Cuando la muerte alcanza a las víctimas impensadas

Clarín
 INFORME ESPECIAL : UNA TENDENCIA EN CRECIMIENTO

Ocurrieron en apenas cuatro meses. Y los muertos fueron cuatro jóvenes de clase media o media alta. Ninguno de ellos sufrió robos. Pero murieron en situaciones donde no era esperable que eso sucediera.
 
 
Rolando Barbano

rbarbano@clarin.com


Ariel Malvino estaba convencido de que pasaría unas vacaciones estupendas, rodeado de amigos en la tranquilidad de una playa brasileña a la que pocos pueden acceder. Matías Bragagnolo tampoco llegó siquiera a representarse la idea de que su vida podía terminar cuando decidió pasar la noche en Barrio Parque, uno de los más exclusivos de Buenos Aires. A Paulina Lebbos le pareció que no había mayor seguridad que tomar un remís para volver a casa sin problemas. Y Lucas Maldonado suponía que nada malo podía pasarle al salir de una disco tan selecta como Molino Rojo.

Ariel, Matías, Paulina y Lucas eran jóvenes, tenían empleo o estudiaban y se los podía ubicar con facilidad en lo que se conoce como clase media o media alta. La muerte los encontró en la circunstancia menos pensada, en un sitio improbable y en la situación más imprevisible. Sus casos tienen varios puntos en común, pero hay uno que se destaca: las estadísticas criminales dicen que ellos no debían morir así.

Aunque los especialistas advierten que este tipo de hechos va en aumento, lo cierto es que la figura más vulnerable al delito —tanto en la Argentina como en la mayoría de los países— es el hombre pobre, que vive en zonas donde hay más riesgos y tiene menos medios para defenderse. Lo opuesto a un estudiante de la Universidad de Belgrano como Ariel, a ese rugbier del Colegio Esquiú que era Matías, a una hija de un funcionario gubermanmental como Paulina o a un empleado del casino de Carlos Paz como era Lucas.

"El varón joven, de entre 17 y 25 años, que está sin trabajo o sin inserción escolar, representa la franja más vulnerable, ya sea como víctima de agresiones o porque queda involucrado en situaciones violentas", puntualiza a Clarín Mariano Ciafardini, director de Política Criminal del Ministerio de Justicia de la Nación. "Esta es la media. Pero lo cierto es que este tipo de casos, como el de Malvino o Bragagnolo, se han venido repitiendo y no son los primeros", agrega.

La contradicción entre las muertes de estos cuatro jóvenes y las estadísticas no se reduce sólo a su clase social. Ninguno de ellos, por ejemplo, sufrió un robo la noche de su muerte. Algo curioso si se tiene en cuenta que los delitos contra la propiedad acaparan el 64 por ciento del total de denuncias que se hacen cada año en el país, en promedio.

Ciafardini da una idea de por qué el robo no aparece en medio de estas muertes. "En general, esta clase de jóvenes son víctimas de jóvenes como ellos, de gente que está en su misma clase social y ejerció la violencia contra ellos por puro gusto", explica. "Todavía estadisticamente no se registra a estos jóvenes ricos como vulnerables. Pero están apareciendo. No es la primera vez que se conocen cuatro casos juntos de jóvenes víctimas de actos de violencia cometidos para mostrar autoridad, virilidad, machismo, movidos por valores egoístas, individuales", agrega.

Tal vez por esto, ni Ariel, ni Matías, ni Paulina ni Lucas fueron víctimas de un crimen con armas; todo indica que sufrieron agresiones a mano limpia. Sin embargo, las estadísticas apuntan que en la Argentina el 63 por ciento de los homicidios dolosos se cometen con armas de fuego, mientras que en el 22 por ciento aparecen armas blancas. Sólo el 9 por ciento ocurre sin armas. Más preciso aún: de las 18.953 muertes violentas registradas en 2003, sólo en 90 el mecanismo fueron golpes, según datos del Ministerio de Justicia.

Los cuatro jóvenes estaban rodeados de amigos al momento de morir, una situación que un padre consideraría más segura que muchas otras. Andaban de noche pero en situación de placer, tal como las vacaciones de Ariel, la reunión de Matías con un grupo de chicas amigas en un departamento y las salidas a bailar de Paulina y Lucas.

La muerte se les presentó en un lugar que no frecuenta, lo que también contrasta con las llamadas "zonas rojas" del delito. Ariel estaba en Ferrugem (Brasil) cuando se topó con una pelea callejera entre argentinos, algo parecido a lo que le pasó a Matías en Barrio Parque. Paulina se movía por el centro de Tucumán y Lucas acababa de salir de un boliche de Villa Carlos Paz.

Pero, además, no hubo uno de estos jóvenes que tomara una conducta de riesgo. Matías había ido al quiosco en plena Capital Federal; Ariel intentó separar una pelea en la puerta de un boliche y tanto Paulina —que tomó un remís— como Lucas salían de bailar acompañados por amigos.

"Es que aquí el problema, como ya ocurrió en otros casos, es que la violencia llegó a sectores juveniles que no alcanzaba. Aquí no se da por causas económicas o de exclusión, sino por alienación: grupos de jóvenes que sin necesidad material, teniendo a mano una cantidad de oportunidades, buscan en la violencia una salida, un entretenimiento. La falta de futuro afecta a todas las clases", opina Ciafardini.

Más allá de las causas de la violencia que precede a estas muertes, lo que está claro es una constante que se da después. En estos cuatro casos, como en una importante cantidad de hechos que ocurren en todo el país, aparecen irregularidades en la actuación de la autoridad —sean policías o funcionarios judiciales— y una marcada desconfianza de los familiares de las víctimas sobre la posibilidad de que haya justicia.

En el caso de Ariel, sus presuntos agresores lograron huir de Brasil sin que nadie los detuviera, mientras que su familia lucha ahora con el fantasma de las influencias que podrían movilizar los sospechosos del crimen. El padre de Matías muestra su escepticismo tanto sobre el papel del comisario que le informó de la muerte de su hijo, como de los forenses que le hicieron la autopisa, más allá del policía que maltrató al adolescente sin dejar constancia de su participación. Otro padre, el de Paulina, tuvo que exponer ante la Legislatura tucumana su desconfianza en los investigadores y el fiscal del caso terminó apartado. Para Lucas, en tanto, las suspicacias giran en torno a su hermano policía.

Esta clase de desconfianza es, tal vez, una de las pocas cosas que hermana a estos casos de gran repercusión con los que se dan con más frecuencia, aquellos que afectan a jóvenes humildes y desempleados y tienen menos prensa. La otra tiene que ver con la necesidad de buscar soluciones no policiales, sino sociales, a un problema de violencia que parece tener un mismo origen.

 

 

 

 

Matías Bragagnolo

Edad: 16 años.

Vivía en: Buenos Aires (barrio de Belgrano). 

A qué se dedicaba: Era estudiante y cursaba el 5º año en la escuela Esquiú, de Belgrano.

Cómo murió: Fue en la madrugada del 9 de abril, en Palermo Chico. Matías sufrió un edema pulmonar después de que lo persiguieran otros chicos (con los que peleó en la calle) y de que lo revisara un policía.

Lucas Maldonado


Edad: 24 años

Vivía en: Carlos Paz, Córdoba.

A qué se dedicaba: era guardia de seguridad del casino.

Cómo murió: en la madrugada del jueves 13 fue a bailar al "Molino Rojo", un boliche. Salió después de que los guardias del lugar echaran a dos amigos. Luego, desapareció y lo hallaron el martes 18, ahogado y flotando en el río San Antonio.

Ariel Malvino


Edad: 21 años.

Vivía en: Buenos Aires (barrio de Villa Urquiza).

A qué se dedicaba: estaba terminando de cursar Abogacía en la Universidad de Belgrano.

Cómo murió: fue en Ferrugem, Brasil, el 19 de enero. Esa madrugada hubo "una pelea generalizada". Ariel recibió un golpe y cuando estaba caído, le tiraron encima una piedra de 17,5 kilos.

Intranquilidad
Eduardo Parise

eparise@clarin.com



Hasta hace dos o tres décadas, la cuestión era simple. Según marcaba la tradición, a los hijos sólo había que transmitirles una consigna clara: si se evitaban los lugares conflictivos (podía ser una zona determinada, un boliche con antecedentes poco santos o algunos hechos riesgosos) la "tranquilidad" del regreso a casa estaba garantizada. Eran los consejos básicos y, si se respetaban, muy difícil que hubiera problemas. En los últimos años, aquellos libretos se consumieron en las llamas de la realidad. Así, ir hasta un quiosco en Salguero y Libertador, pasar unas vacaciones en un tranquilo balneario o tomar un remís a la salida de un baile termina siendo algo tan peligroso que hasta cuesta la vida. Ante esto, ¿qué recomendaciones hay que dar para no llorar más vidas jóvenes perdidas?

Paulina Lebbos


Edad: 23 años.

Vivía en: Tucumán.

A qué se dedicaba: estudiaba Comunicación Social.

Cómo murió: en la madrugada del 26 de febrero fue a bailar en la capital tucumana. Al salir tomó un remís con una amiga, que bajó en su casa. Ella siguió viaje y nunca llegó a destino. El 11 de marzo la hallaron asesinada. El remisero y el auto aún no fueron hallados.

 

 

DOBLE CRIMEN EN MAXIMO PAZ

Encontraron asesinadas en un baldío a dos chicas de 19 años

Vivían juntas. Los cuerpos estaban a metros de su casa. Las habían atado de pies y manos. Una de ellas tenía un disparo en la cabeza y además había sido violada. A la otra la habían estrangulado.

Fueron a buscar una película a un video club y no regresaron. Preocupados, sus familiares hicieron la denuncia. A partir de ese momento, policías, amigos y vecinos salieron a la calle a buscarlas. Esa búsqueda terminó de la peor manera. Las encontraron muertas en un descampado: una tiene un balazo en la cabeza y fue violada y la otra habría sido estrangulada.

Las víctimas, Soledad Lungo y Flavia Aguirre, tenían 19 años y eran cuñadas. Las jóvenes vivían en la misma casa, ubicada a 50 metros del descampado donde aparecieron sus cuerpos. Aguirre estaba casada con el hermano de Lungo y tenía un hijo de tres años y medio.

Hasta anoche los investigadores descartaban la hipótesis de un intento de robo. Las jóvenes fueron encontradas boca arriba y atadas de pies y manos. Creen que se trató de una venganza, aunque los motivos siguen siendo misteriosos.

Los cuerpos fueron hallados ayer a la madrugada en un terreno baldío ubicado en la calle Rivadavia, a metros de la Ruta 205, en la localidad de Máximo Paz, partido de Cañuelas.

Según contaron fuentes policiales, ayer a la una de la mañana la mamá de Soledad fue a la comisaría de Máximo Paz y denunció que su hija y su nuera habían desaparecido.

"El viernes a las siete de la tarde las chicas fueron a tomar clases de inglés a un instituto ubicado en Spegazzini (una localidad vecina) y luego fueron hacia un video club de la zona. De allí las vieron salir caminando hacia la parada de un colectivo. Pero nunca regresaron", explicó la mujer en su denuncia.

La Policía, junto con los familiares, amigos y vecinos de las jóvenes salieron a buscarlas por Máximo Paz y por Spegazzini.

La mamá de Lungo habló por teléfono con los dueños del video club donde fueron las chicas y allí le informaron que Soledad y Flavia habían ido a buscar una película pero que a las nueve de la noche se fueron del local.

La búsqueda se terminó minutos después de las cuatro de la mañana. "Estaba con un ciclomotor recorriendo el barrio y escuché que sonaba un celular. Entonces apagué la moto y me di cuenta de que el sonido venía de un terreno baldío que tiene los pastos altos. Enseguida, ilumine el lugar y cuando me acerque vi los cuerpos. La que llamaba al celular era mi tía", contó el novio de una de las víctimas.

Un rato después peritos de la División Policía Científica y de la Departamental La Plata llegaron y revisaron los cuerpos. "Las víctimas estaban vestidas, atadas de pies y manos. Una tenía una bufanda en el cuello y otra un pulóver", explicaron.

Según el joven que encontró los dos cuerpos, a las víctimas no las habían robado.

"A simple vista no faltaba nada. Estaba la mochila de Flavia y hasta en los bolsillos tenían las monedas para el colectivo. Esto es realmente una salvajada y creo que los cuerpos los dejaron acá para que los encontremos los familiares", contó.

En cuanto a las posibles motivaciones del asesinato, fuentes de la investigación dijeron que el ex novio de una de las jóvenes habría participado hace poco en un asalto a mano armada.

Por este hecho hay dos hombre prófugos que podrían estar vinculadas con los asesinatos. Una de las víctimas habría declarado como testigo en esa causa.

 

 

 

Más casos para el horror

Triple Crimen de Cipolletti. Las hermanas María Emilia (24) y Paula Micaela González (17) y su amiga Verónica Villar (22) desaparecieron el domingo 9 de noviembre de 1997 en un camino rural de Cipolletti, Río Negro. Habían salido a caminar para distraerse. Tras dos días, en un rastrillaje policial denunciado como irregular, los cuerpos fueron encontrados semienterrados junto a unas vías de tren, no muy lejos de la casa de Verónica. Antes de morir, las chicas habían sido violadas, golpeadas y torturadas. Un hombre fue condenado en 2001 por el secuestro de las tres, pero no se pudo probar su participación en el homicidio. Nunca se supo quién estuvo detrás ni cuál fue el motivo.

Misterio en el Parque Pereyra Iraola. El 1º de enero de 2004 la Policía encontró el cuerpo de Natalia Di Gallo (16) en una zanja del Parque Pereyra Iraola. Había desaparecido tres días antes. Según los peritos, la chica había sido violada y asfixiada. Un adolescente, que pasó con ella sus últimas horas, estuvo preso tres meses pero terminó en libertad. Según su familia, el caso ya no se investiga. Sigue impune.

 

Un comentario en “Cuando la muerte alcanza a las víctimas impensadas

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