Pese a las marchas, el gobierno francés se niega a retroceder

La Nación
 
Los jóvenes, contra la flexibilización laboral
Vence hoy el ultimátum de los sindicatos para que sea retirada la reforma laboral
 
 

 

PARIS.- Un día después de las multitudinarias y violentas manifestaciones estudiantiles y sindicales contra la puesta en marcha del Contrato de Primer Empleo (CPE), impulsado por el gobierno, las partes en conflicto parecían encontrarse ayer aún muy lejos de una solución.

Por un lado, los sindicatos franceses, fortalecidos por las protestas que movilizaron entre medio millón y un millón y medio de personas -y que dejaron 50 heridos- insistieron ayer en su amenaza de declarar una huelga general si el gobierno no retiraba antes de esta noche la polémica reforma laboral.

Por otro, el primer ministro francés, Dominique de Villepin, descartó la retirada del nuevo contrato laboral, al tiempo que lamentó la "incomprensión" que había causado.

"¡Hay que darle una oportunidad al CPE! Un CPE complementado y mejorado para responder a las preocupaciones de cada uno", declaró el primer ministro -cuyo índice de popularidad en las encuestas está en caída libre desde hace varias semanas-, aunque sin especificar a qué cambios se refería. Por su parte, el ministro de Cultura y Comunicaciones, Renaud Donnedieu de Vabres, dijo: "No es la calle la que dicta las leyes".

Según los estudiantes y los sindicatos, el contrato vuelve precario el empleo para los jóvenes, ya que, entre otro puntos, prevé la renovación contractual indefinida y la posibilidad de que, dentro de los primeros dos años de vigencia, un empleado sea despedido sin indemnización alguna.

Para el gobierno, por el contrario, es un tema prioritario en la agenda de cara a las elecciones de 2007, y Villepin considera el CPE un as en la manga para combatir el desempleo.

El tercer bando

Mientras tanto, un tercer grupo hizo su aparición ayer, cuando alrededor de 1000 estudiantes protagonizaron una "sentada" ante la Municipalidad de París para reclamar su derecho a volver a las aulas, ya que 60 de las universidades francesas se encuentran cerradas o con su normal actividad perturbada por las protestas, incluida la Sorbona.

Aunque los organizadores de la sentada pidieron que no se politizara su acto, algunos de los manifestantes repartieron panfletos de derecha y de extrema derecha.

Sin embargo, las encuestas demuestran que el rechazo de la población al CPE es mayoritario. Según los sondeos, dos de cada tres franceses se oponen a la norma.

Si el CPE no es derogado durante el día de hoy, los sectores sociales movilizados contra la ley convocarán a una huelga general "en los próximos días", según anunció el secretario de la CGT, el poderoso sindicato de izquierda, Bernard Thibault.

El gobierno intentó mostrarse conciliador al dejar abierta la posibilidad de incluir algunas modificaciones en el CPE. Pero la propuesta no parece satisfacer a los sindicatos fortalecidos.

"Nosotros esperamos del gobierno el retiro del CPE, pero en ningún caso discusiones para modificarlo -declaró ayer Thibault-. Nosotros decimos no a una reforma que instaura por primera vez en Europa la posibilidad para los empleadores de despedir a sus empleados sin motivos. Se trata de un precedente único", afirmó el jefe de la CGT.

Por su parte, el vocero del partido socialista, Jukien Dray, criticó al gobierno al afirmar que "se obstina, creando las condiciones del desorden".

Pero el presidente de los parlamentarios gaullistas en la Asamblea Nacional, Bernard Accoyer, afirmó que "no es cuestión de no aplicar el CPE, sino de no dar la posibilidad a un dispositivo que fue votado legalmente y legítimamente".

Agencias EFE, AFP y ANSA

 

 

 

 

Invitado a la Feria del Libro: entrevista con el autor de "Intimidad"

 

Kureishi: "Francia es un país muy racista"

 

El escritor británico de origen paquistaní habla de literatura, de política y de la necesaria integración de los inmigrantes

 

  • Novelista, dramaturgo y guionista, Kureishi visitará Buenos Aires por primera vez
  • Dice que está más interesado en conocer el ámbito de los psicoanalistas argentinos que el de los escritores

 
 
 
 

Este hombre dice cosas como ésta: "No soy particularmente una persona honesta. Pero escribo lo que siento, y cuando lo hago quiero escribir sobre algo que tenga un sentido y algo de verdad. Una de las funciones de la literatura es decir quiénes somos y cómo vivimos". Se llama Hanif Kureishi, tiene 52 años, es británico y es uno de los más prestigiosos intelectuales anglosajones de la actualidad.

La obra de Kureishi -sus piezas teatrales, sus novelas y sus guiones- está en la mira del mundo cultural porque, en el fondo, el escritor aborda la evolución de una Inglaterra multiétnica. El escritor se sumergió en la cuestión racial, que le hizo perder la inocencia, cuando, a temprana edad, asumió su pertenencia a una familia musulmana indo-paquistaní, por el lado paterno, y a una familia británica, por parte de su madre. Cuando niño, Kureishi se refugió en la lectura como una forma de contrarrestar la rabia que le provocaban las humillaciones sufridas por el color de su piel y por su origen.

"Mi oído en su corazón", su reciente novela, basada en un libro inédito de su padre titulado "Una adolescencia india", rescata la historia de su progenitor, un escritor frustrado, y su familia.

Después de haber participado en el Hay Festival de Literatura, en Colombia, Kureishi vendrá a la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, que se abrirá el 17 de abril. Invitado por el British Council, será protagonista de actos culturales tanto en la muestra como en el Malba. Durante la entrevista con LA NACION, el autor de "El Buda de los suburbios" e "Intimidad", desplegó amabilidad y seducción.

-¿Cómo vive el proceso de escritura?

-Me gusta mucho. Cuando me levanto me siento feliz por poder escribir. Todo lo que deseo en ese instante es ir hasta mi escritorio, tomar mi café, dejarme llevar y escribir. A veces es divertido, otras doloroso y otras molesto. Pero lo disfruto y me da enormes gratificaciones. Estoy siempre pensando en nuevas historias.

-Su obra trata sobre cuestiones raciales, religiosas o sexuales. ¿Por qué?

-Sólo se puede escribir sobre las cuestiones que a uno le interesan. Escribo sobre cuestiones raciales por la experiencia que mi padre vivió al llegar a Inglaterra. Y luego la vivió nuestra familia, en los años 60, 70 y 80. Además, la sexualidad está en el centro de nuestra vida. ¿Cómo podría no estar interesado en ello?

-Usted quiso ser escritor desde adolescente. ¿Ha conservado trabajos inéditos de aquella época?

-Sí, tengo algunos diarios juveniles. Pero no conservé los cuentos ni las primeras novelas. Lo destruí todo un día que estaba furioso por algo que no recuerdo. Debí de haberlo conservado, porque hoy sería interesante mirar hacia atrás a través de esos trabajos. No creo que los diarios que conservo sean interesantes para ser publicados. Cuando uno llega a los 50 y relee cómo se sentía a los 14, eso es valioso para iluminar acerca de la propia adolescencia, pero no para los lectores.

-¿En qué género se siente más cómodo: la novela, el guión de cine, la obra teatral, la autobiografía?

-Me siento como un artista que a veces dibuja, otras esculpe, otras pinta. Me interesa todo lo que se pueda lograr con la escritura excepto la poesía, que no puedo escribir ni entender cómo se escribe. Todo es contar historias, y no discrimino entre las formas de hacerlo. Algunas veces llevo años escribiendo una novela corta y de pronto pienso en escribir un film. Todo cuanto trato de hacer es no aburrirme. Esa es mi vida: una lucha a lo Graham Greene por tratar de evitar la locura y el aburrimiento.

-¿Cuál es el espacio ideal para el intelectual en el mundo actual?

-No hay un lugar especial, con excepción del que eligen el escritor o el artista. Algunos escritores, como Samuel Beckett, están disgustados con el pedazo de mundo al que pertenecen y lo cuestionan. Hay otros que piensan que lo mejor es comprometerse con la mejor parte del mundo. Creo que el deseo de un escritor es que lo escuchen. Me gusta discernir -particularmente desde que todo lo concerniente al islam ha adquirido tanta relevancia, porque desciendo de una familia musulmana- entre todas esas cuestiones que atañen al liberalismo y al islam. Sobre eso trato de escribir.

-Es usted hijo de una británica y de un paquistaní, y su deseo de niño ha sido ser aceptado como británico. ¿Alguna vez sintió la confusión de pertenecer a dos culturas?

-Nunca tuve confusión al respecto. Es posible unir todo esto, y de hecho los niños lo hacen. Ellos se las ingenian para sintetizar las cosas diferentes, dependiendo, claro, de la relación entre sus progenitores y de la forma en que éstos se las arreglan para sobrellevar las diferencias. Esto es para mí lo más significativo. Porque si los padres lo viven como un conflicto, los hijos lo vivirán también como un conflicto. Por eso para mí siempre estuvo bien, porque en mi casa la diferencia cultural no constituía un problema. Sin embargo, el conflicto aparece cuando los demás te hacen notar la diferencia y te lo ponen difícil. Es allí donde te preocupa lo que para los otros significa.

-Llegará a la Argentina por primera vez en abril. ¿Tiene alguna expectativa?

-Sí, estoy encantado. Hace dos años conocí Brasil y luego Colombia. Me han dicho que Buenos Aires es muy europea. Por eso iré desde Europa para verlo con mis propios ojos. No estoy tan interesado en el mundo de los escritores argentinos como en los psicoanalistas. Me han contado que Buenos Aires está llena de terapeutas. Y como estoy trabajando en una novela cuyo protagonista es psicoanalista, investigaré un poco ese mundo. Sobre todo estoy interesado en los terapeutas lacanianos.

-¿Cuál es su opinión sobre la política de Bush en Medio Oriente?

-No soy un gran fan de la política exterior norteamericana y pienso que la CIA es un organismo muy peligroso. Bush está causando muchos problemas con su decisión de imponerle la democracia y los valores norteamericanos a todo el mundo. Pienso que eso se vuelve muy peligroso. Yo no apoyé la guerra en Irak y creo que hay que denunciar todas las formas de violencia. Me parece que hoy las cosas están girando contra Bush en EE.UU. Mucha gente está desilusionada. Todo el crédito posterior al 11 de Septiembre está agotado y la gente siente que hay otras formas de proceder.

-¿Es usted religioso o agnóstico?

-Estoy muy interesado en las religiones, por sus misterios y porque las historias religiosas están en la profunda envoltura de nuestra naturaleza. No soy religioso, pero me fascina la forma en que la gente usa la religión y el modo muy religioso de ser de algunos.

-Dice usted que el sistema británico es el que mejor ha absorbido la inmigración. ¿Lo prefiere usted a otros de Europa?

-No sé si es el mejor, pero la gente en el Reino Unido ha estado debatiendo acerca del tema racial desde los años 60, porque la inmigración llegó antes a Inglaterra que a Francia o a Alemania. En aquella época había en el Reino Unido mucho más racismo que hoy. Pero, por otra parte, en Alemania los inmigrantes turcos nunca han sido considerados alemanes, ni tampoco sus hijos nacidos en Alemania. Lo que es una barbaridad. En Francia no hay interés por el multiculturalismo. Es un país muy racista. En cambio, los británicos han hecho un trabajo duro para crear un modelo multicultural, que tiene muchas fallas, pero que parece mejor que otros porque permite preservar la identidad e integrarse a la sociedad.

Por Susana Reinoso
De la Redacción de LA NACION

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