En octubre último, tanto ese enclave español en Africa como el de Melilla fueron objeto de sangrientas avalanchas de desesperados inmigrantes africanos que se lanzaron contra el alambre cortante para saltarlo y poner un pie en Europa. Varias personas murieron en el intento.
Desde entonces, el gobierno español trabaja para hacer más segura la valla de Melilla, y autoridades marroquíes confirmaron ayer que iniciaron la construcción de un foso alrededor de Ceuta para dificultar la instalación de las precarias escaleras que suelen utilizarse en cada intento por saltar el cerco. Un cerco que divide entre la pobreza extrema y la prosperidad del Primer Mundo.
En ambos casos, el perímetro no supera los 15 kilómetros, definido por un doble vallado de hasta seis metros de altura. Pese a lo reducido del territorio, el año pasado el gobierno desplazó a casi un centenar de guardias civiles para reforzar la vigilancia y disuadir nuevos intentos de cruce. Las cercas están coronadas por un alambre de púas de uso militar, con filosas cuchillas que se convirtieron en sangrienta y desgarrante trampa para quienes se lanzaron contra ellas.