La Nación
Después de tres votaciones fallidas

ROMA – Por primera vez en la historia de Italia un ex comunista, el senador vitalicio Giorgio Napolitano, de 80 años, se convirtió ayer en presidente del país. La elección de Napolitano, una figura de alto perfil institucional y cultural muy respetada tanto nacional como internacionalmente, que sucederá a Carlo Azeglio Ciampi, le allanó a Romano Prodi el tortuoso camino hacia la jefatura de gobierno.
El flamante presidente, en efecto, luego de jurar, el lunes próximo, le encargará al Professore , ganador de las elecciones del mes último, la formación del nuevo gobierno, que entre el 22 y el 23 del actual deberá someterse al primer gran desafío, el voto de confianza. Si bien Prodi tiene una cómoda mayoría en la Cámara baja, en el Senado cuenta sólo con dos bancas más que la oposición de centroderecha, una diferencia que habla a las claras de un futuro político complejo.
Candidato único de la centroizquierda para el cargo más importante del país, Napolitano, un hombre de gran prestigio, logró ser elegido en la cuarta votación, cuando bastaba la mayoría absoluta de los sufragios, luego de dos días de «fumatas negras», gran tensión y frenéticas negociaciones entre la centroizquierda y la centroderecha para lograr un consenso más amplio.
«Gracias a todos, estoy muy emocionado, favoreceré el diálogo entre los dos bloques», dijo Napolitano, conocido por su moderación y prudencia, consciente de que asumirá el cargo institucional máximo del país en momentos en que Italia vive un clima de gran división política.
Napolitano es el primer comunista en acceder a la jefatura de Estado, pero no es la primera vez que ocupa un puesto de relevancia. En 1996, durante el primer gobierno de Prodi, él mismo fue el primer «ex rojo» en lograr la titularidad del Ministerio del Interior. Napolitano, que presidió con gran equilibrio la Cámara baja durante los tiempos de Tangentópolis (de 1992 a 1994), fue también uno de los primeros y más fervientes partidarios del viraje reformista de los años 90 en el Partido Comunista de Europa, aun antes de la caída del muro de Berlín, que precipitó la desaparición del antes poderosísimo Partido Comunista Italiano (PCI).
Napolitano nació en Nápoles en junio de 1925 y se unió a la resistencia comunista durante la Segunda Guerra Mundial, antes de entrar en el partido, en 1945. Fue elegido diputado por primera vez en 1953.
Votado en forma compacta por más de la mitad de los 1009 «grandes electores» -diputados, senadores y delegados regionales-, Napolitano, sobre quien durante toda la jornada llovieron elogios y augurios desde todos los sectores, incluso del Vaticano, obtuvo 543 votos, por lo que superó el quórum necesario de 505 sufragios.
Siguiendo el dictado del ex premier Silvio Berlusconi, que jamás pudo digerir su derrota al filo de la navaja en las elecciones de abril, la Casa de las Libertades también votó en bloque, pero en blanco, por lo que hubo 347 papeletas de ese color. Berlusconi, que durante la campaña electoral no hizo otra cosa que agitar el fantasma comunista, explicó que se negaba a votar a Napolitano, un «militante de la izquierda», para no defraudar a sus electores.
La coalición del Cavaliere , sin embargo, por primera vez se mostró dividida. Los centristas de la UDC (Unión de Democrática de Centro), en efecto, si bien obedecieron y votaron en blanco, dijeron públicamente que les parecía un «error» no apoyar a Napolitano, y que si no lo votaron fue para no quebrar el bloque. La Liga Norte, el partido ex secesionista y xenófobo de Umberto Bossi, en cambio, directamente votó por su líder -Bossi cosechó 42 votos-, y uno de sus miembros, el ex ministro Roberto Calderoli, hasta declaró que no reconocía a Napolitano como presidente.
Satisfacción de Prodi
«Estoy realmente contento, fue una elección que nos dio todos los votos que esperábamos, y la mayoría fue compacta», dijo con evidente satisfacción el futuro premier, Romano Prodi. «Lamento que la Casa de las Libertades no haya entendido que Napolitano será verdaderamente el presidente de todos», agregó.
«Espero que pueda conquistar la confianza de la otra mitad del país, la que votó por la centroderecha, con comportamientos de imparcialidad», le auguró al flamante presidente el Cavaliere, que, más combativo que nunca, volvió a cuestionar el resultado de las elecciones y a prometerle a Prodi una oposición durísima.
La Unión decidió jugar la carta de Napolitano luego de que la centroderecha puso el grito en el cielo ante la candidatura del ex premier Massimo D Alema, también ex comunista y presidente de los Demócratas de Izquierda (DI, el partido más importante de la coalición de centroizquierda), de 57 años. En un gesto que seguramente será recompensado, fue el propio D Alema (futuro canciller o vicepremier del gobierno de Prodi) quien dio un paso al costado y propuso a Napolitano, como él, un viejo miembro del hoy desaparecido PCI, en su momento el más importante partido comunista de Occidente.
Por Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia