Con 32 años más, Vassie volvió a mostrar su llanto al mundo

El soldado de 1974 se puso el uniforme para ir a San Vicente
 LA PLATA.- En julio de 1974, el soldado Roberto Vassie lloró la muerte de Juan Domingo Perón mientras hacía una guardia de honor al féretro del difunto presidente. La foto de llanto dio la vuelta al mundo. Ayer volvió a lucir el uniforme militar para desandar el trayecto desde la CGT hasta San Vicente, a bordo del vehículo Gaucho, que llevó los restos a la quinta 17 de Octubre. Y volvió a llorar.

"Estuve con el general hasta el último momento. Me emocionó la gente: lloraba, se persignaba. Casi se tiraba encima del féretro para tocar a Perón", dijo Vassie al asegurar que estuvo ajeno al espectáculo inenarrable de piedras y palos volando por encima de la cureña. "Ibamos a 30 kilómetros por hora. No nos enteramos de los incidentes", comentó.

Igual testimonio aportó Enrique Nicotera, que viajó con Vassie. En 1974 Nicotera había conducido el Unimog que arrastró la cureña desde el Congreso hasta Olivos. En aquella oportunidad vio llover flores sobre el cortejo. "[Ayer] No llegamos a percibir los disturbios. El jeep iba rodeado de gente. Demoramos más de cinco horas en hacer el recorrido", relató.

Ayer, los dos soldados volvieron a despedir a Perón. Convocados por pedido del presidente Néstor Kirchner, volvieron a vestir el uniforme militar y condujeron el vehículo que llevó los restos a su lugar de descanso definitivo.

"Estoy orgulloso de ser un soldado de Perón. Yo pedí volver a vestir el uniforme militar para despedirlo", dijo Vassie, el soldado que, armado de fusil y casco, no pudo contener las lágrimas en aquel primer entierro. Su foto, tomada por Ki Chul Bae, publicada por la revista Gente, el 4 de julio de 1974, fue símbolo del dolor popular.

Vassie, de 53 años, integraba entonces la Compañía Ingenieros 10, con asiento en Pablo Podestá. El 1° de julio de 1974 se enteró de la muerte de Perón mientras estaba en el rancho, escuchando radio. El día siguiente, a las 3, su compañía fue desplazada hacia el centro de la Capital Federal, para hacer una guardia de honor en las proximidades del Congreso.

"Sentí un dolor profundo. Pensé en mi padre, que había sido perseguido el día en que los aviones bombardearon la Plaza de Mayo", dijo al recordar los sucesos previos a la Revolución Libertadora.

"Ese día temblaba la ciudad. Llorábamos todos", recordó Nicotera, que integraba el Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín.

Por María José Lucesole
De la Corresponsalía La Plata

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