Aplicarán “psicocirugía” contra el trastorno obsesivo-compulsivo

La Nación
 
La falta de efectividad que en los últimos años mostró el uso a largo plazo de ciertos fármacos contra trastornos neurológicos reavivó el interés científico por una técnica que nació a mediados de los años treinta: la psicocirugía.

Claro que la que se utiliza hoy día es una intervención que dejó muy atrás toda relación con el cruel recuerdo de las lobotomías. Esta renaciente cirugía no causaría daño alguno al sistema nervioso, y comienza a demostrar su utilidad en el tratamiento de la depresión y de los trastornos obsesivo-compulsivos.

De recibir la autorización correspondiente, un equipo de especialistas del Hospital de Clínicas estaría en condiciones de comenzar a hacerlo dentro de dos meses.

"Con las técnicas actuales, la psicocirugía se realiza con mínimas lesiones puntuales en aquellos centros del cerebro que intervienen en cada patología. Allí, se colocan estimuladores, que con una frecuencia determinada «paralizan» la actividad de ciertas neuronas. Es completamente reversible y no provoca ninguna lesión", explicó a LA NACION el doctor Federico Micheli, jefe del Programa de Parkinson y Movimientos Anormales del Hospital de Clínicas.

Igual que los marcapasos cardíacos, la nueva versión de las psicocirugías, que por ahora es experimental, opera mediante un generador de pulsos y dos electrodos de cuatro polos que un equipo de especialistas configura mediante computadora para que actúen sobre ciertas neuronas, según los síntomas de cada paciente. "En lugar de lesionar, como se hacía antes, estimulamos", afirmó el neurocirujano Fabián Piedimonte, que participará en un estudio multicéntrico e internacional para demostrar la efectividad de esa intervención en los trastornos obsesivo-compulsivos, que cuanto más graves son, más difíciles resultan de tratar.

"Las imágenes funcionales y la tomografía por emisión de positrones han permitido detectar sectores específicos que se activan en ciertas patologías o conductas, y hoy se están eligiendo nuevos centros del sistema nervioso para intentar controlar las conductas inadecuadas. La psicocirugía permite poner bajo control los trastornos que le hacen imposible la vida al paciente", aseguró el especialista.

Historia antigua

Las primeras cirugías relacionadas con alteraciones mentales eran sumamente agresivas: según surge de las descripciones científicas disponibles de las primeras realizadas allá por 1935, prácticamente seccionaban en dos un hemisferio cerebral.

"Antes se introducía una aguja para provocar una lesión en el lugar en cuestión para detener el funcionamiento neurológico anormal -explicó Piedimonte-. Hoy, en cambio, se introducen electrodos y la frecuencia de la energía que emite cada uno genera el bloqueo de cierta actividad neurológica, pero sin producir daño alguno en el sistema nervioso."

El punto exacto responsable de la dolencia se identifica mediante técnicas de resonancia magnética, que permiten visualizar estructuras milimétricas.

"En un mismo núcleo neuronal puede haber una porción que funciona bien y otra que funciona mal", señaló Micheli, que a fin de mes será uno de los especialistas que presidirán NeuBA 2006, el primer congreso que reunirá los servicios de neurología y neuropediatría de los hospitales públicos porteños y en el que se tratará la aplicación de las psicocirugías, entre otros temas.

Si se tiene en cuenta que un sitio disfuncional en el cerebro puede medir 6 por 4 milímetros, "hay que tener una precisión muy ajustada para dar en el blanco", reconoció el doctor Piedimonte.

En promedio, una psicocirugía dura siete horas a partir de la preparación del paciente para entrar en el quirófano. En la intervención, el neurocirujano introduce en el cerebro los electrodos de 1,8 milímetros a través de orificios de 2 milímetros de diámetro.

El paciente es dado de alta al día siguiente de la cirugía, tras recibir las indicaciones de los especialistas para los cuidados en el hogar y la fecha del primer control de los implantes. En cada control se coloca un imán conectado a la computadora sobre un "bolsillo" construido en el pecho del paciente, del lado opuesto al corazón, donde está alojado el generador de pulsos.

A través del imán, la computadora "lee" la actividad de los implantes y el especialista puede modificar o no la configuración del manejo de los síntomas. La estimulación "a medida" en cada paciente se ajusta a través de un control externo por computadora y sin necesidad de una nueva cirugía.

"El 50% o más del éxito de la psicocirugía depende de la selección de los pacientes", afirmó Piedimonte, que junto con reconocidos expertos internacionales en el área participará en el NeuBA 2006, cuya recaudación se destinará a la capacitación de los profesionales de la salud de los hospitales públicos participantes (informes: www.neuba.com.ar ).

"La psicocirugía es una ventana terapéutica muy importante para los pacientes con trastornos en los que el gran avance terapéutico que se había logrado con psicofármacos no alcanza. Esta cirugía puede ser una segunda excelente oportunidad de revertir el problema", concluyó el doctor Micheli.

Por Fabiola Czubaj
De la Redacción de LA NACION

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