De todas maneras, mientras "Ernani" significa un nuevo escalón en la ascendente trayectoria verdiana, antes de arribar, con "Rigoletto", a su primera obra verdaderamente genial, Puccini, apenas compuestos tres títulos, se afirma con "La bohème" como el nuevo apóstol de la lírica italiana. En 1896, cuando estrena esta última en el Regio de Turín, Verdi ya ha dado al mundo, tres años antes, "Falstaff", su último canto, aunque aún vivirá ocho años más. Los suficientes para poder juzgar a ese lucero que ya apuntaba como su sucesor.
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Pero, ¿qué hubo entre el Verdi octogenario y el Puccini que trepaba a la gloria? Lamentablemente, mucho menos de lo que desearíamos todos. Es que Verdi fue parco y Puccini, por exceso de certezas, no se esforzó por lograr una aproximación frontal, que habría sido factible puesto que ambos creaban para la misma editorial. Sin embargo, y pese a la insistencia de Giulio Ricordi, no hay noticias de encuentros personales. En cambio en la correspondencia de Puccini con su editor, el nombre de Verdi está muy frecuentemente citado. Era la referencia absoluta.
Mientras tanto, ¿qué pasaba con Verdi? Cuando el estreno triunfal de "Le villi", la primera ópera pucciniana, como respuesta a una carta del editor Verdi escribió: "He leído un texto donde se hacía el gran elogio del compositor Puccini. El sigue, sin duda, las tendencias modernas, aunque continúa siendo fiel a una concepción melódica que no es ni antigua ni moderna. Parece que el elemento sinfónico prevalece en él, y personalmente no lo veo mal. Pero eso sí, es preciso avanzar en esta dirección con circunspección: la ópera es la ópera y la sinfonía, la sinfonía…" En esto Verdi fue contundente y su afirmación entrañaba una crítica fuerte. Sin embargo, cuando doce años después se estrena "La bohème", considera con más indulgencia que los críticos el "crimen" de Puccini de evocar con los modernos procedimientos armónicos de sucesiones paralelas de cualquier nivel estructural, denigrados por la armonía tradicional, efectos como el de nieve y hielo en el tercer acto. "No está mal", fue su opinión.
Luego, ya no hubo tiempo para más. El 27 de enero de 1901 Puccini se precipitó a Milán para despedir los restos de Verdi, y en 1905, cuando el traslado de sus despojos, el autor de "La bohème", que asistió a los actos como representante oficial de Lucca, su ciudad de nacimiento, compuso un breve Réquiem para coro, viola y órgano o armonio. Pequeño homenaje que, extrañamente tratándose de los nombres involucrados, demoró siete décadas en ser editado.
Por Pola Suárez Urtubey