“El sistema educativo necesita más control”

La Nación
 
Entrevista con Juan José Llach: análisis de la enseñanza argentina

 
Según el ex ministro de Educación, es fundamental asegurar que los recursos lleguen a los ámbitos a los que fueron destinados
 
 
"En una sociedad fragmentada, con tanta exclusión, la cuestión social trasciende al sistema educativo. Pero la educación no está haciendo todo lo que tendría que hacer". Convencido de que la prioridad es mejorar la calidad de las escuelas que atienden a los sectores más pobres, el sociólogo y académico Juan José Llach levanta la bandera de la "revolución de la transparencia en el sistema educativo".

Y advierte que los recursos prometidos en la ley de financiamiento educativo pueden ser insuficientes si no van acompañados de un fuerte control social sobre el uso de los fondos. "Hoy el control social es casi inexistente. El sistema educativo tiene mucho de caja negra y debería ser lo contrario, porque tiene cosas muy buenas para mostrar. Hay que asegurar que los recursos lleguen a quienes más los necesitan", comenta Llach, en una entrevista con LA NACION, pocas horas antes de que el presidente Néstor Kirchner y el ministro de Educación, Daniel Filmus, lancen hoy, a las 18, en la Casa de Gobierno, una amplia convocatoria para discutir una nueva ley nacional de educación (ver nota aparte).

Invitado por Filmus, Llach asistirá al lanzamiento y, así, pisará por primera vez la Casa Rosada después de casi seis años, cuando se retiró del Ministerio de Educación, durante el gobierno de Fernando de la Rúa. A los 62 años, podrá aportar a la discusión, además de su experiencia, las propuestas contenidas en su último libro, "El desafío de la calidad educativa", que la Academia Nacional de Educación presentará la semana próxima.

A partir de las bases de datos de los operativos nacionales de evaluación, encuestas en el Gran Buenos Aires y el estudio de 16 casos, Llach resume en su obra tres prioridades impostergables para sacar la educación a flote, todas orientadas a la atención de los chicos más pobres: políticas de desarrollo infantil, la universalización de las salas de jardín y la extensión de la doble jornada escolar, para intensificar las posibilidades de aprendizaje.

El libro, editado por Granica, incluye un capítulo escrito por Silvina Gvirtz, sobre la necesidad de renovar los modelos de gobierno de las escuelas y fortalecer los lazos con la comunidad. En ese escenario, se propone avanzar en la figura de los consejos de escuelas, con un compromiso activo de los padres de los alumnos.

"Tenemos que evitar situaciones irrecuperables, como la descripta por una docente del conurbano que reveló que, sin la experiencia previa del jardín de infantes, un chico que entra en primer grado en una escuela de zonas postergadas en realidad está cursando la sala de cuatro", advirtió el ex ministro Llach, que hoy dirige el Centro de Estudios de Gobierno, Empresa, Sociedad y Economía del IAE, la escuela de negocios de la Universidad Austral.

-¿Qué problemas hay que atender hoy en educación?

-El diagnóstico central es que hay escuelas pobres para los pobres. Existe una segregación social en el sistema educativo, incluso dentro mismo del sector estatal. En promedio, las escuelas que atienden a chicos de bajos recursos son de peor calidad tanto en infraestructura y equipamiento como en materiales pedagógicos y didácticos y en mantenimiento.

-¿Por qué ocurre eso?

-No hay una explicación lógica, salvo que los sectores de ingresos medio y alto tienen más influencia en los procesos de tomas de decisiones y logran, así, más recursos. Es un problema serio. Impide que la educación pueda cumplir la función de integración social y de acceso de todos al conocimiento. En una sociedad fragmentada, con tanta exclusión, la cuestión social trasciende al sistema educativo. Pero la educación no está haciendo todo lo que tendría que hacer.

-¿Qué podría hacer y no hace?

-Mejorar de manera sustancial la calidad de las escuelas que atienden a la población de escasos recursos. Privilegiar a los más chicos y a los más pobres. Ahora hay una herramienta que antes no había: la ley de financiamiento educativo. Pero ¡cuidado! Hay que asegurar que esos recursos lleguen a los sectores que los necesitan en primer lugar.

-¿Hay peligro de que no lleguen?

-Por supuesto que sí. Si ha pasado hasta ahora, podría continuar si no se hacen esfuerzos por evitarlo.

-¿Hacia dónde deberían destinarse los recursos?

-Las tres prioridades son: políticas de desarrollo infantil, la universalización del nivel inicial y la extensión de la doble jornada escolar. Para ampliar el acceso al jardín de infantes y extender la doble escolaridad para todos los chicos que viven en hogares del quintil de menores ingresos serían necesarios $ 1314 millones anuales y $ 2408 millones por única vez en infraestructura. Esto equivale al 0,24% y al 0,37% del PBI y representa aumentos del 7,7% y del 11,7% de la inversión pública en educación básica.

-¿Esas metas no están contempladas en la ley de financiamiento educativo?

-No con la intensidad deseada. La ley prevé extender la jornada escolar en el 30% de los colegios para 2010. Hay que ser más ambiciosos y empezar por las zonas que más lo necesitan. Los chicos de sectores medios y altos no sólo aprenden lengua, matemática, ciencias sociales y naturales. También acceden a expresiones artísticas, deportes, idiomas, tecnologías, conocimientos hoy vedados a los sectores más pobres.

-¿Hay forma de controlar el destino de los recursos?

-La ley de financiamiento educativo tendría que haber previsto mecanismos de control social en la asignación de recursos. Ojalá se puedan prever ahora, en la discusión de la nueva ley de educación. Hay que fortalecer las escuelas e integrarlas más a la comunidad para que la sociedad siga de manera más transparente la asignación y la ejecución de recursos. Tendría que haber mecanismos de control con la participación de representantes de los padres, autoridades políticas, maestros, la comunidad educativa. Corremos el riesgo de que los recursos no se usen bien.

-¿Hubo controles en la asignación de los recursos durante la reforma educativa de los años 90?

-No lo hubo de manera sistemática. Existió el Plan Social Educativo, que cumplió una función compensadora.

-¿Cómo se mejora la calidad de la enseñanza?

-Es necesario mejorar la calidad de las estructuras de gobierno de las escuelas. Habría que formar una Agencia Nacional de Evaluación e Información Educativa, con independencia del poder político, que lleve de manera sistemática el monitoreo del sistema. Es posible que con las leyes de educación técnica y de financiamiento educativo, sancionadas el año último, la mejora en las remuneraciones y las posibilidades que se abren con la discusión de la nueva ley de educación estemos en un punto de inflexión hacia un sistema de mejor calidad y más equidad. Pero para eso hay que generar controles de la sociedad civil, hacer una revolución de la transparencia del sistema educativo. Hoy el control social es casi inexistente. El sistema educativo tiene mucho de caja negra y debería ser lo contrario, porque tiene cosas muy buenas para mostrar.

-¿Qué instrumentos hay para medir la calidad de los aprendizajes?

-Aunque sean cada dos años, los operativos de evaluación de la calidad deben hacerse en todas las escuelas y no en forma muestral, como se hacen. Los padres tienen derecho a saber cómo está posicionada la escuela de sus hijos, qué calificaciones obtiene, cómo está en relación con el promedio, cómo mejora.

-¿Hoy los indicadores son insuficientes?

-Hoy ninguna provincia muestra cuánto gasta por alumno. Los padres tienen derecho a saber cómo se usa el dinero. Los contribuyentes, también. Hay que movilizar a la sociedad y lograr que la preocupación por la educación sea constante y no espasmódica.

-¿La constitución de consejos de escuela no podría afectar la autoridad de los directores?

-No sería un cogobierno. Pero podrían hacer sugerencias sobre cómo mejorar la calidad de la enseñanza.

-¿No se corre el riesgo de promover un ámbito que quedaría sometido a la lucha por espacios de poder?

-Los principales protagonistas en los consejos de escuela serían los padres de los alumnos. Se habla mucho de la ley 1420, sancionada en 1884, pero muy pocos la leyeron. Ya se contemplaba en ese tiempo la idea de transparencia en el sistema educativo, la participación de los padres, la concepción de la educación como un bien público. La escuela tiene que redescubrir sus raíces con la comunidad.

-¿Cómo se puede comprometer a los maestros?

-Estas políticas requieren fortalecer la formación y capacitación de los docentes. Gran parte de los maestros admite que no fueron preparados para educar en contextos sociales desfavorables. Los maestros se encuentran solos y desprotegidos.

-Ante estas prioridades, ¿no se desatienden los graves problemas del secundario?

-Para mejorar el secundario hay que apostar al nivel inicial. Los chicos llegarán mejor a la enseñanza media. No se trata de incorporar tecnologías inaccesibles. Es algo que se puede hacer. Requiere recursos, organización y capacitación. Y ponerlo en la agenda como un objetivo prioritario.

Por Mariano de Vedia
De la Redacción de LA NACION

"La UBA da un espectáculo desalentador"

  • En la visión del ex ministro de Educación Juan Llach, el escándalo que transmitió la Universidad de Buenos Aires (UBA), con la frustrada elección del rector en los sucesivos intentos por constituir la asamblea universitaria, es un mal ejemplo que repercute negativamente en el sistema educativo. "Tiene un impacto tremendo, negativo", opinó Llach. Y agregó: "El espectáculo que hoy da la UBA es muy desalentador; genera en los chicos la sensación de un vale todo. Y esto es muy malo para la vida cotidiana en la escuela. Una cosa es la protesta, la discusión política civilizada. Otra cosa es el vandalismo."

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