“El mejor tratamiento contra el sida son la educación y la cultura”

lA nAción
 
Afirma el doctor Julio González Montaner

 
Según el especialista argentino, falta mucho para una vacuna
 
 
MAR DEL PLATA.- El infectólogo Julio González Montaner lanza una sentencia que hace quince años, cuando asomaba como pionero en la utilización de cócteles de drogas para atacar la enfermedad, hubiera sonado increíble: "Morirse hoy de sida es un pecado, porque los tratamientos están, existen y funcionan".

Este argentino que se radicó hace casi un cuarto de siglo en Canadá y dirige el Centro British Columbia de Excelencia en HIV/Sida , de Vancouver, está convencido de que con los medicamentos y las terapias que ya están al alcance de los pacientes "no hay excusas" para que alguien se muera de esta enfermedad. Y advierte que si hay casos mortales son por "un problema social".

Aquí, donde participó del VI Congreso Argentino de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), dijo a LA NACION que la mortalidad de pacientes con HIV cayó "más de un 90%" y que el mayor escollo con el que se encuentran hoy los médicos es que un alto porcentaje de enfermos de todo el mundo no tiene acceso a los tratamientos.

Por eso se ocupó de hacer un grave llamado de atención a los gobernantes. Dice que se necesita un liderazgo político que "no aparece en la actualidad". Y les reclama acción para controlar una pandemia que "a la corta o a la larga creará problemas de inestabilidad política, social y económica que tendrán repercusión global".

Recordó al respecto las reuniones que junto con colegas de centros de investigación mantuvieron con funcionarios de la ONU y de potencias internacionales. Y reconoce que se siente frustrado porque entonces hubo consenso sobre la gravedad del problema, pero poco se hizo para atacarlo. "Eso -asegura- es tan perverso como el genocidio en Ruanda."

Nuevos fármacos

González Montaner llegó al país invitado por el laboratorio Boehringer Ingelheim, que en julio presentará en el mercado argentino el tipranavir (TPV), uno de los nuevos recursos para el tratamiento de pacientes resistentes a los inhibidores de la proteasa.

Fue en 1996 cuando González Montaner y sus colegas canadienses presentaron en la conferencia de Vancouver los resultados del uso de la nevirapina y el llamado "cóctel triple", base de lo que desde entonces se conoce como terapia Haart (highly active antirretroviral therapy o terapia antirretroviral altamente activa). Y destaca que pacientes que durante la década pasada iniciaron esos tratamientos "aún continúan con una carga viral indetectable".

Es por eso que el profesional reclama mayor compromiso de los Estados para facilitar el acceso a los tratamientos. Aunque reconoce que no sólo de los gobiernos depende. Pone el caso de Canadá, donde el sistema de seguridad social -con un costo promedio de 15.000 dólares anuales por paciente- ofrece en forma gratuita todos los medicamentos y terapias para el tratamiento de afectados por el sida. "Aun así -dice-, el 50% decide no atenderse por temor." Y advierte que ahorrar dinero en tratamientos es un error fundamental, porque "se paga con más aumento de la incidencia de HIV y aumento de la transmisión y de la morbilidad asociada".

Falta prevención

González Montaner califica de "modestos" los resultados logrados con los programas de prevención que se han puesto en práctica. "El profiláctico en el bolsillo no protege", subraya. A ello le suma pautas morales y religiosas que cuestionan uno de los métodos más efectivos para evitar el contagio del HIV. "El sida es ciento por ciento prevenible -insiste-, pero con el factor humano de por medio la prevención no alcanza."

Además, la falta de una vacuna conspira contra un control más amplio de la enfermedad. Por eso es pesimista respecto de la posibilidad de lograr la ansiada medicación preventiva: "No tenemos vacuna, no parece posible en lo inmediato y -destaca- es muy probable que no la tengamos por el resto de nuestras vidas".

Por eso agrega que el mejor tratamiento para frenar la expansión del sida son la cultura, la educación y la eliminación de la pobreza. "Lo pedimos, pero sabemos que no será posible", comenta con cierto pesimismo. Entonces se lamenta porque cada persona que se infecta en estos tiempos es una falla del sistema de prevención. "Y eso -concluye- no es perdonable."

Por Darío Palavecino
Corresponsal en Mar del Plata

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