Los titulares de la Agencia Espacial Italiana (ASI), profesor Sergio Vetrella, y de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), doctor Conrado Varotto, están convencidos de que la ciencia tiende puentes entre países… incluso entre aquellos que quedan a un océano de distancia. Y ofrecen una prueba palpable: mañana firmarán en el Palacio San Martín nuevos acuerdos para afianzar y estimular la cooperación en investigación espacial entre Italia y la Argentina, una amistad de más de una década.
"Seguimos avanzando en la línea de los acuerdos sellados en Roma, en 2005 -afirma Vetrella, sonriente, aunque acaba de llegar desde la Ciudad Eterna-. En este sentido, nos proponemos impulsar el Instituto de Altos Estudios Espaciales Mario Gulich, de Córdoba, como foco de nuestra política en América latina."
El Gulich, dependiente de la Conae y de la Universidad Nacional de Córdoba, es un centro dedicado a la generación de conocimientos de avanzada y al desarrollo de aplicaciones innovadoras de la información espacial, así como a la formación de recursos humanos de excelencia.
Pero el doctor Vetrella aclara que la ASI lo considera mucho más que un instituto. "Estamos trabajando con nuestros amigos de la Argentina para que sea parte de una red mucho más amplia que involucre a científicos de otros países [de la región] -explica-. Queremos promover los sistemas de sensores remotos como el núcleo de las aplicaciones que vamos a desarrollar en el futuro para la gestión del medio ambiente."
Italia y la Argentina encaran uno de los más ambiciosos proyectos aeroespaciales del momento: poner en órbita una constelación de satélites, el Sistema Italo-Argentino para la Gestión de Emergencias (Siasge), que integrará las mediciones de seis aparatos capaces de relevar información detallada del medio ambiente, en todo tipo de condiciones meteorológicas e incluso a través de la cubierta de nubes, para el monitoreo y la prevención de catástrofes.
Dentro de esta "superconstelación", cuatro satélites -los Cosmo-SkyMed- son responsabilidad de Italia y dos -los Saocom 1A y 1B-, de la Argentina. Pero todos los aparatos podrán controlarse y comunicarse exactamente de la misma forma con dos estaciones principales, una en Falda del Carmen y otra en Italia.
"Hoy el doctor Vetrella podrá ver personalmente cómo actualizamos la estación terrena de recepción de datos satelitales para recibir los de toda la superconstelación -afirma Varotto-. Los satélites italianos [de los cuales el primero se lanza a fines de año o comienzos del próximo] podrán manejarse de la misma manera desde Italia o desde Córdoba. En este momento hay técnicos y científicos italianos trabajando con nosotros para asegurarse de que los tests están ofreciendo los resultados esperados."
La ASI tiene un importante papel internacional en la exploración espacial. Del presupuesto de 2500 millones de euros que tiene asignado para el período 2006-2008, el 30% se dedica al desarrollo de sistemas de observación de la Tierra.
"Estoy seguro de que continuaremos nuestro viaje hacia el universo -dice Vetrella-, porque lo llevamos en la sangre. Pero en la ASI no queremos invertir dinero en desarrollar tecnologías operativas a muy largo plazo. En este momento, pensamos que es mejor desarrollar nuevos sensores de los que estamos seguros que ya son útiles, ya funcionan y tienen un impacto social."
Y enseguida agrega: "Es muy fácil trabajar con nuestros amigos de la Argentina. Y no sólo por una cuestión de lenguaje, sino de sentimientos, de relación. Ese es el pilar de nuestra cooperación. Pero además hay razones técnicas. Con la Argentina pudimos trabajar juntos para organizar la superconstelación; es decir, integrar sensores de la banda L y de la banda X. De modo que estamos logrando desarrollar el primer ejemplo en el mundo de una constelación que permite obtener datos en ambas frecuencias, en tiempo real. Y lo que es muy importante es que vamos a demostrar que ambas pueden trabajar en sinergia".
Los radares que trabajan en la banda L tienen una resolución de diez metros y los de la banda X, de un metro a metro y medio. Ambos instrumentos "ven" simultáneamente zonas diferentes: si pasan por una zona arbolada, la señal del de banda X rebota en las copas de los árboles y la del de banda L, en el piso. La combinación de datos de las dos bandas producirá información muy superior a la que se obtendría si se operaran por separado.
Precisamente, la sociedad espacial ítalo-argentina tiene en carpeta para el futuro la consideración de las oportunidades comerciales que ofrece la información espacial. El mercado internacional de venta de datos satelitales es difícil de estimar, pero podría superar los mil millones de dólares.
Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION