Nikita Kruschev asombró aquel día al revelar los horrores del "padrecito".
jaalganaraz@clarin.com
Aquel inolvidable 1956 duró en realidad nueve meses, que comenzaron el 25 de febrero (hoy hace medio siglo), cuando de improviso el líder soviético Nikita Kruschev denunció en una sesión secreta del XX Congreso del partido Comunista los crímenes de Stalin.
Se puso en marcha así un proceso de apertura que fue para adelante y atrás, hasta que las contradicciones se hicieron insanables y el comunismo europeo —y no solo el europeo— estalló en mil pedazos. El muro de Berlín fue abatido en 1989 y la Unión Soviética se disolvió en la Navidad de 1991. Aquel inolvidable 1956 que se abrió con grandes esperanzas concluyó con la tragedia de la invasión soviética a Hungría, el 5 de noviembre, que demostró los límites del régimen soviético pero también cómo el informe secreto de Kruschev al XX Congreso del partido causó de inmediato fermentos liberadores del yugo de Moscú en los países satélites de la URSS, reprimidos despiadadamente.
Stalin había muerto de un derrame cerebral en 1953 y tras la inevitable batalla por el poder, Nikita Kruschev fue promovido a secretario general del partido, que era el puesto clave para controlar todos los botones y manijas del poder. El era uno de los máximos dirigentes stalinistas de una época en la que la más mínima crítica a Stalin significaba una muerte segura.
La grandísima mayoría de los militantes comunistas de todo el mundo y muchos dirigentes del partido soviético no tenían idea de lo que estaba por pasar y continuaban lanzando elogios sin límites al "padrecito de los pueblos", como era llamado Stalin.
El culto a la personalidad, las deportaciones a Siberia y otros lugares inhóspitos de la gigantesca Unión Soviética euroasiática de 23 millones de kilómetros cuadrados, los asesinatos en masa de dirigentes y delegados del partido (el 70% de los que asistieron al XVI congreso no vivieron mucho más para contarlo), la dictadura llevada a límites de represión y crueldad inimaginables, fueron solo en parte denunciados por Kruschev a una platea estupefacta.
Cuentan que en la sala del Kremlin donde tenia lugar el XX Congreso se oyó de pronto una voz que rompió el silencio y el hilo del discurso de Kruschev. "Y ustedes dónde estaban, camarada?", gritó un delegado y por suerte para él nunca se supo quién había sido. Kruschev se enojó pero se dio cuenta que había que seguir adelante.
Nikita en realidad quería desmantelar las peores perversiones del sistema staliniano, pero también revisar la política económica, renovar el aparato del partido, del gobierno y del Estado y abrir una nueva era para modernizar rápidamente a la URSS.
En el campo económico la desestalinización se concentró en la reducción de las grandes inversiones en la industria pesada y en favor de los sectores de consumo para elevar el nivel de vida del pueblo soviético.
Pero las repercusiones más importantes se registraron en el Este europeo, entre las naciones ocupadas por los soviéticos en la última fase de la Segunda Guerra Mundial. En 1949 había nacido la OTAN, la alianza militar occidental y en 1955 la URSS respondió con la creación del Pacto de Varsovia. También fue fundado el Comecón una enorme estructura para controlar el funcionamiento de la vasta área económica comprendida por la URSS y los países satélites (Polonia, Hungría, Alemania Oriental, Checoslovaquia, Bulgaria).
En Polonia las aspiraciones de libertad llevaron a fuertes reivindicaciones de autonomía, canalizadas en el retorno al poder de Wladislao Gomulka, que propugnaba la "vía polaca al comunismo". En Hungría las mismas aspiraciones terminaron en una revolución popular antisoviética y en una represión implacable.
La primavera de Nikita Kruschev encalló en las limitaciones de un régimen por definición dictatorial y las aperturas se hicieron en parte irreversibles pero llevaron a la reacción del aparato del partido y a la deposición del mismo Kruschev en 1964. Llegó la era de Leonid Breznev que implicó un gran paso atrás que se prolongó hasta los años 80.
Fue en esa década, a partir de los cambios que se fueron imponiendo en Polonia, que la URSS se debilitó mortalmente. La "glasnot" (transparencia) y la "perestroika" (transformación) que aplicó el nuevo líder Mijail Gorbachov aceleraron el proceso de disolución de la URSS y de su control del Este europeo. El proceso del deshielo en las relaciones con el Occidente capitalista liderado por los Estados Unidos fue demostrando que la era bipolar de la Guerra Fría iba disolviéndose para dar lugar a la hegemonía a EEUU como única superpotencia global.
Kruschev había denunciado a Stalin pero no al sistema soviético, que bajo la férrea guía comunista duró 74 años. La lista de horrores de Stalin y el sistema stalinista se conoció a fondo muchos después. El texto completo del informe Kruschev del 25 de febrero de 1956 fue publicado completo por orden de Mijail Gorbachov recién en 1988.Habían pasado 33 años.
El propio Gorvachov reconoce que hay un vínculo entre aquel XX Congreso y su perestroika. "Existe un nexo también en el sentido de que algunos consideraban la perestroika como una traición", dice hoy el último secretario general del PCUS.
Pero ¿qué ocurre con la figura de Stalín, el líder que mandó a matar a Leon Trostky entre otros dirigentes de la Revolución de Octubre? Una investigación de DPA dijo que 47% de los rusos tienen una imagen positiva, más que el 43% que aún critica al "padrecito". El periódico "Gazeta" pone en Vladimir Putin parte de la responsabilidad: "el presidente —escribió— muchas veces lamentó la pérdida de la URSS".

Pingback: CELN - ¿Cuál es la noticia...? Portal de Noticias / Periodismo Independiente / Efemérides