Malvinas: a 30 años de la Guerra.

Por Mariano Rosa para Alternativa Socialista, publicación del MST en Proyecto Sur.

Desde siempre las Malvinas ocuparon un lugar en el imaginario colectivo. La historia oficial la presentaba como una causa nacional perdida inevitablemente y cuyo reclamo podía únicamente limitarse al accionar de la diplomacia burguesa en foros internacionales dominados por el imperialismo invasor. Por eso, nada hacía pensar en 1982 que la dictadura más genocida, entreguista y pro-imperialista podía encabezar una ofensiva militar en las islas invocando derechos anticoloniales. Esta situación tuvo un marco histórico particular, razones que la explican y una evolución que queremos desarrollar para las camadas más jóvenes de nuestra militancia y la vanguardia en general, recogiendo también la actuación de la corriente liderada por Nahuel Moreno en virulenta polémica con el estalinismo y fundamentalmente, con el Partido Obrero.

La guerra de Malvinas fue una orientación política de las alas más lúmpenes y desesperadas de la dictadura para ganar tiempo y hacerse de base social para tener algunos años más de sobrevida. La realidad era que la acción militar estaba planificada para mediados de 1982, pero las condiciones socio-económicas y políticas que cruzaban la realidad nacional, catalizaron una ofensiva improvisada por completo. Pero el contexto que motorizó ese plan tiene su anclaje en el inicio en 1980 de una profundísima crisis económica capitalista de una magnitud de escala solo comparable a la de la década de 1930.

Desbarranque económico y recomposición gradual del movimiento popular

Fuga de divisas, inflación en crecimiento espiralado, devaluación brutal de la moneda nacional fueron la expresión de superficie del desmoronamiento del plan de entrega nacional diseñado por el tándem Videla-Martínez de Hoz como arietes del imperialismo y el capital financiero en particular. La desindustrialización, la apertura comercial a las importaciones, el endeudamiento externo sostenido, los aumentos brutales de los ritmos de superexplotación de la clase obrera fueron la base del modelo capitalista neoliberal iniciado por la dictadura. Para hacerlo como parte de un plan continental del capitalismo monopólico hubo que liquidar físicamente a lo mejor de la vanguardia obrera y popular. El genocidio no se entiende sino como parte de una necesidad intrínseca a la aplicación de ese plan económico. El cambio crucial que se opera a partir de 1980 es que se deterioran las condiciones económicas de forma tal que la clase media -que hasta entonces vivía de la “plata dulce” y el virtual “uno a uno”- vio golpeada duramente su situación económica -con la devaluación del peso sobre todo- y empezó a reaccionar en bloque objetivamente con la clase obrera, que pese a todo nunca había dejado de resistir molecularmente a la dictadura. Este cambio en la correlación entre las clases y el paso de la pequeñoburguesía a la oposición del régimen restó base social decisiva a la dictadura y potenció la resistencia del movimiento de masas aunque a escala parcial y dispersa como derivación del rol nefasto de la burocracia sindical y de los partidos burgueses mayoritarios –el PJ y la UCR- cuyas conducciones colaboraron con la dictadura de forma orgánica. Este deterioro de la situación social aceleró los tiempos de la improvisación militar de los genocidas.

La ocupación desata una movilización de masas

El 30 de marzo de 1982 la CGT Brasil había convocado una movilización que dio al movimiento de masas un canal de expresión a la bronca contra la dictadura y produjo represión en Plaza de Mayo y violentísimos choques con la policía. Eso no se daba desde 1976 por lo menos. Este marco catalizó los tiempos políticos y la junta militar adelantó la ocupación de Malvinas al 2 de abril. Solo 72 hs después de una movilización contra la política hambreadora de la dictadura y su ministro Alemann, el asesino Galtieri anunciaba la recuperación de Puerto Argentino. Imbuidos de un discurso nacionalista encendido, los militares desataron una gigantesca movilización antiimperialista unificada a escala nacional y latinoamericana que abroqueló a la clase obrera con todos los sectores populares en un proceso único que ya iniciaba una situación abiertamente revolucionaria en el país. La dictadura cometió 3 graves errores de caracterización política: 1) creyó que el imperialismo yanqui se mantendría neutral en la guerra por los servicios “prestados” por los genocidas argentinos a Reagan en la contrarrevolución desplegada por el imperio frente a los procesos de Nicaragua y el Salvador. Todas las potencias capitalistas centrales apoyaron al invasor inglés sin fisuras; 2) creyó que podía manipular la movilización de masas y “presionar” a los ingleses para negociar una salida diplomática. Craso error. Puso en movimiento a las masas en Argentina y ya perdió a partir de ahí el control político de la situación interna. Las masas convirtieron en acción independiente contra la dictadura y su plan de hambre y entrega, los objetivos reaccionarios de autoafirmación política de la dictadura. 3) Por último, los genocidas creyeron que podían reunificar a las direcciones burguesas alrededor de la guerra una vez iniciada. Sin embargo, la cobardía de las direcciones burocráticas y burguesas por un lado, y la feudalización del comando militar de la guerra, aislaron y hundieron a la dictadura que lejos del “paseo militar” para el que se preparaba fracasó justamente en la prueba de todo ejército: la guerra. A partir de ahí tendría los días contados y su suerte estaba definitivamente echada.

Nuestra posición ante la guerra

La corriente argentina que lideraba Nahuel Moreno, el PST -que combatió en la clandestinidad a la dictadura y tuvo más de 100 desaparecidos- tuvo una política clara desde la inicio de la guerra. Partiendo de ubicar como justa la lucha por recuperarMalvinas, se posicionó en el campo de las masas antiimperialistas exigiendo a la dictadura medidas claramente antiimperialistas para librar en serio una guerra hasta el final al invasor inglés: movilización y armamento de todo el pueblo; guerra económica a todos los países enemigos -no pago al FMI y expropiación de empresas-; cárcel a los políticos y ejecutivos de empresas de origen en países aliados de Inglaterra; llamado a la unidad y la movilización antiimperialista continental, exigencia de apoyo militar a la URSS; etc. Por supuesto, la dictadura capitalista y criminal no estaba dispuesta a hacer nada de esto. De allí su completo fracaso. La crisis fue tan profunda que acorraló a toda la burguesía y sus direcciones que se espantaron ante el peligro de las masas movilizadas. De allí que apelaron a la más reaccionaria de las direcciones para terciar en el conflicto e imponer la derrota a nuestro pueblo: el Papa Juan Pablo II vino al país entre el 8 y el 12 de junio a predicar la “paz”, o sea la rendición y la derrota de Argentina. Todos los partidos burgueses, el PC y también el Partido Obrero llamaron a ir a las misas del Papa imperialista. El PO explicaba que se jugaba a “cambiarle el carácter” a la movilización reaccionaria pro-capitulación. Nuestra corriente llamó a no ir a las misas del Papa que venía a entregarnos al imperialismo inglés. Finalmente, el 14 de junio se produjo la rendición en Puerto Argentino y a partir de ahí se abrió una crisis tan fenomenal del régimen que provocó la caída de Galtieri pocos días después y el inicio de un verdadero proceso de revolución democrática. En las próximas ediciones de AS vamos a profundizar en esa definición de revolución democrática y en otras aristas de este hecho histórico que hoy a 30 años se vuelve a colocar en la agenda de debate político.

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