Tensión en Brasil : Pactan una polémica tregua en San Pablo

La Nación
 
 
La ola de motines dejó 150 muertos
 
SAN PABLO.– En una demostración de poder tan impresionante como la que sumió a San Pablo en tres días de caos y terror y que dejó casi 150 muertos, el líder de la organización criminal Primer Comando de la Capital (PCC) dispuso ayer una tregua y San Pablo entró nuevamente en la normalidad, pero aún víctima del estupor.

Marcos Willians Herbas Camacho, alias “Marcola”, de 38 años, habría dado la orden de detener las acciones terroristas contra fuerzas policiales, bancos y colectivos el lunes por la tarde.

La decisión fue tomada después de un encuentro del jefe del PCC con autoridades policiales y su abogada, Irascema Vasciaveo, que viajó a bordo de un avión de la Policía Militar hasta Presidente Prudente, el municipio del interior de San Pablo donde se encuentra detenido Marcola en una cárcel de máxima seguridad. “Fue una muestra de buena voluntad”, dijo la abogada sobre la situación insólita de que el gobierno de San Pablo le pusiera a su disposición un avión para ir a ver a su cliente.

La orden de “Marcola”, que controla el PCC –también conocido como Partido del Crimen por ser una especie de agremiación para todo tipo de delincuentes- tuvo un acatamiento casi automático y el lunes, al finalizar el día, no hubo más atentados.

En tres días, desde el viernes a la noche hasta el lunes, fueron cometidos 270 ataques contra fuerzas policiales y blancos civiles. Murieron 56 policías y civiles, a los que se suman 13 presidiarios eliminados en ajustes de cuentas en medio de los motines y otros 80 sospechosos abatidos en enfrentamientos -casi 150 muertes en total-.

La decisión de detener los ataques fue transmitida con la misma eficiencia con que se inició todo: vía celulares y en forma exponencial. Es decir, la cúpula le avisa a un número de comandados, que le avisa a un número mayor, y así hasta alcanzar a miles de "soldados", delincuentes que funcionan como células dormidas del PCC.

Después del aviso de tregua, las rebeliones que había en 73 penitenciarías de todo el estado cesaron como por arte de magia. En la noche del lunes casi ya no quedaban presos amotinados. La decisión de negociar causó polémica y las autoridades negaron durante todo el día el encuentro. Sin embargo, el comandante de la Policía Militar, Elizeu Eclair Teixeira Borges, se contradijo y aceptó que hubo "una conversación".

"Supe que «Marcola» quería una abogada. Ustedes saben que es una persona inteligente y conoce la legislación como pocos", comentó, admitiendo que sabía que iba a haber una reunión. "No sé qué hubo y qué no hubo. Ese no es un asunto de la Policía Militar", evadió. Sin embargo, según trascendió en medios brasileños, participaron de la negociación además de la abogada del "jefe de jefes", un comandante de la Policía Militar, un representante del servicio penitenciario y un comisario de la Policía Civil.

El comandante dijo que es ridículo pensar en un acuerdo si el lunes había 19 presos y ayer ya eran 113, si había 19 bajas en la organización como resultado de los enfrentamientos y ayer ya había casi 80. "¿Qué rayos de acuerdo es ése?", se irritó. "No hice ningún acuerdo, mucho menos con bandidos", respondió también el comisario de la Policía Civil, Marco Antonio Desgualdo.

Exigencias

Haber hecho una reunión con un preso que tenía las visitas prohibidas le restó crédito a la versión de los dos policías. El "cese del fuego" ocurrió apenas después de la reunión.

No trascendieron detalles del acuerdo, pero el motivo de la ola de terror disparada por "Marcola" puede dar un indicio de cuál puede haber sido el tema de la negociación. "Marcola" y otros 765 integrantes del PCC fueron trasladados a una cárcel de máxima seguridad a casi 600 kilómetros de San Pablo.

Todos fueron puestos bajo el RDD -Régimen Disciplinario Diferenciado-, lo que les impedía cualquier contacto con abogados o visitas durante treinta días, apenas una hora de sol por 23 de reclusión, prohibición de televisión y otras restricciones. Para alguien como "Marcola", que se niega a aceptar una pizza del servicio penitenciario y ordena que le traigan picanha -colita de cuadril, el corte preferido en Brasil-, se puede intuir que las condiciones de su detención pueden haber guiado tanto el ataque en masa que lanzó como la aceptación de decretar una tregua. Según trascendió, "Marcola" habría exigido, entre otras cosas, la instalación de televisores de plasma para ver los partidos de Brasil en el Mundial de Alemania.

La responsabilidad política por la sensación de impotencia en que quedaron las fuerzas de seguridad quedó dividida entre el oficialismo y la oposición. Las huestes del presidente Luiz Inacio Lula da Silva intentan transferirle la responsabilidad al gobierno de San Pablo, gobernado por una alianza opositora. Esa oposición, sin embargo, responsabiliza al gobierno nacional de no haber lanzado el plan nacional de seguridad y de no haber resuelto mejor el problema social que originaría la violencia.

Los paulistas volvieron ayer a la normalidad, todavía en estado de shock. Los colectivos funcionaron y los negocios abrieron, pero los efectos del caos todavía se hacían sentir. El subte registró medio millón menos de pasajeros que lo normal y los embotellamientos fueron mayores, debido a que la gente prefería evitar el transporte público, posible blanco de ataques.

La eliminación en menos de 24 horas de 80 supuestos delincuentes que respondían al PCC fue una demostración de poder de las fuerzas de seguridad para aplacar el miedo en la población. Pero también quedó en el aire, como en aquellas películas de terror que tendrán una segunda parte, que el caos se detuvo sólo porque el "capo" dio la orden.

Por Luis Esnal
Corresponsal en Brasil

Detenidos argentinos, a salvo

  • Los 37 ciudadanos argentinos que se encuentran detenidos o presos en las cárceles del estado de San Pablo estarían a salvo, dijo ayer a LA NACION el cónsul general de la Argentina en San Pablo, Roberto Raimondo. "Hemos consultado a las autoridades penitenciarias, quienes dijeron que no habría ni heridos ni muertos entre los detenidos argentinos", explicó Raimondo. El funcionario aclaró que hay "dos o tres" penales en los que las fuerzas de seguridad todavía no habían recuperado el control. "Aún nos quedan algunos institutos carcelarios que nos tendrían que informar", añadió.

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