ROMA: Una visita al Panteón de los dioses

Clarín
 
Es una obra maestra de la arquitectura ubicada en el centro histórico de la ciudad. Alberga, entre otras, la tumba del genial Rafael.

Nora Viater.

nviater@clarin.com

El Panteón, en el Centro Histórico de Roma, es una de las obras maestras más conmovedoras de la arquitectura de todos los tiempos. Es necesario estar allí dentro para percibir —y dejarse bañar— por la rara, blanca luminosidad que se filtra desde la cúpula. Algo del orden de la belleza comienza a entenderse cuando se sabe que era un templo dedicado a todos los dioses. Cuando se comenzó la edificación del Panteón —ordenada por Agripa entre los años 25 y 27 a.C.— era sólo una planta rectangular. La construcción actual, que hoy parece elevarse entre las fachadas y los techos que rodean la Piazza della Rotonda, data de la época del emperador Adriano, en el siglo II d.C.

La cúpula, de 43 metros de diámetro, está dividida por el oculus. Según la creencia, esta abertura permitía el intercambio entre los dioses y sus fieles. Las proporciones del interior dan cuenta del grado de perfección: del piso al techo la altura es igual al diámetro de la cúpula, en tanto que las paredes laterales tienen la mitad de la altura de la cúpula, la más grande, bella y perfecta cúpula antigua. Los muros de 7 metros de espesor, 50 de diámetro y 50 metros de altura delienean este espacio único.

Aunque siempre está lleno de visitantes, dentro del Panteón el silencio es abrumador. Además de mirar hacia arriba, a la cúpula y a su pretensión —casi un hecho— de representar la bóveda celeste, no hay que perderse los detalles del suelo, unas losas brillantes, gigantescas y resbaladizas. Dicen que la maestría de los arquitectos romanos les permitió terminar el templo con la abertura diseñada de tal modo que no permitía dejar pasar la lluvia.

Las estancias de Rafael

La leyenda asegura que en el siglo VII los cristianos protestaron porque —aseguraban— el lugar estaba "lleno de demonios". Así el Panteón se transformó en una iglesia y esa condición es, quizá, la que permitió que el Panteón sea uno de los monumentos de la antigüedad mejor conservados. Aún se mantienen originales e intactos el suelo de mármol y el revestimiento de las paredes. En los nichos de los muros están las tumbas de algunos reyes italianos —como Vittorio Emanuele II— y del artista Rafael. La inscripción de su sepulcro fue escrita por un poeta y cardenal, Pietro Bembo: "Yace aquí Rafael, la gran Madre Naturaleza temió ser vencida por él mientras vivió y teme morir ahora que ha muerto".

Rafael es el autor de algunas de las más preciosas pinturas del Vaticano, como "La escuela de Atenas". En 1509, el papa Julio II le encargó al artista que volviera a decorar cuatro habitaciones. Aunque murió antes de terminar su trabajo y algunas fueran hechas por discípulos de Rafael, se trata de una serie renacentista de pinturas al fresco incomparable. "Las estancias de Rafael" del Vaticano, en un sentido estricto, son tres: Stanza dell Incendio del Borgo, Stanza della Segnatura y Stanza d’Eliodoro.

Desde el exterior, con su pórtico de columnas de granito, el Panteón parece cerrar la Piazza della Rotonda, uno de los lugares más bonitos del centro histórico de Roma, tanto para tomar un café al aire libre como para escuchar un concierto callejero.

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