El Director Editorial de Rollling Stone a propósito de Diario de un Telemarketer
Son tiempos de cambios en la vida cultural. Cambios tecnológicos profundos, entre otros.
Y cambios en el periodismo, claro. Durante la segunda mitad del siglo XX el "nuevo periodismo", al que ROLLING STONE adhirió con convicción y le ofreció respaldo, fue el modo de encarar relatos. Un gran narrador, con background cultural y una mirada ( esa mirada), podía encarar un tema, un pequeño o un gran tema, y devolverlo en forma de crónica urgente, contundente, en metáfora de la vida social, en indicio desde el que iniciar las sospechas sobre la trama de una época. Ahí va Hunter S. Thompson, al volante de su biografía alocada, a toda velocidad y sin frenos, emprendiendo contra el béisbol, Mohammed Alí o el paraíso artificial de Las Vegas. La hoguera de las vanidades de Tom Wolfe y A sangre fría de Truman Capote demostraron que la frontera entre la reconstrucción de un hecho policial, la reflexión sobre nuestros comportamientos, y la literatura, era tan vulnerable como deslumbrantes pueden ser las descripciones. Non-fiction.
Pero hoy, una definición apropiada y actualizada de "nuevo periodismo" no podría prescindir de una reflexión sobre los recientes modos de producción, distribución y consumo de los contenidos periodísticos: el poder de los lectores / usuarios; la multiplicación digital de contenidos; las múltiples plataformas que componen el ecosistema informativo (del papel a los teléfonos móviles o los displays en ascensores); el mundo de las conversaciones digitales y las redes sociales online que se incrusta dentro de la esfera de la información; la "larga cola" de incontables nichos que jaquea los preconceptos de la estructura económica de las industrias culturales; el infotainment ; el newsharing y, sobretodo, la convergencia de textos, audios, fotos, videos y links que reemplazan a la textocracia (como bien explicó Julián Gallo en el ensayo que le valió una nominación al premio de la Fundación Nuevo Periodismo), todos esos fenómenos nos obligan a revisar las definiciones y también exigen nuevas competencias, justamente, a los productores periodísticos nuevos.
Como en aquel nuevo periodismo se habla, hoy, de nuevos medios y, no casualmente, ambos fenómenos recurren al yo, a la primera persona, al autor, a cuan potente y profunda mejor, como la que ahora llega desde los blogs.
Un libro, The new new journalism , intenta señalar el valor, el aporte, de aquellos que pretenden mediante su indagación algún cuestionamiento al poder. Hay un buen ejemplo cercano: Eric Schlosser y un profundo diagnóstico sobre las dietas grasosas de la comida rápida titulado Fast-food nation , encargado por el editor Will Dana y publicado, primero, como nota en ROLLING STONE y luego como best-seller.
Sin dudas algo está pasando… ¿Habrá que bautizarlo? ¿Se podrá hablar efectivamente de nuevo-nuevo periodismo ? Hay otro caso contundente: Morgan Spurlock y su experiencia audiovisual Super size me , también vinculada a explorar los hábitos alimenticios, una obsesión norteamericana de esta época. ¿Cuál es el mejor y más eficaz modo de hacer ver, reflexionar sobre, exhibir, los efectos de la comida chatarrra? La no-ficción ofrece su respuesta: la valentía de someterse a la experiencia, de ofrecerse como rata de laboratorio y registrarlo, compartirlo. Requiere compromiso, claro; una dosis de egoísmo; una distancia… Es decir, si el sacrificado ya estuviera habituado a comer todos los días su Big Mac, el experimento no sería excepcional, no ofrecería resultados, ni pruebas, no sería narrable…
Sacándole solemnidad y grandeza pero no heroísmo, podríamos hablar también de periodismo cobayo ( guinea pig , dicen las ciencias angloparlantes). Eso explica este experimento del periodista Alejandro Seselovsky: un mes trabajando en un call-center, jornada de 6 horas, de madrugada.
La fórmula, la apuesta periodística, esta vez, fue compleja: decidimos combinar el modo narrativo del nuevo periodismo, con la "newspirience" (la experiencia periodísitca) de los conejillos de indias, y sumarle este otro aspecto "nuevo" de la práctica periodística: el blog, la bitácora diaria, comentable y disponible permanentemente. La vida cotidiana del autor, su mirada del mundo que lo rodea.
Nuevos periodismos, no-ficción, cobayos, blogs. Con todas las armas disponibles, ROLLING STONE sale a cumplir su objetivo: comunicar un hecho y un mundo, su complejidad, su sensibilidad. Aportar conocimiento nuevo sobre un fenómeno que despierta interés social. Donde sea.
Ernesto Martelli
emartelli@rollingstone.com.ar
Director Editorial, Rolling Stone
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