"Todas las opciones están sobre la mesa", respondió el presidente estadounidense a los periodistas que, en Washington, le preguntaron sobre la posibilidad de utilizar armas atómicas contra instalaciones nucleares de Irán. Sin embargo, el mandatario aclaró de inmediato su deseo de "resolver este tema por la vía de la diplomacia".
La escalada -por el momento sólo verbal- fue sostenida también desde Medio Oriente por los funcionarios de la república islámica y llevó a una nueva disparada en los precios del petróleo, que alcanzaron un récord histórico (ver aparte).
En las últimas semanas, la prensa norteamericana ha informado sobre diversos planes militares norteamericanos contra Irán, entre ellos la posibilidad de ataques aéreos limitados a plantas nucleares o una campaña de bombardeos más amplia destinada a destruir blancos militares o políticos.
Ayer, el presidente iraní, el ultraconservador Mahmoud Ahmadinejad, mantuvo su posición desafiante y advirtió durante un desfile militar que el "poderoso" ejército iraní "cortará la mano del enemigo y hará que lamente su agresión".
Y aunque el vocero de la cancillería iraní afirmó que su país "no se toma en serio" las informaciones sobre las amenazas militares estadounidenses, advirtió: "Irán está preparado para todas las eventualidades, y si pasa algo inesperado entonces la otra parte saldrá más dañada".
Pero ayer los ojos de los analistas estuvieron puestos en Moscú, donde hubo deliberaciones entre los cinco integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU -Francia, Estados Unidos, Gran Bretaña, China y Rusia- más Alemania para analizar los pasos por seguir ante el evidente incumplimiento por parte de Irán del ultimátum de 30 días que le fue impuesto el pasado 28 de marzo por el organismo -que vencerá en nueve días- para que depusiera cualquier actividad relacionada con el enriquecimiento de uranio.
Tras la primera jornada del debate, hubo silencio absoluto por parte de los funcionarios, la mayoría de ellos vicecancilleres de sus respectivos países. Sin embargo, una fuente diplomática que pidió permanecer en el anonimato admitió en tono pesimista que entre los asistentes "no hubo aperturas".
Más tarde, y aunque había suspendido su conferencia de prensa, el subsecretario de Estado norteamericano, Nicholas Burns, dijo a los periodistas que, después de casi tres horas de reunión, los diplomáticos reconocieron la "necesidad de una respuesta severa a Irán por la flagrante violación de sus responsabilidades internacionales". Añadió que se discutió la posibilidad de aplicar sanciones, pero que harían falta nuevas conversaciones.
"Las acciones de Irán la semana pasada han acentuado las preocupaciones en la comunidad internacional y todos coincidimos en que eran fundamentalmente negativas y un paso atrás", dijo Burns. "Ahora la tarea consiste en ponernos de acuerdo sobre la manera de avanzar", añadió.
Irán anunció la semana pasada que había logrado enriquecer uranio al 3,5 por ciento -una concentración útil para alimentar centrales nucleares, aunque muy lejana del uso bélico- en escala de laboratorio. Y anunció que buscará lograr una producción en gran escala en los próximos años.
El anuncio provocó alarma en la comunidad internacional y fue interpretado como un abierto desafío de Teherán, en medio de una crisis que cada vez más parece dirigirse a un callejón sin salida. La línea más dura dentro del Consejo de Seguridad es liderada por Estados Unidos, que propone sanciones a los iraníes basadas en el artículo 7° de la Carta de las Naciones Unidas, que contempla la posibilidad del uso de la fuerza. En el otro extremo, China y Rusia -que mantienen importantes vínculos comerciales con Irán- se niegan, por el momento, a aplicar sanciones, aunque no ven con agrado la posibilidad de que en el mediano o largo plazo Teherán cuente con armas atómicas.
Ayer, el canciller ruso, Serguei Lavrov, dijo que Rusia "ha recomendado con insistencia a la parte iraní que haga una pausa en su programa de enriquecimiento de uranio".
Y Bush, según comentó ayer, espera convencer a su homólogo chino, Hu Jintao, de la conveniencia de imponer sanciones a la república islámica durante una entrevista que mantendrán mañana en Washington ambos mandatarios.