Marcha de los padres de las víctimas para reclamar justicia

La Nación

Los familiares partieron del santuario y recorrieron la ciudad

 
Para ellos, habrá sólo dos lecturas posibles dentro de 24 horas: o comienzan a transitar el camino de la justicia o quizá caminen por la senda de la impunidad.

Con ese escenario por delante, los familiares de jóvenes muertos en el local República Cromagnon realizaron ayer una caravana de vehículos por distintos barrios de la Capital. La marcha tuvo una consigna central: "Destitución, sí; impunidad, no".

Fue un mensaje directo para los 15 legisladores que en pocas horas decidirán el futuro del jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra, que podría ser obligado a abandonar su cargo en forma anticipada por su presunta responsabilidad en la tragedia que terminó con la vida de 193 personas.

Los vehículos de familiares y sobrevivientes se concentraron a las 14 en el santuario instalado frente al boliche de Once. El lugar se veía colmado de flores, velas, estampitas y carteles que recuerdan a las víctimas.

Muchos padres rezaron frente a la foto de sus hijos antes de partir. Después colocaron en sus vehículos carteles con los nombres de las víctimas y partieron a proclamar aquello que consideran justo. Personas ajenas a la desgracia también tomaron parte en la manifestación. "Mi hijo estuvo a punto de entrar al boliche ese día, pero no pudo ingresar por la cantidad de gente. Ayudó a sacar a los chicos y yo, como padre, me siento comprometido con estas familias", dijo el taxista Alberto Tricariche.

Una camioneta con altavoces precedió a la caravana de 50 autos que avanzó por la calle Corrientes. Turistas, vendedores ambulantes y familias que paseaban por allí observaron su paso a prudencial distancia. Otros se asomaron a los balcones de sus casas para ver la hilera de autos. "No somos violentos -coreaban los padres-. Violencia es la muerte de nuestros hijos."

A la altura de la avenida 9 de Julio, algunos conductores hicieron sonar las bocinas de su auto como muestra de apoyo. Al llegar al Obelisco, los familiares saludaron a seguidores del grupo Callejeros que cantaron: "Ni las bengalas, ni el rock and roll. A nuestros pibes los mató la corrupción".

Después marcharon por la avenida Paseo Colón, para desembocar en la Plaza de Mayo. Los autos dieron varias vueltas y repitieron su pedido: "¡El martes Ibarra tiene que ser destituido!", gritaron.

Frente a la Casa Rosada, se leyeron los nombres de las 193 víctimas. El palacio gubernamental parecía desierto. La única presencia en las cercanías del edificio era la de los policías que lo custodiaban.

La marcha siguió en dirección a parque Lezama y regresó al santuario. En ese lugar, el religioso Sergio Schaub, superior de los padres palotinos para la Argentina y Bolivia, trazó una distinción entre la corrupción y los pecados. "El corrupto no planea cambiar; en cambio, el pecador tiene un deseo intenso de conversión", dijo, sin hacer menciones concretas.

Los padres sí lo hicieron: "Queremos recordar que las víctimas son los chicos y los familiares; no es Ibarra", dijo Silvia Bignami, mamá de Julián, fallecido en la tragedia.

Sobre el resultado de mañana en la Legislatura porteña, Bignami señaló: "La destitución de Ibarra representa para nosotros sólo el comienzo de la lucha; nuestro reclamo no terminará aquí".

María Celeste Danón

 

 

 

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