Rusia: La tragedia en Krymsk, una sentencia al régimen de Putin.

Por Anatoly Matvienko de  Bielorusia para Alternativa Socialista, publicación del MST en Proyecto Sur.

El 7 de julio a la noche se inundó casi toda la ciudad de Krymsk (Krasnodar, Rusia), de 60.000 habitantes. Una ola de siete metros como un tsunami pasó por los barrios, barriendo todo lo que había en su camino. Según datos oficiales murieron 171 personas, pero se estima que hay más de mil muertos. Los poderes callan las verdaderas causas de esta inundación.
Robo y corrupción, base de la Rusia de Putin Krymsk amplía la lista de tragedias de la época Putin. Una catástrofe de consecuencias horribles se llevó más vidas que todas las anteriores, tomando desde el inicio de la gobernación del dúo Putin-Medvedev. Por más que los poderes intenten reducir el volumen de esta calamidad, es imposible ocultar los daños reales. Cada día se revelan más y más hechos de esta terrible tragedia, que muestran la degradación total del régimen de Putin y su carácter antipopular.
No es la primera inundación con víctimas en Krasnodar, zona que cada año sufre tempestades. Las dotaciones estatales destinadas a mantener la seguridad de la población son robadas con descaro por la burocracia local. El robo y la corrupción son un problema de toda Rusia y no sólo de Krasnodar.
Cualquier programa estatal, de forma inevitable, pasa a ser objeto de enriquecimiento de los funcionarios que controlan las fuentes financieras. Incluso los precios del petróleo no tienen tanta influencia en la situación socio-económica en Rusia como las consecuencias del robo masivo por parte de los funcionarios del Estado y sus mafias. El robo y la corrupción son la base del régimen de Putin y sin eso no puede mantenerse en el poder. Según el cosmonauta Alexey Leónov, doble héroe de la Unión Soviética, “el principal interés en la política exterior del régimen de Putin es la seguridad de los activos de los funcionarios rusos en los bancos extranjeros y no su preocupación por la capacidad competitiva y la fuerza del país”.

La lealtad al conductor justifica cualquier delito

La burocracia de Putin está devorando al país y al pueblo, multiplicándose descaradamente. Rusia es uno de los países del mundo con más millonarios. Según las estimaciones de los peritos internacionales en el año 2020 su número se triplicará. A la vez, el 15% de la población rusa vive en la miseria. En el país existe el fenómeno de estratificación económica de la población y la causa es el poder antipopular del Kremlin.
Es de notar que Krasnodar es un de las regiones líder de Rusia en su aporte a la infraestructura. La mega-obra de Sochi, destinada a hacer realidad el insensato sueño de Putin sobre los Juegos Olímpicos de invierno en los balnearios subtropicales, ya bate récords de saqueo de recursos. Millones de dólares son enterrados, en vez de ser invertidos en proyectos estructurales realmente necesarios para salvar miles de vidas humanas e incluso evitar la tragedia de Krymsk.
El enriquecimiento a toda costa, incluso a cuenta de las vidas de sus ciudadanos, es el lema de la burocracia gobernante. En cualquier catástrofe siempre se pueden revelar los intereses de los determinados grupos burocráticos que la han provocado. Y en esto Krymsk no presenta nada de extraordinario. Pero los ladrones del alto mando se sienten bien: su lealdad al Kremlin justifica cualquier delito. Y en agradecimiento, igual a la época estalinista, la burocracia rusa adora a su conductor y le demuestra su lealtad, siendo el único sostén de su ilimitado poder en todo el territorio de ese enorme país que es Rusia.

¡Poder para millones, no para los millonarios!

La tragedia en Krymsk es otra muestra de que la supervivencia del régimen de Putin hoy cuestiona la propia existencia del Estado ruso.
Los intentos de la restauración del capitalismo en Rusia no dieron a la población ni libertad, ni democracia, ni prosperidad. Las reformas neoliberales convirtieron a la gran potencia soviética en una base de materia prima para los países más desarrollados, como un país del “tercer mundo”. La destrucción de los sectores de uso intensivo de tecnología, la eliminación del sistema de educación y de salud gratuitas, el desempleo, la corrupción, el crimen, la guerra en Chechenia, el terrorismo, las catástrofes de origen técnico, todo esto es el precio pagado por el pueblo de Rusia desde hace ya 20 años, cuando se eligió el rumbo capitalista para “desarrollar” el país.
Hoy el pueblo ruso rechaza el camino de las reformas liberales. Las protestas masivas con el lema “¡Poder para millones, no para los millonarios!” lo demuestran.
La tragedia de Krymsk es otro factor para la unidad de la resistencia popular. El movimiento de protesta en Rusia cada vez se radicaliza más. Entre los trabajadores crece la influencia de los sindicatos independientes y la organizaciones de izquierda revolucionaria. Los trabajadores de Rusia, engañados por la propaganda neoliberal, se despiertan tras el sueño de 20 años. Las ideas de la lucha revolucionaria se reactualizan.
El movimiento de izquierda en Rusia presenta muchos problemas, es muy disímil y dividido. En vez trabajar con las masas trabajadoras, a menudo se actúa con auto-proclamación e imitación, desvirtuando la lucha por los intereses de los trabajadores en un carnaval político sin fin. Pero junto con los conformistas políticos pasados de moda que especulan con la grave situación de las masas trabajadoras a la plaza surgen nuevos líderes y movimientos. La vanguardia revolucionaria de Rusia madura para dar pelea contra el enemigo común, que está en el Kremlin.
Vivimos en una época revolucionaria. Pero, ¿se necesita un partido revolucionario para cumplir “la premisa subjetiva” de la revolución? ¿O en realidad el partido no es la premisa sino el fruto del proceso revolucionario?
El Partido Bolchevique fue el producto de la revolución de 1905. No tenemos que quejarnos entonces de que no tenemos partido, sino simplemente trabajar por él. Pero trabajar políticamente, con la clara comprensión de los fines, la agenda del día, las tareas y perspectivas. Sólo en una lucha cotidiana puede nacer un partido revolucionario. Y no hay otro camino.
La tragedia en Krymsk, más que la tempestad, es el precio en vidas inocentes víctimas de Kremlin. Hay que derrotar al régimen de Putin.
¡No al capitalismo en Rusia! ¡Rusia debe ser un Estado de trabajadores, libre y democrático!

 

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