UN PARAJE QUE QUEDO AL MARGEN DE LA CONFORMACION DE LAS COMUNAS

Clarín

La lucha de un pueblo que sobrevive sin gobierno desde hace cuatro siglos

Es José de la Quintana, a una hora de Córdoba capital. Sus mil habitantes recolectan la basura y hasta entierran a sus muertos.
 

Julia Tortoriello y Fabiana Ramírez

mtortoriello@clarin.com


A una hora de la capital cordobesa, entre lomas, diques y caminos pedregosos, más de mil habitantes viven y se organizan según sus propias reglas.

Los primeros pobladores llegaron a las tierras que hoy ocupa José de la Quintana en el siglo XVI, pero tendrían que pasar 100 años más hasta que se construyera la estancia San José, que más tarde daría el nombre al pueblo.

"Esto no nace como consecuencia del ferrocarril, sino que el casco de la estancia originó el lugar", explica la profesora de Historia Felicita Isabel Rossi.

Si desde aquel entonces José de la Quintana no está peor es por la voluntad y el empeño de unos vecinos que, a fuerza de empuje y discusiones, toman todas las decisiones. Porque allí no hay nadie a quien obedecer: viven sin ley, ni gobierno. Ningún ente se ocupa de trazar y arreglar los caminos, tender alumbrado, recoger la basura, reglamentar que vacas, cabras y caballos no anden sueltos por la calle o se metan en propiedades ajenas, o de que se instalen industrias y grandes conejeros lindantes con casas de familia.

A falta de comuna, la Cooperativa Hidroeléctrica San José —fundada en 1950 y con 600 socios— funciona, no sólo como proveedora de energía eléctrica y agua corriente, sino como el núcleo organizacional del pueblo. A su vieja casona —donde funcionó en otra época la estación de tren— llega toda la correspondencia y se emiten todos los anuncios.

Carlos Reizer, el vocal de la comisión directiva, nació hace 70 años en "la Quintana". Por sus ojos han pasado jueces de paz, un dispensario, el destacamento de policía y la estafeta postal. Instituciones que hoy ya no existen. También participó del proyecto para peticionar una comuna y de muchísimos debates vecinales. Porque la autogestión hace vivir a los vecinos en una tensión permanente que no se escapa de cualquier conversación. Mucho menos de la que se viene debatiendo desde los primeros años del retorno de la democracia: la necesidad —o no— de crear una comuna.

"En aquel momento, los políticos no explicaron las ventajas de tener una comuna", dice Dante Bonanno, vicepresidente de la Cooperativa. Otro socio interrumpe: "Muchos pensaron que iban a tener que pagar más impuestos". En aquel momento, no lograron ponerse de acuerdo y les ganaron de mano otros pueblos como San Isidro, del cual ahora dependen. Cuando finalmente presentaron el expediente, la Ley de Emergencia paralizó la creación de comunas.

Lo cierto es que la ausencia formal de gobierno obliga a que los vecinos se organicen a diario para subsistir. El alumbrado público se costea entre los socios de la Cooperativa. Pero hay gastos que nadie quiere afrontar, como el del arreglo de una calle que puede llegar a valer unos $3.500.

Otro de los problemas cotidianos es el de la recolección de basura. Hasta hace poco tiempo, el encargado de recolectarla —casa por casa y con su vehículo particular— era José García, quien con la contribución de unos pocos pesos por familia, pasaba y recogía las bolsas. Luego, él fraccionaba los residuos y después los incineraba. Pero en octubre del año pasado, García decidió mudarse a España.

"Pocos le pagaban, los otros dejaban la basura en el frente de los que pagaban", cuenta Reizer.

Con el mismo método, la Asociación Civil de Vecinos se encarga ahora de pasar por las casas que pagan. Los desechos los lleva a Anisacate, otra localidad.

La salud es, quizás, el problema más grave que enfrenta el pueblo. Una médica que vive en José de la Quintana, pero que trabaja en otras ciudades, atendió voluntariamente el dispensario. Pero en diciembre decidió dejar de hacerlo: "Si pasa algo, si le hacen un juicio de mala praxis, ella pierde el título", cuenta Felicita. Y agrega: "Desde hace tres meses nadie reparte la leche".

El clima interno demuestra que un pueblo sin gobierno no es precisamente el paraíso. Felicita plantea otro tema: "La gente acá cree que robar es un derecho. A la escuela la saquean permanentemente". También hay robos en las casas. "Ahora paró un poco", aclara Victoria Bonanno y aunque se sabe quiénes son los que roban, nadie puede hacer nada.

En el antiguo destacamento, vive un policía que presta servicios en Alta Gracia. Los vecinos pueden acudir a él, pero —en rigor— no es su trabajo cuidar la seguridad del pueblo. "Si lo necesitás, puede ser que lo encuentres. Pero si es su día franco y no hizo adicionales en Alta Gracia", comenta Victoria, quien vive allí desde hace 5 años.

Puede parecer raro un cementerio sin jefe, sin empleados, sin cuidadores, pero así es el de la Quintana. Raquel Barrionuevo, con 72 años en el pueblo, es la vecina que se encarga de "organizarlo". Cuando alguien muere, los familiares se acercan a su casa, ella les asigna un espacio y deja todo asentado en un cuaderno. El mantenimiento del lugar se hace con un aporte de 15 pesos anuales que todos pagan.

"Antes había un muchacho que cavaba las fosas, que construía nichos y le pagaban algo. Pero consiguió un trabajo y se fue", se lamenta Raquel. "Cuando muere un pariente, uno tiene que ir a encargarle a alguien que cave", cuenta Dante Bonanno, y agrega irónico: "porque acá, en la Quintana, la gente también se muere, ¿eh?".

 

 

 

 

La escuela de minería más antigua

El entonces senador Luis Carnevali fue uno de los principales impulsores del pueblo. El insistió en la importancia de la explotación minera y gestó la fundación de la actual IPEM 265. Nacida en 1954, es la escuela de minería más antigua del país. Tiene internado y recibe alumnos que llegan desde La Pampa, Río Negro, Salta, Jujuy o La Rioja. Actualmente, la escuela tiene 170 inscriptos y, si bien es mixta, predominan los varones.

Una vez terminados los estudios, los alumnos se reciben de técnicos mineros. Muchos de ellos consiguen trabajo en el exterior. Otros, en cambio, se quedan en la Quintana con el título guardado en un cajón. Porque si bien en la zona hay minas, no están en funcionamiento.

Un comentario en “UN PARAJE QUE QUEDO AL MARGEN DE LA CONFORMACION DE LAS COMUNAS

  1. hola soy daniela peiretti de la ciudad de rio cuarto mi mama asistio a la escuela primaria entre los años 64 y 70 sobre el camino de tierra hoy se encuentra con una posibilidad de trabajo pero se le obliga a entregar el certificado de estudios primarios no contamos con el nombre de la escuela para poder obtener informacion yo les agradeseria si pudieran mandarme una respuesta con el nombre de la escuela para poder acceder a dicha informacion desde el ministerio de educacion muchas gracias daniela peiretti 27185418

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