Clarín
Más de 2.400 jinetes de distintas provincias del país participaron de la edición 17ª de la tradicional Cabalgata de la Fe, que cada año parte desde San Juan hasta llegar a Vallecito, al famoso santuario de la Difunta Correa.
Según la tradición, Deolinda Correa murió sedienta en los cerros, cuando huía con su hijo de los enemigos de su padre hacia 1840. Agonizante, pidió a los cielos que le dieran vitalidad a sus pechos para que sobreviviera el pequeño. Poco después, unos arrieros hallaron al niño adormecido sobre el pecho de la joven muerta.
Enseguida se difundió la historia y la gente, conmovida, comenzó a llevar botellas de agua a la tumba. La devoción creció tanto como la variedad y la cantidad de las ofrendas. Como una paradoja, ahora hay agua en el paraje de la Difunta que murió de sed, al inaugurarse una red de agua potable para 600 habitantes.
