Denuncian un intento de golpe de Estado en Ecuador

La Nación
 
Se radicalizan las protestas: crece el rechazo a un tratado comercial con Estados Unidos
El presidente Alfredo Palacio insinuó que los líderes indígenas buscan derrocarlo
 
 

 

QUITO.- El presidente de Ecuador, Alfredo Palacio, advirtió que el país va camino del caos y de una ruptura constitucional debido a las protestas lideradas desde hace días por indígenas contra un tratado de libre comercio con Estados Unidos y en demanda de la expulsión de una petrolera norteamericana.

"Se está fomentando un ambiente de caos que puede ser terreno propicio para nuevas rupturas constitucionales y golpes de Estado. Se ha reactivado la criminal demolición de nuestras instituciones fundamentales", dijo Palacio anteanoche en su primer mensaje al país desde que se inició el levantamiento, el lunes pasado.

El mandatario, un médico que asumió la presidencia en abril de 2005, tras la caída de Lucio Gutiérrez, enfrenta la creciente presión de miles de manifestantes que bloquearon con barricadas varios tramos de la principal autopista ecuatoriana, vital para el comercio interno.

Las protestas, que paralizaron a ocho de las 22 provincias del país, provocaron choques entre indígenas y la policía. Diversos sectores advirtieron que la violencia podría propagarse, en un país marcado por la caída de tres presidentes en la última década en medio de revueltas populares.

Dos de las ocho provincias que se habían sumado a las protestas, Tungurahua y Cotopaxi, suspendieron ayer las medidas de fuerza después de que el gobierno accedió a desembolsar cifras millonarias para destinarlas a asistencia social y proyectos de infraestructura. Sin embargo, los dirigentes indígenas de Cotopaxi (100 kilómetros al sur de Quito) aclararon que la suspensión de la medida en esa zona tiene como objetivo "preparar un levantamiento" que incluirá movilizaciones hacia la capital si el gobierno firma el tratado de libre comercio (TLC).

Capital cercada

El ministro de Defensa, Oswaldo Jarrín, dijo que unos 2000 militares fueron movilizados para restaurar el orden "con el uso progresivo de la fuerza" y para crear una barrera alrededor de Quito.

La firmeza con la que se propone actuar el gobierno precipitó anteayer la renuncia del ministro del Interior, Alfredo Castillo, que dejó el cargo aduciendo su desacuerdo con el uso de la fuerza. "Lamentablemente, hay quienes todavía creen que los fusiles son la mejor forma de resolver la situación", dijo Castillo.

Según el presidente Palacio, las protestas demuestran que la estructura estatal está desgastada y que es necesario desempolvar una reforma política rechazada por el Congreso que apunta a instaurar una Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución. "La única solución posible frente a este avance de la disolución nacional es la reestructuración política del Estado", afirmó el mandatario.

Por otra parte, Palacio rechazó la posibilidad de suspender las tratativas en busca del acuerdo con el principal socio comercial del país, que según indígenas y campesinos arrasará con el aparato productivo local.

El diálogo entre Quito y Washington se retomará el próximo jueves con el objetivo de cerrar el acuerdo, que aseguraría el acceso del 50% de las exportaciones ecuatorianas a Estados Unidos.

La Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie), el movimiento indígena que impulsa las manifestaciones, advirtió que los cortes de rutas se intensificarán a menos que Palacio ordene la suspensión de las negociaciones con Estados Unidos. También exige la expulsión de la petrolera norteamericana Oxy, acusada de violar la ley.

Sin embargo, tanto la Conaie como su brazo político, el partido Pachakutik, desmintieron que estuvieran conspirando contra Palacio.

Analistas advirtieron que el reclamo de la Conaie tiene motivaciones políticas y que su intención es recuperar el apoyo perdido antes de las elecciones presidenciales previstas para el último trimestre del año.

El movimiento que representa a los indígenas -que conforman el 37% de la población ecuatoriana- ganó poder durante la década pasada blandiendo demandas territoriales, pero su influencia se desgastó por su oposición a cualquier reforma de mercado.

 

 

 

 

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