LA GESTA DEL NOMBRE PROPIO: Situación de la comunidad travesti

www.madres.org/periodico/2006/mayo                                                                                                                  

 

Por Oscar Castelnovo

En este valioso volumen coordinado por Lohana Berkins y Josefina Fernández se desarrolla el Informe sobre la situación de la comunidad travesti en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, distintos partidos del primer cordón del Conurbano y Mar del Plata. De acuerdo a la titular de la Asociación de Lucha por la Identidad Travesti y Transexual (Alitt), Berkins, los resultados de la investigación exhibe de modo lapidario la exclusión que afecta a este grupo humano y se expresan en “la dificultad de acceder a la condición de ciudadanía, los problemas en el campo de la salud, la educación, la violencia policial, sexual y doméstica. Condicionadas a conseguir nuestro sustento a través de la prostitución, único medio de subsistencia, nos vemos sometidas a una serie de indignas situaciones que nos colocan en una extrema vulnerabilidad, despojándonos de nuestra condición humana”, sostiene.
La investigación se realizó durante 2005 y contó con el apoyo económico de la Fundación Astraea, el asesoramiento técnico del Grupo Feminista Ají de Pollo e involucró a 320 travestis de las áreas geográficas mencionadas.
Además de las coordinadoras, participaron del trabajo una diversidad de voces. Entre ellas la de Diana Maffía quien subraya en el prólogo que “la intolerancia y la agresividad con las travestis, la humillación y la marginación son la respuesta reluctante al revisar la construcción de todas las sexualidades; entonces aparece el temor a la interpelación de aquello que se cree un destino biológico, la prepotencia del dogma impuesto por la ciencia, el derecho y la religión que trasladan su poder a la política. Las travestis, desde la primera e íntima convicción de su identidad, comienzan una carrera de obstáculos para la conservación de sus derechos”.

Datos contundentes

Entre las datos que nos brinda el Informe encontramos que se relevaron 420 nombres de travestis fallecidas, siendo la principal causa de muerte el Sida (62%). En segundo lugar (17% de los casos), el asesinato es el motivo el deceso. El resto de las causas de muerte incluyen accidentes de tránsito, suicidio, cáncer, cirrosis, sobredosis, diabetes, abandono de persona y complicaciones derivadas de procedimientos de inyección de siliconas. Respecto de la edad de las fallecidas, el 35% murió cuando tenía entre 22 y 31 años; y el 34% entre los 32 y 41 años.
Por otra parte, ante al pregunta si “sufrió abusos policiales”, el 86% de las encuestadas respondió afirmativamente. En cuanto al tipo de abuso policial padecido, la muestra reveló que el 88% fue detenida ilegalmente; el 58,3% fue golpeada por personal policial; al 54% le fueron exigidas coimas; el 36% fue abusada sexualmente y el 15% fue torturada por policías.

Cuerpos silenciados

A su turno, la politóloga Renata Hiller, miembro del grupo de investigación sobre sexualidades del Instituto Gino Germani de la UBA, nos dice que en la constitución de la identidad juega un papel muy importante el tipo de reconocimiento otorgado por el/la otro/a. “Si este reconocimiento está en realidad distorsionado o es definitivamente un no-reconocimiento, devienen graves daños como personas o como grupo”, afirma. Se trata entonces de un sufrimiento padecido cuando la sociedad devuelve una imagen limitada o desvalorizante de una persona o grupo. Por caso, Hiller señala que en la escuela “las travestis han enfrentado todos los mecanismos de discriminación: la escuela ha acallado a este colectivo; la escuela ha hablado por él de un modo en el cual no se reconoce; y la escuela, una vez que lo ha descubierto diferente, lo ha excluido”.
Para Hilller es un imperativo modificar las condiciones en que se atraviesa la escolaridad y la experiencia laboral de este grupo, no sólo porque el cambio permitiría transformar las situaciones materiales en que vive el colectivo travesti, sino también habilitar nuevos modos en que dicha identidad puede ser reconocida. “La organización del colectivo viene posibilitando visibilizar que es necesario plantear estos condicionamientos como violaciones a los derechos humanos que les concierne a ellas como personas. Violaciones que sostienen a partir de un supuesto ‘cuerpo de la universalidad’ que no las reconoce, que pretende invisibilisarlas y las excluye”, finaliza la politóloga.
Al decir de Lohana Berkins, en este libro –realizado por Ediciones Madres de Plaza de Mayo-, “hemos intentado que cada uno de estos padecimientos muestre también la otra cara: la pelea cotidiana por remover los estereotipos que pesan sobre nosotras y acceder al ejercicio pleno de la ciudadanía”.

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