La historia del cura argentino que enseñó a levantar pueblos en Africa Pedro Opeka fundó el complejo Akamasoa. Allí viven 16.000 personas.

Clarín
LES TRASMITIO A LOS LUGAREÑOS DE LA ISLA DE MADAGASCAR LO QUE LE ENSEÑO SU PADRE ALBAÑIL

Fue dos veces propuesto como Premio Nobel de la Paz. Sobre su obra se filmaron una decena de documentales y se escribieron seis libros. Es amigo de Gilbert Mitterand, hijo del ex presidente francés, y del Príncipe de Mónaco. Jacques Cousteau lo denominó "soldado de la humanidad". Se llama Pedro Pablo Opeka, es argentino, sacerdote lazarista, tiene 57 años, y dedicó su vida a una obra que hoy tiene la forma de cuatro pueblos en suelo africano. Un complejo al que todos llaman: "Los pueblos del padre Pedro".

Como sucede cada tanto, Opeka volvió a Buenos Aires. Cada visita que hace proveniente de la isla africana de Madagascar, donde pasa sus días desde hace 31 años, es vivida por su familia como de fiesta. Su llegada a la Argentina es motivo de reunión para sus padres, sus siete hermanos, sus sobrinos y los amigos que quieren darle la bienvenida en la casa paterna de Ramos Mejía. Una casa donde la distancia con el hijo intenta achicar con una infinidad de imágenes que cuelgan de las paredes del living. "Parece un santuario", bromea una de las hermanas.

El padre Pedro se ordenó como sacerdote en el 75, en la basílica de Luján. Aun antes de recibir los votos había misionado dos años en Madagascar, en el Océano Indico, donde lo conmovió la gente y la pobreza en la que vivían. Allí volvió, definitivamente, el 6 de enero de 1976.

"Mi vida en la isla debe dividirse en dos. Por un lado, los 15 años en la costa donde aprendí la lengua, las costumbres, la mentalidad. Donde me zambullí dentro de la vida malgache de la selva. Y estos últimos 16 años que estoy en la capital", dice.

La obra del padre Pedro —por la que hoy lo reconocen en el mundo— está allí, en Antananarivo, capital de Madagascar, donde llegó tras haber sido nombrado director del seminario de la orden San Vicente de Pauls.

Su camino giró apenas dos meses después de llegar, cuando sus ojos vieron la miseria en la que vivían los malgaches que se habían asentado alrededor del basural de la ciudad. En ese mismo momento empezó a trabajar con los lugareños en lo que hoy se erige como Akamasoa, que en malgache quiere decir "los buenos amigos". Les enseñó todo lo que él había aprendido de su padre albañil.

Akamasoa fue levantada sobre las laderas de las colinas y a un lado del basural municipal. Está compuesta por 4 pueblos que fueron construidos por los lugareños: edificaron viviendas, trazaron calles y tendieron el alumbrado eléctrico. Hoy, "Los pueblos del padre Pedro" (así es como se los conoce en Madagascar) tienen 16.000 habitantes permanentes, pero han pasado por allí unas 280.000 personas. Hay cuatro escuelas primarias, cuatro secundarias y un liceo. También tienen un centro de salud, cementerios, espacios verdes y polideportivos.

Desde hace un tiempo ya no permiten que se instalen más familias. "Si recibimos a toda esa gente, ¿cuántas miles de viviendas más necesitaríamos? Nosotros no queremos reemplazar al Estado", aclara.

Sin embargo, tienen un centro de acogida por el que sólo en 2005 pasaron 29.000 personas. En este sitio se les da a los pobres lo que necesitan: curar alguna enfermedad, aprender un oficio, dinero para poder volver a sus casas, ropa, un plato de comida o fuerza para salir adelante. "Ese es nuestro trabajo. Así impedimos que esa gente se instale en la ciudad como mendigos", dice. "Este milagro no lo hizo el dinero, lo hizo la fe. Una convicción que tuvimos del hombre, de la humanidad, de los derechos humanos", insiste y por eso lucha para que se invierta más en Africa, el continente olvidado. Y por eso —asegura él— "es que me quedo allí".

 

Cómo se vive en Akamasoa


En Akamasoa viven 16.000 personas. El proyecto es laico. Hay 4 escuelas primarias, 4 secundarias y un liceo. El plan de estudios es igual al francés. Cada escuela tiene 80 aulas en las que estudian 3.200 alumnos. El Padre Pedro es el fundador de Akamasoa y trabaja rodeado de 327 colaboradores, todos ellos mangaches. A los que llegan se les ponen tres condiciones: que esté dispuesto a trabajar, a escolarizar a los hijos y a ser disciplinado.

En letras


"Un viaje a la Esperanza. Salir de la pobreza con trabajo y dignidad", escrito por Jesús María Silveyra y editado por Lumen es el primer libro argentino escrito sobre el padre Pedro Opeka. El autor vivió 20 días en Madagascar y es a partir de esa experiencia que se estructura su relato.

 

 

 

 

 

 

 

 

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