En la carta, firmada por Brufau y por Enrique Locutura, director general para la región, la empresa niega las especulaciones que deambulan en el mercado desde que reconoció, hace tres meses, y poco antes de perder la acción de oro del Estado español, tener un 25% menos de reservas: que está en venta, que existen posibilidades de que la compre el gobierno argentino o cualquier otro grupo.
"Durante estos días -dice el texto- estamos observando, con preocupación, comentarios y rumores sobre nuestra compañía en la Argentina. Queremos, a través de esta carta, manifestaros el absoluto compromiso de Repsol YPF con la Argentina y su futuro."
Con la misma prudencia que utilizaron cada vez que hablaron del tema, los ejecutivos no descartan la apertura del paquete accionario, pero siempre manteniendo el control: "Hoy, cuando se producen rumores interesados, Repsol YPF quiere ratificar que siempre mantendrá una participación ampliamente mayoritaria en el capital de YPF y, por lo tanto, bajo ningún concepto se contempla la posibilidad de que ambas compañías dejen de formar un grupo único. Ello no elimina la eventual participación minoritaria de terceros en el capital o en determinados activos, si esto es considerado oportuno, en términos financieros y económicos, por parte de todos los stakeholders [accionistas]. Ello sólo se hará si es positivo para el futuro de YPF y del grupo Repsol YPF".
En el mercado se oyen todo tipo de pronósticos, muchos de ellos alentados desde el Gobierno y empresas de buena relación con la Casa Rosada. En algunas petroleras, por ejemplo, dan ya por descontado que Néstor Kirchner anunciará, el 25 de mayo, cuando cumpla tres años de gestión, "la recuperación del petróleo nacional" y que sobre esa suerte jugará su reelección.
El ministro de Planificación, Julio De Vido, negó esa posibilidad, hace unos días, en una entrevista con el diario Página 12. Más bien, hasta el momento, la estrategia oficial parece dirigida hacia alternativas menos grandilocuentes: participar en hasta un 35% en áreas marginales de cuencas que explota Repsol YPF a cambio de la renovación de esos contratos.
Es cierto que recientes pasos de la compañía, algunos de rutina y otros no tanto, avivaron suposiciones. La semana pasada, dos abogados del estudio norteamericano King & Spalding, enviados por ejecutivos españoles de la firma, estuvieron en Buenos Aires. La razón de la visita fue recolectar toda la información, tanto de la compañía como de contratistas y proveedores, sobre la caída de las reservas. La petrolera pretende saber desde cuándo se tiene la información, quiénes la conocían y cuál fue el error. Pero no son pocos quienes en el mercado, con mayor o menor suspicacia, arriesgan que quizá se le esté buscando un precio a YPF.
Riesgo argentino
También es cierto que Repsol YPF ha querido en los últimos tiempos expandirse hacia otros destinos, como Africa, donde busca obtener, con una inferior carga conflictiva con los gobiernos, ganancias que al menos se acerquen a las que le reporta la Argentina, hoy en más de la mitad. Brufau lo negó siempre en público y en privado: no se está desinvirtiendo en el país. Aunque accionistas extranjeros suelen deslizar una idea que espanta en la Casa Rosada: bajar el riesgo argentino no es una mala idea.
La carta aclara que YPF fue privatizada en 1993 y que el grupo español la compró hace 7 años. Un modo de despegarse del rótulo de "privatizada", tan devastado en ciertos ámbitos políticos. Y hace un repaso de las inversiones previstas entre 2005 y 2009: US$ 7000 millones. "La inversión promedio anual asciende a US$ 1400 millones, la más alta de la historia en el país", dice.
Brufau y Locutura se despiden con un mensaje optimista: "Os pedimos que continuéis, como hasta ahora, dando lo mejor de vosotros, profesional y humanamente, con confianza, esfuerzo e ilusión para hacer una compañía mejor, más eficaz y más grande".
Por Francisco Olivera
De la Redacción de LA NACION