Ante una multitud congregada en la Plaza de Mayo, Juan Carlos Blumberg reiteró hoy su reclamo de mayor seguridad en un discurso que combinó el pedido de reformas que "terminen con el delito y la impunidad", las críticas a funcionarios del Poder Ejecutivo y la réplica a quienes cuestionaron la convocatoria.
Esta vez, a diferencia de las movilizaciones anteriores, el padre de Axel, el joven secuestrado y asesinado en 2004, personalizó su pedido en el presidente Néstor Kirchner y se dirigió directamente a él en la enumeración de cada una de las reformas que propuso a través de la lectura de un petitorio que luego entregó en la Casa Rosada.
Ejes. En ese documento y encabezando cada uno de los puntos con la frase "al señor Presidente le pido", volvió a reclamar que baje la edad de imputabilidad de los menores para "evitar que sean usados para delinquir", pidió que el Gobierno "deje de lado" el proyecto de reforma del Código Penal al que cuestionó por "eliminar" la figura de la reincidencia y exigió políticas de Estado para combatir el consumo de drogas y el narcotráfico.
"Para nosotros la seguridad es el trabajo, la educación, la alimentación, la salud, tener una vivienda, pero también la segurdiad es la protección del ciudadano", enfatizó Blumberg a modo de definición antes de avanzar en la lectura de los seis puntos del petitorio.
Sin respuesta. El ingeniero comenzó su discurso con una crítica directa al ministro del Interior, Aníbal Fernández y al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a los que acusó de no haberlo atendido antes de la marcha para entregarles el petitorio que luego leyó en la Plaza.
"Llamé a sus celulares, pero lamentablemente atendían los contestadores. Sólo me atendió el llamado el vicepresidente de la República [Daniel Scioli] que tampoco se pudo contactar con ellos", relató.
Silbidos. El comentario generó una ola de silbidos que Blumberg buscó cortar enseguida. "No, no, tenemos que respetar al Presidente porque si a él le va bien, nos va bien a todos", pidió a la multitud mientras hacía gestos con los brazos.
Los silbidos volvieron a cruzar el aire cuando mencionó al gobernador bonaerense Felipe Solá y a su ministro de Seguridad, León Arslanián a quienes criticó con dureza.
"Vinieron solos". En otro tramo del discurso, que duró poco más de media hora, Blumberg destacó la amplitud de la convocatoria y replicó a quienes criticaron la marcha.
"Esta plaza es histórica. No fue fácil para nosotros y tampoco para ustedes llegar aqui. Nos insultaron, intentaron ponernos miedo, pero igual estamos aqui: no nos van a torcer el brazo", advirtió.
En este contexto, fustigó a "los enemigos del cambio", como identificó a los críticos de su propuesta y destacó la participación masiva y "autoconvocada" de la marcha.
"A ustedes no les pagaron para venir, ni los subieron a ómnibus, ni les dieron un choripan", destacó. "Ustedes son los que más sufren el delito, la impunidad, la corrupción, por eso las cosas tienen que cambiar", insistió dirigiéndose a la multitud.
Enseguida llamó a unirse en el reclamo contra la inseguridad a "la izquierda, la derecha, el centro, a los de arriba y abajo y a todas las clases sociales".
Además, aseguró que la presencia masiva de hombres y mujeres en la Plaza "demuestra que la ciudadanía argentina esta viva y pelea por sus derechos".
Presentes. Entre los políticos presentes en la marcha estuvieron los líderes de Pro Mauricio Macri y Ricardo López Murphy, a los diputados Paula Bertol, Pablo Tonelli, Hugo Martini, Eugenio Burzaco, Cristian Ritondo, Esteban Bullrich y Nora Ginzberg.
Entre los legisladores porteños, el macrista Jorge Enríquez, el único que logró ingresar en el "corralito" dispuesto para periodistas, familiares de las víctimas y organizadores. Sus pares Santiago de Estrada, Carlos Araujo y Daniel Amoroso siguieron el acto mezclados con la multitud. .
Además, estuvieron el radical Nito Artaza, el ex diplomático Diego Guelar, hoy a cargo de las relaciones exteriores del macrismo y el líder del Paufe, Luis Patti.
Tal como estaba previsto, Raúl Castells y los militantes del Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD), aportaron el ingrediente piquetero a la convocatoria.
También se vio a los intelectuales Juan José Sebrelli y Vicente Massot y a Cecilia Pando, la mujer de un militar suspendido por Kirchner por sus críticas al Gobierno.
Antes de despedirse, aseguró que los funcionarios "deben rendir cuentas" y afirmó: "Soy un hombre frontal, no tengo nada que perder, a Axel ya me lo quitaron".
Finalizada la marcha, en la que no hubo incidentes, Blumberg se trasladó a las oficinas de la Fundación que conduce desde el asesinato de su hijo, en el centro porteño, donde ofreció una conferencia de prensa.
Sin números. Las columnas de miles de manifestantes que colmaron la Plaza y las calles laterales escucharon a Blumberg con las fotos de víctimas de la inseguridad y velas encendidas en las manos.
Mientras que los organizadores calcularon el número de asistentes en 300.000, y así lo repitieron por los micrófonos, el Ministerio del Interior no dio hasta pasadas las 21, ninguna cifra oficial.
Operativo. Frente a la Casa de Gobierno y en los alrededores de la plaza se desplegó un importante operativo de seguridad que tuvo alrededor de 1000 policías afectados y que incluyó a efectivos de la Policía Federal, Infantería y Bomberos.
Con el acento de Perón
"La única verdad es la realidad", arrancó el empresario parafraseando al caudillo justicialista. La frase se completó con una adaptación a su reclamo: "La sociedad está reclamando seguridad y justicia", concluyó
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