La Fundación Favaloro tendrá un nuevo centro de neurociencias

La Nación
 
Hoy se presenta en sociedad

 
Reúne a un grupo de destacados especialistas; estudiará la relación corazón-cerebro

 
 
Para Eduardo Raimondi, vicepresidente y director general de la Fundación Favaloro, era una asignatura pendiente.

Para Facundo Manes, joven neurocientífico que acepta el desafío de conducir a un grupo de destacados especialistas, el cumplimiento de un sueño: ofrecer tratamientos de excelencia a un gran número de pacientes de distinta condición social, como los de obras sociales o los privados subvencionados que en la actualidad no tienen medios para acceder a neurología, psiquiatría y neurocirugía de primer nivel.

Los caminos se cruzaron y hoy se presenta en sociedad un ambicioso proyecto asistencial y científico: el nuevo Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro, que contará con departamentos de neurología, psiquiatría, neurocirugía y neuropsicología, además de un Centro de Stroke (accidente cerebrovascular) que abarcará desde el tratamiento de la emergencia hasta la prevención secundaria y la rehabilitación.

"Estamos en un muy buen momento en lo que hace a la docencia, la investigacion y la asistencia de máximo nivel -afirma Raimondi-. Y si hasta ahora nos conocían básicamente como un centro de alta tecnología en cardiología y trasplante, de aquí en más el desafío es que nos asocien también con el cerebro."

Manes, por su parte, afirma que se siente honrado de formar parte del proyecto de uno de los argentinos más importantes del siglo XX, como fue René Favaloro. "Mi padre estuvo internado aquí cuando yo era residente -recuerda-. Aquí se atiende a personas de todas las clases sociales, y siempre sentí el desafío de ofrecer opciones de excelencia para todos."

Para comprender la importancia que se asigna al emprendimiento, baste con tener en cuenta que aunque ofrece atención en numerosas especialidades y recibe 12.000 consultas mensuales, hasta hoy la Fundación tenía un solo instituto, el de Cardiología y Cirugía Cardiovascular (Icicc). Es más, los planes para los próximos cinco años contemplan incluso la posibilidad de dotarlo de un edificio propio.

Ejes de investigación

Precisamente, uno de los ejes sobre el que trabajará el equipo del nuevo centro es la relación corazón-cerebro. En ese sentido, algunas de las líneas de investigación se centrarán, por ejemplo, en las relaciones que existen entre enfermedad cardiovascular y trastornos psiquiátricos, entre enfermedad vascular y demencia, entre hipertensión arterial y deterioro cognitivo, y entre estatinas, colesterol y enfermedad de Alzheimer.

Para conducir las distintas áreas de tratamiento e investigación, Manes reunió a un "seleccionado" de la neurología, con especialistas formados en las mejores escuelas locales de la disciplina, como son Fleni, el Hospital Ramos Mejía, el Hospital Francés y el Hospital de Clínicas.

En la conducción del Departamento de Neurología estará el doctor Alberto Dubrovsky, vicepresidente de la Asociación Argentina de Neurología y presidente del próximo Congreso Argentino de Neurología.

El Departamento de Psiquiatría estará a cargo del doctor Marcelo Cetkovich-Bakmas; el de Neurocirugía será dirigido por el doctor Anselmo Rodríguez Loffredo; el de Neuropsicología y Fonoaudiología, por la licenciada Teresa Torralva; el de Emergencias Neurológicas, por el doctor Francisco Klein, y el Centro de Stroke, por los doctores Luciano Sposato y Klein.

Los doctores Manes y Alicia Lischinky dirigirán el Centro de Alzheimer, Deterioro Cognitivo Vascular y Neuropsiquiatría.

"Es un proyecto que nos motiva y todos tenemos un gran entusiasmo -confiesa Manes-. Queremos desarrollar un polo multidisciplinario de trabajo clínico e investigación de referencia internacional, que permita acercarse a la comprensión de los trastornos neurológicos y encontrar estrategias eficaces de tratamiento. Personalmente, dirigí un grupo en Fleni, creé y dirijo el Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), estoy en un buen momento y quería hacer algo por el país. Es una oportunidad que no se iba a dar en dos décadas. Tenía que tomar esta responsabilidad."

Por Nora Bär 

 
 
 
 
 
 
 
 
Andrés Oppenheimer
Claves americanas

 

El potencial médico de América latina

MIAMI.- He aquí una idea para que Estados Unidos solucione simultáneamente su crisis inmigratoria, los problemas de sus servicios de salud, y reconstruya sus lazos con América latina: un plan que permita a millones de jubilados norteamericanos utilizar servicios médicos más baratos al sur de la frontera.

En los próximos 30 años, más de 100 millones de ciudadanos de Estados Unidos alcanzarán la edad de retiro, y muy pocos de ellos podrán seguir pagando una vivienda digna, servicios médicos de alta calidad o -mucho menos- atención personalizada de enfermeras. Los países latinoamericanos podrían ofrecer todo eso y mucho más, lo que les daría un empujón tremendo a sus economías, y reduciría la necesidad de emigrar hacia el Norte.

Antes de explicar por qué este plan -o cualquier otro que tenga como objetivo reducir la brecha de ingresos entre Estados Unidos y América latina- es mucho más viable para resolver la crisis inmigratoria que los 1900 millones de dólares que está proponiendo el presidente George W. Bush para construir un muro y enviar 6000 tropas de la Guardia Nacional a la frontera (ver Pág. 4), examinemos más de cerca la propuesta de ofrecerles una alternativa geográfica a los futuros jubilados de Estados Unidos.

El inminente retiro de unos 100 millones de estadounidenses nacidos entre 1946 y 1964, conocidos como los baby boomers , resultará en una creciente demanda de servicios de salud, vivienda y recreación para millones de norteamericanos. Muchos de ellos ya se están mudando a México y América Central para vivir mejor, tener atención médica personalizada, y gozar de un clima más benigno.

Tal como lo propone Walter Russell Mead en su reciente libro "Poder, terror, paz y guerra", Estados Unidos debería negociar acuerdos preferenciales con los países latinoamericanos que así lo quieran, para permitir que los ciudadanos norteamericanos que estén dispuestos a retirarse al sur de la frontera puedan usar su seguro de salud de Estados Unidos en esos países.

Estados Unidos podría ofrecer reembolsos del seguro de salud estatal Medicare para los norteamericanos que se atiendan en hospitales previamente matriculados en América latina, según propone Mead. Dado que estos reembolsos serían mucho más baratos que los que el gobierno estadounidense esté pagando ahora por los servicios hospitalarios brindados en Estados Unidos, Washington se ahorraría miles de millones de dólares, que podría usar para sanear las arcas de su sistema de seguridad social.

Y para América latina, eso significaría la posibilidad de crear cientos de miles de trabajos bien remunerados en la industria médica, en la construcción, el entretenimiento, y el turismo recreativo. Florida, Arizona y España eran economías somnolientas antes de que millones de jubilados se mudaran a sus territorios y ayudaran a transformarlos en Estados o naciones prósperos.

Algo de eso ya está pasando. Más de un millón de estadounidenses ya están viviendo en México, y muchos de ellos son jubilados, según informó el periódico Dallas Morning News recientemente.

Un marco regulatorio para facilitar los servicios médicos de los norteamericanos en América latina ayudaría mucho más a resolver la crisis inmigratoria que los planes de control fronterizo anunciados por Bush. Estos planes están dirigidos a ayudar al mandatario a apaciguar a la derecha republicana en el Congreso, o a aplacar a comentaristas antiinmigrantes como Lou Dobbs de la CNN, o a distraer la atención de la guerra en Irak de cara a las próximas elecciones legislativas de noviembre, pero harán muy poco para reducir el flujo inmigratorio.

Nuevos cruces

Mientras la brecha de ingresos entre Estados Unidos y América latina permanezca a sus niveles actuales -el ingreso per cápita de Estados Unidos es de 42.000 dólares anuales, comparado con 10.100 en México y 2800 en Honduras-, los inmigrantes seguirán viniendo a este país.

Si se construye el muro propuesto por Bush, lo único que se va a lograr es que los migrantes busquen nuevos lugares para cruzar la frontera, o lo hagan cavando túneles, o por Canadá.

Y si se envían 6000 tropas adicionales a la frontera, será una medida igualmente inútil. La patrulla fronteriza de Estados Unidos fue incrementada de 3700 a 12.000 agentes en los últimos 15 años, y sin embargo la inmigración de indocumentados se duplicó en el mismo período.

Mi conclusión: facilitar el uso de servicios médicos a los jubilados norteamericanos en América latina o cualquier otra propuesta que ayude a reducir la brecha de ingresos entre el Norte y el Sur sería una forma muy realista de empezar a resolver la crisis migratoria. En cambio, lo que es una locura (a menos que uno trabaje para Halliburton o algún otro proveedor de las fuerzas armadas de Estados Unidos) es construir un muro que no va a servir de nada, o enviar a miles de tropas para que tomen sol a lo largo de la frontera.

Por Andrés Oppenheimer

 

 
 

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