San Pablo, acosado por la violencia

La Nación
 
 

Se extiende la ola de motines en Brasil

 
Por segunda noche consecutiva, un poderoso grupo criminal atacó a la policía; ya son 52 los muertos
 
 
SAN PABLO.- Llegó ayer a 52 el número de muertes en más de un centenar de atentados contra fuerzas policiales ordenados desde el viernes por la organización criminal Primer Comando de la Capital (PCC) en un San Pablo acosado por la violencia.

Anoche, según el gobierno del estado de San Pablo, los asesinatos a sangre fría de policías, militares, bomberos, guardias metropolitanos y agentes penitenciarios llegaron a 35 (otros 17 civiles murieron por estar en compañía de las víctimas o en enfrentamientos con la policía).

Casi 60 penitenciarías estaban tomadas por rebeliones en ese estado y en los de Paraná y Mato Grosso do Sul.

El PCC es una organización creada por ladrones hace 13 años en una cárcel de San Pablo. Creció y se ramificó dentro de todas las prisiones y en el mundo del robo y el narcotráfico. Hoy, con una fortuna estimada en 51,7 millones de dólares, tiene más poder -de fuego y de capacidad de tráfico de drogas- que su equivalente de Río de Janeiro, el Comando Vermelho.

La orden de iniciar la ola de atentados el viernes fue dada por la cúpula del PCC después de que la Secretaría de Seguridad de San Pablo decidiera transferir a 760 presos a una cárcel del interior, de máxima seguridad.

Ayer el gobernador de San Pablo, Claudio Lembo, admitió que el gobierno sabía que corría riesgos al ordenar la transferencia de los presos. "Pensamos en los riesgos que podíamos correr. Pero era necesario combatir lo que estaba ocurriendo", afirmó Lembo, en referencia al control total que el PCC tenía de las penitenciarias del estado paulista.

La represalia de los líderes del PCC fue la mayor acción del crimen organizado contra el Estado en Brasil, además de una demostración de poder perturbadora. "Aislamos lo peor de la mala vida; por eso estamos sufriendo esta represalia", declaró Lembo.

Los asesinatos contra policías son ejecutados por criminales en deuda con el PCC, conocidos como "benladens". Según el diario Folha de São Paulo, son llamados así porque tienen que hacer el papel de hombre bomba para cometer acciones de alto riesgo.

Cuando el PCC planea una acción, activa a los "benladens" desde las prisiones mediante celulares. Quien prefiere no ejecutar la orden tiene que conseguir el dinero para pagar la deuda de inmediato. La opción elegida, en general, es realizar la "misión".

El líder del PCC es conocido por su vanidad. Se llama Marcos Willians Herbas Camacho, alias "Marcola" o "Playboy". Tiene unos 35 años y está preso por robo a bancos. El sábado, cuando los atentados se iniciaron, fue trasladado al Departamento de Combate del Crimen Organizado. Las acciones, sin embargo, continuaron.

Los blancos principales fueron, en su mayoría, policías en patrullas, en garitas o hasta dentro de comisarías. Pero todos los uniformados se transformaron en blancos y el temor se esparció por todas las fuerzas de seguridad. Los atentados eran rápidos, realizados por hombres que bajaban de motos o de autos, disparaban a quemarropa y huían. En el Servicio Penitenciario la orden fue clara: ante el menor riesgo, todos los agentes debían retroceder hasta el portón de entrada.

El PCC tiene un riguroso estatuto. Los socios -casi todos los presidiarios y buena parte de la delincuencia paulista que no está en organizaciones menores- tienen que pagar 50 reales (25 dólares) de mensualidad. Los que están libres pagan 500 (250 dólares). Como en un club de elites, para ingresar hay que ser presentado por otro socio.

La mensualidad es una especie de seguro del crimen: con ese dinero se garantiza protección, contactos y hasta un eventual rescate de algún presidio, cuando la jerarquía lo vale.

La historia del PCC está plagada de historias macabras. Los adversarios suelen ser asesinados en las prisiones y quienes violan los códigos son decapitados. El líder anterior a Herbas Camacho fue eliminado al mejor estilo mafia: asesinado a golpes por sus propios laderos, tras una reunión en el patio de la penitenciaría.

Uno de los códigos del estatuto del PCC advierte: "El partido no admite mentiras, traición, envidia, codicia, calumnia, egoísmo, intereses personales, y sí la verdad, la fidelidad, la hombría, la solidaridad y el interés común para el bien de todos, porque somos todos para uno y uno para todos".

El director de la Asociación de Oficiales de la Policía Militar, Sergio Olimpio Gomes, hizo una síntesis cruda de la situación: "Los presos mandan dentro y fuera de las cárceles."

Por Luis Esnal
Corresponsal en Brasil

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