada que se extendió por 50 minutos.
La relación bilateral ocupó gran parte del diálogo, mediado por un traductor oficial, pese al castellano de Máxima, que también habla el príncipe Guillermo. De hecho, la primera dama elogió la pronunciación del heredero del trono holandés. "Es que tomo lecciones", le respondió el príncipe, dijo a LA NACION un testigo del diálogo.
Tras la audiencia, la familia real, acompañada por la primera dama, recorrió a pie los 50 metros que separan la Casa Rosada de la sede del Banco Nación para ver una exhibición de arte.
Aunque sólo 20 minutos estaban destinados ayer al mediodía a recorrer la muestra "Ana Frank: una historia vigente", la visita de la monarquía holandesa se extendió media hora más debido al interés que manifestó la reina Beatriz por ahondar en las violaciones a los derechos humanos.
Según contó una periodista holandesa a LA NACION, "una muestra vinculada con los derechos humanos iba a ser una parada obligada" de la reina Beatriz en su primera visita al país.
Además de la comitiva oficial, estuvieron presentes el canciller holandés, Bernard Bot; el embajador de los Países Bajos en la Argentina, Robert Jan Van Houtum; su par argentino, el embajador Santos Goñi, y el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel.
En el Congreso
A las 14, la reina y los príncipes llegaron al Congreso para reunirse con las autoridades de ambas cámaras y legisladores interesados en profundizar sobre cuestiones relacionadas con la relación bilateral entre ambos países.
El encuentro, que se extendió durante media hora, tuvo un carácter fundamentalmente protocolar, pero también sirvió para que la reina expresara con elegante ironía algunas inquietudes sobre el sistema político argentino.
Con curiosidad, la reina Beatriz se expresó interesada en conocer el motivo por el que se realizan elecciones cada dos años. "No les dan descanso", agregó algo sorprendida.
Después de una respuesta muy formal de parte del vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli, la representante de la corona holandesa insistió, curiosa: "¿Y están contentos con este sistema?". Como respuesta sólo obtuvo sonrisas nerviosas de parte de los argentinos.
Luego, a las 17.30, la reina Beatriz colocó una ofrenda floral ante la estatua del Libertador, José de San Martín, en la plaza homónima del barrio porteño de Retiro.
Más tarde, llegó la hora de una cena protocolar en el Palacio San Martín, de la que participaron el presidente Kirchner y su esposa, los ministros y la comitiva holandesa. El plato principal fue cordero.
El presidente dio un breve discurso y luego cedió la palabra a la reina Beatriz, que se dirigió al auditorio en un perfecto inglés. Entre otras cosas, se refirió a la crisis económica de 2001 y a la recuperación experimentada por el país desde entonces. Fue el broche de un día intenso.
